Siempre sentí atracción por la temática de la "resolución" de los
conflictos organizacio-nales. Tanto de esos que ponen en riesgo la
continuidad de una organización como la de aquellos otros que influyen
en la performance de la misma, aunque a fuerza de costumbre se fueron
incorporando a lo cotidiano, para dejar de ser lo que son y pasar a
formar parte de la "personalidad" de la organización.
En mis comienzos, enamorado de frases leídas o escuchadas, he intentado
"resolver" conflictos comenzando por el "qué" o por el "cómo" sin tener
en cuenta a "quiénes" estaban involucrados en la cuestión a resolver. Me
transformaba en el "resolvedor" de todo eso que se presentaba como
conflictivo.
Con el tiempo, y un cúmulo de experiencias cosechadas, he comprobado que
la técnica suele "quedar chica", en la medida que no se contemple al
empresario o dirigente como sujeto activo del conflicto a resolver y que
mi participación se reduce a un intento para que ciertas cosas puedan
resolverse. Sin duda, un enfrentamiento personal, muy saludable y
aliviador, con mis propios límites.
Las frases armadas, muy lejos de aportar soluciones, se terminan
convirtiendo en un intrincado laberinto del que resulta muy difícil
salir. En más de una oportunidad me he encontrado en organizaciones que
operaban con una estructura laberíntica, lo que permitía "patear las
cuestiones hacia delante". A fuerza de imaginación, casi siempre se
pueden dilatar decisiones. De allí, el famoso: mañana empezaré...
¿Quién no ha dilatado asuntos?
Lo "tramposo" de esto es que el tratamiento de "las cuestiones" se hace
desde afuera, no desde el mismo corazón del laberinto. Relatamos
nuestros conflictos "como si" no fueran nuestros, "como si" en cualquier
momento, las paredes del laberinto en el que nos encontramos fueran a
desaparecer y despejar nuestra visión. "Como si" todo se fuera a
solucionar como por arte de magia. "Como si" mantuviéramos el control de
la situación. Con el tiempo, comprobamos que esto no "era" así y
terminamos reconociendo que todo se ha tratado de una ilusión que operó
"como si" fuera LA realidad, la única.
De hecho esto es así. Se trata de nuestra realidad que por alguna razón,
en un momento determinado comienza a molestarnos. Estar atentos a esta
molestia es la clave para desmantelar un potencial encadenamiento de
ilusiones.
Meternos en el conflicto no es otra cosa que "ser sujetos" del mismo.
Enfrentarnos a la responsabilidad que nos compete por ser, al menos,
parte del mismo. Muchas veces, incluso, somos generadores del conflicto
y otras, hasta el mismo conflicto.
Decimos de la boca para afuera que "crecemos en el conflicto, que
vivimos en el conflicto, sin registrar (por no querer, no poder o no
darnos cuenta) que las frases dichas repercuten "adentro" de cada uno de
nosotros y, obviamente, en nuestras organizaciones. También nos
acostumbra-mos a los dobles mensajes, a la dicotomía entre el decir y el
hacer. Nos olvidamos que, como sostiene Serrat, "en la vida todo se
paga, a plazos o al contado, pero todo se paga". Hoy somos lo que
hicimos ayer y estamos haciendo lo que seremos mañana.
Según mi experiencia, laboral y personal, a partir de la cercanía a la
mediana edad (45 años) el dirigente o empresario "vive" el conflicto de
una manera diferente. Ya no nos alcanza el ímpetu guerrero, aparece
"algo" que complica nuestro accionar. Comenzamos a no bancarnos más
ciertas cosas que "antes" nos bancábamos. Es "como si", de golpe, el
laberinto ahogara. Se suceden síntomas como confusión, desgano, mal
humor, cansancio, desánimo, ansiedad, angustia, bronca, dolor en las
cervicales, presión arterial, colesterol, etc... Esta es una manera
inequívoca de "enterarnos" que necesitamos involucrarnos en los
conflictos y no "ponernos afuera" de los mismos.
Nacemos, crecemos y vivimos en una sociedad que nos "empuja" a ser
individuos exitosos, competitivos, los mejores. También nos motivan
(sobre todo en la última década) para que juguemos en equipo. Todos nos
aprendemos el decálogo del líder exitoso y formamos parte de tribus con
gran cantidad de caciques. Todo va bien si el equipo hace lo que yo
digo, de lo contrario, yo no juego más. Marginamos a los otros y no nos
damos cuenta que nos marginamos nosotros mismos. Usamos a los otros como
excusas.
Crecimos en una sociedad en la que el ejercicio de la autoridad, como
mínimo, es lamentable. Se trata de una autoridad en la que no hay cabida
para el otro, en la que no hay disenso, en la que no hay sostenimiento
de lo creado. Una sociedad en la que no vale eso de "juntos aunque no
estemos de acuerdo". Una sociedad en la que no es común sumar visiones.
Excluimos a los otros, y sin ellos, nunca llegamos a crear lo nuestro.
Sin lo nuestro, tenemos muy pocas chances de SER, nos faltan los
espejos, nuestros ombligos se hacen aburridos. La soledad suele "pegar
fuerte".
Las frases pueden ser hermosas y cálidas, también pesadas y frías. Las
palabras enmarañan. Nos enmarañamos con nuestras propias palabras.
Mi objetivo, como consultor, es lograr que el empresario "se incluya" en
su empresa, que sea parte de la misma. De nada sirve que la sienta desde
afuera o que se sienta la propia empresa. Nada aportan los "no se dan
cuenta de nada, yo se los advertí", ni los "si no hago yo las cosas, no
las hace nadie".
Es necesario escuchar el diagnóstico que el propio dirigente dá sobre su
empresa. En esos cinco minutos, donde todo parece estar claro se
despliega el prólogo de la aventura que está por comenzar, de la que el
empresario debe ser su gran protagonista, su héroe.
"El rango de lo que pensamos y hacemos está limitado por aquello de lo
que no nos damos cuenta. Y es precisamente el hecho de no darnos cuenta
de que no nos damos cuenta lo que impide que podamos hacer algo por
cambiarlo. Hasta que no nos demos cuenta de que no nos damos cuenta
seguirá moldeando nuestro pensamiento y nuestra acción" (Dr. Ronald D.
Laing)
La misión consiste en ir desentrañando "aquello" que el empresario o
dirigente no se dá cuenta que no se dá cuenta. De nada sirven las
sugerencias de posibles acciones que yo, desde afuera, incluso con la
mejor intención, pueda aportar. Todo pasa por acompañar el proceso, eso
sí, siempre y cuando el empresario "se deje acompañar". Muchas veces,
nuestra omnipotencia no nos permite aceptar compañía. Nosotros solos
podemos todo... Incluso, para mí mismo, "el acompañar a otro" es un
maravilloso ejercicio que me enfrenta a mi propia omnipotencia. A ese
fantasma que me insta a ser el mejor, el único, el infalible.
Reconocer que "algo" puede no estar andando del todo bien es el primer
gran paso de esta aventura. De poco sirven los caminos iniciados desde
la falta, desde lo que no hay, de lo que podría ser si las cosas fueran
de tal o cual manera. La cosa es como es y hay lo que hay.
La clave para que este acompañamiento resulte efectivo es el de
permitir que el empresario o dirigente vaya descubriendo por sí mismo
aquellas cosas que pueden estar provocando su malestar o conflicto. De
muy poco sirven las soluciones inmediatas ("pomadita milagrosa") para
conflictos, muchas veces crónicos. Este acompañamiento puede efectuarse
de manera individual o grupal. Caminos hay muchos; y sólo andando se
hace camino. Incluso, errando caminos se está haciendo camino. En
definitiva, todo está bien, siempre y cuando estemos abiertos a revisar
lo que hacemos. Nos cuesta "ponerle el cuerpo" a la autocrítica.
A lo largo del camino suele aparecer el desánimo, las ganas de largar
todo y pensar que si hasta ahora lo hice así para qué innovar. Incluso,
puede suceder que lo que se sentía como molesto, ya no se sienta así.
Cuesta comprender que este desánimo es parte de la aventura. Es la
batalla que libramos contra nuestros propios fantasmas, totalmente
reales hasta tanto los enfrentamos y vencemos. Es, justamente, la
oportunidad que se nos presenta para sentirnos los genuinos héroes de
nuestras propias historias.
Después de todo, hay que reconocer que una aventura (vida) sin batallas
no es aventura.
Oscar Osvaldo Conti ocontiarrobascya.com.arr
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |