Tenemos 2 empresas, “A” y “B”. Al finalizar el período, la empresa “A”
vendió un 5% más que el año pasado, mientras que “B” vendió un 5% menos.
¿Cuál funcionó más eficientemente? Con solamente estos datos, no lo
sabemos.
¿Por qué? La realidad es esta. “A” opera en un mercado en crecimiento.
El mercado de “A” creció un 20%, mientras que las ventas de “A” sólo un
5%. El crecimiento de “A”, entonces, no se debe a su desempeño
eficiente, sino a un “efecto rebote” del crecimiento del mercado.
Entonces, no sólo no es eficiente su gestión, sino que, está perdiendo
participación de mercado.
El caso de “B” es diferente. Su mercado se redujo en un 20%, pero la
empresa introdujo promociones, agregó una línea de productos más
económica, se expandió a nuevos nichos y así logró que sus ventas sólo
disminuyeran un 5%, cuando la totalidad del mercado perdió un 20 %.
Además, negoció con sus proveedores, redujo sus costos y reestructuró su
organización, de modo tal que su rentabilidad no se viera tan afectada.
Y no sólo eso: también se diversificó y está pensando en exportar.
¿Vendió menos? Sí, pero fue más eficiente.
Una empresa puede trabajar desordenadamente y estar ganando dinero. Y
podríamos pensar, en última instancia, que si está ganando dinero tan
mal no le está yendo. Sin embargo, siempre deberíamos preguntarnos:
¿estamos ganando todo lo que podríamos ganar?, ¿cuánto estamos perdiendo
de ganar?
Resulta muy importante no confundir un resultado positivo en términos
económicos con un resultado positivo en términos de eficiencia.
La ineficiencia es un lujo caro. El mercado es cada vez más competitivo,
el consumidor más exigente. Y el mundo se mueve a una velocidad cada vez
mayor.
Las empresas se levantan rápido y se caen más rápido aun. Quienes un día
triunfan, al otro pueden estar derrotados.
Pensemos esto, ¿cuál es la diferencia entre una empresa que gana dinero
trabajando mal y otra que gana dinero trabajando bien? Por un lado, en
el corto plazo, la empresa que trabaja bien superará ampliamente a la
que trabaje “mal”, duplicando las ganancias de la otra (o superándola
por incluso más). Por otro lado, cuando haya períodos de crisis, la
empresa ineficiente se caerá, mientras la empresa eficiente no sólo se
mantendrá, sino que aprovechará la oportunidad y se quedará con la
porción de mercado que la empresa ineficiente deje. A lo largo del
tiempo, la empresa ineficiente perderá clientes, empleados clave,
oportunidades de negocios, márgenes de utilidad, etc. A cambio de eso,
ganará: estrés generalizado, desorganización, pérdidas, desequilibrios
financieros, pasivos contraídos innecesariamente, etc.
La posibilidad de trabajar bien (con eficiencia) no es una cuestión
imposible de lograr. Requiere concentración en objetivos concretos y el
trabajo sistemático de la organización para poder alcanzarlos.
Patricio Gómez Pawelek pgomezarrobaestudiojoszpa.com Licenciado en Comercialización. Trabaja como consultor de Empresas en una Consultora. También es responsable del Área de Marketing y de los Procesos de Búsqueda y Selección de Recursos Humanos.
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