Cada vez más personas encuentran en el autoempleo la opción de realizarse personal y profesionalmente. Así son los nuevos emprendedores: formados académicamente, innovadores y flexibles.
Independientes, dinámicos y tolerantes
Huir de la comodidad de trabajar para otro aceptando el desafío de ser
tu propio jefe: esta elección da muchos quebraderos de cabeza, pero es
el reto que muchas personas afrontan optando por el autoempleo.
Y es que el actual panorama del trabajo está cambiando. La estabilidad
absoluta en el empleo prácticamente ha desaparecido y muchas veces los
emprendedores prefieren crear su propia empresa, con todos los riesgos
que ello conlleva, antes de aceptar contratos que no ofrecen ninguna
estabilidad.
Sin embargo, la premisa de que los emprendedores sólo surgen donde no
hay trabajo está perdiendo validez. Ya empiezan a abundar las personas
que crean su propio negocio únicamente porque de esa forma realizan sus
objetivos y no por obligación. Son quienes han encontrado el atractivo
del autoempleo.
Estos emprendedores, en primer lugar, deben mostrar independencia,
ambición y deseo de crear su propio modo de vida. Tienen confianza en
una idea y desean darle forma.
El perfil del emprendedor es el de una persona de entre 25 y 45 años,
con estudios universitarios de titulación media o superior, de talante
innovador e interesado por la conservación del medioambiente. Aunque la
mayor parte de los emprendedores continúan siendo personas jóvenes que
han terminado recientemente sus estudios, también está surgiendo la
figura del emprendedor de más edad que quiere establecerse por su cuenta
o derivar su negocio en otra nueva fórmula empresarial.
Es positivo depender de un capital propio para empezar la aventura
empresarial. De todas formas, y con el fin de evitar riesgos, es bueno
que se haga un plan de viabilidad, para prever la marcha de la compañía
en los próximos años.
No obstante, la capacidad de afrontar el trabajo y los cambios del
mercado es fundamental para que un emprendedor tenga éxito. El
emprendedor debe ser flexible e imaginativo. Debe asumir riesgos con el
convencimiento de que puede fracasar, y buscar segundas oportunidades de
los fracasos, ya que esa experiencia obtenida es vital para iniciar con
más seguridad otro nuevo proyecto.
En el caso de que el emprendedor sea también empleador, debe motivar al
personal de su empresa dotándole de la capacidad de actuar con libertad
y tomar decisiones.
El nuevo emprendedor está muy lejos del empresario prepotente y
desconectado de la plantilla, ya que trabaja por y con el equipo de
profesionales del que se rodea. Sabe que el humano es el capital más
importante de su empresa y por eso lo cuida, porque su éxito depende de
sus trabajadores.
Eso requiere una actitud y una predisposición especial, tolerante y
abierta al diálogo.
Pero el papel del emprendedor no debe tampoco idealizarse, ya que
requiere luchar duro por conseguir capital, clientes o para obtener el
mejor producto o servicio. Los trámites para montar una empresa, además,
son complejos, y montar una empresa supone siempre una inversión de
tiempo y dinero, que en algunas ocasiones puede llegar a hipotecar la
vida del promotor o promotores.
Objetivo: reducir el riesgo de fracaso
Autoconfianza, dinamismo, trabajo e ilusión en la idea proyectada son
esenciales para que la idea de negocio tenga éxito. Pero siempre hay que
tener en cuenta que pueden aparecer situaciones no deseadas, derivadas
de la puesta en marcha de una empresa, que si no se dominan pueden
abocar cualquier proyecto al fracaso.
Antes de iniciar su proyecto, el emprendedor debe preguntarse si su idea
de negocio es novedosa o crea un valor añadido con respecto a los
productos o servicios similares ya existentes; también debe cuestionarse
si la idea es susceptible de ser bien acogida por el mercado.
Por eso es preciso que la gente joven, que tiene menos experiencia,
conozca una serie de pautas para evitar caer en los errores más usuales,
y consiga mantener la empresa. En este sentido, la formación es esencial
para evitar esos riesgos.
Los nuevos emprendedores no son como los del siglo pasado, que creaban
empresas sin apenas estudios. Formados en diversos campos, cuentan
además con una gran variedad de fuentes de información, hoy al alcance
de su mano gracias a Internet.
La información es muy importante para poder gestionar de una forma
óptima la empresa, ya que ayuda a predecir las circunstancias del mañana
para poder tomar decisiones. Esa información, unida a simples soluciones
informáticas (hojas de cálculo) y al sentido común, es lo que hace que
los emprendedores se puedan adelantar el futuro y adopten las decisiones
más adecuadas gracias a sencillos análisis de mercado.
También es recomendable tener experiencia trabajando por cuenta ajena
para conocer la dinámica empresarial por dentro, y dejarse aconsejar con
personas ya duchas en la administración de empresas.
En el futuro, el emprendedor podrá trabajar por su cuenta, pero la
tendencia indica que cada vez más las empresas necesitarán emprendedores
que les proporcionen ideas nuevas y creatividad. Y esta relación entre
empresas y emprendedores se establecerá, no sólo por medio de
asociaciones empresariales sino también mediante relaciones
contractuales, que den al emprendedor la libertad suficiente para
realizar sus proyectos.
Asimismo, el emprendedor tiene que ser consciente de que el salto
tecnológico supondrá algunos cambios. De su capacidad para manejar con
eficacia los avances tecnológicos dependerá un aumento en la producción,
la consecución de la calidad en los procesos y la mejora las relaciones
con los clientes externos e internos.
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