La seguridad laboral es un ámbito de creciente importancia en el
desarrollo de las industrias, no solo porque constituye una meta
deseable por si misma al facilitar un trabajo saludable y sin
consecuencias lesivas para la salud, si no porque además incide en los
resultados económicos debido a los importantes costes asociados a los
accidentes laborales que repercuten directamente sobre los trabajadores,
las empresas y las compañías aseguradores e indirectamente sobre todos
los ciudadanos. Por estas razones un cometido principal de la Psicología
de la Seguridad es desarrollar programas de intervención que faciliten
la reducción de los accidentes laborales (Hoyos, 1992).
Los métodos basados en el feedback y el refuerzo de las conductas
seguras han mostrado ser eficaces en numerosos trabajos de investigación
para reducir las conductas inseguras y aumentar las conductas
seguras(Alavosius y Sulzer-Azaroff, 1990; Ludwing y Geller, 1991;
Saarela, 1990), y, con menos frecuencia, se ha informado también de
efectos significativos de estos programas sobre los accidentes laborales
(Fox, Hopkins y Anger, 1987). La razón por la que los programas de
intervención se centran sobre las conductas como elemento antecedente de
los accidentes laborales en lugar de hacerlo sobre los accidentes
implica asumir un supuesto de aleatoriedad en la presentación de los
accidentes -con relativa independencia de las acciones de prevención- y
quizás un supuesto de un margen residual de accidentes inherentes a la
actividad y virtualmente inevitables (Groeneweg, 1994). Tanto desde un
punto de vista teórico como práctico está claramente asentado que una
intervención conductual en condiciones controladas, generalmente basada
en la retroalimentación y el refuerzo, es capaz de promover, alterar o
reducir los parámetros de respuesta de un conjunto de conductas
seleccionadas, y esto que también es cierto en el ámbito de la seguridad
industrial se ha utilizado reiteradamente para promover conductas
seguras en el trabajo (Peters, 1991). Sin embargo, una cuestión de
notoria incidencia aplicada es si los programas de intervención en las
condiciones de control menos rigurosas que pueden ponerse en marcha en
la mayoría de las industrias pueden producir un efecto beneficioso no
solo sobre los registros de conductas seguras parciales y aisladas si no
sobre los accidentes laborales, que es una variable de interés principal
detrás de las intervenciones en seguridad laboral.
Los programas de intervención conductual han logrado un lugar
predominante en la literatura psicológica sobre intervención en
seguridad laboral. Estos programas se caracterizan por un énfasis en la
conducta, una orientación molecular a nivel de conductas, un enfoque de
la responsabilidad de la seguridad a nivel del trabajador -o a lo sumo
del supervisor- y un enfoque individual de la cuestión de la seguridad (Rehm,
1993). Estas características permiten contrastar efectos sobre las
conductas de los trabajadores individuales observadas a un nivel
molecular Y han producido reiteradamente buenos resultados para sus
objetivos. Sin embargo, detrás de estas características, por otra parte
tan llamativamente connotativas de la cultura americana económicamente
dominante, subyacen algunos supuestos que no son fácilmente asumibles en
prevención y que contrastan vívidamente con la experiencia en
intervención aplicada. En primer lugar, los programas
característicamente trabajan solo sobre la conducta, sobre porciones de
conducta, y omiten, descuidan o evitan una intervención sobre
dimensiones como las condiciones físicas, la orientación y cultura de
seguridad de los trabajadores y la orientación y cultura de seguridad de
la supervisión y la dirección. Quizás esto se da por supuesto como
condiciones previas pero desde luego en buena parte de nuestras
industrias no puede darse por supuesto. Se argumenta que los aspectos
tradicionalmente considerados desde la ingeniería de seguridad, como la
formación e información y las condiciones físicas y ambientales solo son
responsables de una pequeña parte -frecuentemente estimada en un 10%- de
los accidentes laborales (Komaki, Barwick y Scott, 1978; Komaki, Collins
y Penn, 1982).
Esto es cierto en el sentido de que las condiciones ambientales y
físicas raramente actúan por si mismas para llevar a las personas a los
accidentes; pero es falso si se entiende que la prevención puede
realizarse sin las conductas -generalmente conductas directivas- que
lleven a modificar esas condiciones para evitar las conductas de los
trabajadores que llevan a los accidentes y aumentar la probabilidad de
las conductas de los trabajadores que los evitan.
Los accidentes son un producto organizacional -indeseado- fruto de toda
la estructura organizacional en la que las acciones de dirección -en el
sentido clásico de las funciones directivas- y las de los supervisores y
trabajadores interactúan con un ambiente físico que es a la vez fruto y
consecuencia de esas acciones (Dwyer, 1991). Los accidentes siempre se
deben a conducta en un marco de condiciones ambientales dadas, y las
conductas siempre son individuales en el marco de unas condiciones
sociales dadas. Pero no tiene sentido reforzar las conductas seguras del
trabajador que opera una máquina insegura o bajo un programa de
supervisión que enfatiza los resultados aun a costa de la seguridad.
Esta interacción entre conducta, conducta directiva, conducta de
supervisión, conducta de los trabajadores y condiciones ambientales y
físicas es continua y puede apreciarse reiteradamente, de modo que el
técnico o el investigador en cierto modo eligen el nivel al que desean
interpretar la realidad e intervenir sobre ella. Por ejemplo en
determinada sección el nivel de ruido produce perdidas y lesiones
auditivas tras cierto tiempo de exposición. La empresa provee unos
tapones. Los trabajadores no se los ponen.
Obviamente esta es la conducta individual, molecular y responsable del
daño a nivel de trabajador. ¿Por qué no registrar la linea base de esta
conducta e intervenir sobre ella mediante refuerzo o feedback con éxito
garantizado? Si se analiza un nivel más se observa que los supervisores
no intervienen en absoluto, ni dando instrucciones para que se usen ni
supervisando que efectivamente se usen. En realidad ellos tampoco los
usan. En este segundo nivel de análisis la conducta de supervisión
parece compartir la responsabilidad dado que a nivel de instrucciones,
contingencias y modelos no favorece precisamente la conducta
autoprotectiva. Si se analiza un paso más allá se descubre que los
tampones son económicos y de baja calidad, a muchos trabajadores les
irritan y además son profundamente antiestéticos -lo que condiciona
todavía más a algunos trabajadores y trabajadoras a no utilizarlos- y se
ensucian fácilmente por lo que deberían poder desecharse muy
frecuentemente, por lo que, además, resultan antihigiénicos. Ahora hemos
encontrado una causa física que justifica ampliamente la conducta. Pero
¿por qué no se compran más y se renuevan muy frecuentemente?. Al
analizar un paso más se descubre que la estructura de incentivos de la
empresa está diseñada de modo que el coste de los tapones (y de
cualquier otro elemento de uso individual) se deduce de los beneficios
atribuidos a la sección que porque ésta es corresponsable de sus gastos,
de modo que a más gasto menos incentivos. Ahora es la estructura de
salarios decidida por la dirección la que justifica la situación.
Dado que esto es así ningún trabajador puede aisladamente gastar en
nada, si no quiere verse expuesto al ostracismo. También las normas
informales de grupo tienen su papel. Por último, el ruido podría
evitarse con la inversión en maquinaria nueva que cumpliera las normas
europeas actuales en esa materia. Ahora es la conducta directiva la que
está detrás de las elecciones en inversión. Solo un paso más allá están
los condicionantes legales, de mercado, de la competencia, etc.
Todos los niveles de análisis son parcialmente ciertos y todos están
relacionados en cadenas más o menos complejas. Aunque todos los niveles
son a la vez efecto y causa de otros la conducta individual de los
trabajadores en una organización es precisamente un producto de todos
los otros niveles cuya variabilidad esta muy constreñida. En términos
clásicos del Allport está organizacionalmente muy determinada y puede
describirse por una curva J. En términos más sencillos, la conducta
individual de los trabajadores no suele ser precisamente el nivel al que
se toman las decisiones. Hay algo del viejo Taylor -tan presente en
nuestro tejido industrial- en esta separación entre técnicos de diseñan
programas de cambio de conducta y trabajadores cuyas conductas hay que
cambiar. Precisamente por eso es un nivel al que resulta tentador
intervenir y al que resulta socialmente aceptable para directivos y
técnicos atribuir implícitamente la responsabilidad de los accidentes,
¿pero es el nivel adecuado para el desarrollo de una seguridad integrada
que controle los costos de los accidentes? Evidentemente esta discusión
no cuestiona los principios ni la utilidad contrastada de las
intervenciones conductuales, sino su uso social. Probablemente los
principios conductuales que sirven para las amebas y para los
trabajadores puedan generalizarse también a los directivos, pero
seguramente no parece socialmente aceptable modificarles las conductas
que ponen las condiciones en que se facilita que se accidenten los
trabajadores.
En un sentido aplicado las necesidades prácticas de intervención
reclaman programas que estén ajustados al diagnóstico de necesidades de
cada empresa, tengan en cuenta las necesidades de intervención sobre
condiciones físicas, consideren la cultura organizacional específica y
traten de alterar las conductas necesarias para favorecer la seguridad.
Y, en términos prácticos, que realicen aquello que sea viable y
aceptable para la dirección de la empresa de entre todo lo que
teóricamente es posible. Este punto de vista esta relacionado con las
características de pluridisciplinariedad e integración que requiere la
seguridad laboral.
Bajo estas consideraciones el propósito de este artículo es presentar
los resultados de un programa de intervención en seguridad laboral de
orientación molar que ha combinado simultáneamente acciones sobre las
condiciones físicas, información, feedback y acciones de supervisión y
se evaluado sobre los accidentes laborales. Este modo de programa molar
no es frecuente en la literatura (McAfee y Winn, 1989), y tampoco lo es
evaluar efectos sobre la accidentabilidad (Guastello, 1993) y aplicar
métodos de series temporales interrumpidas con especial atención a las
dificultades que podría introducir la correlación serial (Meliá y
Calzado, 1996): estas son precisamente las aportaciones distintivas de
esta intervención.
METODO
Sujetos
El estudio fue llevado a cabo con la colaboración de una industria de
transformados de productos agrícolas para la producción de productos
elaborados alimenticios de gran consumo, en una de sus plantas en una
provincia del levante español. Limitándonos a la planta industrial
-excluidos comerciales- la plantilla estaba formada por 134 personas, de
las cuales 7 directivos y 16 personas de administración y otros
servicios no son objeto del estudio. Orientados a producción y
manipulación de los productos antes y después de su tratamiento había
111 trabajadores, de los que 10 (9'01%) eran supervisores de primera
linea, y el resto (90'99%) empleados. De los 111 trabajadores objeto del
estudio 37 (33'33%) eran mujeres. De los 111 trabajadores, 27 (24'32%)
eran trabajadores a tiempo parcial. Los trabajadores a tiempo parcial
trabajaban unas 22 horas semanales en promedio.
Medidas
Se han considerado dos medidas. Por una parte, el número de accidentes
laborales con y sin baja registrados, que constituye la variable
dependiente, y por otro, el número de bajas por enfermedad común,
variable que se toma como un control de referencia. Se ha considerado un
accidente sin baja siempre que se ha producido algún tipo de lesión o
afectación debida al trabajo a un trabajador que ha requerido atención
en el botiquín de la empresa o una ILT. Esta operacionalización de
accidente excluye los accidentes blancos, aquellos sin consecuencias
personales, en muchas ocasiones difíciles de definir y delimitar en
términos prácticos y para los que no existía registro en la empresa.
Esta operacionalización también excluye los accidentes in itinere, por
estar fuera del ámbito de esta intervención.
Linea Base
A partir de los registros de la empresa se recogió información sobre los
accidentes laborales con y sin baja y de las bajas por enfermedad común
durante un periodo de 18 meses previos a la intervención. Por lo que
respecta a la seguridad laboral durante este periodo puede afirmarse que
ésta no se encontraba entre las prioridades de la acción directiva,
plenamente orientada a la obtención de una creciente productividad, lo
que constituía manifiestamente un motivo de satisfacción para el equipo
directivo. Las actuaciones en el terreno de la seguridad laboral se
limitaban a conservar parcialmente las protecciones que la maquinaria
llevaba originalmente, a la reparación de algún riesgo puesto de
manifiesto por un accidente previo y a la presencia permanente de algún
cartel alusivo a la seguridad en el trabajo. El proceso de recogida de
información sobre los accidentes para los partes de notificación
oficiales formaba parte de la rutina administrativa.
Aproximadamente durante el último mes de la etapa de linea base se
efectuaron una serie de acciones diagnósticas en el campo de la
seguridad laboral orientadas a diseñar la intervención subsiguiente.
Esas acciones incluyeron la observación directa de la planta, el
análisis de los partes de accidentes del periodo de linea base y
entrevistas de aproximadamente una hora de duración con cinco
supervisores y seis trabajadores seleccionados por indicación de la
dirección, con el propósito de obtener información cualitativa sobre el
estado de la seguridad laboral, riesgos y conductas.
Intervención
La intervención consistió en cinco elementos:
1) Colocación de indicaciones sobre instrucciones de seguridad relativas
al procedimiento de las máquinas junto a estas en los lugares de
operación y restitución de protecciones de máquinas que habían sido
anuladas.
2) Introducción de un nuevo Parte de Notificación de Accidentes a
rellenar por la persona accidentada y su encargado con análisis de
acciones hacia la seguridad para evitar el tipo de accidente descrito.
3) Folleto de instrucciones hacia la seguridad repartido a cada
encargado, y por cada encargado a sus empleados durante aproximadamente
las dos primeras semanas del periodo de intervención. El folleto recogía
información sobre el análisis de accidentes efectuado en el periodo de
linea base y lo convertía en recomendaciones prácticas concretas para
evitar accidentes, enfatizando los riesgos y la necesidad de adoptar las
medidas de prevención por propio interés.
4) Introducción de un gráfico informativo en lugar visible para todos
los empleados de producción al acceder a la planta donde estaban
registrados los accidentes por mes durante los últimos 18 meses y se
iban registrando mes a mes el número de accidentes durante el periodo de
intervención.
5) Durante esta fase se produjeron contactos periódicos con la dirección
y esporádicos con los encargados para comentar la evolución de la
seguridad. El jefe de producción mantuvo contactos periódicos con los
encargados en los que enfatizaba la necesidad de reducir los accidentes,
la responsabilidad de los encargados en este tema sobre los empleados a
su cargo y la necesidad de seguir las instrucciones de seguridad sin
disminuir la productividad.
Seguimiento
Después de 9 meses de intervención, debido a consideraciones de la
dirección ajenas al programa el feedback mediante el gráfico informativo
fue eliminado, dejó de utilizarse el parte de notificación de accidentes
que se había introducido y los contactos sobre seguridad con los
encargados desaparecieron como elemento específico, si bien el tema
permaneció en los contactos habituales de trabajo.
Durante este periodo se siguió registrando el número de accidentes
laborales y el número de bajas por enfermedad. No se produjo ninguna
orden en el sentido de retirar las protecciones de seguridad que habían
sido reinstauradas y tampoco se eliminaron los carteles con
instrucciones de procedimientos de seguridad, aunque puede suponerse que
se relajó el celo en la supervisión de su cumplimiento.
Diseño
Puede considerarse que se trata de un diseño de retirada ABA en el que
se ha tomado información simultáneamente del número de bajas por
enfermedad común, considerando esta segunda linea como una referencia
adicional. Se trata de una serie temporal interrumpida con una fase
final de retirada.
Análisis
Los análisis realizados incluyen:
1) Análisis de evolución de la seguridad: Evaluación gráfica de los
accidentes laborales y las bajas por enfermedad, estadísticos
descriptivos y variación porcentual.
2) Diagnóstico de la serie accidentes laborales considerando la linea
base y la serie total mediante suavizado exponencial y evaluación de la
correlación serial (función de autocorrelación ACF y función de
autocorrelación parcial PACF). Los resultados de esta fase facilitan la
elección del método de análisis en la fase siguiente.
3) Estimación de los efectos atribuibles a los cambios de fase
(intervención y seguimiento) mediante regresión minimocuadrática y
diagnóstico de la correlación serial en los residuales. Primero se
descartará la presencia de una tendencia a lo largo de la serie, se
estimará un modelo que refleja los cambios atribuibles a las fases para
los accidentes laborales y se contrastará la ausencia de ajuste de este
modelo para la linea de enfermedades comunes tomada como control.
Todos los análisis han sido efectuados mediante el paquete estadístico
SPSS.
RESULTADOS
Análisis de evolución de la seguridad
La gráfica 1a muestra la evaluación mensual de los accidentes laborales
a través de las tres fases. En la linea base los accidentes oscilaron
entre 0 y 5, con una media de 2'16 accidentes mensuales y desviación
típica de 1'5. En la fase de intervención los accidentes oscilaron entre
0 y 1 con una media de 0'33 y una desviación típica de 0'5. En la fase
de seguimiento los accidentes oscilaron entre 0 y 2 con una media de
1´22 y una desviación típica de 0'83. En términos porcentuales, la fase
de intervención supone una reducción del 84'63% respecto a los
accidentes de la linea base, y la fase de seguimiento supone una
reducción del 43'61% respecto a la fase de linea base. En la fase de
intervención hay 6'5 veces menos accidentes por mes que en la linea
base. En la fase de seguimiento hay 1'77 veces menos accidentes por mes
que en la etapa de linea base. En la etapa de seguimiento hay 3'67 veces
más accidentes que en la etapa de intervención. La gráfica 1b muestra la
evolución mensual de las bajas por enfermedad común. En la linea base la
media mensual fue de 2'27 y la desviación típica de 1'44; durante la
intervención la media fue 2 y la desviación típica 1'11; y durante el
seguimiento la media fue 2'33 y la desviación típica 2'33. En términos
porcentuales, el promedio mensual de bajas por enfermedad respecto a la
linea base disminuyó un 12'2% durante el periodo de intervención y
aumento un 2'41% en la fase de seguimiento.
El análisis gráfico muestra una ausencia de tendencia en cada una de las
fases tanto de la variable accidentes laborales como en la variable
enfermedad común.
Diagnóstico de la serie de accidentes laborales.
Para diagnosticar el comportamiento de la serie accidentes laborales,
con el propósito de determinar el tipo de análisis a utilizar
posteriormente, se calcularon las autocorrelaciones ACF y
autocorrelaciones parciales PACF de la serie total y del periodo de
linea base. Adicionalmente se estimó el parámetro alfa de un suavizado
exponencial que producía el mejor ajuste para la serie total y para la
serie en la fase de linea base.
Tanto en el caso de la serie total, como en el de la parte de la serie
correspondiente a linea base tomada aisladamente, ninguna de las
autocorrelaciones ni de las autocorrelaciones parciales exceden el
intervalo de más menos dos errores típicos, pudiendo afirmarse que no
difieren significativamente de cero con un nivel de confianza del 95%.
Dado que no puede rechazarse la hipótesis nula de que ACF(1)=ACF(2)=...=ACF(k)=0,
podría considerarse a la serie generada por un proceso ARIMA (0,0,0) (McDowall,
McCleary, Meidinger, y Hay, 1987). El estadístico Q de Box-Ljung también
permanece no significativo para cada diferenciación de la serie total y
de la serie en la fase de linea base, lo que sugiere un comportamiento
de ruido blanco en torno a la media.
En un proceso de suavización exponencial de la serie, tanto tomada
globalmente como restringida a la fase de linea base, el parámetro alfa
que permite un mejor ajuste es 0. Este resultado indica que la mejor
predicción de la serie se obtiene utilizando la media de la serie y no
considerando los valores más recientes. Este resultado también sugiere
la ausencia de un proceso autoregresivo de orden 1 sobre los valores
directos de la serie.
Estos análisis muestran una ausencia de autocorrelación serial
significativa tanto en la serie total como en la fase de linea base y
sugieren que puede ensayarse una estrategia de evaluación de la
intervención basada en regresión minimocuadrática (Ostrom, 1978).
Estimación de los efectos de la intervención y el seguimiento.
En este apartado se presentan tres análisis. En el primero se descarta
la presencia de una tendencia a lo largo de las fases de la serie de
accidentes laborales. En el segundo se reviewúa el efecto de las fases
de intervención y seguimiento sobre los accidentes laborales. En el
tercero, se verifica que el modelo no presenta efectos sobre enfermedad
común. Para cada análisis se realizan contrastes que permitan determinar
la ausencia de autocorrelación de los residuales.
Para descartar la posible existencia de una tendencia a lo largo de la
serie de accidentes laborales se utilizó una variable proxy denominada t
que refleja el tiempo mediante el número del mes contado desde el
comienzo de la linea base. Para introducir los efectos del cambio de
fase se utilizaron dos variables dummy. La variable dummy i presenta
valor 1 durante el tratamiento y la variable dummy s presenta un valor 1
sobre el seguimiento, ambas presentan como referente la situación de
linea base. En esta regresión el coeficiente asociado a la variable t
resultó claramente no significativo (b=0'0306; t=0'631; p=0'5325) y el
estadístico de Durbin-Watson (d=2'2799) cae claramente en la zona de
aceptación de la hipótesis nula de ausencia de autocorrelación al nivel
de significación del 1% ([4-d]>dU; dU=1'442 para N=36;k'=3;a=0'01). Las
funciones ACF y PACF de los residuales no mostraron ninguna
autocorrelación o autocorrelación parcial significativa Estos resultados
permitieron descartar la presencia de una tendencia a lo largo de la
serie, confirmando la apreciación visual que produce la gráfica 1a.
Dados estos resultados no se estimó necesario descartar la presencia de
tendencias dentro de cada fase mediante variables de interacción entre
t, i y s, procediéndose a estimar un modelo sin tendencia.
Para evaluar el efecto de las fases de intervención y seguimiento se
recalculó el modelo anterior excluyendo la variable t. La tabla 1
muestra los resultados de este análisis de regresión y el ACF de sus
residuales. El coeficiente de determinación muestra que el modelo da
cuenta del 31´23% de la varianza de los accidentes en este periodo y la
razón F asociada al modelo de regresión ha resultado significativa.
En esta ecuación la constante (a=2'1666), que resulta estadísticamente
significativa, significa la media de accidentes antes de la
intervención. El coeficiente asociado a la intervención ha resultado
claramente significativo indicando que la media de accidentes mensuales
de la linea base disminuye -1'83 accidentes en la fase de intervención
(2'1666-1'8333=0'3333). El coeficiente asociado a la fase de seguimiento
está muy próximo a poder considerarse significativo (p=0'0587) e indica
que, respecto a la linea base, el promedio mensual de los accidentes se
reduce en la fase de seguimiento en -0'94 (2'1666-0'9444=1'2222). En la
gráfica 1a se muestra con una linea discontinua el pronóstico que
efectúa esta ecuación para cada momento temporal. Ese pronóstico no es
otro que la media de accidentes mensuales de cada fase. Esta ecuación es
el punto central para la evaluación estadística de la presencia de
efectos de la intervención y por ello conviene analizar la posible e
indeseada presencia de autocorrelación. El estadístico de Durbin-Watson
resulta 2'26, ubicado plenamente en la zona de aceptación de la
hipótesis nula de ausencia de autocorrelación con un nivel de confianza
del 99% ([4-d]>dU; dU=1'376 para N=36;k'=2;a=0'01). Los residuales de
las 36 observaciones muestran un patrón aleatorio, las funciones ACF y
PACF de los residuales no mostraron ninguna autocorrelación o
autocorrelación parcial significativa y el estadístico de Box-Ljung
permanece con p>0'35 para todos los niveles de diferenciación. Estos
resultados sugieren que es razonable admitir no solo los valores de los
coeficientes de la ecuación de regresión si no también los errores
típicos asociados a los mismos, y por tanto los niveles de significación
en que se fundamentan los contrastes de hipótesis, de modo que resulta
razonable confiar en rechazar la hipótesis nula para los efectos de la
intervención considerando estos significativos.
Tabla 1. Modelo de regresión para el pronóstico de los accidentes
laborales y autocorrelaciones (ACF)de los residuales.(N=36)
R Múltiple 0,55885 R Múltiple al Cuadrado 0,31232
R cuadrado ajustada 0,27064 Error Típico 1,18136
Análisis de Varianza
GL Suma de Cuadrados Medias cuadráticas
Regression 2 20,91667 10,45833
Residual 33 46,05556 1,39562
F = 7,49367 p= 0,0021
Variable B Err.Tip.B Beta T p
I(intervención) -1,833333 0,482290 -0,582031 -3,801 0,0006
S(seguimiento) -0,944444 0,482290 -0,299834 -1,958 0,0587
Constante(L.Base) 2,166667 0,278450 7,781 0,0000
Durbin-Watson Test = 2,26625
Autocorrelations de los residuales (ACF).
(Las barras verticales señalan los límites de significación para
a=0´05).
Auto- Error.
Lag Corr. Tip. -1 -.75 -.5 -.25 0 .25 .5 .75 1 Box-Ljung Prob.
1 -,147 ,160 . ***" . ,847 ,357
2 -,149 ,158 . ***" . 1,735 ,420
3 -,022 ,155 . * . 1,755 ,625
4 ,079 ,153 . "** . 2,024 ,731
5 -,158 ,151 . ***" . 3,130 ,680
6 -,246 ,148 .*****" . 5,901 ,434
7 -,087 ,146 . **" . 6,260 ,510
8 ,223 ,143 . "**** . 8,682 ,370
9 ,045 ,140 . "* . 8,785 ,457
10 -,019 ,138 . * . 8,804 ,551
11 ,059 ,135 . "* . 8,997 ,622
12 ,019 ,132 . * . 9,018 ,701
13 ,050 ,130 . "* . 9,169 ,760
14 -,121 ,127 . **" . 10,080 ,756
15 -,043 ,124 . *" . 10,200 ,807
16 -,007 ,121 . * . 10,203 ,856
Por último, se ha contrastado la ausencia de efectos sobre la variable
enfermedad común mediante el mismo modelo que ha resultado eficaz en el
pronóstico de los accidentes laborales. La regresión correspondiente
solo da cuenta del 0'87% de la varianza con una razón F no significativa
(F=0'1445; p=0'8657). Ni la variable dummy asociada a la intervención
(t=-0´468; p=0'6425) ni la asociada al seguimiento (t=0'094; p=0'9259)
resultan significativas. En la gráfica 1b se muestra mediante una linea
discontinua el pronóstico que efectúa este modelo para cada momento
temporal, pronóstico que corresponde a la media mensual de enfermedad
común en cada fase y que no presenta importantes diferencias entre
fases. El estadístico de Durbin-Watson es 1'97397 y cae dentro de la
zona de aceptación de hipótesis nula de no autocorrelación con un nivel
de confianza del 99% (1'97397>dU; dU=1'376 para N=36;k'=2;a=0'01).
DISCUSIÓN
Los resultados anteriores muestran claramente que la intervención ha
sido eficaz para reducir los accidentes laborales de modo
estadísticamente significativo y que a la vez puede considerarse
relevante en términos prácticos. Desde un punto de vista interventivo el
programa se caracteriza -y se distingue de otros presentados en la
literatura- por intervenir de modo aproximadamente simultáneo sobre
varios factores y por evaluar sus efectos en términos de accidentes
laborales. Desde un punto de vista metodológico se ha aplicado un
enfoque de regresión lineal con mínimos cuadrados ordinarios para
evaluar los efectos de la intervención, lo que ha requerido un énfasis
adicional en el diagnóstico de la correlación serial como principal
amenaza a la confianza en las probabilidades bajo hipótesis nula
asociadas a los parámetros estimados.
El diseño utilizado puede considerarse una variante de una serie
temporal interrumpida, introduciendo una fase de retirada y con una
linea control adicional. Este diseño cuasi-experimental realizado en un
contexto natural no permite afirmar de modo taxativo que los cambios en
accidentabilidad se deben a los factores de la intervención, y no
permite discernir en que medida cada uno de estos factores combinados ha
contribuido a los efectos detectados, si es que lo ha hecho. Sin
embargo, la reversión parcial del efecto en la fase de retirada, la
ausencia de una tendencia antes de la intervención, la ausencia de
efectos concomitantes al tratamiento sobre la linea de enfermedad común
y la ausencia de correlación serial sugieren que razonablemente los
efectos pueden atribuirse a la intervención en ausencia de ninguna
información que indique que cambios en otros factores de la empresa o su
entorno pudieran haber inducido los cambios observados (Vallejo, 1995).
La linea de enfermedad común puede considerarse un control débil sobre
el que contrastar la intervención en seguridad, pero permite descartar
algunas amenazas gruesas sobre la validez interna relativas a la
historia. Su presencia contribuye a perfilar que ha habido efectos
específicos sobre seguridad, que la disminución de accidentes no está
asociada a una época de mayor número de bajas o que los efectos no se
deben a una presión generalizada para reducir las bajas.
La elección y definición de la variable dependiente es una de las
dificultades características de los programas de intervención. Los
programas conductuales optan por segmentos de conducta segura tan
discretos y bien delimitados como sea posible, que, en esa medida,
resultan sensibles a una intervención específica sobre los mismos y
pueden ser medidos fiablemente. En contrapartida han de renunciar a
evaluar efectos sobre las variables de seguridad relevantes en términos
prácticos tales como el número de accidentes porque el efecto de ese
enfoque molecular sobre la seguridad global es difícilmente observable.
Por otra parte, como señalan Komaki et al. (1978), debido a la
infrecuente e impredictible ocurrencia de los accidentes de cierta
importancia (p.e. asociados a una baja laboral) es difícil poder
considerarlos de este modo como la variable dependiente.
En este caso se ha utilizado una medida más amplia referida a los
accidentes laborales que requieren al menos alguna atención sanitaria.
Sin embargo, deben considerarse las debilidades de esta medida que está
sujeta a interpretaciones de los sujetos sobre cuando deben o no
solicitar atención para pequeños accidentes -que son los más frecuentes-
de modo que la presión de las acciones hacia la seguridad pueden actuar
parcialmente sobre el grado de gravedad considerado subjetivamente por
los sujetos como necesario para requerir atención, en un mecanismo de
adaptación al cumplimiento de las expectativas de los supervisores y los
directivos. Si los pequeños accidentes eran considerados antes de la
intervención como una buena ocasión para una pequeña parada, las
demandas introducidas por la linea y el deseo de dibujar una gráfica de
feedback satisfactoria pueden cambiar estas consideraciones,
particularmente en un medio en el que se conoce rápidamente quien es
responsable de cada punto en la gráfica. No hay evidencia cualitativa de
que en este estudio se hayan producido particularmente estos mecanismos
pero no puede descartarse que hayan contribuido y no podemos valorar su
posible efecto. En seguridad laboral la afirmación de que la
intervención se efectúa sobre la variable dependiente tiene un
significado muy preciso, tanto cuando ésta se refiere a porciones
aisladas de conducta como cuando se refiere a efectos de la inseguridad
con significado social como son los accidentes.
Una dificultad adicional se plantea al evaluar en que grado las
prácticas de la etapa de intervención se han prolongado en el tiempo
hacia la etapa de seguimiento (McDowall et al. 1987). Algunos elementos
del paquete interventivo son de naturaleza puntual como acción (la
emisión de un folleto informativo) pero no es fácil decir cual es la
presencia de esas instrucciones en tiempos sucesivos (p.e ¿se han
conservado o incluso releido en alguna ocasión?). En cualquier caso la
información sobre procedimientos y consecuencias de los accidentes puede
esperarse razonablemente que opere en la memoria durante un periodo de
tiempo desconocido. Otros elementos como las instrucciones de operación
tienen una presencia aparentemente continua durante la intervención. Sin
embargo también cabe preguntarse cuando dejan de ser figura para
integrarse con el fondo del paisaje ambiental saliendo definitivamente
del foco de atención de los trabajadores y de los supervisores. Aunque
en la fase de seguimiento el feedback formal fue retirado así como
cualquier acción explícita orientada a la intervención, no puede decirse
en que grado el énfasis en la seguridad despertado durante esos meses
puede seguir tiñendo los comportamientos habituales de empleados,
supervisores y directivos en esa fase. Esta dificultad es característica
de un programa de intervención organizacional en un contexto real y
tiende a hacer algo difusa en la realidad la distinción formalmente
clara entre intervención y seguimiento.
Una característica de este programa de intervención ha sido la
aplicación conjunta de medidas de seguridad en el ámbito físico, el uso
de información sobre el modo seguro de desempeño del trabajo, la
retroalimentación sobre el número de accidentes y la incidencia de las
instrucciones, tanto a través de instrucciones escritas sobre
procedimientos seguros de operación como a través de la cadena de mando
al enfatizar la acción de los encargados en esta materia. Este paquete
integrado de medidas constituye una acción combinada sobre el ambiente
físico, la comunicación y la supervisión. En la situación de seguridad
de toda empresa influyen conjuntamente todos estos factores en alguna
medida. La seguridad es el fruto de una ecuación cualitativa y
cuantitativa a la vez en que ninguno de los términos puede pesar cero y
ser dejado al margen. Como resultado de la investigación no pueden
hacerse afirmaciones sobre los componentes del paquete y sería deseable
poder hacerlo. Sin embargo, si se considera una intervención como una
respuesta instrumental al servicio de variar aquellos elementos que el
diagnóstico de una situación demanda, los programas de intervención en
seguridad raramente podrán ignorar todos los factores excepto uno en
cada tiempo.
Cuando en los programas conductuales de intervención en seguridad se
pone el énfasis en una determinada conducta que, como se ha mostrado
reiteradamente, puede modificarse mediante la acción del refuerzo y el
feedback ¿qué valen los otros factores que influyen en la seguridad, tal
como el estilo de supervisión, la motivación de los empleados, el grado
de formación e información en seguridad o las condiciones y riesgos
físicos del trabajo? Desde luego en toda empresa todos los factores
relacionados con la seguridad están, de hecho, en algún nivel positivo o
negativo y es razonable suponer que actúan e interactúan configurando la
situación de seguridad global.
Este enfoque holístico no es el resultado de un planteamiento a priori
que enfatiza que necesariamente debe actuarse siempre sobre todos los
factores implicados. Más bien es fruto del diagnóstico de la situación
que constata que, desde el punto de vista de la seguridad laboral, sería
absurdo efectuar una intervención sobre el modo en que el operario
realiza una secuencia en una determinada máquina para conseguir reflejar
en una gráfica que la conducta segura de operación ha aumentado, sin
efectuar primero los cambios físicos necesarios para dotar a la máquina
de las protecciones necesarias, sin dotar al operario de la necesaria
información y en su caso formación en seguridad necesaria y sin
pretender cambiar el modo en que el supervisor trata (o en ocasiones más
bien ignora abiertamente) la cuestión de la seguridad de los empleados a
su cargo. Si hubiésemos centrado nuestra atención en este modo de
proceder característico de la intervención en investigación conductual
probablemente hubiéramos obtenido efectos nítidos sobre una conducta
particular razonablemente atribuibles en términos de diseño a una
intervención basada en un solo factor, pero hubiéramos tenido que
renunciar a mostrar efectos sobre los accidentes laborales porque estos
no dependen en la mayoría de los contextos del cambio en un solo factor.
Por otra parte es difícil que los cambios puedan efectuarse en contextos
naturales de la industria de un modo neto sobre un solo factor. Las
mismas conversaciones necesarias con el equipo directivo pueden inducir,
y generalmente así se ha de pretender en términos aplicados, una
movilización de las actitudes en el sentido del cambio positivo que se
desea y es difícil sostener que no hay ningún efecto colateral en este
sentido. En la realidad los factores ambientales, conductuales, de
acción directiva etc. aparecen fuertemente interrelacionados y muy
condicionados por los objetivos de producción y las limitaciones
presupuestarias formando un todo situacional y dinámico en el que
pretender actuar sobre un solo elemento para afectar a un solo elemento
es al menos un propósito artificial.
Razones más pragmáticas que teóricas sugieren la necesidad de programas
de intervención polifactoriales que recuerdan la naturaleza
multidisciplinar de la seguridad laboral. Este tipo de investigación
aplicada en contextos naturales presenta una considerable validez
externa en términos de los resultados obtenidos para esa industria
particular, aunque dadas las innumerables características
idiosincráticas de cada industria que pueden afectar al planteamiento y
desarrollo de un programa de intervención en seguridad, es menos claro
en que medida puede hablarse de validez externa de población como
generalización a otros casos o de validez externa de situación en
términos de generalización a otras situaciones siempre cualitativa y
cuantitativamente distintas. Estas consideraciones, junto a las bien
conocidas limitaciones de validez interna de este tipo de investigación
cuasi-experimental, y las características particulares de la seguridad
laboral, sugieren la necesidad de investigación experimental que oriente
y complemente la intervención de campo y trate de dar respuesta a las
cuestiones que la eficacia práctica de un programa de intervención en
contexto natural deja abiertas.
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Josep Lluís Melià - Jose.L.Meliaarrobauv.es
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