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Aprender a gestionar la investigación y desarrollo

Autor: CIEN

Innovación y creatividad

07-2005

Aunque existen escasas referencias teóricas para gestionar las actuaciones de I+D, la empresa debe mirar siempre a los resultados a la hora de iniciar cualquier proyecto de investigación

Las actividades de investigación y desarrollo son beneficiosas para la pyme. En muchas ocasiones las pymes se muestran reacias a iniciar proyectos de I+D, porque los consideran labores intangibles, que guardan poca relación con su actividad diaria.

Sin embargo, muchas de aquellas empresas que rechazan el supuesto de emprender un proyecto de investigación son las que, sin saberlo, hacen uso de la I+D en la mejora de los productos y los procesos de transformación. Precisamente, este saber hacer investigador puede servir de trampolín a la hora de afrontar un proyecto serio de I+D.

El "know-how" de la empresa, o "saber hacer", debe tenerse muy en cuenta a la hora de emprender los proyectos de investigación. Para ello, hay que valorar la información detallada que se tiene sobre los procesos productivos, evaluar la situación tecnológica interna, y saber traducir todos estos datos a unas previsiones económicas y a unas estrategias de marketing y de publicidad.

No obstante, debe ser la propia empresa la que evalúe en primer lugar la necesidad real de abordar un proyecto de estas características y, algo no menos importante, su capacidad para poder gestionarlo.

Para ello, se deben identificar los instrumentos y herramientas básicas a la hora de tomar decisiones estratégicas, organizativas u operativas respecto al proyecto de investigación. También el contraste con los resultados obtenidos por otras compañías del sector en materia de investigación puede ayudar a evaluar de una forma real el impacto y conveniencia del plan de I+D en la empresa.

Una vez aceptado el proyecto, es muy positivo conducir la investigación desde un enfoque teórico, ajustado a la realidad del sector económico de cada empresa. En este punto, hay que tener en cuenta que la gestión de las actividades de I+D no está especialmente sistematizada, como en otras áreas del "management" empresarial, y que, por consiguente, no están especificadas de una forma tan clara las fases de implantación de cualquier proyecto investigador.

La investigación supone adentrarnos en campos desconocidos, que puede que no lleven a ninguna parte. Para lograr que los esfuerzos profesionales y económicos no se conviertan en un gasto inútil, los investigadores deben buscar unos resultados a priori positivos en temas de calidad, cantidad y aplicabilidad del proyecto investigador que tienen entre manos.

Por ello, se debe poner especial interés en orientar la gestión de dichos proyectos a los resultados. Así pues, la empresa no debe abandonar nunca:

- Visión a largo plazo. Lanzar un producto novedoso o desarrollar un nuevo proceso de producción requiere un tiempo de maduración prolongado con el objetivo de que el periodo de vida útil de dicho producto o servicio también sea largo.

- Evaluación del riesgo de los proyectos de investigación. Pese a esto, todos estos proyectos de I+D tienen que tener, por definición, un componente de inseguridad, ya que ningún cambio tiene el futuro asegurado.

- Previsión de las tendencias del entorno y su evolución, para definir estrategias investigadoras novedosas, que a la vez se ajusten a las demandas del mercado.

- Capacidad de recopilar, unir y valorar la información acerca de la situación tecnológica y económica de la empresa, con la que hacer previsiones de futuro. Para ello, es muy importante conocer de aquellas tecnologías interesantes para el desarrollo de la empresa.

- Cooperación activa entre los diferentes departamentos de la empresa. La investigación no debe implicar a unos pocos, sino que debe ser un proyecto común, asimilado y impulsado por toda la organización.

- Colaboración del gabinete investigador interno a la empresa con otros organismos relacionados con la I+D, como los centros científicos y los asesores, incluso los proveedores y los clientes, para lograr la transferencia de tecnología y/o personal investigador.

El proceso de gestionar un proyecto de I+D es caro porque requiere invertir recursos económicos importantes en personal, locales y evaluadores del proyecto, y para asumir posibles gastos indirectos. Por este motivo, la cúpula directiva de la empresa debe mostrar su implicación en el proceso investigador, proporcionando los recursos para realizar las inversiones necesarias.

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