Hoy día vemos que muchas organizaciones sean de carácter público o
privado sufren un estancamiento que les impiden afrontar los cambios que
se dan permanentemente en el entorno.
Para enfrentar esos cambios, desarrollan un plan estratégico, se
proponen objetivos y metas y se plantean muchos proyectos o planes, lo
cual queda en muy buena intención, por la falta de compromiso e
involucramiento de gran parte de sus miembros.
La mayoría de las personas involucradas se manifiestan permanentemente
sobre la necesidad de un cambio, de una reestructuración de los
procesos, de cambios de paradigmas etc., y son tan vehementes en su
disertación que motiva a muchos otros a manifestarse de igual forma, al
final todos exigen la necesidad del cambio, algunos son elegidos como
representantes del grupo.
Ante tal euforia se creería que con tanto deseo de cambiar, se podría
contar con cantidad de personas para trabajar en el mejoramiento de esos
procesos. La verdad es que no es así. Son siempre los mismos, los que
trabajan de forma callada y constante sin recibir halago o con el
propósito de figurar.
Eso nos recuerda el famoso cuento del cerdo y la gallina, cuando ambos
fueron invitados a un desayuno; el cerdo se sentía bastante mal, no
quería participar, la gallina por su parte muy contenta lo incitaba a
que fueran, pues sabía que el desayuno sería de lo mejor. Ante su
insistencia el cerdo le preguntó, ¿sabes por qué nos invitan?, porque
somos el desayuno, pero con la diferencia en que tu estás involucrada en
cambio yo estoy comprometido, el desayuno consiste en huevos con jamón.
Estar comprometido es casi dar la vida por aquello en que uno cree,
porque se está convencido y en ningún momento da un paso atrás. El
involucramiento es simplemente convertirse en un mero observador del
cambio. Algunos(as) son como las gallinas por su pobre nivel de
involucramiento y su ausencia de compromiso, pero lo que es más aún,
como la gallina cuando ponen un huevo lo cacarean tanto para que todo el
mundo se de cuenta, se imagina uno por el escándalo que hacen, que es un
huevo del tamaño del de un avestruz, cuando se ve, no era para tanto.
Por otro lado tenemos a las tortugas, que van despacio, son constantes y
perseverantes, sin mucho ruido y en la oscuridad de la noche sin que
nadie las vea, ponen cantidad de huevos, y muchos hemos visto las tomas
en la TV, como derraman lágrimas en el proceso. Pero las tortugas, como
aquellos que trabajan de tal forma, en silencio, sin ruido tienen muchos
depredadores, que están listos para destruir un trabajo, para minimizar
un resultado, para servirse de lo que otros producen.
Queda en cada uno de nosotros, decidir si realmente estamos
comprometidos o únicamente somos meros observadores, sin dejar huella en
cada una de nuestras instituciones.
Grupo Kaizen - kaizenarrobagrupokaizen.com , http://www.grupokaizen.com
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