La proliferación de empresas globales y multinacionales ha provocado que
las diferencias entre la competencia nacional y la competencia
internacional prácticamente haya desaparecido.
Estos retos representan oportunidades para perfeccionar la función
gerencial y la metodología de fabricación, para satisfacer los
requerimientos del cliente y de la empresa simultáneamente, para
fabricar productos de costos más bajo y alta calidad, y para fabricar
dichos productos con mayor rapidez que la competencia.
Tenemos que concentrarnos en desarrollar nuestra habilidad de contar con
productos que la gente quiera comprar en el mercado mundial. La
combinación de éstos factores es crucial. La habilidad para producir
bienes que la gente quiera comprar, significa que los productos tienen
que diseñarse de tal manera que todo el mundo los desee. El otro
criterio es la habilidad para modificar los productos con rapidez, si
nuestro competidor lanza al mercado algo mejor, más vale que estemos
preparados para reaccionar de inmediato.
A veces pensamos que las barreras al comercio son nuestro principal
obstáculo, pero en muchos casos no estamos conscientes de que el
principal impedimento está constituido por los propios productos. La
mayor parte de las empresas todavía consideran que su principal
competencia proviene de otras empresas nacionales. Aunque muchos están
conscientes del incremento de la competencia extranjera, todavía
considera que su enemigo principal está al otro lado de la acera.
El desarrollo de productos está dictado por la voz del dueño, del
ingeniero o la voz del ejecutivo, no por la voz del cliente. En algunas
declaraciones de Misión de empresa encontramos: "los clientes son el
propósito de todas nuestras acciones".
"Las mejoras continuas son esenciales para nuestro éxito", "ser el mejor
proveedor de productos y servicios para nuestros clientes", " satisfacer
plenamente las necesidades y expectativas de nuestros clientes, por
medio de procesos de mejora continua "etc... ¿Es realmente la voz del
cliente tan importante?.
La planeación, que por lo general se lleva a cabo con la mejor de las
intenciones, se realiza con prisa. Esto se debe a que la planeación
tiene lugar con las limitaciones de un mensaje confuso: es importante
planear, pero también es improductivo. En consecuencia la planeación
proporciona una dirección general pero no penetra en los detalles, que
se dejan para la etapa de ejecución. No hay tiempo para hacer las cosas
bien, pero si para volverlas a hacer. Los objetivos se manejan de manera
similar, suelen considerarse como metas importantes, pero los medios
para lograrlos casi nunca están claros.
Las ineficiencias en el desarrollo de productos tampoco ayuda a mejorar
el panorama. Entre las primeras está la pérdida de vista del cliente, la
preocupación con la programación, prioridades confusas, diseños nuevos
pero no mejores, diseños con especificaciones de tolerancias en vez de
objetivos claros, análisis inadecuado de los procesos de fabricación.
Entre las segundas están los procesos de manufactura ineficientes,
inventarios excesivos, costos adicionales para mejorar la calidad y
dependencia de procedimientos sensibles a la acción del operario.
La fuga de utilidades está enraizada en:
Mucha tecnología, pero ¿dónde se aplica?.
Menosprecio por la voz del cliente: Se falla en la determinación de las
necesidades del cliente.
La "gran idea", la selección del producto surge después de discusiones
acaloradas. Muchos productos nacen de "tengo una gran idea".
Diseños aparentes: son diseños nuevos pero no mejores.
Productos mimados: un buen desempeño en las demostraciones.
Pantanos de aparatos: almacenes de chatarra de prototipos.
"Aquí está el producto, ¿dónde está la fábrica?
"Siempre lo hemos hecho así": se confía más en la tradición que en la
innovación.
Inspección: segregación de productos de mala calidad.
"Businessweek" publicó una encuesta en donde plantea que una fábrica
típica consume entre el 20 y 50% de su presupuesto de operación en la
investigación y corrección de errores, y casi una cuarta parte de la
mano de obra no produce, solo se dedica a reprocesar productos que no se
hicieron bien desde la primera vez. El 80% de los defectos se presentan
durante la fase de diseño del desarrollo del producto o como resultado
de la política de compras centradas en un precio bajo, más que en la
calidad de las partes y materiales adquiridos.
Hoy día la técnica del Despliegue de la Función de Calidad (Quality
function Deployment) permite reducir sustancialmente el 80% de los
defectos atribuidos al diseño del producto. También puede utilizarse
para fomentar el dialogo muy saludable entre el departamento de compras
y los proveedores.
La calidad no tiene que traducirse en un costo elevado. La calidad si es
más costosa cuando se enfoca desde el punto de vista de la inspección.
Sin embargo cuando se diseña con el producto, la calidad reduce los
costos.
Entre los beneficios a corto plazo del DFC están ciclos de desarrollo de
productos más rápidos, menos cambios de diseño, mejoras en la calidad,
reducciones de costo. El DFC elimina uno de los problemas de toda
empresa: las divisiones departamentales, pues el despliegue se aplica
horizontalmente entre los miembros del equipo de proyecto generando,
compromiso e involucramiento.
Concentra en la solución de un problema toda la experiencia corporativa,
a la vez que se convierte en un mecanismo de comunicación entre las
diversas áreas que intervienen.
Se crea la base de conocimiento organizacional, pues con el DFC los
conocimientos pueden preservarse en un instrumento específico. La base
de conocimientos se utiliza para los proyectos futuros de desarrollo de
producto, además de que permite entrenar a ingenieros de desarrollo con
poca experiencia.
El DFC construye los cimientos del trabajo futuro, a la vez que inculca
una disciplina muy necesaria. El DFC integra el proceso por medio del
cual los requerimientos del cliente (la voz del cliente), se traducen en
requerimientos técnicos para cada etapa del desarrollo del producto.
Establece las prioridades de las características del producto y el
proceso y pone de relieve las áreas que necesitan un análisis más
profundo.
No se crea que el DFC es solo para los procesos de manufactura, ha sido
utilizado, en empresas de servicio como líneas de aviación, en procesos
educativos, en las interacciones entre clientes internos, en la
evaluación del clima organizacional, en el desarrollo de planes
estratégicos, etc.
El DFC no es otra moda gerencial, es una herramienta práctica y simple
que permite a la empresa lograr el mejoramiento continuo, es una
metodología sencilla para lograr la transición de reacción a prevención,
desde los conceptos básicos de control de calidad orientado a la
fabricación, hasta el control de calidad orientado al diseño del
producto.
Por último el DFC es un instrumento valioso para comparar nuestros
productos con los de la competencia en una serie de variables
importantes y para demostrar cuál es la diferencia que existe entre lo
que tenemos y lo que deseamos y lo que hoy día nos muestran nuestros
competidores.
Gilberto Quesada para el Grupo Kaizen S.A.
Este artículo está basado en el libro "Como orientar su empresa al
cliente", de Eureka y Ryan, Editorial Panorama, 1994
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