I.-INTRODUCCION: CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LOS COMITÉS
Los llamados "comités" o "comisiones" fueron, hasta hace pocos años, un
elemento atípico en las estructuras formales. Mientras éstas se
caracterizan por la estabilidad y la nítida dependencia lineal
(vertical) de cada departamento y de cada puesto -definidos a la vez de
manera taxativa por las funciones que se les asignan-, los comités eran
susceptibles de variaciones entre características totalmente opuestas:
podían ser permanentes o transitorios, estar compuestos por personal de
una misma área o sector o bien ser inter-sectoriales, tener algunas
facultades de decisión (sobre todo si se trataba de "comités
gerenciales") o estar limitados a elevar las conclusiones de sus
estudios, a lo sumo con alguna recomendación para el nivel superior a
las que están destinadas. Dentro de esta atipicidad tenían sin embargo
-y tienen aún- algunos rasgos de carácter más generalizado, a saber:
a) Su finalidad, salvo en los llamados "comités gerenciales", es la de
estudiar de manera específica algún asunto (o varios asuntos
relacionados), ya se trate de la subsanación de deficiencias operativas
o administrativas, o bien del análisis de alguna innovación proyectada
en cualquier esfera de la actividad de la empresa.
b) En consecuencia, se tienen en cuenta para su integración tanto a los
departamentos involucrados en el asunto que les dio origen, cuanto a las
personas que por sus particulares conocimientos puedan brindar un aporte
de interés.
c) Esto último implica, a su vez, dos consecuencias: que las personas
que lo integran no deben ser necesariamente de iguales niveles
jerárquicos, y que también pueden participar asesores o consultores
externos, si ello resultase de utilidad.
POSIBILIDADES DE EVOLUCIÓN DE LOS COMITÉS
Estos rasgos, que son más bien producto de la práctica que de normas
formales (en general no se los reglamenta), explican el hecho de que a
partir de los comités "tradicionales" se pueda intentar una evolución de
su propio carácter con vistas a convertirlos en la pieza maestra de una
transformación profunda de la estructura, orientada hacia formas
flexibles, más puntos de vista de los sectores involucrados en el
asunto-eje, sustituyendo así los procedimientos burocráticos de
comunicación y discusión. Tercero, los comités implican de hecho una
desestructuración, en el sentido de sortear la rigidez de la
organización formal y de abrir el pensamiento individual y la cultura de
los grupos a concepciones más amplias y a la recepción de otros puntos
de vista, es decir que pueden contribuir a la difícil faena de echar
abajo los sólidos muros de las casillas del organigrama tras los cuales
se hace fuerte la mentalidad fragmentaria y burocrática. Finalmente,
todas estos aspectos positivos posibilitan el desarrollo personal de la
gente y la obtención de
mayor satisfacción laboral, con su repercusión en la moral del grupo y
en el clima social de la organización.
CONDICIONES PARA EL FUNCIONAMIENTO EFICAZ DE LOS COMITÉS
Todo lo dicho será válido en la medida que los comités funcionen
eficazmente, es decir que sean capaces de alcanzar el objetivo propuesto
-si no en su totalidad al menos en alta medida-. ¿Qué condiciones son
necesarias para que un comité sea eficaz? Trataremos de enumerar las más
importantes.
1) Tamaño del comité: ni tan grande que no pueda sesionar y trabajar
ágilmente, ni tan pequeño
que carezca de los suficientes brazos y opiniones para cumplir su
cometido.
2) Funcionamiento regular, ordenado, metódico.
3) Capacidad de autoprogramar sus metas, y por tanto de reajustarlas
cuando fuere necesario.
4) Fijación de metas claramente definidas y con plazos determinados.
5) Cumplimiento por parte del coordinador del rol que el grupo le
asigne; particularmente el de
asegurar el funcionamiento del comité.
6) Libre comunicación e interacción del comité con todo sector de la
organización que incumba a la
realización de sus metas, sin limitaciones jerárquicas o funcionales.
7) Estilo de trabajo abierto, democrático y participativo, en el que los
miembros basen su
desempeño en sus respectivas capacidades y roles asignados, no en los
niveles jerárquicos que
ostenten en sus departamentos de origen.
8) Capacidad de autocontrol y de revisión de su propia actuación.
9) Informe periódico de la marcha de sus labores al nivel de la
estructura al que reporta.
10) Seguimiento regular por parte de dicho nivel, concebido como soporte
y apoyo, centrando la
supervisión en el logro de los objetivos más que en la realización de
las tareas.
11) Respeto de los requerimientos de tiempos de reunión y de trabajo a
cada uno de los miembros
del comité, por parte de sus respectivos superiores jerárquicos en los
departamentos a que
corresponden.
VICIOS Y ERRORES MAS COMUNES
Correlativamente a las principales cualidades que deben poseer los
comités para ser eficaces, podemos enumerar los vicios y errores más
comunes que padecen en la práctica general:
1) Funcionamiento irregular:
a) Porque el coordinador no convoca con regularidad sus reuniones,
o no se esfuerza por superar las dificultades para concertarlas y
llevarlas a cabo;
b) Porque los miembros no acuden a las reuniones, sea por menosprecio de
la importancia del comité o porque sus superiores los requieren para
otras tareas en el mismo horario.
2) Manejo verticalista del comité por parte del coordinador o del
superior al que reporta.
3) Los miembros no realizan en término las tareas que el comité les
encomienda, por subvalorar su importancia o porque no reciben el
necesario apoyo de sus departamentos para llevarlas a cabo.
4) El comité es demasiado grande, o demasiado chico.
5) En el comité faltan miembros de sectores directamente involucrados en
el objetivo propuesto.
6) Hay miembros que participan en demasiados comités.
7) No existe adecuada coordinación con las tareas que sobre el mismo
asunto -o sobre algún otro estrechamente relacionado con el objetivo- se
desarrollan en sectores de la estructura o en otro comité, de lo que
derivan superposiciones y posibles contradicciones.
8) El nivel superior al que reporta el comité, o algún otro de alta
jerarquía, se adelanta tomando decisiones sobre el asunto que se
encomendó al comité, lo que si no es oportunamente comunicado a éste
creará confusión y frustración entre sus miembros.
CONCLUSIONES
En resumen, los comités pueden, en su modalidad habitual, potenciar la
productividad global de una organización, si se definen claramente sus
objetivos, alcance, duración, etc.; si cuentan con el monitoreo y la
ayuda de la Dirección, y si ésta coordina adecuadamente sus actividades
con las de los demás sectores de la estructura ordinaria. Ello torna
recomendable intentar la experiencia en las organizaciones donde aún no
hayan sido ensayados, así como examinar el estado y los resultados
alcanzados a través de los comités donde ya existiesen. Pero toda la
exposición precedente sería casi ociosa si nos detuviésemos allí. Porque
sin desmedro de la utilidad de su implantación y de su posterior
evaluación, el mayor provecho podrá extraerse si se analiza el desempeño
de los comités -y también el del conjunto de la empresa en relación a la
existencia y funcionamiento de los comités- en la perspectiva de la
posible constitución de "equipos de trabajo" como forma de ir accediendo
a un tipo renovado de organización, con las características a que ya
aludimos en el final del primer párrafo de este trabajo.
En relación a este tipo de análisis es realmente interesante advertir
que en empresas que han venido haciendo la experiencia del
funcionamiento de varios comités durante un tiempo suficientemente
extenso (entre 1 y 2 años), los interrogantes que se suelen plantear
entre sus integrantes giran, principalmente, acerca del futuro de los
comités o de los factores que condicionan su futuro; y por supuesto, en
torno a su mismo carácter. Ejemplos: "lo importante es construír una
metodología" "están en debate los límites del comité: ¿delibera,
ejecuta, consulta libremente? ", "no sabemos si tiene sentido ahora que
ya hay un área que se ocupa", "¿formamos una nueva unidad funcional?"
"vinculación horizontal sí, pero ¿cómo? " "este comité, ¿ ya está
tocando a su fin?" "los comités deben ser estructurales, alrededor de un
proyecto relevante", etc.
Claro está que si no se encuentran respuestas constructivas a estas
preguntas, tales que definan y consoliden -con un sentido u otro- la
vida y el funcionamiento de los comités, existe el peligro de que
pierdan prestigio en la escala de valores de los dirigentes y
funcionarios y terminen por extinguirse, o al menos por decaer en
relación a la pujanza y al papel impulsor que tal vez llegaron a
alcanzar.
II.-HACIA UNA NUEVA ETAPA: DE LOS COMITES A LOS EQUIPOS DE TRABAJO
Las posibilidades de desarrollo de estas formaciones pasa, a mi
entender, por el abordaje de una nueva etapa orientada en tres
direcciones: la primera, seguir alentando la creación de comités -en la
modalidad tradicional- cada vez que un "proyecto relevante" lo haga
conveniente e incluso necesario; la segunda, hacer los mayores esfuerzos
en todos los niveles participantes -de la Gerencia General para abajo-
para mejorar el funcionamiento de los existentes corrigiendo las
deficiencias que se hubieran puesto de manifiesto en reuniones de
balance (indefiniciones, funcionamiento irregular, falta de monitoreo y
apoyo superior, entre otras), reuniones que la Dirección deberá promover
estimulando la libre expresión de sus participantes; y tercera, examinar
cuidadosamente las perspectivas de cada uno en función del porvenir que
puedan tener: disolución al cumplirse cierto plazo o condición, o
conversión en un "equipo de trabajo" permanente.
Las dos primeras orientaciones propuestas no requieren ningún análisis
especial; sólo inducen a perseverar y mejorar en la aplicación de
criterios que posiblemente ya estén incorporados a las prácticas de la
empresa. Es la tercera la que necesita ser debatida y la que, desde mi
punto de vista, es el expresa la faceta más relevante de este tipo de
organismos. Debo aclarar que no estoy propiciando el paso liso y llano a
una "organización horizontal" con la consiguiente desaparición de las
líneas jerarco-funcionales. Eso sería un salto al vacío, que si se
intentase dar encontraría enormes resistencias en la gran mayoría de las
organizaciones, llevándolas a situaciones de crisis de difícil solución.
Pero tampoco propongo el inmovilismo. Y asumo que en el desarrollo de
las medidas más abajo recomendadas, seguramente surgirán dudas,
controversias y hasta algunas situaciones de crisis, pero no sólo
tolerables sino seguramente fecundas.
PROBLEMAS DEL CAMBIO ORGANIZACIONAL
Entrando en materia, lo primero que uno piensa cuando se habla de
horizontalizar la organización es que no se ve con claridad cómo pueden
sacarse de su ámbito funcional tareas con un eminente grado de
especificidad y rutinización como son, por ejemplo, las que hacen a la
producción del servicio básico que vende la empresa; o a la
administración (en sentido restringido), contabilidad y gestión
financiera; o a la actividad regular de mantenimiento de relaciones con
los clientes. Conscientes de la permanente evolución de la tecnología y
de las organizaciones, nadie puede asegurar que esto no llegue a ser no
sólo posible sino algún día imprescindible; pero para avanzar hoy en las
reformas sin poner al edificio en peligro de derrumbe lo más aconsejable
es ir ensayando- y extendiendo en la medida que los ensayos tengan
éxito- la horizontalidad en otros tipos de actividades, ya no solamente
como una forma transitoria para dar un impulso inicial a un
emprendimiento sino como forma estable de gestión.
Consecuencia inmediata de la afirmación anterior es una nueva pregunta.
Si esto se aplicase, por ejemplo, a los comités ya creados, ¿no acabaría
por ser una nueva "verticalidad", sólo con la ilusión de
"horizontalidad" que le otorgaría estar "acostada" en el organigrama
clásico? La respuesta a este interrogante se halla, a mi parecer, en que
los comités, devenidos "equipos de trabajo", conserven y perfeccionen
los rasgos que necesitan poseer para ser eficaces (ya descriptos en la
Introducción), fundamentalmente el carácter intersectorial, las reglas y
cultura no burocráticas y el apoyo activo de la Dirección para que
funcionen y alcancen sus objetivos; y en que incorporen nuevas
características que resultarán esenciales para que se constituyan en el
pilar de la dinámica de la empresa: espíritu de equipo y pasión por la
calidad, nacidos de la continuidad y del compromiso común.
PRECISANDO LOS CONCEPTOS
A esta altura creo necesarias algunas precisiones sobre las dos
cuestiones que acabo de presentar como básicas para una genuina
transformación de la organización: la incorporación de estas formaciones
como elemento estable de la estructura, y su carácter de "equipos de
trabajo".
En primer lugar, la "estabilidad" no se expresa en el sentido de
cristalización organizativa tal cual es, habitualmente, la definición
que emana de organigramas y manuales de organización.
Aquí la
estabilidad se refiere a que el horizonte de trabajo de un grupo "ad hoc"
-hoy llamado comité- no se detenga en la mera elaboración de una
propuesta, sino que en la medida en que su asunto-eje lo haga posible,
se le dé lugar a la ejecución, al seguimiento y control de los
resultados, a la superación de las metas iniciales mediante la
posibilidad de proponerse nuevos objetivos concomitantes o derivados del
primero. Tampoco quiere decir esto que la existencia de estos grupos se
prolongue indefinidamente; ello dependerá de los alcances y
posibilidades reales de los objetivos propuestos; justamente uno de los
elementos nuevos en la cultura es que sus componentes asumen desde el
inicio esta condición de finitud, que no excluye la eventual
prolongación de su existencia si fuese factible explotar mayores
posibilidades que las inicialmente concebidas.
En este enfoque subyacen sin duda algunos riesgos, por ejemplo el de que
desnaturalicen su función, o de que se "extralimiten". Pero la dirección
de organizaciones no se encierra en fórmulas, es un arte; por ello, las
decisiones que permitan mantener el equilibrio entre el dinamismo y la
creatividad de estos grupos con el respeto a las atribuciones de las
gerenci livianas que las actuales y predominantemente horizontales. Con
esta última expresión se quiere significar por un lado la disminución de
la cantidad de niveles jerárquicos de la pirámide, y por el otro la
modalidad de gestionar los diversos negocios o productos mediante la
interacción directa, colectiva, de los que intervienen sucesiva y/o
imultáneamente en los respectivos procesos. Es conveniente, a esta
altura, subrayar las ventajas que ofrece esta modalidad organizativa,
para justificar la afirmación del párrafo anterior respecto de su
potencialidad transformadora. En primer lugar, los comités son espacios
de expresión y de trabajo que brindan condiciones adecuadas para el
aprovechamiento de las capacidades y los conocimientos especializados de
los miembros de la organización, liberados de la estrechez a que muchas
veces los reduce la rutinización de sus tareas formalmente definidas. En
segundo término, los comités permiten reunir en un ámbito interactivo,
de diálogo cara-a-cara, los intereses y los as funcionales que hacen a
la seguridad de la empresa, son responsabilidad indelegable de la
Dirección.
LA COORDINACIÓN, FUNCIÓN CLAVE DE LA ALTA GERENCIA
Si relacionamos esta concepción con el segundo interrogante planteado
(¿serán los "equipos de trabajo" verdaderas formas horizontales, ágiles
y emprendedoras, o sólo una nueva estructura burocrática disimulada en
el dibujo?), nos encontramos con una cuestión clave que vincula y
responde a ambas: la actividad de las Altas Gerencias debe
caracterizarse, por encima de todo, por su función coordinadora.
Los tradicionales problemas de la división funcional y la fragmentación
organizacional que ella generaba, pueden volver a conspirar contra estas
formas flexibles si las Gerencias no asumen cabalmente su papel de
coordinadoras de equipos de trabajo relativamente autónomos, si bien
despojados de las ataduras de la cultura burocrática no por ello
aislados del resto de la organización. Esta conserva, como se ha dicho,
las líneas funcionales para las actividades regulares, repetitivas, de
manera que va tomando una configuración matricial en la que la acción
coordinadora de las altas gerencias es un elemento insustituíble para
garantizar la armonía interna y la complementariedad efectiva de los
grupos y las líneas. Digo que es la principal garantía, no la única,
porque también deben cumplirse los otros supuestos. Por ejemplo, cuando
los propios miembros de los departamentos involucrados forman parte de
los equipos de trabajo, estarán aceitando esas relaciones potencialmente
conflictivas si se sienten realmente parte del equipo. Además no hay que
desperdiciar la posibilidad de aprovechar a fondo la capacidad de los
miembros del "staff" de la Gerencia General -gerentes y colaboradores-
integrándolos como fuerza activa a los equipos de trabajo, con lo que
también se tiende a neutralizar otro de los habituales focos de
conflicto en las organizaciones.
Aportado por: www.hfainstein.com.ar Actividades de consultoría, capacitación y facilitación de procesos para contribuir al aprendizaje y desarrollo de personas, equipos y organizaciones, tanto en el ámbito público como privado, y en organizaciones no gubernamentales. infoarrobahfainstein.com.ar
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