Generada la crisis del petróleo de 1973, muy pocas empresas lograron
sobrellevar la situación y además salir robustecidas (al margen de las
petroleras claro está), y una de esas empresas es Toyota.
La mayoría se preguntaron cómo había logrado superar tan profunda
crisis, sobretodo tomando en consideración que se dedica a la industria
automotriz, que era la más convulsionada por los cambios del entorno.
La empresa obtuvo grandes resultados merced a dos cuestiones, la primera
tomar en consideración las reales necesidades presentes y futuras de los
consumidores, y la segunda, implementar y gestionar un sistema
productivo que tiene como consigna la eliminación sistemática de
desperdicios. Para esa eliminación de mudas (desperdicios en japonés)
recurrió al hoy célebre sistema de producción “Just in Time”.
El tiempo transcurrió y las empresas estadounidenses productoras de
vehículos de gran tamaño y alto consumo de combustibles tuvieron que
rediseñar tanto los productos generados, como copiar los sistemas de
producción nipones a los efectos de no perder su cuota de mercado en
manos de los japoneses.
Los paradigmas existentes les impidieron ver la realidad, los que llevó
a las empresas occidentales, y no sólo a las automotrices, a continuar
con sus sistemas de producción taylorianos y fordistas. Sólo en la
medida en que perdieron competitividad en una serie de mercados, tales
como los de cámaras fotográficas, construcción naval, televisores,
equipos musicales, relojes, motos, computadoras, máquinas herramientas,
y por supuesto automóviles entre muchas otras, tomaron conciencia de la
situación. Era una situación de vida o muerte para la continuidad de las
empresas.
Muchos creyeron que adoptando medidas rápidas como la reducción de
personal, la automatización o la reingeniería podrían lograr superar la
crisis. Muchas lo lograron, pero sólo por un tiempo. No corregidas las
causas raíces de sus fracasos actuales como empresas generadoras de
valor, cada nueva crisis llevó a nuevas reducciones de personal, mayores
automatizaciones y nuevos intentos de rediseñar los sistemas.
Hoy día, a más de 30 años de esa fenomenal crisis, las empresas
occidentales se ven nuevamente expuestas a una nueva crisis generada por
el aumento en el precio del petróleo. El no encarar una auténtica y
sistemática eliminación de desperdicios, el no generar productos que
tuvieren en cuenta el consumo de energía y el desequilibrio ecológico,
las lleva a una nueva situación de crisis financiera.
Antes fueron los grandes autos, hoy lo son las 4 x 4. Grandes consumos
de energía de manera absurda e innecesaria obligará a consumidores y
empresas, como así también a los gobiernos a reconsiderar el mejor uso
de los energéticos.
Pero las demás empresas no quedan al margen de la crisis, pues todas
hacen uso de energía, y lo están haciendo mal. Un uso ineficiente y
hasta incontrolado de recursos, una total falta de conciencia y
comprensión de la calidad y productividad que deben acompañar los
procesos productivos, lleva a un consumo muy por encima de lo que
realmente es necesario.
Hoy más que nunca implementar el kaizen en las empresas, como sistema de
mejora continua en sus niveles de productividad, calidad, costos,
tiempos de ciclos y satisfacción de los consumidores se hace esencial.
Y, ojo, no sólo por el incremento incesante en el precio de los
combustibles, sino también por la generación incontrolada de
contaminantes que está teniendo lugar.
Lograr mayor calidad y productividad, implica no sólo satisfacer a los
consumidores con productos y servicios de mayor valor, sino también
lograr un equilibrio entre la empresa y su entorno económico-ecológico y
social.
Son muy pocas las empresas que han adoptado el sistema de “producción
magra” en el mundo, y las que lo han efectuado, lo hicieron al llegar a
un estado de crisis.
En este nuevo escenario mundial los empresarios y directivos deben tomar
conciencia de anticiparse a la crisis generando en sus empresas los
cambios que las conviertan en competitivas, haciendo de tal modo
factible su supervivencia en el mediano y largo plazo.
El incremento en el precio del crudo es no sólo una amenaza, sino que
constituye al mismo tiempo una gran oportunidad para lograr una
auténtica y consistente ventaja competitiva.
Dr. Mauricio Lefcovich. Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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