El papel del lenguaje en las representaciones del mundo y en la acción
ha sido ampliamente analizado y discutido (Austin, 1962; Searle, 1969;
Harre,1979; Harre y Gillett, 1994). A pesar de eso, no siempre ha sido
suficientemente advertido el papel que juega en las organizaciones, no
solamente como impulsor de acciones sino en la construcción misma del
vínculo organizativo. Esto puede haberse debido en parte al predominio
de concepciones que tienden a ver a la organización como una cosa,
generalmente una máquina o un instrumento, antes que un sistema de
vínculos (Morgan, 1986).
En tanto la organización comienza a ser distinguida como un sistema de
acuerdos que coordinan conductas, y entre ellas emociones, humanas, se
percibe su carácter lingúístico. La organización, como fenómeno social,
se construye con palabras, a través de conversaciones (Bruner, Flores,
1994).
Se ha señalado persistentemente el papel de los fenómenos culturales en
la construcción de la identidad organizativa (Schein, 1985,1987). A
pesar de eso no siempre ha habido suficiente comprensión sobre el hecho
de que la cultura organizativa es una "historia", una narración
compartida entre miembros de una colectividad, cuya pertenencia está
íntimamente relacionada con la posibilidad de compartir esa historia (Tenkaski,
R.V. y R. Boland, 1991; Elmes y Kasouf, 1995).
Esa historia suele implicar "lo que se da por sentado" en la
organización, es decir, es en sí misma un fenómeno institucional que,
como tal, se reproduce a si mismo (Jepperson, 1991) .
En un trabajo anterior (Gore, Dunlap,1988) hemos sostenido que las
organizaciones no son contextos neutros al aprendizaje. Sostendremos
aquí que las organizaciones son ambientes semánticos capaces de
resignificar mensajes y que la capacitación, en cuanto intento de
modificar organizaciones, vínculos, acuerdos tácitos o explícitos,
implica un rediseño de las historias que informan su quehacer. Este
rediseño implica cierto tipo de aprendizajes y es en sí mismo un proceso
de des-institucionalización e institucionalización.
La organización como ambiente semántico
Dijimos arriba que la organización no es un contexto neutro al
aprendizaje y si uno que resignifica los mensaje que en ella se emiten.
Esto refiere al concepto de ambiente semántico que fuera desarrollado
por Neil Postman (1976)
Para saber qué es lo que alguien ha dicho no alcanza con conocer su
contenido o la calidad de su contenido. Es necesario entender el
ambiente semántico en el cual se habla.
Teorías tradicionales de la comunicación, tienden a concebirla como una
materia discreta y cuantificable que se mueve del emisor al receptor y
luego vuelve. Según Postman, la comunicación no es necesariamente algo
que la gente produzca, es una situación en la cual se participa "de una
forma similar a la que una planta participa en lo que llamamos su
crecimiento " (1976, p.8). Ésta no crece por hacer algo en especial,
sino que el crecimiento es la consecuencia de una compleja serie de
transacciones entre diversos elementos físicos y químicos.
De la misma manera, para que haya comunicación no alcanza con que haya
mensajes, debe haber una situación ordenada dentro de la cual los
mensajes tengan sentido. La charla tiene sentido, o carece de él, no en
función de las palabras que las personas usen sino de su reconocimiento
del ambiente semántico en el cual son emitidas, de la relación entre sus
distinciones y la totalidad de la situación dentro de a cual se
encuentran.
En consecuencia, un ambiente semántico es una estructura social en la
cual la gente quiere hacer algo, para lo cual produce transacciones
importantes para ellos. Cada organización y cada subgrupo relevante de
una organización, constituye un ambiente semántico que da sentido y
valor a las transacciones que se establecen en su marco.
El primer problema comunicacional es reconocer ese contexto dentro del
cual la conversación podrá tener sentido o carecer de él. Postman
caracteriza como charla loca o charla tonta a aquellas que, con o sin
intención, no capturan el ambiente semántico en el cual se desarrollan.
Llama charla tonta es aquella que no sabe en qué contexto se encuentra y
charla loca a la que manipula o subvierte los propósitos del contexto
para manipularlo.
Así, la expresión "confieso que he pecado", para reconocer un error,
puede tener sentido en un contexto confesional y ser tonta en un
ambiente laboral. Tratar al jefe de "señor" y repetir sus órdenes en voz
alta para demostrar que han sido comprendidas, puede tener sentido en
algunos ambientes semánticos y ser tonto en otros. Por otra parte,
convertir un contexto económico o laboral en un contexto religioso,
puede ser una charla loca si lo que se propone es manipular una
situación para obtener formas e sumisión y obediencia que no podrían
lograrse de otra manera.
La diferenciación entre distintos sistemas sociales, contextos o
ambientes semánticos (que en este caso son lo mismo) es codificada,
preservada y hecha visible a través del lenguaje. Cuando el lenguaje se
vuelve indiferenciado, las situaciones humanas se desintegran. La
utilización corriente del lenguaje para la construcción de situaciones
fue un problema abordado por la etnometodología, término acuñado por
Harold Garfinkel (1967).
La etnometodología distingue dos rasgos observables del lenguaje, su
indización (indexicality) y su reflexividad. La palabra indización es
utilizada para referirse al hecho de que el significado del lenguaje
depende del contexto y la reflexividad para señalar que el contexto es
construido a través del significado del lenguaje.
Cada palabra puede asumir diversos significados y su sentido exacto
depende del contexto el cual, a su vez, puede ser definido solamente por
el significado de las palabras. Cualquier expresión (v.g. ¿lo hiciste
ya?) puede asumir diferentes significados según el contexto en que sea
emitida (indización). Sin embargo, el contexto tampoco es una solución
simple ya que su significado depende de la reflexividad de las palabras,
del significado de lo que en él se diga (Heyman, 1994).
En otras palabras, el contexto no existe como marco claro y unívoco para
el significado de las palabras porque los elementos que constituyen un
contexto
son en sí mismos ambiguos. El significado depende de nuestra
interpretación del contexto que es en si mismo, una interpretación (Postman,
pag.10).
Revisemos los constituyentes del contexto para Postman, i) los
propósitos, ii) las relaciones iii) el contenido y iv) la charla
particular realmente utilizada en esa situación.
i) los propósitos de una situación guían en gran medida la conducta. Una
reunión de trabajo, una entrevista de evaluación de desempeño, una
convención de ventas, una charla entre amigos, indican propósitos
diferentes que pueden definir también contextos de conversación
distintos. Así, terminar una reunión sin que queden claros los acuerdos
logrados puede ser razonable en una charla de amigos pero no en una
entrevista de ventas o de evaluación de desempeño.
Los propósitos del contexto pueden ayudar a definir la calidad de la
comunicación, pero nunca en forma unívoca, ya que ellos mismos son
materia de interpretación.
Postman describe conflictos posibles, originados por diferentes
propósitos en un mismo contexto, diferencias entre los propósitos de la
situación y los de los individuos, distintas percepciones de un mismo
contexto, diferencias entre los propósitos declarados y los reales o
contradicciones entre los propósitos del sistema y los de una situación.
En el primer caso, cada ambiente semántico no está constituido alrededor
de un solo propósito sino de varios. La calidad del lenguaje depende del
propósito, o los propósitos de ese lenguaje. El lenguaje
despersonalizado de la ciencia puede ser el más adecuado para ese
contexto y el menos apto para un contexto familiar.
En segundo lugar, los propósitos de una situación no son necesariamente
los de los individuos que la conforman. El ambiente semántico es algo
que se da por sentado y no pertenece exclusivamente a los individuos que
lo conforman, en muchos casos les preexiste y les impone conductas.
Culturas organizativas, climas, scripts, schemas (Abelson, 1976; Fiske,
1982), o instituciones marcan conductas que las personas deben seguir
más allá de su propósitos personales. Por ejemplo, dos personas pueden
saludarse cordialmente y comenzar a conversar sobre sus respectivas
familias en un contexto laboral, a pesar de no soportarse o más aún,
precisamente, porque no se soportan. La conducta de una persona en una
situación tiene reglas institucionalmente fijadas que muy rara vez son
desafiadas, en parte porque desafiarlas sería desconocer el contexto
semántico, los propósitos del contexto, en el cual la comunicación se
desenvuelve.
Tercero, es posible que diferentes personas tengan distintas
percepciones de un mismo ambiente semántico. Para alguien una reunión de
trabajo debe ser un ámbito para ventilar y resolver diferencias,
mientras que para otro puede ser un contexto de conciliación y acuerdo
al cual es de muy mal gusto llevar discordias que deberían ser dirimidas
más bien en forma personal. A veces estas diferencias de percepción no
son estrictamente personales y se convierten en parte de la cultura de
una organización, lo que lleva a que lo adecuado en una organización
resulte desubicado en otra.
En algunos casos hay conflicto entre los propósitos supuestos de un
situación y los reales. No siempre se trabaja con el propósito para el
que se cree hacerlo. Una persona puede estar trabajando, a su entender,
para darle autonomía a sus empleados, mientras que un observador externo
puede verlo haciendo lo contrario todo el tiempo. Una organización puede
declarar que trabaja para satisfacer, en primer lugar, a sus clientes,
mientras que un observador percibiría que las prioridades tienen otro
orden real y que los intereses de los clientes son atendidos solamente
cuando no se contraponen con los de los ejecutivos y los accionistas. Es
importante señalar que esta diferencia de prioridades puede no deberse a
hipocresía sino a falta de conciencia de los verdaderos propósitos.
A veces el conflicto surge entre diferentes niveles de análisis. Alguien
puede decir que ya que el propósito de la empresa es ganar dinero, no
está mal vender artículos de mala calidad. Otro puede defender la
calidad total en términos de rentabilidad. En muchos casos, solamente
los hechos pueden demostrar qué lectura del contexto es más adecuada,
pero en la mayor parte de los casos, el contexto en sí mismo (corto o
largo plazo, en el ejemplo anterior) debe ser acordado.
Por último, en algunos casos hay contradicciones entre los propósitos
generales del contexto y los particulares de la situación. Tomemos el
caso de un hospital público cuya capacidad de atención está superada por
la demanda de los pacientes. Deciden poner requisitos burocráticos,
tales como certificado de domicilio o documentación completa para
solicitar turno. Estos requisitos, que violentan los propósitos del
servicio, les parecen razonables a los actores ya que de otra manera la
cantidad de gente a atender superaría el espacio físico y el tiempo
profesional disponible. Las necesidades intrínsecas de funcionamiento
compiten aquí con los propósitos extrínsecos del servicio.
Debe notarse en el planteo de Postman que él no coloca los problemas de
en un plano meramente técnico. Los propósitos de los individuos, lo que
se da por sentado de la situación, la forma en que la situación es
interpretada por los actores, son constituyentes de los conflictos en
cuanto crean el trasfondo comunicacional dentro del cual los mensajes
son interpretados (Flores, 1994).
ii) En tanto no existe algo así como una situación humana inestructurada,
cada ambiente semántico tiene sus propias reglas que pueden concernir a
las relaciones personales en sí mismas o a su contenido.
Postman define a las relaciones como las reglas que definen el contexto
emocional de un ambiente semántico, "el contenedor en el cual el
contenido de nuestra conversación es presentado" (Postman 1975, pág.38).
Ciertos aspectos emocionales, tales como el tono (atmósfera, ambiente,
textura) y actitudes (entonación, formas de dirigirse, gestos no
verbales, pausas, emisiones verbales, etc.) permiten entender cómo se
relaciona la gente en un ambiente aún sin saber exactamente qué están
diciendo.
Coincidentemente, Gregory Bateson (1972) y Paul Watzlawick ( 1985) han
señalado que el lenguaje cumple, además de funciones referenciales,
relacionadas con contenidos concretos, funciones conativas , esto es
referidas al vínculo entre los interlocutores. Ambas funciones se dan
siempre en el lenguaje, aunque es común que las referenciales usen
canales digitales (v.g. palabras) y las conativas canales analógicos (v.g.
gestos, tono de voz, modos, etc.)
Típicamente, las funciones conativas resignifican a las digitales. Así
por ejemplo una pregunta simple, como la que mencionábamos arriba (¿lo
hiciste ya? ) puede tener significados absolutamente distintos según
quién lo pregunte, cómo lo pregunte y en qué momento lo haga.
Debe notarse que estas funciones conativas, en tanto funcionan como
marco interpretativo de los otros mensajes, no suelen ser verbalizadas
ellas mismas y se vuelven difíciles de percibir conscientemente; en
consecuencia, no son fáciles de ser puestas en discusión, cumpliendo un
papel significativo en la formación de actitudes.
Las actitudes suelen aprenderse de manera informal; por lo común las
verbalizaciones acerca de las actitudes correctas, independientemente de
su importancia, son escasas en el mundo adulto. Los modales, actitudes,
suelen ser respuestas a preguntas políticas referentes acerca de la
estructura social y de la importancia que para cada uno tiene integrarse
a ella. En general los actores se incluyen o se excluyen de una
estructura haciendo coincidir, o no, sus actitudes con la atmósfera. En
cada contexto hay un cierto "orden" tácito que establece quién habla de
qué, cuándo y cómo. En cada contexto hay indicadores intangibles sobre
la estructura de roles de la situación. En este campo, a pesar de no
haber pautas explícitas, las transgresiones son serias.
Por lo general, desafiar la estructura de roles de una situación,
significa desafiar alguna institución, modificar el statu-quo y suele
ser interpretado más que como un desafío a la autoridad, como un desafío
a la racionalidad de los involucrados. Un ejemplo imaginario: el
presidente de una empresa le pide un llamado telefónico a su secretaria,
como ésta ya ha intentado comunicarse muchas veces sin que le respondan
el llamado, dice en voz alta, frente a su jefe y al directorio reunido,
que le parece ilógico volver a intentarlo, porque esa gente no está
interesada en hablar con el presidente, para agregar luego que si hay
dudas acerca lo que ella dice, que el directorio vote sobre qué hacer.
La actitud de la secretaria, su tono, no ha sido inadecuado, tampoco ha
actuado de mala fe ni ha faltado el respeto, por cuanto ha propuesto
algo que ella cree mejor para todos. Desde cierta perspectiva (v.g. la
de un extranjero que no conozca los rituales organizativos) lo que dice
no es ilógico ni irracional. Sin embargo lo que ha hecho es percibido
como absolutamente ilógico e irracional y se lo juzga como un error muy
grave, no ha reconocido la estructura de roles de la situación, ha
desafiado una institución.
Postman hace notar que es más fácil cambiar el contenido de una
situación que su estructura de roles. Es común que en contextos
políticos, frente a grandes cambios de contenido, la estructura
(generalmente autoritaria) de las relaciones no se modifique demasiado.
Algo parecido ocurre en organizaciones donde grandes procesos de cambio
no parecen alterar esencialmente la forma de relación entre los actores.
El carácter conservador de los ambientes semánticos en relación a la
estructura de roles, vuelve las situaciones predecibles aunque en muchos
casos lleva a que la mayor parte de los individuos, por no desafiar la
estructura de una situación, realice en ciertos contextos acciones que
de otra manera probablemente nunca llevaría a cabo.
iii) Cada ambiente semántico tiene su propio vocabulario técnico. Estas
palabras técnicas son más importantes de lo que se suele creer. En gran
medida no sólo se refieren al objeto, sino que son el objeto. En
palabras de Postman: "si no hay con qué hablar, no hay de qué hablar"
(pág. 54).
Lo que Postman enfatiza en las palabras técnicas, sucede en realidad con
todas ellas. Ya Wittgenstein (1958) había hecho notar el carácter
generativo del lenguaje, es decir (a riesgo de sobresimplificar) que las
palabras no son sólo el vehículo del pensamiento sino también su
conductor.
El lenguaje suele ser visto como un mero vehículo que nos permite
describir lo que percibimos afuera o lo que pensamos o sentimos
interiormente. Sin embargo, sus funciones no son solamente pasivas y
descriptivas, el lenguaje hace que sucedan cosas, modelando el futuro y
la identidad de los hablantes (Austin, 1962; Searle, 1969;
Echeverría,1994).
Esto es particularmente importante porque discutir qué palabras
utilizamos para describir un evento no es "simplemente" entrar en
problemas semánticos, de lo que se trata es de controlar las
percepciones y las respuestas de los demás.
El vocabulario de cualquier ambiente semántico define la realidad con la
que el ambiente estará relacionado. Se dice que cuando el diario La
Prensa, de Buenos Aires, a principio de siglo, se oponía al box como
deporte, ubicó una noticia de este ámbito en la página de temas
policiales, bajo el título "Dos hombres se tomaron a golpes de puño por
dinero". La elección de las palabras definía, como en todos los casos,
el contexto dentro del cual el tema debe discutirse.
Otro aspecto importante del contenido en la semántica ambiental, se
relaciona con las metáforas. La metáfora es generalmente definida como
una figura retórica por la cual se transporta el sentido de una palabra
a otra. Según Ortony (1979), todos nuestros sistemas conceptuales son
fundamentalmente metafóricos. Lakoff y Johnson ejemplifican este punto
usando la metáfora discusión es guerra.
Tu posición es indefendible. El atacó cada punto débil de mi argumento.
Sus críticas iban justo al objetivo. Demolí sus argumentos. Nunca gané
una discusión con éI (Lakoff y Johnson, 1980)
El lenguaje utilizado para examinar la discusión no es poético ni
retórico, es literal. Los autores afirman, "hablamos de la discusión de
esa manera porque así la concebimos, y actuamos del modo en que la
concebimos" (1980,pp. 4-5)
El uso que hacemos de las metáforas no solamente influye en el modo como
pensamos, también puede impedir que alcancemos conceptualizaciones más
amplias o diferentes de otras realidades, es decir, como todo lenguaje
tiene carácter generativo.
Eckstein (1986) usa el ejemplo del funcionamiento del corazón humano
como una muestra de cómo nuestra posibilidad de pensar el funcionamiento
el corazón se vio limitada por la falta de metáforas adecuadas. Galeno y
Vesalio describieron mucho de lo que actualmente sabemos sobre el
sistema circulatorio en los siglos I y XVI. Sin embargo, no fue hasta el
siglo XVII en que Harvey pudo explicar el corazón como una "bomba" del
sistema circulatorio. Esta noción, con algunas elaboraciones, es válida
aún hoy en día. Harvey no agregó muchas más pruebas al conocimiento
empírico recogido primero por Galeno y por Vesalio. Fue necesaria la
creación y la difusión de máquinas basadas en bombas y sistemas de
bombeo; que los equipos de minería, las fuentes públicas y los equipos
de los bomberos se convirtieran en una escena familiar en las ciudades,
para que fuera posible que la bomba pudiera ser pensada y aceptada como
una metáfora satisfactoria para explicar el funcionamiento del corazón
humano. (1986,pp 173-174)
Las metáforas son útiles para describir fenómenos complejos e
intrigantes porque nos permiten trasmitir una configuración total, -"pattern"
o "gestalt" - de rasgos y relaciones conocidas a un fenómeno que es
menos conocido. Son particularmente útiles en la descripción de ideas,
conceptos y otros fenómenos que no pueden ser enteramente descriptos en
su propia objetividad física.
Las metáforas no sólo muestran cómo pensamos en relación con un problema
en forma general, también guían nuestros intentos de comprender aspectos
particulares del mismo. Schön, por ejemplo, ha mostrado cómo la forma en
que distintos problemas de vivienda urbana son descriptos a través de
metáforas anticipa ya una solución. Cuando las barriadas pobres de una
ciudad son descriptas como "villas de emergencia" o más aún como "zonas
enfermas", nosotros ya sabemos que las "emergencias" y las
"enfermedades" deben ser curadas, y los edificios o casillas en esa
situación, destruidos. Esta es una metáfora de enfermedad y cura. Por
otro lado, cuando la villa o la barriada son descriptas como
"comunidades naturales", "comunidad folk" o "aldea urbana" ya sabemos
que ésas son cosas valiosas que deben ser protegidas de cualquiera que
las amenace (Schön, 1979)."
Otro aspecto que gobierna el contenido de los ambientes semánticos se
relaciona con el tipo de oraciones que se utilizan. En general, en
ciencia esperamos oraciones descriptivas, explicativas y predictivas. En
religión, como en publicidad, las oraciones suelen ser prescriptivas y
evaluativas.
Si bien la realidad muestra una enorme diversidad y combinación de
diferentes tipos de oraciones en todos los ámbitos, ciertos predominios
tienden a configurar "estilos" que actúan como hacedores de contexto (Bateson,
1972).
La organización como red de conversaciones
Si bien metafóricamente puede ser útil decir que una organización tiene
más o menos comunicación, o que dentro de cierta organización, la
comunicación es de tal o cual manera, no debe perderse de vista que lo
que esas metáforas ocultan es que las organizaciones no son cosas,
dentro de las cuales se producen comunicaciones sino que son en sí
mismos fenómenos comunicacionales que además actúan como ambientes
semánticos. Luego, puede afirmarse que una organización no tiene
comunicación, sino que es comunicación en sí misma.
Este postulado teórico tiene importantes consecuencias prácticas.
Cuando uno dice, por ejemplo, que YPF cumple 70 años ¿qué es lo que está
diciendo?. Una organización es tecnología, accionistas, dinero, ideas,
cosas, gente, mercado, productos... ¿hay algo de todo eso en común con
lo que era YPF hace 70 años?. ¿Qué es lo que cumple 70 años entonces?.
Tal vez la afirmación ¨YPF cumple 70 años¨ simplemente no tenga sentido.
En ese caso muy pocas afirmaciones en relación a organizaciones lo
tendrían.
Sin embargo, si la organización no es una cosa sino un sistema de
acuerdos y supuestos entre personas, no importa la forma que ellos
tomen, una organización es siempre una historia de conversaciones y
compromisos derivados de esas conversaciones. Una organización es una
red de compromisos que pueden tomar distintas formas, traduciéndose en
contratos, estatutos, organigramas, métodos y procedimientos o
simplemente hábitos arraigados, usos, costumbres y maneras de hacer las
cosas.
De lo anterior surge que donde no hubo conversaciones no hay
organización. Una organización es precisamente una coordinación de
acciones entre personas y si no hay conversación, o historia de
conversaciones, no hay coordinación posible.
Nótese del párrafo anterior que por más que suele decirse que las
organizaciones se hacen actuando y no conversando, esta contraposición
de conceptos no tiene demasiado sentido. Conversar, en tanto
coordinación de conductas, suele ser un requisito de la acción. Aún en
la acción puramente individual, cada uno de nosotros mantiene diálogos
internos que suelen ser internalizaciones de diálogos mantenidos con
otras personas. En cualquier caso, la mayor parte de nuestras acciones,
aún las no deliberadas, se relacionan directamente con un mensaje
Un ejemplo: la empresa AAB es un fuerte exportador de productos
alimenticios elaborados. Se encuentra ahora conque muchos de sus
mercados tradicionales le piden ciertos estándares de calidad. En la
empresa ¨ calidad ¨ o ¨ estándares de calidad ¨ nunca fue un tema.
Luego, la empresa no está organizada para la calidad.
Podría ser el caso de que los cinco directivos de AAB hablen
frecuentemente de calidad entre ellos, pero que un nivel más abajo nadie
sepa de qué están hablando cuando dicen ¨ISO 9000¨. En ese caso, la
cúpula podrá estar organizada, pero no ha sido capaz de organizar al
resto de la gente. Para hacerlo, necesitarían dar información, hacer
promesas, pedir cosas a cambio, hacer declaraciones de propósitos y toda
una serie de actos verbales que hasta ahora no se han dado. Si lograran
los compromisos necesarios, puede ser que esa empresa llegue a alcanzar
estándares de calidad.
No toda conversación se convierte necesariamente en hechos. Es posible
que en una organización se apele frecuentemente a la importancia de
atender al cliente y no se lo haga (hablar sin generar compromisos
recíprocos para coordinar acciones), en ese caso estaremos frente a una
organización preparada para hablar bien sobre el cliente pero no para
atenderlo.
La organización es lo que su comunicación sea porque la organización
misma es un fenómeno comunicacional. Hay, como dijimos arriba, una
segunda faceta en esta observación de la organización como fenómeno
comunicacional. La organización es un contexto que resignifica, le da un
nuevo significado, a los mensajes que en ella se emiten.
Las palabras no significan exactamente lo mismo dentro o fuera de una
organización y esa diferencia es mucho del valor agregado (o restado)
por la organización.
Hay organizaciones donde es compartido que cuando se dice una cosa debe
entenderse otra. Cuando el jefe dice ¨ estoy satisfecho con su crítica
constructiva, porque nos aporta nuevas ideas, aquí todos sabemos que
podemos estar equivocados ¨, en algunos lugares significa eso mismo; en
otros debe traducirse como "me di cuenta que me criticó , lo acepto una
vez, pero no lo haré dos". Entender la diferencia entre ambos mensajes
es, precisamente, pertenecer a la organización .
La organización como ambiente semántico no se limita a las palabras que
en ella se emiten. Las oficinas, sus paredes, sus alfombras (o la falta
de ellos) dicen qué tan importante es para la organización lo que afirme
esa persona sobre cierto asunto.
Hay organizaciones donde no se puede hablar de ciertos temas, donde
ciertas cosas pueden decirse y otras no, pequeñas claves, inaccesibles
para un no iniciado, que resignifican todo lo que se dice.
Podemos imaginar, por ejemplo, una organización donde el mensaje es ¨ un
buen empleado es el que corre de un lado para otro ¨; en esta
organización será inútil hacer largos memos explicando procedimientos,
sólo los malos empleados los leerían. Los buenos empleados nunca se
enterarán de su contenido porque están corriendo de un lado para el otro
y no tienen tiempo de leer los memos.
Si debido a cambios en la tecnología, en el mercado, o cualquier otra
cosa, llega a ser necesario, en la organización de nuestro ejemplo, que
la gente lea mucho y bien, hará falta conversar sobre la propensión a
correr y su supuesta relación con la efectividad y los premios. Para
introducir el nuevo mensaje será necesario conversar sobre el anterior.
A veces esto se vuelve difícil porque el jefe dice ¨ yo nunca dije ni
nunca creí que el mejor empleado fuera el que corre por toda la oficina
¨. Es posible. Tal vez ese mensaje haya sido instalado por el fundador
de la empresa que murió hace décadas, en cierto sentido puede afirmarse
que no importa. El mensaje ahora pertenece a la cultura organizativa y
solamente puede removerse hablando sobre él y coordinando conductas para
removerlo.
Cambiar la cultura organizativa es cambiar la historia que da transfondo
a las conversaciones. La historia que resignifica los mensajes que se
emiten en esa organización.
Este concepto, remite al problema de los niveles de comunicación. Esto
es, que el cambio organizativo o institucional implica necesariamente
una metacomunicación o una comunicación sobre la comunicación.
La organización como ambiente semántico y la capacitación
Tal como hemos visto hablar de organizaciones es hablar de lo que se
habla, de conversaciones y de acuerdos sobre conversaciones. ¿Qué le
agrega o le quita a la capacitación esta visión de la organización
entendida como estructura lingüística?
En primer lugar nos recuerda que la organización no es neutra al
aprendizaje. Es una enseñanza. Una historia.
En segundo lugar que hay varios niveles de aprendizaje, el double loop
learning (Argyris y Schön, 1978) es siempre una conversación sobre los
supuestos de nuestras conversaciones. La capacitación debe permitir
visiones mas amplias. Debe permitir revisar la organización como
ambiente semántico.
Cuando esto no ocurre la capacitación solamente permite contar la vieja
historia con otras palabras.
En tercer lugar las modificaciones en el statu quo a través del
aprendizaje implican complejos procesos de institucionalización y
des-institucionalización que superan los ámbitos de las decisiones
individuales de los actores para requerir formas de acción colectiva. La
capacitación puede ser un ámbito para esa coordinación de conductas.
La capacitación tiene que ver con cambiar regulaciones, normas y
supuestos.
Desde el punto de vista regulativo, se trata de entender en qué forma
las organizaciones restringen y regularizan la conducta a través de
normas e incentivos y sanciones. En muchos casos, las conductas que se
intentan cambiar a través de la capacitación, son conductas que han
sido, y en muchos casos siguen siendo, incentivadas por la organización
misma.
Muchas de estas normas son prescriptivas y han resultado, en diferentes
grados, internalizadas por los individuos, lo que constituye el aspecto
normativo de las instituciones. En tanto la capacitación se propone
modificar quehaceres y formas de relación entre los actores, también se
refiere a roles y valores internalizados.
Finalmente, está la dimensión cognitiva, que media entre el mundo de
estímulos externos y las respuestas de cada uno. Esta dimensión
involucra la creación de categorías y tipificaciones por las cuales
experiencias únicas, concretas y subjetivas son subsumidas bajo órdenes
generales de significados que se vuelven tanto objetivamente como
subjetivamente reales. Toda capacitación destinada a modificar contextos
complejos de roles, implica en algún momento, la revisión de modelos
mentales, scripts y supuestos muy arraigados sobre la realidad.
En otras palabras, la capacitación no modifica "procesos", como podría
modificar componentes de una máquina. Se relaciona con instituciones
que, como tales, están ligadas a las formas de vinculación, a los roles
internalizados y a preconceptos tácitos de cada uno de los
involucrados.
Hemos dicho también que si bien un aprendizaje puede ser, desde el punto
de vista teórico, simplemente la mera adquisición de una habilidad o un
hábito individual, rara vez un aprendizaje para el trabajo se restringe
a eso. Por lo general, cualquier aprendizaje significativo implica la
coordinación de conductas con otros. Esta coordinación de conductas
requiere necesariamente revisar regulaciones, normas y preconceptos
organizativos. Esto es un cambio institucional.
Para entender cómo un aprendizaje se convierte en acción, en aprendizaje
organizacional, es necesario preguntarse qué cosas hacen a la
persistencia y al cambio institucional.
La capacitación implica poner en debate el carácter semántico de la
organización, en tanto éste enmarca, puntúa y da carácter y sentido a la
corriente de experiencia que los individuos viven dentro de las
organizaciones.
Desde una perspectiva de la capacitación desarrollada como un proceso de
cambio institucional, la organización es un metamensaje que resignifica
los mensajes explícitos. De la misma manera que hablamos de varios
niveles de aprendizaje podemos hablar de niveles de comunicación, donde
los mensajes verbales explícitos son resignificados por la estructura y
la cultura organizativa.
En consecuencia, la instalación o la modificación de una práctica
organizativa implicará trabajar no solamente en el desarrollo de nuevas
habilidades específicas sino también en relación a los contextos que
mantienen y alimentan a esas prácticas. Esto implica necesariamente
poner los contextos en discusión.
En otros términos, una capacitación operable no solamente debe brindar
habilidades sino también especificar los contextos en los que esas
habilidades pueden ser puestas en práctica y poner en discusión los
bloqueos institucionales, regulativos, normativos o cognitivos que es
necesario abordar para poner el conocimiento en acción.
Si uno mira la capacitación desde esta perspectiva, lo que se descubre
es que el trabajo en aula es apenas una parte del proceso de
capacitación. Un cambio institucional siempre requiere muchos más
actores que los participantes y el instructor de un curso,
Limitar la tarea de la capacitación al aula parece el resabio de
supuestos cognitivos originados en la institución escolar y trasladados
al campo de la organización.
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Ernesto Gore - gorearrobaudesa.edu.ar
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