No sólo debemos plantearnos qué está pasando, sino también qué ha pasado
y qué parará con la Gestión de Calidad. Cuántas empresas realmente
aplican la Gestión de Calidad? Cuántos directivos son consientes de su
importancia? Cuántos empresarios y directivos saben que es el TQM? Cuál
es el nivel de capacitación del personal en las empresas en materia de
calidad? Cuántas empresas calculan y analizan sistemáticamente sus
costos de calidad?
Cuántas empresas concentran sus esfuerzos en materia de prevención y
aseguramiento de la calidad? Cuántas son las que tienen implementado el
Control Estadístico de Procesos?
Sin lugar a dudas que el porcentaje de respuestas en un sentido o en
otro dependerá del marco cultural, social y económico en el cual se haya
enfrascada la empresa. Siempre habrá empresas que a pesar de las
características de su entorno muestren un compromiso con la excelencia.
El marco es la resultante en mayor o menor medida de las políticas de
estado, del diseño de los planes de estudio, de la ética del trabajo
habitual en una determinada sociedad, del liderazgo, compromiso y
concientización de sus empresarios y directivos, de las posturas de cara
al futuro de parte de las cámaras, asociaciones y federaciones
patronales, como así también de las asociaciones profesionales y
sindicatos.
De estudios e investigaciones efectuadas puede concluirse que un
porcentaje elevado de los estudiantes universitarios, profesionales y
directivos de empresa no comprenden cabalmente el significado ni la
filosofía de la Gestión Total de Calidad. Desconocen las intimas
relaciones de la calidad con los costos, las finanzas y el marketing,
además de considerar que la calidad depende en gran medida de cuestiones
meramente estadísticas o motivacionales. Otro aspecto muy común es lo
que podríamos denominar el “efecto calco”; por el cual los directivos
tienden a copiar textualmente y en detalle las distintas metodologías
ofrecidas por el mercado de las consultoras.
Un buen ejemplo del “efecto calco” es el caso de aquellas empresas que
queriendo implementar el sistema Seis Sigma, dejan de lado su aspectos
filosóficos, culturales y metodológicos, para entrar más en aquellos
atinentes a cantidad de cinturones negros o verdes, entre otras
cuestiones. Debe tenerse presente desde ya que Seis Sigma parte de los
sistemas anteriormente desarrollados, haciendo uso de sus herramientas y
métodos. La cuestión es comprender el real significado del sistema Seis
Sigma, adaptando y empleando las herramientas, mecanismos y métodos más
apropiados al tipo de empresas, a sus características, tamaño y
capacidad financiera.
De nada servirá aplicar nuevos métodos si antes no existe un real cambio
en la cultura de la compañía, en las percepciones y paradigmas de sus
líderes, y en los valores que conforman la manera de pensar y sentir de
sus directivos y empleados.
La concientización, el liderazgo comprometido, el cambio cultural, la
motivación del personal, la calidad de vida en el trabajo y la
creatividad aplicada, resultan los aspectos fundamentales en torno a los
cuales un programa de calidad tendrá éxito o no.
Sí el personal no puede obtener mejoras económicas de su mejor labor, en
tanto cunde en la empresa la injusticia en cuanto a los premios y
castigos, terminará desmoronando las mejores intenciones. Poner todos
los días lo mejor de sí sólo para sobrevivir, sin ver la factibilidad de
un presente y futuro mejor genera un decaimiento en la voluntad de poner
lo mejor de si mismo y volcar la creatividad al servicio de la empresa.
Es importante en la motivación tanto el aspecto económico como el
reconocimiento. Cómo mínimo debe haber un reconocimiento monetario. De
nada sirve recibir el reconocimiento, si por el trabajo sólo se reciben
congratulaciones pero los beneficios económicos se los llevan otros.
Mucho peor es aún cuando el personal no recibe ni reconocimiento, ni
mejora o premio monetario, quedándose muchas veces el supervisor con
dichos premios.
Cuando se desmorona la fuerza de voluntad de los trabajadores, estos
dejaran de poner su mejor empeño al servicio de la empresa. Siempre debe
recordarse que a un trabajador puede obligársele a trabajar determinadas
cantidad de horas, pero nunca a ser creativo. Si pretendemos creatividad
debemos reconocer las capacidades creativas e innovativas del personal.
Prevenir problemas, mejorar los niveles de calidad y resolver o
solucionar problemas requieren de la creatividad individual y colectiva
de todo el personal. Ello requiere del máximo compromiso, y para que
haya compromiso debe haber participación. Ello incluye la participación
en las ganancias.
Muchos consultores, que se han convertido en tales bien salieron de la
facultad y nunca tuvieron que vivenciar trabajar en los sectores de una
empresa, creen que basta con darle al obrero la posibilidad de poner su
creatividad al servicio de la empresa, pues de tal forma gracias a la
posibilidad de desarrollo, pondrá todo de sí para volcar todas sus
capacidades al servicio de la empresa.
Cuando un obrero poniendo lo mejor de sí, trabaja, trabaja, trabaja y
trabaja, sin obtener ningún resultado monetario, o cuando el que obtiene
no se comparece con los resultados obtenidos, o más con los beneficios
logrados por sus superiores, tiende irremediablemente a disminuir su
compromiso y euforia.
La motivación siempre guarda un fuerte grado de correlación con lo que
acontece en el entorno del empleado tanto en el interior como en el
exterior de la empresa para la cual trabaja. Así, si percibe una mejor
paga y ambiente de trabajo fuera de la empresa tratará de marcharse o
bien su desmotivación será tal que baje gradualmente su productividad
hasta el mínimo necesario para sobrevivir en la empresa sin correr
riesgos.
El no comprender ello por parte de los directivos y consultores es lo
que lleva al fracaso a la mayoría de los planes de aplicación de los más
diversos sistemas.
Sin un cambio cultural con el cual se terminen los miedos, y temores a
castigos, nunca se tendrán mediciones reales y exactas del
funcionamiento del sistema. Lo obreros tenderán a esconder en la medida
de lo posible el resultante de las mediciones efectuadas por temor al
castigo, cuando lo que tiene que ocurrir es una comunicación totalmente
fiable de datos del personal a sus superiores y de estos últimos a los
primeros. El objetivo debe ser claro y preciso, mejorar la performance
para logran la excelencia competitiva, lo cual redundará en beneficio de
los consumidores, y como consecuencia de ello en mayores ganancias para
los propietarios, directivos y empleados de la empresa.
Lograr la máxima creatividad requiere no sólo de motivación monetaria y
reconocimiento, sino también de un óptimo lugar de trabajo y de
condiciones para la capacitación, investigación y la innovación.
Destruir los paradigmas y arrancar las barreras, que impiden la
creatividad constituyen una de las principales labores del nuevo líder.
Líder que tendrá que velar por la gestión del cambio y el aprendizaje
continuo.
Pasamos de una era industrial a una era del conocimiento, por lo cual
las empresas no pueden darse el lujo de desperdiciar los conocimientos,
experiencias y capacidad creativa de su personal.
Con compromiso dirigencial, liderazgo, mejor actitud para la motivación,
un auténtico y radical cambio cultural que mejore la confianza entre las
partes y, una política que fomente la creatividad, la calidad total
podrá ser factible y consistente en el tiempo. No hacerlo lleva a la
anomia, la falta de interés y la carencia de empuje.
Creer que se puede implantar un sistema de Calidad, sin tener en
consideración los aspectos antes mencionadas es una mera quimera. Es
tirar dinero y mentirse así mismo. Como en el caso de la diabetes, no
basta con probar una nueva droga, o cambiar de alimentos, es fundamental
primero un cambio radical de actitud.
Los empresarios deben saber que de la calidad depende su participación
de mercado, y de ello depende la rentabilidad de su empresa en el
mediano y largo plazo. Las empresas que así lo han entendido están
cosechando sus resultados día a día. La base del valor está en la
calidad, la cual posibilita pedir mayores precios y tener menores
costes, creando las bases para una empresa realmente competitiva.
Hoy cuando la competencia se ha globalizado, continuar con los
paradigmas y actitudes de épocas pretéritas, ya no resulta valido ni
factible. Gestionar un aprendizaje y una creatividad que posibiliten una
sistemática mejora continua en los niveles de calidad y productividad
resultan esenciales.
Cómo pudo observarse de lo desarrollado, no se trata sólo de efectuar
mediciones y realizar gráficos, sino primordialmente de cambiar la
manera de ver y percibir los negocios y el funcionamiento de la empresa,
tomando real conciencia de que los que terminan realizando la calidad
son los obreros, pero que los dirigentes son los responsables por el
diseño y funcionamiento del sistema.
Dr. Mauricio Lefcovich. Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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