El primer minuto e una entrevista de venta es crucial. Si algo sale mal,
no es posible causar una segunda primera buena impresión. El cliente nos
percibe con todos sus sentidos, por lo que hemos de tener cuidado con
algunas cosas fundamentales. Si no se entabla una comunicación fluida al
principio, el resto se complica enormemente.
Una de esas cosas es el aspecto personal: aseo, corrección en el vestir
o evitar las manos sudadas son cuestiones de primera observancia. Parece
básico y, sin embargo, no es extraño ser atendidos por alguien que
olvida alguna de ellas. Nada debe dejarse al azar.
Es importante pensar que asumimos un rol de vendedor, que asumimos ese
papel en el teatro de la venta, y que todo ello debe ser la guía que nos
inspire para tener la imagen más pertinente.
Por otra parte, la asunción de ese rol obliga a saberse bien el guión.
Que parezca natural e improvisado es lo que diferencia a los buenos
actores de los normales. La única, pero inestimable ayuda la provee una
actitud positiva ante el trabajo y el contacto con los clientes.
Citaré ahora algunas cuestiones concretas que se deben observar. La voz
debe ser cordial e intentaremos adaptar nuestro volumen y cadencia al
volumen y cadencia del cliente. Modular la voz es una habilidad que
puede usarse satisfactoriamente en otras ocasiones. Por ejemplo, bajar
mucho el volumen es la mejor receta contra un cliente que esta nervioso
o alterado por una situación incómoda para él, como cuando formula una
reclamación. Adaptar tu velocidad verbal a la suya permite que el
cliente te perciba como alguien parecido a él, derribando barreras. Las
personas con velocidades muy dispares, volúmenes dispares o matices de
la voz dispares son personas con frecuencia cerebral diferente que suele
denotar personalidades diferentes.
No esconda las manos. El cliente las debe tener a la vista. Después del
rostro, es la parte del cuerpo que más cosas cuenta. El saber popular
dice que hay personas a las que si se les ata las manos las enmudeces.
Debe evitar tener las manos en los bolsillos porque, además de ser una
postura lacia, da la sensación de que se esconde algo.
La mirada debe ser directa, a los ojos, pero no incisiva. La sonrisa
suaviza los rasgos, así que úsela de acompañamiento. Contrariamente, una
mirada esquiva provoca recelos e incomodidad
La sonrisa, citada ya varias veces, debe acompañar con franqueza a todos
nuestros rasgos. La sonrisa es un estado anímico y corporal, no una
posición de los labios. Nada más incongruente que una boca arqueada en
posición de sonreír sobre un rostro y cuerpo pasivos o alterados.
Comunicamos con todo nuestro cuerpo. La clave, pues, es recibir al
cliente con cordialidad y con todo nuestro cuerpo. Lo que dice el
mensaje no verbal debe coincidir con lo que dice la voz. Así
mantendremos una actitud cortés y coherente.
No olvide que es casi imposible consumar la venta inmediatamente después
del saludo y, sin embargo, es fácil arruinarla en ese mismo corto
espacio de tiempo.
Domingo Cansado - josanhermenarrobahotmail.com
Administración
de Empresas y Técnico en Actividades Turísticas Universidad de
Barcelona. España. Especializado en la Auditoria, Consultoría y
Formación de la fuerza de ventas de las empresas. Trabajo en el
desarrollo de recursos audiovisuales para la formación de vendedores.
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