Nuevos métodos en el trabajo de formación en las empresas
07-2005
El tema de los "nuevos métodos en el trabajo de formación en las
empresas" tiene que ser precisado en dos sentidos. En primer lugar cabe
preguntar en qué se diferencian esos "métodos nuevos" de los
supuestamente "antiguos" y cuáles son las razones y los motivos por los
que muchas empresas ya no están dispuestas a darse por satisfechas
aplicando los métodos tradicionales, o porqué lo están cada vez menos.
En segundo lugar, deberá hacerse una diferencia entre los niveles y las
formas de la formación profesional en las empresas. Tradicionalmente se
tratan por separado los intereses de la formación profesional y los que
están relacionados al perfeccionamiento profesional. Sin embargo, al
mismo tiempo se está imponiendo poco a poco la convicción de que, en
realidad, ya no es aceptable actualmente hacer una separación de los
conceptos de la formación y el perfeccionamiento en las empresas. Desde
finales de la década de los años ochenta se está entendiendo en la
pedagogía empresarial que la formación en la empresa es un elemento
integrante del cambio sistémico, que tiene que ser concebido y
configurado en las "empresas que aprenden" (Meyer-Dohm/Schneider 1991),
para lo que se está empezando a utilizar el concepto de las
"organizaciones como sistemas que aprenden" (Arnold 1994a; b; Arnold/Weber
1995; Geißler 1991). Al aplicar tal enfoque sistémico y global de los
procesos de aprendizaje en una empresa, también pierde mucha importancia
la diferenciación tradicional entre la enseñanza y el aprendizaje,
surgiendo un planteamiento, según el cual se adquiere conciencia del
hecho de "(...) que la enseñanza es una actividad en buena medida
sobrestimada" (Rogers 1979, p. 104). A nivel didáctico y metodológico se
puede aplicar también para el trabajo educativo en las empresas el
criterio fundamental "que pedagógicamente necesitamos menos una nueva
modalidad para permitir y no para actuar" (Lenzen 1991, p. 123). Se
trata de una perspectiva que resulta trascendental también y
precisamente en relación con el interrogante sobre los métodos de la
formación en las empresas: Los "nuevos métodos" de la formación en las
empresas también pueden ser considerados una expresión de la cultura del
aprendizaje en una empresa, basada más en el potencial de la
autoorganización y que concibe el aprender preferentemente en la
modalidad del permitir.
1. Métodos nuevos y antiguos
Incluso en tiempos recientes no escasean las representaciones de los
métodos "usuales" de dictar clases, de enseñar y de aprender en el
ámbito de la formación profesional (Petzold 1993). Los métodos de tipo
más novedoso pueden encontrarse especialmente en las publicaciones
especializadas en el tema de la educación de adultos (Ballewski 1979;
Keim 1993; Knoll 1986; Müller 1983; Rabenstein 1980); concretamente, se
trata de métodos que, hasta la actualidad, se han aplicado más bien
pocas veces. En el ámbito de la formación en las empresas se está
debatiendo aproximadamente desde la segunda mitad de la década de los
años ochenta sobre la posibilidad de llevar a cabo una innovación de los
métodos de la enseñanza y del aprendizaje (Bunk/Zedler 1986), cuya
realización se torna cada vez más necesaria en vista de la
reorganización de las profesiones del sector del metal y de la
electricidad. El apremio se explica porque "está quedando demostrado que
el método de la transmisión aplicado en la formación profesional moderna
es tan importante como los contenidos mismos. El método se está
transformando en una meta de la formación profesional" (Schelten 1991,
p. 95). Para tener la capacidad de no transmitir únicamente
conocimientos técnicos a los colaboradores jóvenes y de mayor edad de
una empresa, sino de fomentar también sus cualificaciones claves, es
importante preguntarse, en consecuencia, cuál es la valencia que tiene
cada uno de los métodos en términos de cualificación. ¿Son "únicamente"
apropiados para la transmisión de conocimientos y aptitudes técnicas
(competencia en materia técnica), o también juegan un papel en relación
con la promoción de las técnicas de aprendizaje y de trabajo
(competencia en materia de métodos) de los que aprenden, o con la mejora
de sus capacidades de trabajar en equipo y de comunicarse con los demás
(competencia en materia social y de dirección)?
Otro aspecto fundamental de la configuración metodológica de los
procesos de aprendizaje en las empresas consiste en comprender que "no
es posible cualificar únicamente en materias clave". Ello significa que
las empresas de ningún modo tienen la posibilidad de optar por
"permitir" el estudio de materias no técnicas y el desarrollo de
cualificaciones clave, y no pueden apostar "solamente" por la
competencia profesional en materias técnicas. Más bien tienen que
entender que limitándose a la aplicación de una enseñanza mediante
transmisión involuntariamente se produce una cualificación clave, aunque
en el sentido negativo de la palabra: los aprendices y empleados
aprenden así que no es importante que ellos piensen por sí mismos, que
simplemente tienen que repetir lo que se les "sirve", que sólo tienen
que actuar cuando reciban la orden respectiva, y que es el jefe quien es
responsable de que se alcancen las metas. Estas actitudes son el
resultado de una cultura muerta del aprendizaje, son consecuencia del
"plan de estudios secreto" de una formación profesional que se limita al
aprendizaje de materias técnicas. Un análisis somero de los métodos
nuevos y antiguos, aplicados en la formación en las empresas, tal como
lo llevó a cabo, entre otros, Bonz (Bonz, 1981, p. 154) (fig. 1),
demuestra, entre otros, que la didáctica del aprendizaje en las empresas
ha experimentado cambios profundos en el transcurso de los últimos años:
"A la "etapa muda", en la que los conocimientos y el saber hacer se
obtuvieron principalmente bajo un determinado prisma y mediante la
observación ("robar con los ojos") [le siguió] una etapa en la que los
instructores utilizaron el idioma conscientemente como medio de
educación e instrucción, con el fin de explicar los contextos teóricos,
para motivar y para transmitir valores. La actual etapa de transición
hacia la tercera época se caracteriza por formas de aprendizaje tales
como "el aprender autodirigido" y "aprender en proyectos"; estas formas
son globales en el sentido de que permiten la adquisición de
competencias relacionadas a la técnica, a los métodos, a las relaciones
sociales y a la propia persona (...). La característica de la tercera
etapa consistirá en que el aprendiz hará uso consciente del idioma para
formarse. (...) La verbalización de las tareas presentadas y el pensar,
concebir y expresar soluciones se transformarán en los factores
centrales. La ejecución concreta de lo aprendido es dirigida, regulada y
acompañada por la instrucción y la descripción propias; después de la
ejecución concreta se realiza un autocontrol y la confirmación, a través
de la cual el joven se entiende como origen, lo que significa una
motivación" (Friede, 1988, p. 6).
Fig. 1: Valencia didáctica de métodos nuevos y antiguos en la formación
en las empresas.

+ Importante para promover la competencia en cuestión
_ De menor importancia para la promoción de dicha competencia
Este cambio de los métodos de las culturas del aprendizaje en las
empresas "en favor de un aprendizaje de organización propia y orientado
hacia las experiencias" se basa, a fin de cuentas, en la convicción de
que la valencia didáctica de los diversos métodos aplicados en el ámbito
de la formación en las empresas es sumamente variada. Se puede
justificadamente suponer que los métodos clásicos del "aprendizaje por
transmisión" tienen, si acaso, cierta importancia en relación con la
dimensión de cualificación denominada "competencia técnica", es decir,
en la transmisión de conocimientos y habilidades técnicas, mientras que
su efecto es mínimo en relación con el fomento de la competencia en
materia de métodos y de relaciones sociales. No obstante, en lo que se
refiere a su éxito con respecto a la transmisión de competencia en
materia técnica, no se puede simplemente suponer que la mera
presentación de contenidos automáticamente tendrá como consecuencia su
aprendizaje. Los estudios realizados ya hace algún tiempo por la
American Audiovisiuell Society indican que la capacidad de retener lo
aprendido aumenta drásticamente en función del grado de activación del
que aprende. De acuerdo a los resultados de dicho estudio, "retenemos"
un 20% de lo que escuchamos, un 30% de lo que vemos, un 80% de lo que
nosotros mismos podemos expresar y un 90% de lo que (podemos) hacer (Witzenbacher,
1985, p. 17; Gudjons, 1992, p. 50). Ello significa que, de lo que
menciona el docente, tan sólo una fracción es "apropiado" efectivamente
por su alumno. En lo que se refiere a los métodos por los que aboga la
pedagogía moderna de la formación en las empresas, tales como proyectos,
simulacros, método de textos de guía, trabajo en equipo en función de
preguntas de guía, etc., cabe suponer, por lo contrario, que de ningún
modo son automáticamente menos impactantes en lo que se refiere a la
adquisición de competencias en materias técnicas, especialmente tomando
en cuenta el "tiempo que se pierde" al aplicar numerosos métodos que se
rigen por el aprendizaje mediante la transmisión. Los métodos de
aprendizaje por la acción se caracterizan, más bien, por disponer de una
polivalencia en la cualificación: los conocimientos técnicos y las
destrezas técnicas adquiridos a través de dichos métodos son elaborados
de tal manera que permiten que el que aprende desarrolle, al mismo
tiempo, una competencia en materia de métodos y de relaciones sociales.
Sin embargo, el grado de apropiación duradera de aptitudes, habilidades
y conocimientos de parte de los que aprenden, no depende únicamente del
contenido activante del método aplicado en cada caso; más bien es
importante también el grado en el que la persona que aprende puede
determinar por sí misma el objeto, las metas y los métodos del
aprendizaje. En ese sentido, el sicólogo K. Holzkamp prefiere entretanto
no definir el aprender como una magnitud que depende de la enseñanza;
más bien propone superar ese "cortocircuito entre el enseñar y el
aprender" también a través de los métodos, aplicando una didáctica
orientada en función de los sujetos y que parte de los "motivos de
acción" del individuo: "Si ha de superarse la detectada ausencia de
valor de las teorías tradicionales del aprendizaje, es necesario, antes
que nada, que se entienda el aprendizaje como un posible acceso que
tiene el sujeto al mundo de los contextos sociales dentro del mundo de
la sociedad concreta" (Holzkamp, 1993, p. 28).
No obstante, además "es necesario conseguir un entorno específico para
las competencias en materia de aprendizaje, métodos y relaciones
sociales, con el fin de poner en marcha y mantener los procesos de la
obtención de conocimientos y de orientación hacia la acción" (Pätzold,
1993, p. 17). Por ello, en la labor desplegada en el ámbito de la
formación en las empresas, se han ido imponiendo en el transcurso de los
últimos años métodos de aprendizaje orientados hacia la acción que
permiten ambas cosas a la vez, es decir, desarrollar, por un lado,
competencia en lo técnico y, por el otro, promocionar las competencias
"no técnicas", tales como competencias en materia de métodos, relaciones
sociales y dirección. Además de los mencionados en la fig. 1, métodos de
este tipo serían, por ejemplo, los siguientes: oficina de aprendizaje,
empresa de aprendizaje, simulacros, simulacros con papeles definidos,
estudios de caso, ejercicios experimentales, investigaciones, etc. (Stiehl,
1985, p. 101). H. Gudjons exige (aunque no específicamente en relación
con la formación en las empresas) que se integren "más situaciones de
acción en las clases, también en clases en asignaturas especializadas" (Gudjons,
1992, p. 97 y s.). En ese sentido, propuso ejemplos, tales como "jugar y
aprender", "descubrir e investigar", "fabricar y usar", "experimentar y
vivir", "probar y estudiar", "cooperar y comunicar", "fantasear y
experimentar", "hacer y asumir la responsabilidad", "intervenir y
modificar" y "excursión de la clase y vida escolar" (op. cit.),
delineando así toda la gama de la multiplicidad de los métodos posibles.
Adicionalmente, Hilbert Meyer definió "criterios para la configuración
de clases orientadas hacia la acción", apropiados también para servir de
orientación para la práctica de los métodos aplicados en la formación en
las empresas. En este contexto hay tres criterios que tienen una
importancia especial, a saber:
1. "En la enseñanza orientada hacia la acción, los intereses subjetivos
de los alumnos deben transformarse en el factor de referencia de la
labor docente.
2. En la enseñanza orientada hacia la acción, los alumnos deben ser
animados a actuar de modo independiente. (...)
3. El trabajo con la cabeza y el trabajo manual, es decir, el pensar y
el actuar deberán tener una proporción equilibrada entre sí" (Meyer,
1987, p. 412).
Estos criterios fueron respetados en buena medida en los numerosos
proyectos piloto llevados a cabo con la intención de introducir nuevos
métodos de enseñanza en la formación profesional en las empresas, y que
fueron promocionados por el Instituto Federal de Formación Profesional.
El "meollo didáctico de los nuevos métodos" que pudieron ser aplicados
en la realidad empresarial, logró constituirse a través de las
categorías centrales de la actuación, del pensar y del actuar,
procurando, entre otros, "transmitir a los aprendices la capacidad de
solucionar tareas complejas, ofrecerles mayor independencia y
responsabilidad propia en la fases de planificación, ejecución y
control, promocionar en ellos las formas de aprender en cooperación con
los demás, así como enseñarles a combinar el aprendizaje de las materias
técnicas con la adquisición de conocimientos teóricos sobre dichas
materias y, además, en el caso ideal, a entender los contextos generales
que están por encima de las materias puramente técnicas" (Schmidt-Hackenberger,
1990, p. 87, y otros). En términos generales se puede afirmar que, a
través de estos métodos de aprendizaje orientados hacia la acción se
establece una cultura del aprendizaje en las empresas que, a la vez,
está centrada en el que aprende, apoya las actividades y fomenta la
independencia. En ese sentido, "la promoción de la independencia es el
aspecto más importante en relación con las cualificaciones clave" (Arnold,
1990b, p. 114). Esta cultura del aprendizaje también anticipa claramente
las formas de cooperación y de dirección, que adquieren una importancia
esencial en el contexto de las nuevas formas de organización laboral. En
consecuencia, el aprendizaje vivo y orientado hacia la acción puede ser
considerado como una instancia de preparación que es necesaria para
apoyar los nuevos conceptos de gestión empresarial. El criterio que en
la pedagogía corresponde a la idea de la "producción delgada (lean
production)" no es el "aprendizaje delgado (lean learning)" que ya ha
sido propagado por algunos pedagogos especializados en la formación en
las empresas, sino, todo lo contrario, su correspondencia consiste en
una cultura del aprendizaje con métodos más ricos y complejos, mediante
los cuales se establecen las condiciones de cualificación necesarias
para que funcione el sistema de la autoorganización empresarial.
Sin embargo, no todos los métodos aplicados en la formación en las
empresas son monovalentes en lo que se refiere al desarrollo de
cualificaciones claves. Más bien puede comprobarse que en la formación y
el perfeccionamiento profesional se recurre cada vez con mayor
frecuencia a métodos de los que se sabe que su valencia es casi igual a
cero en relación con la transmisión de conocimientos técnicos y
habilidades concretas, pero que tienen una gran capacidad de rendimiento
en cuanto a las demás dimensiones de la competencia en materia de
acción. Tal es el caso de los métodos "de la pedagogía de las vivencias"
(Müller, 1989) y de los "ejercicios artísticos" (Brater, 1988; Fix,
1978, entre otros). La meta de este tipo de métodos (como por ejemplo,
viajar en velero, pintar acuarelas, etc.) consiste en desarrollar
sistemáticamente la personalidad, el comportamiento en situaciones
amenazantes y la capacidad de relacionarse con los demás, para lo que se
aplica un seguimiento analítico y se brindan posibilidades de
experimentar la propia personalidad. De este modo, la formación en las
empresas se aúna a las técnicas utilizadas para fomentar la capacidad
creativa y comunicativa y el espíritu de equipo, utilizadas con
anterioridad fuera del ámbito de la formación profesional de corte
tradicional, especialmente en el entrenamiento de mandos ejecutivos.
En relación con los diversos métodos de la labor de formación en las
empresas (véase fig. 1), puede constatarse lo siguiente:
Discurso/Conferencia: Cabe suponer que este método de dictar clases de
tipo frontal sigue siendo el más difundido en el ámbito del
perfeccionamiento profesional en las empresas, aunque también continúa
existiendo en el ámbito de la formación profesional inicial (discursos
por impulsos, explicaciones ofrecidas por el docente). En casos
extremos, este método también "funciona" sin una participación activa
del alumno, en la medida en que su participación no consiste más que en
escuchar, pensar y apuntar. Sin embargo, especialmente en el sector del
perfeccionamiento profesional se puede constatar en los últimos años que
de la persona que pronuncia un discurso se espera que también dirija un
diálogo en base a las reacciones de los que aprenden.
Diálogo en clase: Este método que se conoce también de las escuelas,
acentúa fuertemente el papel del profesor y también prevalece en las
clases ofrecidas en las empresas durante la formación inicial y el
perfeccionamiento profesional. Se trata de una forma atenuada de las
clases de tipo frontal, aunque, al igual que éste, tan sólo procura
abordar los contenidos definidos por el docente (conocimientos técnicos,
habilidades técnicas). En determinados casos se trata de formas
ritualizadas, en las que los alumnos se esfuerzan por descubrir la
respuestas que el profesor espera obtener a sus preguntas.
Utilización de medios cerrados: Se trata de un método que,
justificadamente, es considerado una mejora frente a la clases de tipo
frontal, ya que el docente se esfuerza por visualizar sus explicaciones.
De este modo, es posible activar varios sentidos al mimos tiempo
(recuérdese lo que al respecto se dijo líneas arriba), con lo que es
posible mejorar claramente el grado de retención. No obstante, no debe
pasarse por alto que al recurrir a medios cerrados, tales como, por
ejemplo, transparencias, la actividad que puedan desplegar los alumnos
no juega ningún papel en absoluto. Ellos, más bien, están obligados a
asumir el papel de observadores pasivos, que tienen que asumir y
entender lo que se les sirve, sin poder aportar una estructuración
propia, ofrecer posibles soluciones o resultados, sin intervenir en la
presentación de la documentación durante el proceso de aprendizaje. Este
planteamiento desemboca en la reivindicación que los medios utilizados
en una formación profesional orientada hacia la acción tienen que
permitir una "configuración abierta". Ello significa "que no solo deben
permitir la presentación de unos conocimientos que reflejen un "estado"
determinado, sino que también tienen que ofrecer una forma de
visualización concomitante en concordancia con la adquisición paulatina
del alumno de perspectivas y niveles de conocimientos durante el proceso
del dominio de una nueva materia técnica" (Arnold/Mülller, 1992, p.
107).
Superlearning: Este concepto reúne todos los métodos pedagógicos
sugestivos que intentan que el alumno adquiera un estado relajado a
través de la música, con el fin de conseguir el efecto de la
"facilitación del aprendizaje mediante el aprendizaje a través de varios
canales (Stammann-Füssel, 1990, p. 162). Dentro del contexto de la
formación profesional global y "ampliada" (en relación con su
autoconcepción como formación profesional), los métodos pedagógicos
sugestivos ("superlearning"), según mi opinión, juegan un papel de
modesta importancia, puesto que la valencia de cualificación que ofrecen
se limita a la transmisión de conocimientos técnicos y de habilidades
técnicas. Sin embargo debe aceptarse que, indudablemente, son capaces de
generar resultados asombrosos en este campo, ya que pueden mejorar de
modo efectivo la facilidad y la durabilidad de los procesos de
aprendizaje. Pero al mismo tiempo crean la ilusión, que se puede
aprender "durmiendo" o, respectivamente, en estados relajados, sin una
acción propia, por lo que se produce una abstracción en relación con el
aspecto central de la activación de los alumnos.
Proyecto guiado: En este tipo de proyectos, los alumnos solucionan una
tarea completa. Al hacerlo, ellos mismos pueden planificar, ejecutar y
controlar sus acciones. Además, estos proyectos se caracteriza por no
poder ser realizados (únicamente) desde el escritorio; más bien es
necesario que los alumnos trabajen físicamente y aporten sus emociones:
"Lo decisivo es que los aprendices ocupen un campo de acción, se pongan
de acuerdo sobre las acciones planificadas, desarrollen el campo de
acción y que, a continuación, lleven a buen fin las actividades que van
ampliando en dicho campo de acción" (Frey, 1991, p. 13).
Simulacro: Los simulacros permiten abordar, al igual que los proyectos
guiados, una tarea compleja, exigiéndose de los alumnos que actúen de
modo independiente y por iniciativa propia. Con ese fin se simulan
situaciones en las empresas con problemas y necesidad de tomar
decisiones, de modo que el alumno puede actuar en un entorno que casi
corresponde a una situación real en la empresa.
Proyecto de organización propia: Los proyectos de organización propia
son los que más se centran en el alumno. El meollo de este método está
constituido por proyectos con tareas que, en buena medida, son definidas
por los alumnos mismos. Además, la realización de estos proyectos
también es guiada principalmente por los alumnos, mientras que el
instructor o docente asume el papel de una persona que ofrece
informaciones o asesoramiento "a pedido". Al final, los alumnos mismos
se encargan de llevar a cabo la evaluación. Al respecto, Carl Rogers se
expresa en los siguientes términos: "Sólo si el individuo tiene que
asumir la responsabilidad por las decisiones que se toman en torno a los
criterios que, según su opinión, son importantes y a las metas que él
intentará alcanzar, y únicamente si él es quien comprueba hasta qué
punto se alcanzaron, efectivamente podrá aprender a asumir
responsabilidades en relación con su persona y con respecto a la
dirección hacia la que él apunta" (Rogers 1979, p. 146 y s.).
Método de texto guía / Trabajo en equipo en función de preguntas de
guía: De estos métodos nuevos, el más conocido es el del texto guía (Bunk/Zedler,
1986, p. 21). Este concepto alberga el intento de ofrecer al aprendiz
los conocimientos necesarios para solucionar una tarea ofreciéndole la
documentación y los textos que para ello necesite. Sin embargo, dichos
textos no son simplemente puestos uno al lado de otro a modo de adición,
sino que siempre incluyen preguntas para aprender y captar los temas, de
modo que los aprendices puedan "seguir la huella correcta". No obstante,
tienen que "recorrer el camino" por iniciativa propia y repartiéndose el
trabajo, para, a fin de cuentas, llegar a una solución conjunta. Las
experiencias acumuladas sobre el tema demuestran que los aprendices o
alumnos no son capaces de trabajar "de plano" con el método del trabajo
en equipo según textos guías. Más bien es necesario que primero se
entrenen con el método para dominarlo (Klippert, 1994).
Trabajo individual según preguntas guía: Este método, al igual que el
método del trabajo en equipo en función de preguntas de guía y el método
de textos guía, también tiene la finalidad de no enfrentar al aprendiz
directamente con la materia nueva, sino brindarle la posibilidad de
apropiarse de la materia o captarla por iniciativa propia. Durante ese
proceso, el individuo puede aprender a dominar los métodos del uso de
textos y documentos y de la presentación de novedades, que son parte
esencial e integrante de la competencia que él adquiere en relación con
el uso de métodos.
Visualización del proceso de aprendizaje (método Metaplan): La
visualización de procesos de aprendizaje permite la creación de medios
de configuración abierta. Ello significa que el grupo que aprende o
trabaja interactivamente se va creando su propio medio a través de la
documentación del proceso de su propio debate. La ventaja de este método
estriba en que, en este caso, los aprendices mismos aportan los aspectos
relacionados a los contenidos y, al hacerlo, "aprenden los unos de los
otros por el planteamiento de opiniones complementarias": "En ese
sentido, se puede ejercitar una forma de cooperar en un equipo, lo que
tiene una importancia creciente en el mundo del trabajo moderno" (Arnold,
1990a, p. 97).
Ejercicios artísticos: Los ejercicios artísticos fueron presentados por
Michael Brater (1988) y otros como nuevos métodos para una formación
profesional ampliada. Su introducción se produjo primero en el ámbito
práctico, y, posteriormente, en el debate didáctico. El método se basa
en la idea de que los jóvenes y adultos adquieren capacidades que están
por encima de las materias técnicas especializadas al dibujar acuarelas,
cortar linóleo o grabar madera; tales capacidades tienen una gran
importancia para la posterior realidad profesional. En el método de los
ejercicios artísticos, el aprendiz "experimenta" en carne propia que
ningún dibujo puede ser un fracaso tan grande que no se pueda hacer de
él algo sensato: "Transferido al mundo profesional, ello significa que
no hay tarea o situación tan faltas de perspectivas como para que no sea
posible encontrar la forma de seguir desarrollándolas o solucionarlas" (Bunk/Zedler,
1986, p. 44 y s.).
Métodos pedagógicos basados en vivencias: La finalidad de los métodos
basados en vivencias (programas de recreación, caminatas, excursiones en
canoa, etc.) consiste, al igual que sucede en el caso de los ejercicios
artísticos, en desarrollar las facultades no técnicas de los (futuros)
empleados. Por ello, los métodos de la pedagogía de las vivencias casi
no tienen relevancia alguna en relación con la transmisión de
conocimientos y aptitudes técnicas (Müller, 1989).
2. De la cultura de la enseñanza hacia la cultura del aprendizaje
En el debate entablado en el ámbito de la formación profesional hay
quienes afirman que los "nuevos" métodos no son tan nuevos, ya que se
trata de cosas bien conocidas, como, por ejemplo, de los antiguos
principios del cambio de métodos y de la activación para aprender.
Esta
opinión, aunque no es del todo descartable considerando, por ejemplo, la
pedagogía reformista (Ipfling 1992), promueve una actitud del "eso ya
siempre lo hemos hecho así", que tiende a inhibir la voluntad de innovar
los métodos entre los docentes de la formación y del perfeccionamiento
profesional, en vez de alentarla. Sin embargo, tal mentalidad pasa por
alto que el aprendizaje, en su modalidad de permisión, también implica
otra forma de pensar pedagógicamente, otro profesionalismo didáctico y
metodológico, otro papel del docente. Una cultura viva del aprendizaje,
en la que es posible que se desarrollen las facultades de aquél que
aprende en cuanto a los métodos y las relaciones sociales, abarca, en
consecuencia, mucho más de lo que ya es conocido. Si bien es cierto que
los conceptos de la independencia, de las clases abiertas y de las
clases en función de proyectos tienen proveniencias históricamente muy
profundas (Frey, 1991; Gudjons, 1992, p. 61 y s.), pero sus raíces se
encuentran, con sólo muy pocas excepciones, en las clases centradas en
el docente. Por otro lado, lo "nuevo" de los métodos nuevos aplicables
en la labor de formación en las empresas, se explica por el uso
creciente de métodos que, en el sentido más amplio, están centrados en
el alumno. Muchas de las formas de la enseñanza alternativa en grupos
grandes o pequeños, desarrolladas por la pedagogía reformista, no se
ponen en tela de juicio el predominio del profesor, aunque se exprese
con mayor sutileza, ya que incide en la formulación de las tareas del
proyecto, en la "planificación" de las fases de trabajo en grupo o en
las fases de trabajo independiente y en las fases de trabajo en
silencio, de trabajo libre o de a dos. A fin de cuentas, es el profesor
quien planifica la independencia que tienen los que aprenden. La base de
tal planteamiento didáctico está constituida por la creencia paradójica
de poder planificar la independencia y de poder desarrollar la
independencia precisamente en los procesos de aprendizaje que no son
planificados u organizados por los propios alumnos. En esta trampa
didáctica de doble efecto ("¡Aprende a actuar por ti mismo!"), el plan
de estudios encubierto ("!Aprende!") está en contradicción con la meta
didáctica oficial ("¡Actúa por iniciativa propia!"). A estas formas más
sutiles de la orientación de los alumnos hacia su profesor les falta lo
que en el ámbito de la didáctica más reciente empieza a vislumbrarse
como cualificación pedagógica clave para la actuación metódica de los
pedagogos especializados en la formación profesional y en la formación
en las empresas. Concretamente, se trata de la sensibilización en favor
de la creatividad para la autoorganización, del rechazo de la ilusión de
creer poder planificar y dominar y, además, de la capacitación
profesional del docente para que actúe pedagógicamente en función de las
necesidades que plantea la situación en cada caso. Para ello es
necesario que los pedagogos especializados en materias de formación
profesional y de formación en las empresas obtengan una noción didáctica
o profesionalidad pedagógica nueva, que les permita "asumir una actitud
relajada y productiva frente a la autoorganización" (Arnold/Müller,
1992, p. 108): "La noción didáctica modificada (también se podría decir:
"apartarse del profesionalismo productor y acercarse al profesionalismo
posibilitador") se expresa (...) a través de una forma de `actitud
reservada concentrada´ del pedagogo durante los procesos de aprendizaje
y de interacción; sin embargo, tal actitud reservada no admite una
dejadez en el aprendizaje, sino que simplemente toma en serio el
planteamiento, según el cual el aprendizaje sólo puede ser exitoso si
los que aprenden son responsables de sus propios procesos de aprendizaje
y si los pueden organizar de modo activo y, en la medida más amplia
posible, por iniciativa propia" (Arnold/Müller, 1992, p. 112).
Adicionalmente, hay que agregar lo siguiente: entretanto se acepta cada
vez más que la acción pedagógica es algo demasiado complejo y está
sometida a demasiadas magnitudes de influencias, como para que una
teoría didáctica pueda aspirar a explicar con exactitud científica
efectivamente todos los fenómenos individuales involucrados. Los
planteamientos "antiguos" o "conocidos siempre" de una forma abierta y
viva de aprender no solamente son, en consecuencia, conceptos de un
aprendizaje orientado hacia el profesor, sino que más bien se basan en
modelos didácticos que tienden a ofrecer una imagen trivial de la
realidad en las clases, creyendo poder configurarla mediante la
conjunción de factores "manejables" (como son, por ejemplo, contenidos,
métodos, medios, etc.). La pedagogía evolutiva dedicada a la formación
profesional (Arnold, 1994a) está sustentada por la intención de
compenetrarse con los sucesos existentes en procesos de aprendizaje
vivos, con el fin de promocionarlos y de configurarlos de modo óptimo
hasta cierto punto "desde dentro". En ese sentido, el profesor asume la
función de ser "organizador del instante" (Rogers, 1979, p. 33).
Entonces se manifiesta la profesionalidad pedagógica: "No se incide en
el sistema, sino que se trabaja con el sistema" (Probst/Gómez, 1991, p.
5). Por lo tanto, también el nuevo concepto directriz de la labor de
formación en las empresas está determinado por una forma de pensar
sistémica-evolutiva, de acuerdo a la máxima propagada por H. Kern y M.
Schumann: "La alta eficiencia deberá conseguirse con la capacidad de
actuar de los empleados, y ya no en contra de ella" (Kern/Schumann,
1988, p. 174).
La labor de formación en las empresas adquiere, en consecuencia, cada
vez más la función de fomentar la capacidad de actuar mediante la
promoción de las cualificaciones claves, además de moderar el proceso de
autoorganización en la empresa, a través del cual también se ponen de
manifiesto las cualificaciones claves de los empleados. Los modelos
reductores de la didáctica intencionadamente tecnócrata (por ejemplo,
Achtenhagen, 1984, p. 241 y s.) juegan un papel de importancia cada vez
menor en la realidad práctica de la cualificación profesional ampliada,
ya que conciben el aprendizaje únicamente como transmisión y no, como
constata Ute Laur-Ernst, como "proceso constructivo en la persona que
aprende":
"Estas facultades (la autora se refiere a las cualificaciones claves;
R.A.) son producidas por los que aprenden. Surgen individualmente a
través de la dedicación al entorno material, natural, espiritual y
social. No son "externos", pero tampoco tienen un estado final definible
y no se pueden enseñar o instruir directamente. En ese sentido, más vale
aplicar conceptos "indirectos", lo que significa que se crean
situaciones para el aprendizaje que permiten que aquél que aprende
desarrolle activa e individualmente dichas facultades. Todos los
conceptos tradicionales de transmisión parten del modelo de la
apropiación de conocimientos y destrezas existentes. En este caso, este
planteamiento no funciona. El proceso constructivo se encuentra en el
centro del aprendizaje. En consecuencia, la inclusión de las
cualificaciones relacionadas a personas específicas implica realmente
cambiar de forma de pensar en la práctica de la formación profesional" (Laur-Ernst,
1989, p. 6).
Por lo tanto, los métodos más recientes, aplicados en la labor de la
formación profesional, se caracterizan por intentar con más ahínco
desarrollar la competencia del aprendiz en materia de métodos. Ya no es
el profesor quien es "poseedor" del método, sino que más bien es
correcto afirmar que "el alumno tiene el método" (Gaudig). Además, lo
que Jank y Meyer constatan en relación con las escuelas, también es
cierto en el ámbito de la labor de formación en las empresas: "Sólo son
buenos profesores quienes son capaces de transmitir su competencia en
materia de métodos a sus alumnos" (Jank/Meyer, 1991, p. 340). Si se
"buscan" formas para configurar un aprendizaje vivo en la labor de la
formación en las empresas, "no es suficiente", en consecuencia,
simplemente rechazar las clases de tipo frontal, que todo lo aplastan, y
pronunciarse en favor de una variedad de métodos o alentar su
aplicación, tal como sucede en alguna ocasión. Lo que tiene que hacerse
es preguntar qué métodos son los que deben alternarse y quién se
encargará de hacerlo. Finalmente, también hay que plantearse la pregunta
en torno al espíritu que deberá imperar, es decir, cuál debe ser el
concepto didáctico para determinar la variación de los métodos. Estos
cuestionamientos se justifican porque los arreglos metodológicos que
muchas veces se les "ocurren" a los docentes, tienen un denominador
común: todos parten del supuesto que, a fin de cuentas, lo importante es
conseguir refinar o intensificar el control ajeno sobre el alumno (Grell/Palsch,
1978, p. 95).
3. Aprender en la modalidad del permitir
"Para el desarrollo del personal de la fábrica nueva" (Staudt, 1993) es
trascendental que los pedagogos especializados en la formación
profesional y en la formación en las empresas tengan acceso a los
métodos de aprendizaje orientados hacia la experiencia, cualificándolos
para que sean capaces de "manejar" dichos métodos según criterios menos
centrados en ellos mismos (Wittwer, 1992). Sin embargo, las
cualificaciones de tipo general, como, por ejemplo, las cualificaciones
claves denominadas "capacidad de solucionar problemas" o "capacidad de
trabajar de modo independiente", se oponen a tal transmisión controlada
por otros. En realidad, no pueden ser desarrolladas, sino que tan sólo
pueden desarrollarse a sí mismas en los entornos de aprendizaje
apropiados (Münch, 1993, p. 37). Ello significa que lo importante es
crear el entorno de aprendizaje adecuado y, en segundo lugar, recurrir
más a los métodos que permitan un aprendizaje autodesarrollado en el
sentido antes descrito. Si nos fijamos desde esta perspectiva en los
métodos "usuales", podemos observar que hasta la actualidad en realidad
existen muy pocos métodos de aprendizaje y de apropiación verdaderamente
"abiertos", capaces, por un lado, de permitir un aprendizaje
autoorganizado y vivo y que, por el otro, efectivamente ya sean
aplicados por las empresas en una intensidad digna de mención. En ese
contexto cabe mencionar el simulacro, el proyecto, el método de texto
guía, la instrucción combinada, la empresa joven, el taller de estudios
y los ejercicios artísticos (Bonz, 1981; Bunk/Zedler 1986), además de
los trabajos en grupo en función de preguntas de guía, tal como han sido
desarrollados al aplicarse el método del texto guía en la formación
profesional en las empresas, el método de moderación, que permite un
aprendizaje abierto y participativo, orientado hacia los alumnos. Aunque
es cierto que estos métodos también albergan elementos provenientes de
los métodos "tradicionales" de la enseñanza (como, por ejemplo, el
trabajo en grupo, el trabajo libre, etc.). Sin embargo, el trabajo en
grupos orientado en función de preguntas de guía (o, respectivamente, de
acuerdo al método de texto guía) o el método por moderación, por
ejemplo, pueden ser considerados "novedosos" en la medida en que son
parte integrante y expresión de una cultura del aprender diferente, en
la que ya no prevalece el aprendizaje guiado por el docente, sino que se
impone la intención de promocionar en los alumnos su confianza en sus
propias fuerzas y en sus facultades relacionadas al dominio de métodos y
a las relaciones sociales (competencia en materia de métodos y de
relaciones sociales) a través de los entornos metodológicos más
apropiados.
Pero las formas de aprendizaje metódico y la totalidad de la cultura del
aprendizaje, que han de ser "transportadas" o, respectivamente,
desarrolladas a través de dichos entornos, no constituyen lo único
"nuevo". Lo "nuevo" (en un sentido personal y revolucionario) está en
las exigencias que surgen frente a los pedagogos especializados en
formación en empresas, puesto que tienen que aprender a dar rienda
suelta. Esta capacidad de soltar las riendas por parte del docente se
manifiesta a través de una nueva función de dirección que es la
dirección subsidiaria. La dirección subsidiaria significa que el docente
planifica sus clases desde la perspectiva de la posible actividad
desplegada por los alumnos. En ese sentido, H. Meyer exige que durante
la planificación de procesos de enseñanza y aprendizaje el docente no
solamente piense en las condiciones que para el aprendizaje aportan los
alumnos, en el nivel técnico-científico que deberán alcanzarse y en las
metas didácticas, sino que también ponga de manifiesto cuáles son "las
posibilidades que el alumno tendrá de actuar en las clases" (Meyer 1987,
p. 408). El docente actúa así conscientemente según la máxima de
"dirigir de modo subsidiario", es decir, intervenir dirigiendo,
explicando y comentado únicamente en aquellos casos, en los que el
estudiante se estanca. Al hacerlo, el docente actúa convencido de que
"quién da más de lo necesario, es un asesino", para emplear las palabras
formuladas por Ruth Cohn (Cohn, 1975, p. 123).
No obstante, la dirección subsidiaria no es sinónimo de la renuncia a la
dirección. Ya Theodor Litt advirtió en su libro titulado "Guiar o dejar
crecer" (1956) que no debe caerse en tal "romanticismo sentimental",
constatando, según mi opinión en términos por demás realistas, que si se
toma en serio la pretensión del "dejar crecer", no solamente se
produciría una autolimitación de la educación, sino incluso se
provocaría su abolición. Litt considera que tal renuncia al derecho de
educar no se justifica. Más bien es importante preguntar por el "buen
sentido de la acción de guiar"; guiar, en este sentido, significa, antes
que nada, asegurar la "libertad del crecimiento propio" (Litt 1965, p.
18). En ese sentido, la dirección subsidiaria es una dirección que
limita la aspiración de guiar los métodos ("el profesor tiene método"),
aunque no la anula. De acuerdo con la dirección subsidiaria, se sabe que
la educación no puede ser generada, sino que sólo puede ser
posibilitada. Así, se supone que cada ser humano tiene que ser su propio
líder, tal como lo prevé la "presidencia" de la interacción centrada en
temas. La dirección subsidiaria también es, en consecuencia, una
dirección que lleva hacia la autodirección o que, al menos, la
posibilita. O, para expresarlo de otra manera: la competencia que en
materia de métodos tiene el profesor es, también, una premisa para que
el aprendiz adquiera dicha competencia. Ello significa que está
relacionada irremediablemente a una aspiración que no puede ser cumplida
a través de la mera variación de métodos.
A pesar de las tendencias pedagógicas que se manifiestan en la labor de
formación en las empresas, no debe pasarse por alto que la realidad
metodológica con frecuencia es totalmente diferente. En el ámbito de la
labor de educación profesional en las empresas y, concretamente, en el
de la formación profesional, sigue estando difundido el así llamado
"método de cuatro fases", también calificado de método TWI (Training
within Industry). Se trata de un método que se basa en el principio de
la imitación: preparación, mostrar, imitar, ejercitar. El método de
"mostrar/imitar" (imitatio) seguía siendo en 1991 la forma principal de
formarse para el 77% de los aprendices. El método que, en frecuencia,
ocupa el segundo lugar (con un 65%) es el aprender en el puesto de
trabajo. Si bien es cierto que más de la cuarta parte de los aprendices
aprenden en equipos o grupos, cabe constatar que los métodos que
promueven la actividad propia hasta ahora no están muy difundidos.
Concretamente, tan sólo un 8% de los aprendices han trabajado con el
método de texto guía, mientras que únicamente un 7% conoce el método
según proyectos (Ministerio Federal de Educación y Ciencia, 1993, p. 86
y s.). Además, la selección de los métodos en una empresa depende en
buena medida del tamaño de la misma. Los métodos de formación nuevos,
que promueven la actividad, se aplican preferentemente en empresas
grandes, aunque también en ellas predomina la enseñanza de tipo frontal.
Esta circunstancia es, al fin y al cabo, expresión de la enseñanza que
se ofrece en los talleres de aprendizaje de las empresas, similar a la
de las escuelas. La situación imperante en las empresas pequeñas y
medianas en relación con los métodos aplicados en ellas, es diferente.
En dichas empresas prevalece aún con mayor claridad las formas
tradicionales de la instrucción mediante mostrar/copiar y del
aprendizaje en función de la cartera de pedidos de la empresa. Sin
embargo, no debe pasarse por alto que en empresas pequeñas y medianas
los aprendices se encargan con mucha mayor frecuencia de realizar de
modo independiente los trabajos necesarios para corresponder a los
pedidos, incluso complicados, de un cliente, con lo que aprenden
asumiendo una actitud activa. De este modo no solamente adquieren
cualificaciones técnicas, sino que también pueden desarrollar
cualificaciones claves (op. cit.).
En los mercados de trabajo y en muchos sectores de nuestra sociedad
podemos observar ya desde algunos años una evidente tendencia que
implica la necesidad de modificar las formas y la cultura del
aprendizaje en las empresas: aunque en el futuro seguirá siendo
importante adquirir conocimientos de cultura general y un conocimiento
profesional básico suficiente, ya no será decisivo conocer los detalles
técnicos más específicos o contar con una especialización extremadamente
profunda. Precisamente tales conocimientos detallados y especializados
pueden ser puestos a disposición por las computadoras; también la
solución de problemas de procesamiento técnico está cada vez más a cargo
de sistemas automatizados de control lógico, mientras que el hombre
mismo se aparta del proceso laboral directo, dedicándose a funciones de
planificación, preparación, control y corrección.
Ello significa que el contenido de la actividad profesional técnica está
cambiando.
Para poder ejecutar las actividades que se exigen en la actualidad, es
necesario adquirir otras competencias y no las que (únicamente) son de
tipo técnico. Esta tendencia de relativizar lo técnico, también pone en
tela de juicio los métodos tradicionales de instrucción y transmisión:
en el presente, la formación profesional moderna tiene que ser capaz de
desarrollar una competencia profesional en las materias técnicas (un
factor que sigue siendo importante), pero también tiene que procurar la
adquisición de competencia en relación con los métodos y las relaciones
sociales. La formación profesional tiene que tomar en cuenta el hecho de
que, hoy en día, las aptitudes relacionadas a los métodos y a las
relaciones sociales son cada vez más importantes en el ámbito técnico.
En consecuencia, tiene que recurrir a métodos que respeten el hecho de
que ya no es posible adquirir una especialización técnica capaz de ser
suficiente para contar con una competencia profesional durante toda la
vida laboral, dados los vertiginosos cambios que se producen en el
sector profesional. Más bien es necesario incluir el cambio mismo en el
proceso de la cualificación profesional: las personas tienen que estar
dispuestas a cambiar, tienen que ser capaces de cambiar. Ellas mismas
tienen que adquirir cualificaciones que impliquen la facultad de
"afilarse a sí mismas" (Bauerdick y otros, 1993, p. 114). En ese
sentido, las cualificaciones clave, es decir, las competencias en
materia de métodos y de relaciones sociales, constituyen una premisa de
carácter más permanente que la mera adquisición de conocimientos
técnicos especializados, que muy pronto resultan obsoletos.
Finalmente también se puede observar que algunas empresas innovadoras,
que ofrecen puestos de aprendizaje, también cambian la organización de
su aprendizaje en la medida en que vuelven a darle mayor importancia al
aprendizaje en el puesto de trabajo, reduciendo, en consecuencia, el
tiempo dedicado a la formación en un taller de aprendizaje. Este cambio
en la organización de la formación profesional y en la aplicación de
métodos tiene, por un lado, causas de tipo financiero, pero, por otro
lado, también es consecuencia de la convicción que si se desea trabajar
con tecnologías nuevas incluidas en redes muy densas, es imprescindible
conocerlas en un entorno de trabajo real.
4. De la formación y el perfeccionamiento profesional en las empresas
hacia el aprendizaje en términos de organización
Los procesos de aprendizaje en las empresas están sujetos a un cambio
constante. Este cambio incide tanto en las funciones, como en la
didáctica y en la institucionalización del aprendizaje. En la medida en
que la labor de formación en las empresas de carácter anticipativo y
continuo en calidad de labor de "mantenimiento de la cualificación del
personal" es acompañada por la tarea de preparar, apoyar y dirigir los
procesos de cambio en las empresas, no solamente se produce un cambio de
los métodos de la labor de formación en las empresas en concordancia con
lo que antes se explicó, es decir, pasando de un "aprendizaje
transmitido" hacia un "aprendizaje orientado en la acción y la
experiencia", sino que también la labor de formación misma adquiere una
nueva base concepcional e institucional. El "aprender" se transforma en
una parte integrante del desarrollo de la empresa, por lo que ya no
puede ser segregado del proceso empresarial como si fuera un ámbito
aislado y especial que debe ser "abastecido" por separado. Más bien
somos testigos de una devolución del proceso de aprendizaje a los
departamentos y a las unidades de la empresa. Este proceso es acompañado
por una pedagogización de la acción directiva: los mandos directivos
tienen que fomentar y desarrollar cada vez más la capacidad de
autoorganización y de desarrollo de "sus" empleados, tienen que alentar,
admitir y coordinar el aprendizaje en los sectores que están a su cargo;
ya no pueden simplemente "confiar" en la labor desplegada por el
departamento de formación y perfeccionamiento.
Las formas especializadas de institucionalización de la labor de
formación en las empresas tienden a disolverse cada vez más. Hoy en día
ya no es considerado "profesional" un departamento de formación en una
empresa que "prescribe" y organiza seminarios y que evalúa el uso de los
métodos; actualmente es "profesional" aquél departamento de formación
que promociona el potencial de aprendizaje existente en los demás
departamentos de la empresa y que fortalece, además, el aprendizaje
"sobre el terreno", es decir, en el mismo puesto de trabajo.
La orientación tradicional de enseñanza y aprendizaje ha llegado a sus
límites en el ámbito del perfeccionamiento profesional en las empresas,
pero también en el ámbito de la formación profesional inicial en las
empresas ya se pueden detectar tendencias de disolución. Ello implica
una nueva definición del papel que deben asumir los docentes de las
empresas, encargados de la formación y del perfeccionamiento
profesional:
"El desarrollo estratégico del personal implica una concepción
determinada de los papeles, que se está imponiendo muy lentamente en el
ámbito de la labor de formación en las empresas: es cuestión de rechazar
la idea del "profesor dedicado a la educación de adultos", que ofrece en
la empresa seminarios con títulos eufónicos, tales como retórica,
gestión de tiempo, entrenamiento de la creatividad, así como de superar
la fase del especialista de formación que trabaja operativamente y que
con un instrumentario racional (ciclo funcional) cuenta con una coartada
para crear una oferta amplia de seminarios en función de la demanda. Se
necesita más bien al asesor en materia de procesos de formación y
desarrollo de la organización, que (...) dé el ejemplo en términos de un
pensamiento según criterios estratégicos" (Hölterhoff, 1989, p. 26).
En el contexto de tal concepción "orientada hacia el desarrollo" (Arnold,
1992), también cambian las responsabilidades y los métodos de la labor
de formación en la empresa, especialmente en el ámbito del
perfeccionamiento profesional. Ahora, la responsabilidad recae en los
propios departamentos y los responsables son los mandos directivos
mismos. En consecuencia, ellos tienen que saber cuáles son los cambios
que desean obtener, qué metas tienen que alcanzarse para ese fin y
cuáles son los procesos de aprendizaje que son correspondientemente
necesarios. Los departamentos de la empresa también asumen la
responsabilidad en relación con la selección de los métodos necesarios
para lograr ese aprendizaje en la empresa. Los "especialistas" en
materia de perfeccionamiento profesional, sin embargo, siguen asumiendo
una función de asesoramiento y de apoyo.
Rolf Arnold
Aportado por:
www.hfainstein.com.ar Actividades de consultoría, capacitación
y facilitación de procesos para contribuir al aprendizaje y desarrollo
de personas, equipos y organizaciones, tanto en el ámbito público como
privado, y en organizaciones no gubernamentales.
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