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1. Introducción
Una organización requiere de equilibrio y armonía para poder existir,
crecer y generar resultados positivos en el mediano y largo plazo.
Una organización que pierde el equilibrio y armonía en sus procesos y
actividades compromete no sólo su competitividad sino su propia
supervivencia.
Una organización cualquiera sea su objetivo, sólo puede asegurarse el
logro del mismo, comprometiéndose con la excelencia.
Excelencia en el liderazgo, excelencia en la calidad y productividad,
excelencia en los costes y capacidad de distribución, excelencia en la
planificación y dirección, excelencia en la organización y control.
Excelencia en todos y cada uno de sus procesos y actividades, y
excelencia en todos y cada uno de sus integrantes.
La cuestión fundamental es cómo lograr tal nivel de excelencia. Una
organización que practica la excelencia es al mismo tiempo una
organización de alta competitividad. Y ser competitivo implica en estos
tiempos tener la capacidad e idoneidad para generar un valor agregado
superior tanto para los clientes y consumidores, como para los
propietarios, directivos, empleados, proveedores y la comunidad en la
cual está inserta.
Con recursos siempre limitados y en un entorno sujeto a rápidos cambios,
y con un número creciente de competidores de todas partes del mundo, se
hace menester mejorar tanto la capacidad decisoria, como el potencial
creativo e innovador, mejorando de manera continua la performance en
materia de calidad, productividad, costos, niveles de satisfacción y
tiempos de respuesta.
Hoy una organización altamente competitiva es una Organización ASE, o
sea una organización que promueve la armonía, la simplicidad y el
equilibrio. Sí se comprende la filosofía de la Organización ASE, se está
en condiciones de dar un gran “golpe” competitivo.
A la manera de las artes marciales, cuanto mayor es la armonía, la
simplicidad y el equilibrio, mayor es la capacidad defensiva y ofensiva.
Moviéndose con armonía, simplicidad y equilibrio la Organización ASE
persigue la velocidad, la creatividad, la calidad y la eficiencia como
forma de generación de alto valor. La combinación de creatividad y
velocidad en un marco de calidad y eficiencia genera una descomunal
fuerza competitiva.
Cuanto más simple es el aspecto teórico, más simple se hace tanto el
diagnóstico como la implementación de los sistemas. Una Organización ASE
odia la complejidad, lucha contra las conductas negativas, busca la
mejora continua a través de una mayor armonía, equilibrio y simplicidad
en los procesos productivos, en la planificación, en los controles y en
las comunicaciones entre otros aspectos.
La simplificación se lleva muy bien con la eficiencia, la armonía y
equilibrio en las actividades, comportamientos y estructuras conducente
al logro de mejores rendimientos.
La manera más eficaz y poderosa de conducir una empresa dentro de estos
lineamientos es por medio de la Administración por Principios. Si los
principios son claros y precisos han de servir como guía y mapa para
conducir y corregir las acciones diarias que llevan a mayores y mejores
resultados.
En un Sistema ASE de Mejora Continua, las desarmonías, complejidades y
desequilibrios deben quedar clara y contundentemente al descubierto,
generando las acciones correctivas destinadas a re-potenciar la
capacidad para producir valor agregado.
Conceptos, definiciones e ideas simples son la base y fundamentos de
ésta filosofía de mejora continua. Cuanto más simples sean los conceptos
e ideas, más fácil resulta transmitirlas y enseñarlas a los miembros de
la empresa. Cuanto más simples sean los diseños de los productos y
procesos, más fácil será producirlos y menos defectos se producirán,
incrementándose la productividad. Cuanto más simples sean los
indicadores y ratios más fácil será su cálculo e interpretación. La
simplicidad pasa a ser de este modo uno de los ejes centrales de la
mejora continua. Para cada actividad, proceso, estructura, indicador,
producto o servicio siempre debemos preguntarnos si puede hacerse de
manera más simple.
La simplicidad hace a la eficiencia, evitando defectos, aumentando la
velocidad de los procesos, reduciendo el margen para los desperdicios e
incrementando los niveles de satisfacción de los clientes y
consumidores.
Perseguir la simplicidad o simplificación en los sistemas, procesos,
actividades y estructuras es uno de los aspectos esenciales y vitales
del enfoque ASE.
En un mundo cada vez más complejo la simplicidad se está convirtiendo en
uno de los valores claves. Suele haber una forma mucho más sencilla de
hacer las cosas, si se realiza el esfuerzo de buscarla; la simplicidad
no se da por sí sola.[1]
La complejidad es ineficaz y una pérdida innecesaria de tiempo, de
atención y de energía mental. Nunca hay justificación alguna para que
las cosas sean complejas, cuando pueden ser sencillas.[2]
Debe reconocerse que la ausencia de simplicidad, equilibrio y armonía en
la organización y sus procesos e interacciones internas y externas son
las principales razones o causas de los diversos despilfarros y
desperdicios.
Cuanto más claros sean los conceptos, cuanto más poderosa sea la
filosofía, cuanto más precisos sean los objetivos, mayores serán las
posibilidades de alcanzar los objetivos organizacionales.
2. Equilibrio y armonía
El equilibrio constituye el conservar y mantener la igualdad de fuerzas,
velocidades, y capacidades, a los efectos de hacer factible un mejor
desarrollo de los procesos.
En tanto que la armonía hace referencia a una correcta proporción entre
las partes de un sistema o estructura, o bien a una adecuada relación
entre los individuos que interactúan.
Es pues fundamental lograr el equilibrio y armonía en todos y cada uno
de los componentes de la organización a los efectos de evitar la pérdida
de energía, logrando un mayor aprovechamiento de los distintos factores
productivos.
Preguntas cómo: ¿hay equilibrio en los procesos? ¿existe armonía entre
los diversos integrantes de la organización? ¿hay armonía entre los
diversos objetivos de la organización?, son algunas de las tantas que
podemos hacernos para verificar ese tan especial estado de la
organización.
La falta de equilibrio en los procesos se pueden manifestar de las más
diversas maneras, como por ejemplo: diferencias en las cantidades de
tiempo efectivo de trabajo en los distintos integrantes de una cadena de
montaje, acumulación de importantes cantidades de productos en proceso
frente a una máquina, velocidad de producción de bienes muy superior a
la velocidad de absorción de los mismos por el mercado. Estas son sólo
algunos casos bastantes usuales en las empresas tradicionales. Las
empresas competitivas tienden a regular sus energías y recursos de
manera tal de hacer un aprovechamiento óptimo de todos ellos.
Detectar falta de equilibrio en una organización es fácil una vez las
personas están debidamente concientizadas, preparadas y alertas,
permitiendo adoptar rápidamente decisiones correctivas.
Algo semejante acontece con la ausencia de armonía. Las contradicciones,
los choques, fricciones y altos niveles de despilfarros son una clara
muestra de desarmonía interna y de la organización con su entorno. Una
empresa debe gestionarse armoniosamente hacia su interior, como así
también encontrar y mantener la armonía con su entorno. Producir un bien
o servicio que no interesa a los consumidores es una clara muestra de
falta de armonía con su entorno. Las contradicciones entre las acciones
premiadas al personal y los objetivos a ellos fijados, es una clara
indicio de desarmonía interna.
Sin equilibrio y armonía una organización tiende a perder energía, a
despilfarrar recursos, a perder oportunidades, a no estar preparada para
hacer frente a las amenazas. La ausencia de equilibrio y armonía tiende
a agigantar las debilidades y corroer las fortalezas.
3. Administración Centrada en Principios (ACP)
La manera más efectiva de obtener y mantener la concentración de los
directivos y gerentes en la excelencia de gestión, es mediante la
Administración Centrada en Principios (denominada también Administración
por Principios).
En qué consiste ésta? Cuál es su objetivo? Cómo funciona? Su objetivo es
como antes se manifestó, permitir una concentración más rápida y fuerte
para el logro de los objetivos corporativos. Lograr esa rapidez y
fortaleza requiere de armonía y equilibrio, y a su vez lograr esta
armonía y equilibrio requiere de concentración.
Los directivos deben determinar con la participación del resto del
personal siete objetivos supremos. Porqué sólo siete? Porque se ha
probado ser, psicológicamente, la cantidad más fácil de recordar por el
término medio de los individuos. Son siete los objetivos supremos o
superiores que los individuos y sobre todo los directivos de la
organización deben tener en todo momento en cuenta a la hora de planear,
organizar, dirigir y controlar una empresa. Concentrar la energía mental
en esos siete principios, mediante labores de monitoreo, tableros de
comando, reuniones grupales y trabajos en equipos, aumenta notablemente
la factibilidad de lograr altos rendimientos.
Dichos principios deben ser claros, precisos, factibles de ser logrados,
deben ser motivadores y generadores de energía y cooperación,
facilitando el liderazgo y encausando la utilización de los recursos de
la manera más eficiente.
Cuestiones fundamentales a la hora de fijar los principios rectores son:
· Lograr la máxima calidad o cero defectos, en todas y cada una de las
actividades, procesos, operaciones, productos y servicios generados
tanto para los clientes internos como externos de la organización.
· Utilización eficiente del recurso tiempo por parte de todos los
integrantes de la empresa. El uso más productivo del tiempo permite no
sólo disminuir los costes, sino también prestar mayores y mejores
servicios a los clientes y consumidores.
· Detectar, prevenir y eliminar los diversos tipos de desperdicios y
despilfarros.
· Lograr el máximo nivel de satisfacción de clientes, consumidores,
empleados, directivos e inversores.
· Mantener a la empresa en continuo estado de creatividad e innovación,
aplicado tanto a los procesos como a los productos y servicios.
· Gestionar sabia y productivamente el tiempo, pues el mismo es escaso y
no puede ser inventariado. Su mejor uso es fundamental por parte de los
integrantes de la empresa, como por la empresa en su calidad de tal.
· Concentrar esfuerzo y dedicación en la persecución del mejor enfoque y
posicionamiento. Luchar de manera incansable por reposición a la empresa
en la mejor ubicación en la mente de los consumidores.
A partir de éstos principios puede diagnosticarse el estado de la
empresa y de sus procesos, planificando los cambios, ajustes y
correcciones necesarios para mejorar de manera continua la performance
organizacional.
La mente y los pensamientos de todo el personal, se trate de directivos
u obreros, debe ser pensar antes de adoptar una decisión, ejecutar una
acción y con posterioridad a las decisiones y actividades ejecutadas,
determinar en que medida son coherentes y cumplen con los principios
organizacionales. Ejemplos: ¿Éste arreglo permite corregir la causa raíz
que origina los defectos en el proceso de armado?, ¿Están los niveles de
rotación de personal dentro de los objetivos trazados?, ¿Qué tan buenos
o excelentes fueron los procesos durante el día de hoy?, ¿Son necesarias
todas las actividades actualmente desarrolladas?, ¿Qué tanto
desperdicios se producen en las áreas de administración?, ¿Cuál es el
tiempo promedio dedicado por los vendedores para efectuar una venta?,
¿Cuál es el valor agregado en el proceso productivo por cada hora de
procesamiento? Estas y muchas preguntas y cuestionamientos más
contribuyen a mejorar, ampliando y profundizando, la conceptualización y
gestión diaria de los negocios.
Es esta labor de repensar la empresa y sus actividades la que permitirá
servir de base para remover los estereotipos y poner en jaque los
paradigmas obsoletos.
4. Las Seis “F”
¿Qué tanta posibilidad de aumentar las cantidades producidas tenemos?
¿Con que rapidez podemos ajustar los modelos y estilos de los productos
a los requerimientos del mercado? ¿Qué tan fluido son los procesos? ¿Qué
tan fiables son tanto los procesos generadores, como los productos
generados?
Estas y muchas otras preguntas son a las cuales trata de dar respuesta y
solución la filosofía de las Seis “F”. Fundamentos para estandarizar los
procesos, fiabilidad en los procesos y productos, fidelidad en cuanto a
la calidad y normalización de los productos y servicios, fluidez de los
procesos, fluidez en las recepciones de materiales y entrega de los
productos, fuerza en el desempeño de los procesos, y flexibilidad para
adaptarse a los cambios en los deseos y necesidades del mercado. Estas
son las Seis “F” a las cuales esta filosofía de trabajo trata de dar
continuamente respuesta. A la hora de diseñar procesos o sistemas de
trabajo estas Seis “F” deben estar siempre presentes. Olvidarse de una
de ellas o no tratarlas convenientemente dará lugar a notables niveles
de desperdicios.
A estas Seis “F” que podemos denominar positivas, se oponen la
fragmentación, el frenado y la fricción en los procesos, las cuales se
denominan las “Tres F Negativas”. La fragmentación como organización de
los procesos productivos opuestos a la orientación al producto, la
fragmentación como exceso de especialidad de los obreros, el frenado en
los procesos por la existencia de “cuellos de botella”, la fricción que
incrementan los plazos en los ciclos completos de producción, la
fricción como efecto de los bajos niveles de calidad o altos niveles de
defectos, son distintas formas en las cuales los procesos generan
improductividades o desperdicios de recursos. A la fragmentación debemos
responder con la desfragmentación, a la fricción con la lubricación de
los procesos, y al frenado con la producción sincronizada.
5. Las Cinco “D”
Si de perseguir incompetencias, improductividades e ineficiencias se
trata, nunca debemos olvidarnos de tener presente a los:
· Desperdicios
· Desequilibrios
· Descontrol
· Distracción, y
· Desarticulado
Desperdicios generados en los excesos de inventarios, sobreproducciones,
transportes y movimientos innecesarios e improductivos, errores en los
diseños de procesos, defectos en los procesos y actividades, recursos
destinados a correcciones, tiempos de espera, pérdida de clientes y alta
rotación de empleados.
Desequilibrios financieros, productivos, humanos y con el entorno. O sea
desequilibrios tanto internos como con el exterior, consumen excesos de
recursos, energías, tiempo y capacidades, impidiendo mejorar la
competitividad.
Pérdida de control de la situación, tanto por falta de previsión y
prevención, como por carencia en el seguimiento de los procesos y en los
resultados finales de los mismos.
Distracción generados por la falta de control, por la falta de enfoque,
por planes poco claros, y por los desperdicios y desequilibrios
organizacionales.
La falta o carencia de articulación en los procesos internos, lo cual es
causada tanto por los errores en la planificación y presupuestación,
como en la ausencia de un autentico y efectivo trabajo en equipo.
No se trata sólo de detectar las distintas causas de incompetencias,
sino por sobre todas las cosas llegar a la causa raíz de las mismas para
evitar su repetición en el tiempo. Tratar de corregir continuamente
síntomas en lugar de las causas originales es una forma de generar altos
desperdicios.
6. La búsqueda continua de los “des”
Desproporcionado, desenfocado, desbalanceado, descentrado,
desequilibrado, desorganizado, son algunas de las numerosas carencias a
detectar, combatir y desterrar de las estructuras y procesos de la
empresa. Carencias que llevan a problemas tanto en los procesos
productivos, como en los de marketing y ventas, logísticos, financieros
y de personal. Sólo combatiendo incansablemente estas anomalías e
irregularidades en las actividades y procesos organizacionales es
posible mejorar los niveles de excelencia. Cualquiera de ellos motiva la
falta de equilibrio y armonía necesarios para la mejor gestión
empresaria.
A cada paso, de los directivos, gerentes y supervisores por la empresa,
deben preguntarse y cuestionarse a cerca de que tan bien centrados,
enfocados, articulados, equilibrados, balanceados, y proporcionados se
encuentra todas y cada una de las partes de la corporación.
7. Las Cinco S para la excelencia (Cinco Se)
Pensar y transmitir de manera simbólica, pensar y organizar
sistemáticamente la empresa y sus procesos, sincronizar los mismos,
simplificar todo lo simplificable y mantenerse sensible para detectar
los cambios, son las “Cinco S” necesarias para alcanzar la excelencia.
El trabajador generador de alto valor agregado en el siglo XXI es el
trabajador simbólico, la sincronización en el uso de los recursos
financieros, humanos y materiales es un componente indispensable para la
manufactura esbelta, simplificar los procesos, productos, servicios y,
controles y comunicaciones, es clave no sólo a la hora de reducir
costes, sino también de mejorar la velocidad de respuesta e incrementar
la satisfacción de los usuarios.
Mantenerse sensible al cambio es un factor crítico, mucho más en una era
conceptualizada como impregnada por el caos. Perder la sensibilidad para
captar los más minúsculos cambios que acontecen internamente y en el
entorno, pueden llevar a la pérdida de control (descontrol), lo cual
resulta sumamente peligrosa, sino mortal para un directivo y su empresa
bajo las actuales circunstancias de aceleración del cambio. Ya no basta
reaccionar a tiempo y en forma, es menester adelantarse al cambio e
inclusive generarlo para lucrar con él.
Pensar y organizar a la empresa bajo patrones sistémicos y orgánicos es
una de las claves del momento. Desconocer la interrelación entre los
diferentes componentes de un sistema, y las reacciones generadas por
cada una de las acciones realizadas, implica poder llegar a tomar
decisiones total y absolutamente desacertadas e inclusive fuera de
contexto.
8. OMAC
Observar – Medir – Analizar y Corregir es la nueva secuencia destinada a
reenfocar, reestabilizar y rebalancear la empresa. Ante cada error o
falencia puesta al descubierto mediante el proceso de observación,
corresponde posteriormente una actividad de medición de los efectos
generados, para luego analizar las posibles causas del desvío o
desequilibrio y realizar la correspondiente corrección. Es a ello a lo
que denominamos OMAC, como proceso individual o grupal destinado a
descubrir los problemas, buscar la causa de los mismos, identificar
posibles soluciones y ponerlas posteriormente en práctica para corregir
la situación.
Entrenar al personal para mejorar su capacidad de observación, medición,
y análisis, capacitándolo además en la resolución de problemas y toma de
decisiones, para la posterior labor de corrección, es uno de los
objetivos fundamentales para las empresas del siglo XXI.
Detectar irregularidades conlleva tanto la sensibilidad para detectar
las mismas, como la capacidad de pensar en términos de desperdicios,
despilfarros y desequilibrios. Detectadas las anomalías y, medidas
éstas, la posterior labor de análisis implica el perfecto conocimiento y
aplicación de las diferentes herramientas de gestión, para luego dar un
lugar privilegiado a la creatividad como forma de generar nuevas y
mejores soluciones de problemas.
9. Los Doce Ceros
1. Cero Papeles (Alta productividad en labores de oficina)
2. Cero Demoras (Retrasos) o Tiempos de Espera
3. Cero Averías (mantenimiento preventivo y predictivo / TPM)
4. Cero Accidentes
5. Cero Defectos (Seis Sigma / 3,4 Defectos por millón de oportunidades)
6. Cero Inventarios (Just in Time)
7. Cero Enfermedades Laborales
8. Cero Contaminación
9. Cero Rotación de Clientes y Personal
10. Cero Incobrables (Política Crediticia y Sistema de Cobranza)
11. Cero Insatisfacción (del personal y consumidores)
12. Cero Fraudes
Estos son los doce ceros que una empresa que pretenda realmente ser
competitiva debe perseguir. Ya no basta meramente con tener un alto
nivel de calidad en los productos, y poseer bajos niveles de
inventarios, en los tiempos que corren y en los por venir será cada día
más importante también ser una empresa amistosa, guardiana y protectora
del medio ambiente.
Lograr que una empresa sea excelente y así poder contar con los mejores
trabajadores implica ofrecer lugares de trabajo sanos y con bajos
niveles de accidentes, o sea seguros. Ello es tan importante para los
trabajadores, como así también para la comunidad en su conjunto. En los
tiempos actuales y por venir las empresas no sólo deberán poseer en
regla y forma sus estados contables, sino también las normas de calidad,
protección del medio ambiente, y seguridad. Las empresas que no lo
cumplan tendrán problemas para acceder al crédito bancario, como así
también a los mercados extranjeros y a la venta de productos y servicios
a organismos estatales.
Cada cero tiene su nivel de importancia y cada día esta cobrará mayor
magnitud y valor ante un mundo globalizado, hipercompetitivo, con altos
problemas de contaminación, y recursos cada día más exiguos.
Perder empleados es perder experiencia, perder clientes es perder uno de
los capitales más importantes con toda la inversión que implicó
conquistarlos. Las enfermedades laborales conllevan mayores costos
sanitarios, pérdidas de horas de trabajo, disminución en los niveles de
productividad, caída en los niveles de satisfacción laboral, y mayor
rotación de empleados. Los accidentes generan inmensos riesgos por la
pérdida de flujos presentes y futuros, como así también los riesgos
sociales, laborales y la mala publicidad asociadas con ellas. Para las
empresas, hoy la seguridad es fundamental, se trate de transporte aéreo,
productoras de medicamentos, fabricantes de alimentos, o proveedoras de
servicios de salud. Los medios de difusión ponen como nunca antes al
alcance de los consumidores los más mínimos errores, falencias y riesgos
generados por una empresa. Ya no sólo cuentan los hechos, sino también
lo que se percibe.
Conclusiones
Saber hacer la pregunta correcta, y en el momento oportuno, es la
aptitud que debe tener el gestor y líder de la empresa de excelencia.
Sin cuestionarse nada acerca de nada, resulta imposible percibir las
incompetencias, las irregularidades, los paradigmas carentes de
utilidad, y las políticas incoherentes.
Saber preguntarse y preguntar acerca de todos y cada uno de los pasos o
partes de un proceso resultan fundamental a la hora de corregir
desequilibrios, eliminar desperdicios y mejorar los niveles de
productividad.
Para poder y saber realizar la pregunta correcta en el momento oportuno
es crucial tener un esquema de los aspectos críticos que hacen a una
empresa competitiva.
Una organización con elevados niveles de fricción, falta de flexibilidad
y fluidez en sus procesos, escasa fiabilidad en sus procesos internos y
productos, y carentes de un enfoque adecuado, no logrará la armonía y
equilibrio necesarios para su operatividad.
Repensar la empresa para llevarla a nuevos y mayores niveles de
simplicidad es una de las metas fundamentales de todo directivo, el
mayor requerimiento de velocidad al menor coste así lo requiere. La
complejidad representa y constituye un trastorno a ser eliminado. La
complejidad no es admisible en las empresas del nuevo milenio.
La búsqueda incesante y sistemática de los “doce ceros” en la
organización nunca han sido tan crucial como en la actualidad y en el
futuro.
Crear ratios e indicadores, y proceder a su monitoreo continuo,
permitirá corregir a tiempo las desviaciones y desequilibrios.
La organización en búsqueda constante de armonía, simplicidad y
equilibrio, constituye el nuevo paradigma de estos tiempos. Centrarse en
la armonía, la simplicidad y el equilibrio, lleva a la empresa al logro
de sus máximas potencialidades.
Una empresa no pensada, no meditada, no reinventada y recreada, carece
de potencial de supervivencia, y mucho menos de éxito en los mercados.
Regenerar, reconstruir y repensar la empresa de manera continua,
representa una de las principales labores para los gerentes y líderes
actuales.
Liderar una empresa es crear las condiciones para que el personal
mediante la participación plena se comprometa en la búsqueda de nuevos y
más altos niveles de excelencia y competitividad.
Preguntar y hacerlo bien, representa una nueva y apasionante forma de
liderazgo comprometido. Estas preguntas y cuestionamientos deben girar
siempre en torno a los principios claves de la gestión estratégica.
Gerenciar una empresa enfocándose en los principios constituye y
conformará la nueva forma de hacer simple lo complejo, de hacer posible
lo imposible, de hacer realidad las visiones, y de comprometer a todos
con la misión, valores y objetivos de la organización.
11. Lecturas complementarias
Los Doce Ceros – Mauricio Lefcovich – www.gestiopolis.com - 2005
Análisis Crítico – Mauricio Lefcovich – www.degerencia.com - 2004
Filosofía de la Estrategia – Mauricio Lefcovich – www.degerencia.com -
2004
Las Seis “F” – Mauricio Lefcovich – www.gestiopolis.com - 2005
Simplicidad – Edward De Bono – Paidós – 1998
El pensamiento magro – Mauricio Lefcovich – www.winred.com - 2004
En busca de la Excelencia – Thomas Peters y Robert Waterman Jr. –
Atlántida - 1982
Pensar al revés – Benjamín Coriat – Siglo XXI – 2000
La empresa del tercer tipo. Una nueva concepción de la empresa – G.
Archier y H. Sérieyx – Sudamericana-Planeta - 1986
Monografía terminada de redactar en Oct/05
Dr. Mauricio Lefcovich. Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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