Aunque existen escasas referencias teóricas para gestionar las actuaciones de I+D, la empresa debe mirar siempre a los resultados a la hora de iniciar cualquier proyecto de investigación
Las actividades de investigación y desarrollo son beneficiosas para la
pyme. En muchas ocasiones las pymes se muestran reacias a iniciar
proyectos de I+D, porque los consideran labores intangibles, que guardan
poca relación con su actividad diaria.
Sin embargo, muchas de aquellas empresas que rechazan el supuesto de
emprender un proyecto de investigación son las que, sin saberlo, hacen
uso de la I+D en la mejora de los productos y los procesos de
transformación. Precisamente, este saber hacer investigador puede servir
de trampolín a la hora de afrontar un proyecto serio de I+D.
El "know-how" de la empresa, o "saber hacer", debe tenerse muy en cuenta
a la hora de emprender los proyectos de investigación. Para ello, hay
que valorar la información detallada que se tiene sobre los procesos
productivos, evaluar la situación tecnológica interna, y saber traducir
todos estos datos a unas previsiones económicas y a unas estrategias de
marketing y de publicidad.
No obstante, debe ser la propia empresa la que evalúe en primer lugar la
necesidad real de abordar un proyecto de estas características y, algo
no menos importante, su capacidad para poder gestionarlo.
Para ello, se deben identificar los instrumentos y herramientas básicas
a la hora de tomar decisiones estratégicas, organizativas u operativas
respecto al proyecto de investigación. También el contraste con los
resultados obtenidos por otras compañías del sector en materia de
investigación puede ayudar a evaluar de una forma real el impacto y
conveniencia del plan de I+D en la empresa.
Una vez aceptado el proyecto, es muy positivo conducir la investigación
desde un enfoque teórico, ajustado a la realidad del sector económico de
cada empresa. En este punto, hay que tener en cuenta que la gestión de
las actividades de I+D no está especialmente sistematizada, como en
otras áreas del "management" empresarial, y que, por consiguente, no
están especificadas de una forma tan clara las fases de implantación de
cualquier proyecto investigador.
La investigación supone adentrarnos en campos desconocidos, que puede
que no lleven a ninguna parte. Para lograr que los esfuerzos
profesionales y económicos no se conviertan en un gasto inútil, los
investigadores deben buscar unos resultados a priori positivos en temas
de calidad, cantidad y aplicabilidad del proyecto investigador que
tienen entre manos.
Por ello, se debe poner especial interés en orientar la gestión de
dichos proyectos a los resultados. Así pues, la empresa no debe
abandonar nunca:
- Visión a largo plazo. Lanzar un producto novedoso o desarrollar un
nuevo proceso de producción requiere un tiempo de maduración prolongado
con el objetivo de que el periodo de vida útil de dicho producto o
servicio también sea largo.
- Evaluación del riesgo de los proyectos de investigación. Pese a esto,
todos estos proyectos de I+D tienen que tener, por definición, un
componente de inseguridad, ya que ningún cambio tiene el futuro
asegurado.
- Previsión de las tendencias del entorno y su evolución, para definir
estrategias investigadoras novedosas, que a la vez se ajusten a las
demandas del mercado.
- Capacidad de recopilar, unir y valorar la información acerca de la
situación tecnológica y económica de la empresa, con la que hacer
previsiones de futuro. Para ello, es muy importante conocer de aquellas
tecnologías interesantes para el desarrollo de la empresa.
- Cooperación activa entre los diferentes departamentos de la empresa.
La investigación no debe implicar a unos pocos, sino que debe ser un
proyecto común, asimilado y impulsado por toda la organización.
- Colaboración del gabinete investigador interno a la empresa con otros
organismos relacionados con la I+D, como los centros científicos y los
asesores, incluso los proveedores y los clientes, para lograr la
transferencia de tecnología y/o personal investigador.
El proceso de gestionar un proyecto de I+D es caro porque requiere
invertir recursos económicos importantes en personal, locales y
evaluadores del proyecto, y para asumir posibles gastos indirectos. Por
este motivo, la cúpula directiva de la empresa debe mostrar su
implicación en el proceso investigador, proporcionando los recursos para
realizar las inversiones necesarias.
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