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¿Cómo ejercer el control sobre el cumplimiento de la meta?
Cada colaborador tiene un alto grado de control sobre su propio destino.
Ellos deben decidir como debe hacerse el trabajo. Deben operar como
contratistas independientes.
Una organización no será realmente exitosa si la gerencia obliga a los
trabajadores a hacer todo conforme a reglas impuestas. Lo más probable
es que el estilo de la gerencia no sea el de los trabajadores, de manera
que éstos no podrán producir a la medida de sus capacidades.
Además es probable que el estilo de los trabajadores sea mejor, mucho
mejor.
Implica que los miembros del equipo puedan ejercer el control sobre el
cumplimiento de sus metas. Esto suena como si se estuviera pidiendo
entregar las empresas a los trabajadores, lo cual no es cierto.
La labor de la gerencia es la misma de cualquier buen líder. Hacer saber
a la gente porqué su trabajo vale la pena (artículo anterior). Decidir
hacia donde se desea ir. Asegurarse de que el equipo comparta su meta.
Ayudar a establecer los valores. Asignar los recursos. Mantener a raya a
quienes quiebran las reglas.
Asegurar de tener el apoyo que se necesita tanto adentro como fuera de
la organización.
El deber del líder es saber hacia donde va la empresa. El deber de los
miembros de su equipo es llevarla hasta allá. Al establecer las metas y
los valores fundamentales, define el campo de juego y las reglas. Decide
quien juega en cada posición. Después abandona el campo y permite a los
jugadores que se encarguen del balón.
Un río sin orillas es un pantano. Las metas y los valores son las líneas
laterales.
Los jugadores deben saber que, mientras se ajusten a las reglas, podrán
jugar en cualquier parte dentro de las líneas. Y tendrán que saber que
mientras la pelota esté en movimiento, el gerente permanece fuera del
campo.
Si desea personas que asuman el mando, tendrá que darles la libertad
para hacerlo, y la libertad viene de saber con exactitud cuál es el
territorio de cada quien.
El hecho de saber hasta donde pueden llegar sin salirse de los límites
debe ir a la par con saber que el jefe no está ansioso por inmiscuirse y
asumir el control.
Al establecer los límites se le da al mismo tiempo a la gente la
libertad de moverse. Cuando les dice hasta donde puede llegar, lo que en
realidad les está diciendo es hasta donde está usted dispuesto a llegar.
El verdadero secreto del éxito como gerente está en descubrir lo que la
gente hace de manera natural y después determinar la forma de adaptar la
organización para aprovechar ese comportamiento natural.
Es difícil ser jefe sin ser mandón. Se necesita un alto grado de amor
propio, pero será aún más difícil para los miembros del equipo que para
usted. La mayoría de los colaboradores lo que desean es tener más
control, pero cambiar es difícil. Es probable que no les agrade la
manera como se hacen las cosas en la actualidad, pero al menos saben
como manejarla. Los problemas viejos y conocidos de siempre son más
cómodos que los nuevos y desconocidos.
El estilo gerencial describe la relación del individuo con la
organización. Y conociendo esa relación se puede comprender realmente el
otro lado de la moneda, la relación de la organización con el individuo.
Lo único que es peor que un jefe mandón es un montón de personas
queriendo ser jefes. Deben aprender a respetarse entre sí. No es posible
ejercer el control si los demás destruyen todo lo que uno hace. Todos
deben tener acceso a los recursos disponibles para hacer el trabajo, lo
cual incluye información precisa y actualizada. El resto de la
organización debe apoyar para que cada quien pueda mantener control
sobre su trabajo.
Las personas que realmente tienen el control, trabajan para
organizaciones que las valoran como seres humanos. Organizaciones que
respetan, escuchan y actúan sobre la base de los pensamientos,
sentimientos, las necesidades y los sueños de las personas.
Hay tres aspectos fundamentales en la relación entre un individuo y una
organización. El primero es la del colaborador que tiene el control. El
segundo es una organización que permite esa situación y la alienta. El
tercero lado es que los colaboradores solo pueden hacer un trabajo que
están en capacidad de hacer (posee las competencias necesarias). Debe
ser un trabajo factible, no se puede esperar un rendimiento superior a
sus capacidades o a las destrezas adquiridas por medio de la
capacitación.
Por otro lado, cuando el nivel de exigencia es demasiado bajo, la gente
no es feliz.
Es un insulto. Si las personas no pueden dar un buen día de trabajo a
cambio de un salario justo, se sienten humilladas. Es algo que no
perdonan fácilmente. No hay nada que humille más que obtener algo a
cambio de nada. Es lo mismo cuando no se le permite a la gente
contribuir, rendir, de acuerdo con su capacidad.
Cada vez que se le exige a una persona realizar un trabajo para el cual
no está
capacitada se le menoscaba su espíritu de superación.
Por otra parte aunque ofrezca la capacitación necesaria, insultará a la
gente si le exige poco. Y exigir demasiado es igual de malo. El justo
medio no es fijar las exigencias justo en el medio. Limitarse a pedirle
a las personas que hagan lo que están en capacidad de hacer sin mayor
esfuerzo, no crea la sensación de realización que necesitan. Es
necesario exigirles que den un poco más dándoles un trabajo que les
exija lo mejor de sí mismas y les permita aprender y avanzar hacia
terrenos desconocidos.
Para poder lograr el control del cumplimiento de la meta, se requiere:
1.- Un campo de juego con el territorio claramente marcado
2.- Los pensamientos, las necesidades y los sueños son respetados,
escuchados y llevan a la acción.
3.- Capaces pero conscientes del reto.
Un gerente no puede lograr esto a menos que esté convencido de que puede
lograrlo. Decida exactamente lo que piensa hacer y como lo va a hacer.
Solicite la participación de sus equipos. Escuche las ideas y los planes
que ellos tienen, esas ideas y esos planes serán mucho más productivos
que cualesquiera que pudiera diseñar usted mismo.
Nada podrá cambiar la organización a menos que la gerencia cambie, sus
jefes, y sus supervisores también. Cambiar no significa únicamente
deshacerse de los viejos hábitos. Significa desarrollar hábitos nuevos
para reemplazar los viejos.
Este es el último de tres artículos que resumen los principales
conceptos del libro Gung Ho de Ken Blanchard, Editorial Norma 1998.
Los artículos describen lo que el autor relata como
el Espíritu de la Ardilla (Trabajo que vale la pena), el Espíritu del
Castor (Quien manda aquí) y el Espíritu del Ganso
(Como motivar a los demás).
Adaptación de "Gung Ho"
De Ken Blanchard
Febrero del 2003
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