Si voy a comprar una broca de ocho milímetros de diámetro, con una
tolerancia de 0,01 milímetros, cuya longitud es de doce centímetros,
está fabricada con cierta aleación metálica y acabada con tratamiento
contra el óxido, ¿la compro porque necesito una broca de ocho milímetros
de diámetro, con una tolerancia de 0,01 milímetros, cuya longitud sea de
doce centímetros, que esté fabricada con cierta aleación metálica y
acabada con tratamiento contra el óxido? Pues no, lo que necesito es
hacer un agujero de ocho milímetros.
Las características nos hablan del producto. Nos dicen, con precisión
técnica y con un lenguaje propio, cómo es. Por otro lado, lo que quiere
el comprador es saber en qué le pueden ayudar dichas características, no
le interesan las características en sí mismas. Así, si la tolerancia de
la broca es baja, los agujeros que ha de hacer serán más precisos. Su
aleación metálica le permite hacer agujeros en metal y en madera. Y si
está acabada con un tratamiento contra el óxido le durará más tiempo.
Aquellos vendedores que en su argumentario de ventas tengan
confeccionadas largas listas de características, llenas de términos
técnicos, inteligible sólo para profesionales; aquel vendedor que ansía
demostrar al cliente cuanto sabe, debe saber que el cliente quedará
abrumado con tanto dato. Lo realmente útil es concretar qué necesita el
cliente y exponerle por qué comprar algo concreto: porque tiene unas
prestaciones de las que podrá sacar ventaja. No basta con apelar a la
lógica. Hay que convertir una característica común en una ventaja para
él.
Tampoco de trata de enumerar un sinfín de ventajas maravillosas. Se han
de elegir las ventajas adecuadas, las que el cliente apreciará. Hay un
principio que dice que toda ventaja no aprovechada aumenta el coste. Y
nadie quiere pagar algo que no usará.
Llegados aquí, alguien objetará que muchos productos tienen
características similares y que, por lo tanto, se podría explicar casi
lo mismo sobre ellos. Cierto. Tan cierto como que, gracias a eso,
podremos ofrecer cualquier cosa, y ésta se ajustará a las necesidades
concretas y personalizadas del cliente dado.
El error consiste en mostrar todo el catálogo de productos y variantes
sin depurar, sin preseleccionar. La habilidad, por el contrario, radica
en ir de lo general a lo concreto, reduciendo con el consejo todo el
abanico de posibilidades, simplificando finalmente la decisión a una
alternativa de dos productos. Se ahorra mucho tiempo, muchos paseos por
las exposiciones y muchos puntos muertos en el proceso de la venta.
Además, planteado así, se llegará al temido cierre de la venta con total
normalidad, sin presión y sin agresividad. Exactamente lo que todo
vendedor quiere y que pocos consiguen sin ansiedad.
Domingo Cansado - josanhermenarrobahotmail.com
Administración
de Empresas y Técnico en Actividades Turísticas Universidad de
Barcelona. España. Especializado en la Auditoria, Consultoría y
Formación de la fuerza de ventas de las empresas. Trabajo en el
desarrollo de recursos audiovisuales para la formación de vendedores.
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |