Gestión de la posibilidad
12-2005
Así va sucediendo, naturalmente,
en una seguidilla de eventos, con la libertad de enfrentarse a una
pregunta sin esperar respuesta, igual que un disparo al vacío sin eco,
así va apareciendo un nuevo espacio, en la intención de querer
escucharlo...
El origen de la posibilidad es arbitrario. De donde viene que algo
resulte posible? Cuál es el lugar que ocupa esa nueva posibilidad?
Que o quién ocupaba antes ese lugar si es que existía previamente ese
espacio? La posibilidad sucede en un espacio? Existe antes de ser
nombrada? Se extingue al concretarse? Es el camino hacia lo nuevo?
Pergeña las mutaciones? Puede pensarse no causal?
Demasiadas preguntas. Es una tentación considerar que la posibilidad
está al margen de la evolución, como algo irreverente al nexo causal, un
atajo que conecta hacia un lugar que no hubiera aparecido por sí sólo,
una creación pura del hombre vinculada a su poder, el de imaginar,
diseñar, soñar.
Resulta aceptable considerar a la posibilidad como una manifestación
vinculada a las habilidades humanas. Una habilidad que va mas allá de
interpretar algo existente para llegar a imaginar la existencia de otra
cosa. Una sensación que se va transformando en concepto.
Lo que venimos observando es que frente a un estado propio, o mejor
dicho propicio, en el marco estrictamente laboral que es la razón que
nos ocupa, es que en determinadas circunstancias contextuales el hombre
se conecta con su tarea y su contexto habitual de relación con su equipo
de trabajo, y se zambulle a crear en un nuevo espacio. Luego pasa a
advertir primero y diseñar después, una serie de acciones específicas
para construirlo. Y así el hombre crea una posibilidad, lo hace a
consecuencia de un estado, de un contexto, y luego por un camino
diferente comienza a elaborar su concreción.
Gestionar la posibilidad es jugar a favor de ella, de que aparezca, que
se valide, cuestione, debata, enriquezca, despersonalice, apropie,
nutra, se canalice, y vaya originando acciones destinadas a su
concreción.
El poder de nombrarla con libertad para imprimirle un soplo de vida, es
una actitud humana, derramarla en medio de una mesa integrada con gente
enfocada en nutrirla con cada pregunta, dejarla crecer con autonomía en
un juego compartido que auspicie la apropiación común, superando el
protagonismo individual de su autoría.
Nace con una fragilidad dependiente, sin un latir propio sólo el impulso
constante la sostiene y ante el menor descuido sucede su desregistro, y
será como si nunca hubiese existido.
La posibilidad que creo, la posibilidad que soy, la posibilidad que
auspicio y comparto, la posibilidad que brindo, esa posibilidad que
apoyo, es la misma y diferente, mientras se va nutriendo define su forma
y madura su independencia, desarrolla su atracción, insufla su poder
convocante y de pronto se libera, toma cauce propio, se constituye en
oferta y con alegría recibe la esperanza de realización personal de
otros que sirviéndole encuentran su sentido, proyectan su identidad,
despliegan su vida, juntos constituyen un concierto que implota hasta
conseguir su esencia, le sigue la reverencia, el elogio, la admiración
de haber sucedido partiendo de un origen tan incierto.
La posibilidad vive su propio ciclo al que varias veces hemos sido
convocados.
La capacidad generativa de la gente no precisa ser convocada, con
otorgarle un espacio cierto se consigue liberarla, con sólo eso es
suficiente. Permitirle aparecer sin protocolos, inesperadamente, en el
momento justo en el que resulta estimulada, y diseñar mecanismos para
aprovechar ese aporte.
El espacio es durante. A diferencia de los procesos creados para invocar
deliberadamente un estado, un torbellino de ideas, un escenario especial
para fomentar el abordaje creativo de un tema, existe la opción de
permitir y capitalizar la aparición de la mirada nueva a cada instante.
Sin discutir ni reemplazar el aporte que generan los eventos coordinados
deliberadamente para esa causa, la experiencia nos enseña que la
posibilidad requiere de espacios complementarios para lograr una
maduración de base que permita su efectividad.
Habitualmente los foros establecidos para soñar un ideal se abren con un
tema definido o al menos con un marco específico de alcance. En ese
contexto se escuchan generalmente las mismas voces. Por diferentes
causas mayoritariamente la gente que participa y propone termina siendo
la misma. Como es sabido el factor de hablar en grupo cohíbe de por sí,
y si a esto se adiciona la propuesta de aportar algo nuevo, la presencia
de funcionarios con diferentes jerarquías y la expectativa de lograr
algo productivo de todo eso, los participantes se enfrentan al menos a
un doble reto, el de quedar bien y el de aportar algo.
Es moneda corriente en las juntas de trabajo las ganas de participar de
la gente, la aparición espontánea de oportunidades, de alternativas
diferentes, el aporte de ideas para la mejora de procesos, de
iniciativas para lograr diferenciación en el mercado, y de igual modo en
todas las áreas de la organización podrá verse aparecer ese interés
cuando los responsables de ejercer la acción directa, esos que viven en
las trincheras y hacen suceder las cosas, tienen la oportunidad de
hablar.
Estas aportaciones que suceden de manera aleatoria o aquellas provocadas
en reuniones de lluvia de ideas, salvo honrosas excepciones, parecen
caer en un saco común, el del deseo, que la mayoría de las veces se
transforma en olvido.
Solo por excepción se supera ese filtro, y en pocos casos aparece algún
impacto relevante.
Aprovechada o no, la inquietud incontenible de la gente por jugar a
crear, por traer algo nuevo, integra la capacidad generativa de la
organización y está esperando su oportunidad de ser convocada y aunque
no lo declare, espera su espacio para suceder.
Esta capacidad organizacional disponible en cada puesto, es una
característica potencial en toda organización que pocas veces resulta
convocada, y cuando sucede generalmente viene con horario, de un modo
acotado a un tema y encorsetadamente.
Para los ejecutivos de hoy, esos que van arrastrando sin quererlo en
cada mano las herramientas de motivación instaladas (en la izquierda la
zanahoria y en la derecha el látigo), en la distancia que comprende su
decir y su reaccionar, van advirtiendo un nuevo espacio en el que podría
suceder lo que de ellos se está esperando... que hagan ocurrir los
nuevos discursos tan declamados por todos: compromiso, trabajo en
equipo, generación de valor, gente adueñada del proceso que integra,
hablar claro, acción coordinada, etc.
Entre los especialistas que pugnan por ocupar la escena hay un debate
permanente entre diferentes opciones, algunas de ellas disponibles otras
en desarrollo, para lograr la meca: “hacer que las cosas sucedan” y
detentar una herramienta comprobada de éxito.
Cada vez más las Organizaciones quieren alcanzar el logro de contar con
toda la capacidad generativa de su gente. Ese norte las incita a
transitar nuevos caminos y aplicar teorías resonantes, aunque con mucha
cautela originada en ese límite sutil entre convicción y conveniencia.
Mientras tanto, de ese modo, se va estirando el tiempo de capitalizar
esos dones, esa potencialidad humana culturalmente desalentada y aún así
tan vital que permanentemente busca una oportunidad para germinar.
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José
Iriondo
joseiriondoarrobaorggames.org Abogado Especialista en
Educación. Coach Organizacional. Fundador de orggames -
juegos organizacionales para la generación de valor-.
www.orggames.org