Ante un mercado laboral todavía no muy favorable a la incorporación femenina, muchas mujeres se plantean poner en marcha un negocio. Gracias a los programas institucionales de apoyo a las emprendedoras, el salto a la aventura empresarial puede resultar más sencillo.
Aunque la tasa de actividad de las mujeres españolas ha aumentado en
casi 9 puntos desde 1989, llegando a casi el 50% de la población
femenina, no deja de ser la proporción más baja de toda la Unión
Europea, detrás de Italia, según los datos de la Oficina de Estadísticas
Europeas (Eurostat).
Ante esta situación, cada vez más mujeres optan por una salida laboral
diferente al trabajo por cuenta ajena: el autoempleo. El informe Mujeres
en Cifras, del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, indica que
cerca de un tercio de los empresarios españoles son mujeres.
Concretamente refiriéndonos a la actividad emprendedora es muy
significativo el dato de que la mitad de las nuevas empresas que se
crean en la UE son iniciadas por mujeres.
Algunos de los motivos que les impulsan a la aventura emprendedora son,
además del afán por escapar de las jerarquías superiores, lograr la
autonomía profesional y disfrutar de una flexibilidad de horarios,
también aplicables a los varones, la posibilidad de huir del posible
trato machista y de los estamentos empresariales dominados por los
hombres.
Según las Cámaras de Comercio, el perfil de las emprendedoras en España
pertenece a una mujer de 39 años de edad media. En cuanto a su
formación, un 40% de las mujeres empresarias han cursado estudios
universitarios. En total, un 80% de las emprendedoras crea empresas de
servicios.
El campo empresarial, por tanto, está abierto para las mujeres que
tienen vocación emprendedora. Disciplina en el trabajo, gusto por el
riesgo, tenacidad y constancia, realismo para sortear las dificultades y
motivación por los nuevos proyectos son características que definen a
los iniciadores de nuevos proyectos empresariales, ya sean hombres o
mujeres.
Sin embargo, iniciar una actividad emprendedora supone seguir unos pasos
y disponer de unos conocimientos que muchas veces no se tienen. Evaluar
la viabilidad del proyecto, conocer el mercado de la zona, realizar el
plan de empresa, crear una imagen corporativa o emprender un plan de
marketing son facetas que muchas veces no se pueden emprender sin ayuda.
Es ahí donde los organismos gubernamentales ofrecen su apoyo en el
asesoramiento a las mujeres que quieren montar su propia empresa, además
de programas de formación especialmente dirigidos a ellas, que recogen
materias centradas en la labor comercial, las estrategias de marketing o
la gestión financiera, entre otras. Es el caso del Programa de Apoyo
Empresarial a las Mujeres, organizado por las Cámaras de Comercio, la
Dirección General de Política de la Pyme y el Instituto de la Mujer.
En los entornos rurales, donde la tasa de actividad femenina es menor
que en las urbes, no obstante, la búsqueda de apoyos y de servicios de
consultoría para apoyar el inicio de proyectos empresariales por mujeres
es más dificultoso. La falta de infraestructuras y de servicios son
insuficientes para responder a las necesidades de formación e
información de las empresarias y las nuevas emprendedoras.
También en estos casos existen los programas de apoyo especialmente
dirigidos a estas mujeres. Entre ellos está el programa Futura,
promovido por el Instituto Navarro de la Mujer (INAM) y gestionado por
el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra (CEIN), que
pretende informar, orientar y fomentar la integración en el mercado
laboral de las mujeres del medio rural, a través del autoempleo.
Por otra parte, no hay que olvidar las dificultades que encuentran las
empresarias para compaginar trabajo y familia, un factor que muchas
veces hace desistir a las mujeres a emprender cualquier acción
emprendedora. Sin embargo, desde el pasado marzo, la Asociación Nacional
de Empresarios y Profesionales Autónomos (ANSEPA) ha llevado a cabo una
iniciativa acordada con una entidad privada, a través de la cual las
mujeres empresarias y autónomas pueden disfrutar de una prestación y una
baja por maternidad.
El convenio contempla un periodo de 2 meses de baja tras el parto,
durante los cuales se percibirá una ayuda de 1.202 euros.
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