Cierto día una persona llamó a una empresa que elabora publicidad
impresa requiriendo información sobre un trabajo...
La llamada fue trasladada al departamento de Arte en donde el cliente
escuchó a través del teléfono que dos de los diseñadores discutían entre
sí porque no le querían atender.
El cliente, molesto después de escuchar la discusión por varios minutos
colgó el teléfono.
Media hora más tarde el mismo cliente vuelve a llamar a la citada
empresa, le contesta la recepcionista quien le indica que las
extensiones están ocupadas, cuatro llamadas, una hora después, la
respuesta es la misma.
Ya molesto por tanta demora el cliente le increpa a la recepcionista que
si ella puede hacer algo al respecto, a lo cual ella contesta: "sólo
cumplo con contestar el teléfono", y le cuelga...mucho más molesto el
cliente vuelve a llamar, nuevamente su interlocutora cuelgan el teléfono
si mediar palabra al reconocer que era él.
El cliente insiste, finalmente recibe respuesta y pide hablar con el
encargado de Recursos Humanos.
La llamada es transferida, contesta una voz femenina que escucha toda la
historia que el cliente le refiere, dando miles de disculpas y poniendo
como excusa que la recepcionista "es nueva en el puesto y que dentro de
poco recibirá una llamada de atención".
Finalmente el cliente pide hablar con el departamento de arte (lugar
inicial de su interés cuando llamó a la empresa), la persona de Recursos
Humanos lo transfiere, dejando el auricular al aire y no sin antes
indicar a los de Arte que "el tipo en la línea está furioso..."
Esta es una historia real, le ocurrió hace un par de días a un amigo
cercano...
Esta historia nos lleva a la reflexión sobre la importancia del servicio
al cliente y la impresión que este se lleva por encontrarse con personal
incapaz, poco apto para enfrentar sus necesidades y principalmente con
escaso o nulo concepto de que la empresa son las personas y no los
elementos físicos que la componen.
Cabe dentro del mismo concepto evaluar la repercusión que las acciones
como las antes expuestas puedan generar en la opinión del cliente y tal
vez más importante, en cuánto el cliente ofendido o molesto hablará mal
de la empresa en donde sufrió el mal trato.
En una era en la cual la competencia es feroz, el pero enemigo de una
buena relación cliente - empresa , son las personas incompetentes que
laboran en ella.
Antiguamente se creía que el aspecto del servicio al cliente solamente
correspondía a personas que tenían contacto directo y permanente con el
cliente.
Por esta razón se hacía énfasis en la creación o desarrollo de
departamentos de quejas o encargados de "manejo de clientes difíciles".
Hoy vemos que este tipo de habilidad dentro del trabajo corresponde a
todos, desde la persona que tiene el primero contacto con el cliente
hasta aquellos que llevarán una relación con él al finalizar el negocio.
Más aún los que tendrán que mantener viva la efímera relación cliente
empresa y buscar que se generen otras nuevas necesidades y reanudar el
ciclo de servicio.
No obstante, el mal servicio es un mal endémico del tiempo presente y lo
más dramático es que el mismo tiende a expandirse de empresa en empresa,
principalmente a través de la rotación de personal con el mal elemento
contratado.
Por lo antes indicado y para prevenirse de este mal, cada día son más
las empresas que están invirtiendo recursos en eliminar sus
departamentos de quejas o reclamos y acentuar las acciones que en forma
directa o indirecta posibiliten que el personal pueda enfrentar un
cliente en momentos de presión.
Pero ¿cómo pueden hacer las empresas e instituciones para desarrollar un
buen servicio?, la pregunta nos lleva a una respuesta compleja.
En primer lugar la responsabilidad básica corresponde a los encargados
de proveer de personal a la empresa, si existen suficiente parámetros y
herramientas que ayuden a discriminar adecuadamente a las personas que
pueden llenar una buena función con el cliente de las que no, se inicia
el proceso con buen pie.
En un segundo momento la acción importante radica en formar a este
personal en el delicado arte de servir al cliente, creando las
condiciones para que las personas reconozcan necesidades y manejo de
momentos difíciles sin llegar a las reacciones emocionales inapropiadas.
Esto conlleva implícita la capacitación necesaria para que los empleados
sepan que hacer y como hacerlo en las distintas acciones de trabajo.
Y por último el llegar a mantener las buenas condiciones que se han
creado con las acciones anteriores a través de programas de Incentivos y
seguimiento de la opinión del cliente.
Esto se dice fácil pero resulta complicado en un ambiente en donde la
primera de las acciones es la detección de personal competente y
eficiente que pueda llenar las expectativas en las plazas vacantes y que
al mismo tiempo se identifiquen con la empresa y su fin.
Es claro que las procesos antes expuestas deben responder a un plan en
donde exista equilibrio entre las acciones que los encargados de
Recursos Humanos deban llenar, con las necesidades de los clientes y los
empleados.
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