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Estas cinco palabras están íntimamente ligadas con el desarrollo
organizacional.
Posiblemente se encuentren entre las palabras más citadas por los
distintos autores y expertos en comportamiento y desarrollo
organizacional, y además han estado sujetas a estudios por muchos
notables investigadores.
También los directivos, ejecutivos, gerentes y profesionales y como el
resto de participantes organizacionales tienen estas 5 palabras muchas
veces en sus labios durante – e incluso después – de sus jornadas de
trabajo. Y no quedan fuera los consultores y asesores de empresas que
deben implementar cambios en las organizaciones y empresas; para ellos,
estas cinco palabras, como se usan y sus efectos e implicancias en la
práctica, tendrán mucho que ver con cuánto se ha de mejorar las
organizaciones-Clientes y también ha de influir en los honorarios que
han de recibir por la prestación de sus servicios profesionales.
La autoridad ha sido materia de estudio y de interés de personas que
incluso su esfera de acción ha rebasado y estado fuera de la
organización. Es decir, que no solamente aquellas personas vinculadas a
la organización y la empresa (micro-economía) la han considerado como
una variable relevante sino también muchos de los estudiosos a nivel
macro como es el caso de filósofos, sociólogos, economistas,
antropólogos, entre otros.
El filósofo francés Jean Jacques Rousseau (“A discourse on political
economy” – 1755) señala “que si es bueno lidiar con personas como ellos
realmente son, es mucho mejor aún hacerlos en relación a lo que se
necesita que ellos sean. La autoridad más absoluta es aquella que
penetra en lo más profundo del ser, y no tiene tanto que ver con sus
deseos sino más bien con sus acciones”. El sociólogo de USA Robert A.
Nisbet (“The social philosophers” - 1973) contrasta su visión del poder
en relación al de Jean Jacques Rousseau al afirmar que este ha sido el
primero en justificar el poder absoluto en nombre de la virtud,
igualdad, y la libertad.
Para Nisbet “el poder es más que el poder mismo; es más bien el refugio
de las desigualdades e incertidumbres de toda sociedad”.
El experto en ciencias políticas de Estados Unidos de Norteamérica
Charles E. Merriam (“Political Power” – 1934) destaca que el poder no
yace necesariamente en las armas, ni en los buques, ni en las paredes
hechas de piedra, o las líneas fortificadas construidas con acero por
más importante que estas sean. Los impulsos están vinculados con lo que
podemos llamar un “patrón de impulsos” donde es posible que los soldados
desobedezcan las órdenes de los oficiales y puedan incluso dispararles;
donde las armas pueden ser usadas en contra del gobierno, y donde los
ciudadanos pueden llegar a desobedecer la ley hasta llevarlo al punto de
ser una virtud, y alerta que bajo esta situación “la autoridad es
impotente y puede conducir al desastre”.
Y Charles Merriam nos hace ver la complejidad que existe en el camino
hacia conseguir cumplimiento de otros dentro de los límites de la
autoridad y, con suma fineza, destaca las posibles consecuencias
negativas incluso “bajo cumplimiento” (“Systematic politics” – 1945).
“La “desobediencia civil no tiene solamente que ver con lo público sino
también con lo privado ua que se pueden observar distintos métodos de
neutralizar a la autoridad tanto dentro de la familia, como en la
escuela, en la iglesia y en las empresas. Los chicos desde muy temprana
edad nos dan muestras ingeniosas respecto de cómo tratan de evadir la
disciplina de sus padres, e incluso los esclavos desarrollan formas de
protestar, como también lo hacen los prisioneros al realizar una huelga,
y el personal encuentra siempre nuevas formas de desafiar y obstruir las
políticas y prácticas vinculadas con la autoridad. Más aún; a veces no
es ni siquiera necesario llegar a desobedecer; simplemente ejecutando
una orden o instrucción recibida de manera incorrecta puede resultar ser
un modelo exitoso de protesta”.
Otro notable estudioso de ciencias políticas, el italiano Robert Michels
que naciera en Alemania y se hiciera famoso por la “ley de hierro de la
oligarquía en las organizaciones” señala que la autoridad puede tener un
origen tanto personal como institucional pero de todas maneras es creada
y sostenida por la opinión de otros (pública), la cual a su vez está
condicionada a sentimientos, afectos, reverencia e incluso fatalismo. Y
agrega que aunque la autoridad descanse incluso en la sola coerción
física de todas maneras es aceptada por los que son “mandados”, aunque
este mando sea debido al hecho de que se lo tema por la fuerza que puede
ejercer.
El experto británico en ciencias políticas Harold Laski destaca que la
autoridad en los gobiernos / estados está fuertemente relacionado con el
poder económico y es a través de él que las instrucciones son obedecidas
(“The problem of administrative areas” – 1918).
También es importante tener en cuenta las palabras de francés Georges
Sorel (“The ethics of socialism” – 1899) quien nos hace ver que la
“autoridad no permanece vacante por mucho tiempo”; enseguida ha de ser
ocupada por otro, y esto que es absolutamente válido para la sociedad en
su conjunto también lo es para las organizaciones. Las personas cuando
se convierten en participantes organizacionales van a tener cierto grado
de autoridad sobre otros desde el mismo momento en que ocupan una
posición y además han de ser sujetos a la autoridad “de otros”. Los
espacios que corresponden a las posiciones organizacionales no se
mantienen vacantes.
El notable sociólogo y economista alemán Max Weber nacido en 1864 y
fallecido en 1920 quien acuñó y desarrollo el término de liderazgo
carismático en las organizaciones (“Economy and society” – 1922) señala
respecto del líder que si “la existencia de pruebas de éxito desaparecen
por un buen tiempo, si su Dios lo ha abandonado y ha perdido sus poderes
mágicos y heroicos y por sobre todo ello si es que su liderazgo deja de
beneficiar a sus seguidores, es muy probable que su propio liderazgo
carismático ha de desparecer. “Este es el real y genuino significado del
divino derecho que tienen los reyes”.
Max Weber destaca los límites del liderazgo carismático a que tan
propensos estamos todos dentro de las culturas latinoamericanas. Para
Weber la autoridad carismática en su forma más pura no tiene nada que
ver con las estructuras rutinarias del día a día. Sugiere que el
liderazgo carismático tiene mas que ver con la etapa de nacimiento y es
en esencia naturalmente “naciente”. Es por ello que no puede sostenerse
en el tiempo: “It cannot remain stable, but becomes Esther
traditionalized or rationalized, or a combination of both” (“Economy and
society” – 1922).
Pasemos ahora a aprender algo respecto del concepto de “Poder”.
El sociólogo alemán Ralph Dahrendorf hace referencia al debate que se
desarrolla en relación a los conceptos de “hegemonía” frente al “poder”
y señala que a los efectos de su interés la vieja distinción que se
realizaba entre un “contrato de asociación” y un “contrato de
dominación” sólo tendría alguna utilidad de tipo analítica. Para
Dahrendorf en la práctica resulta muy difícil pensar respecto de la
existencia de una asociación humana donde no exista un elemento de
dominación: “Where there is society there is power” (“The modern social
conflict” – 1988).
El filósofo británico Thomas Hobbes nacido en 1588 y fallecido en 1679
aclara que existe una importante inclinación general de la raza humana
hacia la perpetuación sin descanso respecto del deseo de que el poder
lleve al poder “que termina únicamente con la muerte” (“Leviathan” –
1651). Hobbes asegura que “el poder de las personas se orienta a obtener
algún bien en el futuro y puede ser tanto “de origen” o “instrumental”.
La simple reputación en cuanto al poder es simplemente “el poder”.
Muchas personas están familiarizadas con la historia del escorpión que
le pide a la rana que le permita subirse a ella para cruzar con ella un
pequeño riacho, donde la rana inicialmente la dice que eso le sería
fatal para ella. Pero el escorpión le convence que eso le sería fatal
para él con lo cual finalmente la rana acepta trasladar sobre su lomo al
escorpión. Este, en la mitad del trayecto, la inyecta a la rana y esta
le dice: “Pero por que lo haces: no ves que nos vamos a morir los dos”,
a lo cual el escorpión le dice: “No importa; lo he hecho porque ese acto
está dentro de mi propia naturaleza”. El filósofo y economista inglés
John Stuart Mill nacido en 1806 y fallecido en 1873 nos advierte que el
poder político ha de ser abusado con el propósito de satisfacer los
intereses particulares del tenedor del poder. “Esto no ha de suceder en
todos los casos, pero de todas maneras sí podemos hablar de que existe
una natural tendencia a que ello ocurra” (“Considerations on
representative government” - 1861.
El filósofo francés Michel Foucault nacido en 1926 y fallecido en 1984
destaca las implicancias prácticas y concretas que tiene el poder. Para
Foucault (“The subject and power” – 1982) el poder está fuertemente
enraizado en los conexiones sociales; no es algo que se reconstituye
“por encima” de la sociedad como una estructura suplementaria … “una
sociedad sin relaciones de poder es una mera abstracción”.
A veces existe una tendencia a señalar “a que se debe que aquellos
tienen poder cometen el abuso de ostentar y exhibirlo”, tanto respecto
del comportamiento exhibido por gobernantes como por líderes
empresariales, sindicales y organizacionales. En este sentido es bueno
acudir a un trabajo de Thorstein Veblen - economista y sociólogo de los
Estados Unidos de Norteamérica – quien destaca que para conseguir y
retener la estima de las personas no es suficiente el hecho de poseer
riqueza o poder. “La riqueza y el poder deben de ser puestos en
evidencia, puesto que la estima es otorgada solamente en base a la
evidencia (“The theory of leisure class” – 1899). De modo que la
percepción de importantes oficinas para los niveles más altos y el
ofrecimiento de beneficios ligados al “lujo” para la dirección de las
organizaciones, a pesar de ser “verbalizados” por los subordinados como
“gastos en exceso” de todas maneras se imprimen en ellos la marca de una
relación distintiva donde no existe duda alguna respecto de quien
ostenta el poder.
Elizabeth Janeway en su doble carácter de novelista y de “crítica
social” comparte algunas palabras que no deben ser ignoradas por
aquellos interesados en el comportamiento organizacional – su
efectividad y eficiencia – y también el desarrollo organizacional al
destacar que el poder es usualmente definido como una cualidad y
atributo que es poseído solamente por aquellos que son poderosos cuando
en realidad la comprensión del poder hace necesario que se incluya
considerar la situación de aquellos que son débiles, quienes representan
a “segundos miembros del poder” dentro del cual existe y además se
modifica la sociedad (“Powers of the weak” – 1980). La incorporación de
las mujeres en los ámbitos organizacionales llegan a incluir hoy en día
a casi el 50 % de mujeres. Las mujeres representan al grupo más débil en
cuanto a su tamaño y a su antigüedad. Su incorporación dentro de los
ámbitos organizacionales ha producido cambios profundos en la
funcionalidad de las organizaciones.
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional”,
Argentina – 1997) sostiene que el desarrollo organizacional requiere de
atributos puntuales que prevalecen dentro del universo cognitivo de la
mujer (por encima de la del hombre) al encontrarse dentro de ellas una
metodología particular y un tipo de pensamiento distintivo respecto de
la de los hombres, que favorece en mayor medida la creatividad e
innovación dentro del mundo empresarial y organizacional.
Las dos facetas – del superior y del subordinado – en relación con el
poder deben ser tenidas en cuenta tal cual lo hace saber el economista
de USA Frank Knight quien hace destacar la relación circular que se da
entre el autoritarismo “recibido” en edades tempranas y que, aunque
criticado en esos momentos, más adelante es incluso adoptado por el
incumbente en sus acciones respecto de otros. . Knight destaca que “el
poder corrompe y que el poder absoluto corrompe totalmente”. Pero
además debe tenerse en cuenta que tanto una actitud de búsqueda de poder
como una predisposición hacia el servilismo, deben ser ambas condenadas
por igual (“Intelligence and democratic action” – 1960).
El filósofo John Locke deja bien en claro que una de las preguntas que a
través de todos los tiempos ha preocupado a la especie humana no ha
estado relacionada con “si es que debiera existir Poder en el mundo”
sino más bien con Quién debería tenerlo (”Two treatises of government” –
1690).
Nadie duda respecto de la importancia del conocimiento y la información
y como estas influyen sobre lo que sucede dentro de las organizaciones,
lo que también es cierto más allá de la esfera empresarial como lo
destacara el estadista y filósofo Francis Bacon (“De haeresibus” –
1597): “el conocimiento es poder”. Y el sociólogo de USA Bernard Barber
agrega que el conocimiento es poder que permite tanto hacer el bien como
hacer el mal “pero de todas maneras no podemos desligarnos del poder” (“Science
and the social order” – 1952).
Muchas personas visualizan a las organizaciones como una “conversación o
diálogo” como es el caso de aquellos que pertenecen a la escuela de
“coaching ontológico”. El poder se vincula con ir más allá del contrato
psicológico que mantienen los participantes organizacionales con sus
superiores; lo que pertenece al contrato psicológico entre ellos entra
dentro del rango de “autoridad”. Algunos autores llaman a lo que sucede
fuera del contrato psicológico y que se vincula con el poder, bajo el
nombre de “políticas organizacionales” (J. Pfeffer: “Power in
organizations”; Pitman Publishing – 1981). A lo que deberíamos agregar
que el lenguaje de la política es el lenguaje del poder (Harold Lasswell:
“The language of power” – 1949).
En los Estados Unidos de Norteamérica se ha adoptado una “best practice”
que ha sido conocida como empowerment que se ha basado principalmente en
superar los problemas de la organización jerárquica piramidal. Cuando
los shareholders y stakeholders junto con los directivos se dieron
cuenta que lo que realmente les interesaba eran los resultados en
términos concretos y financieros independientemente de la posición que
ocupaban, estuvieron dispuestos a dar vuelta la pirámide, con lo cual
los de abajo estaban posicionados en la cúspide (Michel Foucault destaca
que el poder “proviene de abajo”: “The history of sexuality” – 1976). Y
Arthur L. Stinchcombe - sociólogo de USA – nos destaca que “el poder es
legítimo en la medida que, en virtud de las doctrinas y las normas por
el cual el mismo está justificado, quien posee el poder puede llegar a
acudir hacia otros centros de poder en calidad de reservas cuando le
sean necesarias, de modo que su propio poder es más efectivo”. Es decir,
el poder de una persona se vale además del poder de otros.
Thomas Hobbes (1651 – ya citado) nos destaca la importancia de cómo se
distribuye o centraliza el poder al señalar que es necesario que las
personas vivan bajo un “poder común” mientras que James Madison –
estadista y filósofo de USA – destaca que la acumulación de todos los
poderes en las mismas manos (el legislativo, judicial y ejecutivo)
independientemente de que así fuera en una sola, en unas pocas o en
varias manos, o que tuviera un carácter hereditario, auto-designado o a
través de elecciones, puede definirse como una tiranía (“Federalist Nª
47 – 1788). Quizás los límites de los abusos de poder puedan darse bajo
la concepción de James Steuart Denham que en su calidad de experto en
economía política sostiene que el poder “arbitrario” jamás puede llegar
a ser delegado; ya que puede tornarse tanto en contra del monarca como
del súbdito (“An inquiry into the principles of Political Economy” –
1767).
Ahora hemos de penetrar más profundamente dentro del mundo del
comportamiento, cambio y desarrollo organizacional.
Ayer hemos hecho una extensiva revisión de los más notables exponentes
en materia de teorías organizacionales y allí hemos visto que la
organización lineal presenta una forma de tipo piramidal donde la
supervisión (que es lineal) se basa en la unidad de mando, típica de la
autoridad lineal. Este esquema se contradice con las ideas de la
administración científica de Frederick Taylor (“Scientific Management”;
Harper & Row – 1947) contrariamente a lo que muchas personas creen. El
esquema de Taylor incluye además de la autoridad de línea la supervisión
funcional que es criticado por muchos de los autores que le siguieron,
como es el caso de Henry Fayol. Fayol (“General and Industrial
management”; Pitman – 1949) critica la autoridad funcional basado en que
se contradice con el principio de unidad de mando.
Bajo el tipo de organización lineal (y piramidal) los órganos de línea
se dedican exclusivamente a sus actividades previamente determinadas y
estipuladas mientras que existen otros órganos encargados de la
prestación de servicios especializados los que son denominados órganos
de staff que proveen consejos, sugerencias, mejoras, y recomendaciones
respecto de cómo mejorar los procesos; estas funciones de staff no
tienen autoridad de línea y se asemejan a los departamentos de
“organización y métodos” o de “métodos y procedimientos” que existen
dentro de las grandes organizaciones. Como éstos órganos de staff no
tienen autoridad de línea no pueden imponer sus ideas a los órganos de
línea. Estos órganos staff no tienen autoridad de línea ni poseen
autoridad de mando.
Y aquí es donde me quiero detener aunque sea solamente unos minutos pues
tenemos evidencia que muestra que muchos Profesionales graduados e
incluso muchos altos directivos y gerentes, no tiene bien en claro
muchas veces la concepción altamente innovadora de Frederick Taylor
cuyas concepciones a veces son tratadas en forma peyorativa y muchas
veces fuera de contexto.
Solamente el extraordinario talento de Taylor – especialmente si tomamos
en cuenta la época – ha sido capaz de adelantarse a la concepción
organizacional del notable sociólogo alemán Max Weber, al destacar la
importancia que tiene el expertise dentro de las organizaciones. Y para
ello Taylor creó dos distintos canales. Es decir, Taylor previó la
“autoridad basada en el conocimiento” e implementó mecanismos de
“knowledge management” cuando aún no se mencionaban estas dos palabras!
Para aquellos familiarizados con la organización matricial y sus
aplicaciones que se comenzaron a implementar en mayor escala en la
década de los 70 y recién durante la última década dentro de las
distintas culturas latinoamericanas, han de notar que en cierta medida
Frederick Taylor ha tenido la calidad de precursor respecto de ésta
práctica. La organización matricial se orienta a integrar la autoridad
de mando o de línea (basada en los silos organizacionales) con la
autoridad de “procesos” lo que es muy semejante a la autoridad de línea
de las unidades ligadas a la acción de Frederick Taylor con la autoridad
del conocimiento respecto de “como mejorar los procesos”.
Y ni que hablar del extraordinario trabajo de Taylor en cuanto a
relacionar fuertemente – como nadie jamás ha podido llegar a igualarlo
hasta el día de hoy – las recompensas con los comportamientos de los
distintos participantes organizacionales.
Las organizaciones formales se caracterizan por el hecho de que es la
jerarquía la que distribuye la autoridad y también la responsabilidad
entre los distintos niveles de la pirámide organizacional, donde la
hipótesis básica consiste en que aquellos que están situados “más
arriba” son los que tienen mayor autoridad. Los autores clásicos tenían
bien en claro que la autoridad es lo que permite asignar
responsabilidad, y que a través de una jerarquía de autoridad algunas
personas pueden mandar a otros que tomen una acción, o dejen de tomar
una acción, en la búsqueda de los objetivos de la empresa. Para Henry
Fayol (1949 – ya citado) la autoridad consiste en la potestad y el
derecho de dar órdenes y el poder de exigir obediencia o cumplimiento”.
Hasta ese entonces aquellos interesados en organizaciones eficientes y
en desarrollo organizacional podían elegir entre dos opciones básicas,
que se convirtió en una tercera posibilidad con el notable trabajo del
sociólogo alemán Max Weber (“The theory of social and economic
organization”; Free Press – 1947). En el período intermedio entre los
clásicos y Max Weber nos encontramos con las contribuciones de los que
pertenecen al movimiento de las relaciones humanas quienes basados en
algunos aspectos ingenuos respecto de una única orientación del hombre
que era hacia lo positivo y siempre con una voluntad de servicio y hacia
el cumplimiento, fueron duramente criticados.
Hacía falta agregarle “racionalidad” a “un río que se había salido de
cauce”; los clásicos enfatizaban la disciplina y el movimiento de
relaciones humanas sugerían otras opciones organizacionales más
flexibles basados en la buena predisposición de las personas.
El modelo de Max Weber encajaba perfectamente ya que impone el
desarrollo de una organización de tipo racional donde existe una cadena
entre medio y fines, y que además era aplicable no solamente a las
empresas industriales sino también a cualquier otro tipo de industria o
sector. Hasta el sector comercial y el de servicios tenía a partir de
ahora una solución en sus manos a través de la implementación de una
burocracia.
Aquí también cabe hacer una segunda aclaración en relación a lo que
usualmente se manifiesta dentro de los claustros de enseñanza (lo que
muchas veces tienen los alumnos y los profesores universitarios) y en
las empresas (lo que es el parecer de directivos, ejecutivos y
gerentes). La burocracia para Max Weber es el arreglo organizacional más
eficiente donde se combinan dos dimensiones principales:
1. Lo formal;
2. lo racional.
Esto hace posible que existan cuatro opciones o arreglos posibles. Una
de ellas es aquella donde tenemos racionalidad pero no contamos con la
jerarquía lo que podría estar representado por aquellos que tienen el
saber y el conocimiento dentro de la organización pero no tienen la
autoridad para imponer sus decisiones. Es decir, se trata de personas
que tienen voz pero no tienen voto.
Por otro lado tenemos aquellos que tienen la jerarquía pero no tienen la
racionalidad necesaria y podríamos decir que son aquellos que tienen
voto para decidir independiente de qué sentido tiene lo que ellos
deciden. Por supuesto en toda organización pueden darse posiciones,
roles y personas donde no existe ni racionalidad ni jerarquía de
importancia; en este caso la eficiencia organizacional está duramente
atacada.
Para Max Weber la eficiencia organizacional – a la que le ha dado el
nombre de burocracia – es aquella donde se combina eficazmente la
jerarquía con la racionalidad. Detalles de estas distintas opciones y
sus consecuencias a nivel organizacional las podemos encontrar en el
libro de Eric Gaynor Butterfield: “Desarrollo Ejecutivo y Desarrollo
Organizacional”; publicado por The Organization Development Institute
International, Latinamerica – 2005).
Bajo la concepción de la burocracia la autoridad está claramente
delimitada y las distintas personas ocupan roles donde se predetermina
exactamente lo que se espera de ellos en sus actividades y tareas
diarias. Se les da instrucciones de manera exacta, detallada y minuciosa
respecto de lo que se espera en cuanto al comportamiento de las personas
lo que recibe el nombre de “roles” y estos roles le dan un carácter
impersonal – paradójicamente – a las propias personas. De aquí en más
las organizaciones eficientes basadas en la racionalidad que adoptan el
nombre y la forma de organización burocrática no ha de dejar lugar
alguno para la existencia de las emociones, los afectos y los
sentimientos. Bajo distintas formas muchos otros notables estudiosos de
las organizaciones formaron parte del movimiento burocrático, algunos
más convencidos y otros menos haciendo saber sus críticas: Reinhardt
Bendix (“Max Weber: An intelectual portrait”; Doubleday - 1962); Robert
K. Merton (“Social theory and social structure”; Glencoe - 1957); Peter
Blau (“Social Exchange” - 1968); Philip Selznick (“TVA and the grass
roots”; 1949); Alvin Gouldner (“Patterns in industrial bureaucracy”;
Routledge & Kegan - 1955); Robert Michels (“Political parties”; - Dover
- 1959).
Una interesante distinción del trabajo de Max Weber tiene que ver con
los distintos tipos de autoridad a que hace referencia, quien señala que
a cada tipo de sociedad en particular le cabe un tipo primario de
autoridad, la que es definida como “la probabilidad de que una orden
específica sea obedecida” (Idalberto Chiavenato: “Introducción a la
teoría general de la administración”; McGraw – Hill ; 1995).
Max Weber realiza una distinción entre el poder y la autoridad ya que el
poder para Weber es la probabilidad de imponer las órdenes a través de
la voluntad incluso bajo cualquier tipo de dificultad o resistencia e
independientemente del grado de fundamento que tuviera esa probabilidad.
De esta manera el poder es definido como la posibilidad de obtener
cumplimiento de parte de otros dando dirección a sus conductas a través
de imposiciones que incluso pudieran llegar a ser arbitrarias.
La autoridad está relacionada con el concepto de legitimidad lo que hace
que lo requerido sea aceptado por el otro y de esta manera podemos decir
que existe un particular tipo de relación entre el poder y la autoridad.
La autoridad implica tener poder; pero no siempre el poder puede llegar
a significar que se tiene autoridad. La autoridad al ser legítima
implica la capacidad de ejercer y además justificar su ejercicio; y al
ser aceptado ese poder hablamos de que es legítimo.
Para el ejercicio del poder las creencias que están en las mentes del
superior como del subordinado son importantes. Max Weber no desarrolla
una tipología del “poder” sino una tipología de autoridad – recordemos
que la autoridad es la probabilidad de que una orden puntual sea
obedecida y cumplida – que se basa en las distintas fuentes y tipos de
legitimidad existentes y puestos en práctica por el líder. Weber destaca
la existencia de tres tipos principales de autoridad legítima:
autoridad tradicional;
autoridad carismática;
autoridad racional, legal o burocrática.
El tipo de autoridad tradicional tiene las características que
prevalecen en las sociedades tradicionales; son conservadoras,
patriarcales y con un importante peso en lo patrimonial. Weber da como
ejemplos de este tipo de autoridad a los clanes, las tribus, la familia,
y la sociedad medieval. La autoridad tradicional no tiene base racional
y está basado en el poder que se hereda o que ha sido delegado. El
“señor” es una buena imagen de este tipo de poder que encuentra su
legitimación a través de hábitos, tradiciones, los usos y las
costumbres. El aparato administrativo que se adopta para este tipo de
autoridad tradicional está basado en una forma patrimonial / feudal.
El tipo de autoridad carismático tiene características de tipo
“personalista”, una fuerte connotación mística y de tipo arbitraria.
Ejemplos de este tipo de poder lo encontramos – según Max Weber – en los
grupos revolucionarios, los países que están en una fase revolucionaria
y los partidos políticos. La autoridad está basada en el carisma y no
responde ni a lo racional, ni es heredada, y tampoco es delegable. Se
legitima a través de las características personales del líder en
relación con el heroísmo, la magia, y el poder mental. La puesta en
marcha del aparato administrativo muestra características de índole
inconstante e inestable. Las personas pertenecientes a la organización
son seleccionadas en base a su lealtad y teniendo en cuenta su devoción
al líder; no se tienen en cuenta las condiciones y calificaciones
técnicas del candidato.
D. Nadler y M. Tushman (“Beyond thye charismatic leader: leadership and
organizational change”; California management review – 1990) destaca que
existen tres etapas a través de las cuales se movilizan los líderes
carismáticos y que tienen que ver con los procesos de:
a. visualización, que está vinculado con articular una visión,
estableciendo objetivos realmente elevados, y modelando comportamientos
consistentes;
b. energizando, que incluye el hecho de demostrar un tipo de excitación
y activación de tipo personal, manifestando confianza a título personal,
y buscando, encontrando y haciendo uso del éxito;
c. posibilitando, lo que es conseguido a través de la provisión de apoyo
a título personal, actuando, generando y consiguiendo empatía, y
manifestando confianza en las personas.
Gregory Moorhead & Ricky Griffin (“Organizational Behavior: Managing
people and organizations”; Houghton Mifflin Co – 1995) incluyen una
lista de líderes carismáticos: Ronald Reagan , Martin Luther King,
Franklin Delano Roosevelt, Mary Kay Ash, Lee Iacocca, y también a John
De Lorean y Adolf Hitler.
El tipo de autoridad burocrática se basa en dos dimensiones principales:
lo legal (formal) y lo racional. Bajo este tipo de autoridad se asume
una racionalidad entre los medios y los objetivos y Max Weber considera
que los estados modernos, las fuerzas armadas y las grandes
corporaciones operan bajo esta propouesta. Se caracteriza por el hecho
de que las posiciones de los participantes organizacionales se basan en
la “meritocracia”. La ley es lo que “hace justicia” y la legitimación es
puesta en marcha como resultado de que se promulgan y reglamentan normas
legales previamente definidas para todos los incumbentes. El aparato
administrativo que sostiene a este tipo de autoridad recibe el nombre de
Burocracia.
La autoridad burocrática ha sido sujeta a muchas críticas por parte de
muchos autores. James March y Herbert Simon en su monumental trabajo
titulado “Organizations” (Wiley & Sons – 1958) señalan que Max Weber
percibe a la burocracia como un mecanismo de tipo adaptativo que permite
hacer uso de habilidades especializadas, y que “no está sumamente atento
respecto del carácter mismo del organismo humano”. Algunos de sus
críticos no niegan la proposición general de que la burocracia es la
forma mas eficiente de organización pero dedican esfuerzos a mostrar
algunas de las importantes consecuencias disfuncionales del tipo de
organización burocrática. Robert Merton (“Bureaucratic structure and
personality”; Social Forces - 1940) hace mención a las consecuencias
disfuncionales que se relacionan con el aprendizaje donde los distintos
participantes organizacionales tienen a aplicar respuestas únicas a
distintas situaciones.
A su vez Philip Selznick (“TVA and the grass roots”; Berkeley - 1949) en
lugar de poner énfasis en la importancia de las normas y reglas como uno
forma de obtener el control apropiado, pone foco en la delegación de
autoridad y, al igual que Merton, Selznick muestra como una técnica de
control (vinculada con la delegación), puede acarrear una serie de
consecuencias negativas.
Alvin Gouldner (“Patterns of Industrial Bureaucracy”; Routledge & Kegan
- 1955) presenta un modelo más simplificado que el que adoptaron
Selznick y Merton. Al igual que Merton y Selznick, Gouldner muestra como
la orientación a aumentar el control para mantener el equilibrio de un
sistema dentro de la organización puede romper el equilibrio de la
organización en su conjunto, con su subsiguiente retorno negativo sobre
el propio sub-sistema original.
Es de hacer notar que entre los clásicos (Taylor y Farol por ejemplo) y
Max Weber se encuentra la notable contribución del Presidente de la
empresa de acero número 1 en el mundo quien vuelca sus ideas y
experiencias en su obra titulada “The functions of the executive” (Chester
Barnard; Harvard University Press – 1938). Y quienes mejor que James
March y Herbert Simon para construir sobre los cimientos de las
concepciones de Chester Barnard que algunos conceptualizan como una
teoría del equilibrio organizacional que tiene una fuerte influencia
cognitiva.
La organización bajo esta concepción es una complicada red de
interacciones entre personas, personas y grupos, personas dentro de los
grupos, grupos con otros grupos, y éstos con la organización en su
conjunto donde cada una de éstas posibles combinaciones ha de tener en
cuenta dos aspectos principales:
los incentivos (inducements) que representan lo que la organización le
da a los participantes organizacionales que pueden estar representados
por jornales, salarios, bonus, aguinaldos, premios especiales, elogios,
palmadas, capacitación, coaching, reconocimiento, posibilidades de
promoción, entre otros. El lector avezado debe tener en cuenta que
Barnard – y sus seguidores March & Simon – hacen referencia a incentivos
o alicientes que pueden ser recompensas de tipo “duras y concretas” o
blandas.
las contribuciones que realizarían los miembros organizacionales que
tienen que ver con la productividad, el esfuerzo, el desempeño, la
concurrencia, la puntualidad, la lealtad, la confidencialidad y
discrecionalidad, entre otros.
Los incentivos tienen distintas utilidades para los distintos miembros
organizacionales y tiene que ver con las distintas necesidades
personales de cada uno de ellos mientras que las contribuciones guardan
relación con las energías que dedica el participante organizacional para
que se alcancen los objetivos organizacionales.
Lo sutil de Chester Barnard y también de March & Simon ha confundido a
muchos expertos quienes inicialmente “ubicaban” a Chester Barnard dentro
del movimiento conocido bajo el nombre de relaciones humanas cuando en
realidad la perspectiva de Barnard era lo suficientemente concreta – y
no manifiesta – como para que las contribuciones fueran medibles mas
bien en términos de valor real a comparación de los incentivos que
podían ser duros y también blandos.
Barnard se apartó completamente de la teoría clásica y demostró como la
autoridad tradicional muchas veces puede no resultar efectiva, y que las
órdenes pueden ser desobedecidas, como pueden ser obedecidas cuando
están equivocadas y las consecuencias de estas distintas posibilidades.
De allí que Barnard sostiene que la autoridad descansa en la aceptación
(o no) del consentimiento y aprobación de los subordinados. Para Barnard
no existe en realidad el concepto de legitimación de autoridad sino que
es algo muy sencillo: las personas subordinadas simplemente eligen entre
distintas alternativas respecto de obedecer o no obedecer.
En base a ello Chester Barnard muestra que el proceso de aceptación de
una orden y la ejecución de su cumplimiento no es naturalmente la regla
sino que mas bien puede tratarse de una excepción puesto que se deben
dar varias condiciones, en este caso, cuatro. Existen para Barnard
cuatro condiciones que se deben dar simultáneamente para que los
subordinados acepten una orden y cumplan con ella; son:
cuando el subordinado puede entender o comprender la orden;
cuando no la juzga incompatible con la organización;
cuando no la juzga incompatible con sus objetivos personales;
cuando es mental y físicamente capaz de cumplirla.
De allí que Chester Barnard, con su genio y su enorme experiencia
práctica, concluya en que la autoridad no depende básicamente del
superior, sino que tiene que ver con la decisión que ha de adoptar el
subordinado de aceptarla o rechazarla.
Mucho se ha trabajado sobre Liderazgo con el interés de conseguir
cumplimiento de parte de los subordinados, y debemos reconocer que una
de las piezas fundamentales a tener en cuenta se relaciona con los
procesos de “influencia”. Uno de los principales trabajos que tiene todo
líder es el de aumentar su grado de influencia respecto de sus
subordinados: Eric Gaynor Butterfield: “Taller de Liderazgo para una
empresa Petrolera líder en el mundo” – mes de Julio de 2005). Podemos
desdecir que independientemente de las características, comportamientos
y atributos que pueda tener un líder lo que finalmente interesa es que
la influencia realmente esté presente, y dentro de esta línea podemos
concluir que un líder es aquél que está en condiciones de influir –en la
dirección apropiada – respecto de las actitudes, creencias y
comportamientos de los subordinados (R. W. Allen & Lyman W. Porter:
“Organizational Influence Process”; Scott, Foresman – 1983). Por otro
lado G. Yukl & J. Tracey (“Consequences of influence tactics used with
subordinates, peers, and the boss”; Journal of applied psychology –
1992) nos muestran que el proceso de influencia puede ser llevado a cabo
tanto para conseguir beneficios como para eventualmente llegar a
consecuencias negativas.
La influencia existe cuando dos personas interactúan entre ellas y ambas
dependen una de la otra, es decir las acciones de A influyen sobre B y
asimismo las acciones de B influyen sobre A.
La dependencia que se da entre dos personas puede llegar a tener
distintas bases motivacionales. Amitai Etzioni (“Modern organizations”;
Prentice-Hall – 1964) desarrolló un trabajo muy interesante donde
muestra que las personas pueden llegar a cumplir basado en distintos
tipos de poder, de involucramiento / compromiso y de control. Y estos
distintos tipos de poder, compromiso y control deben diferenciarse según
el tipo de organización de que se trate. Las organizaciones eficientes
son aquellas donde existe congruencia entre el tipo de organización y el
tipo de control, compromiso y forma de obtener cumplimiento.
Por ejemplo cuando una persona quiere ingresar a una organización de
tipo político o sindical lo que prevalece para su apreciación y
evaluación tiene que ver con sus valores. Por lo general el ingreso de
las personas lleva mucho tiempo hasta que finalmente es aceptada a
diferencia de otras organizaciones como las coactivas donde las personas
ingresan casi de inmediato, incluso cuando no desean hacerlo como es el
caso de las cárceles y los campos de concentración. El cumplimiento en
este tipo de organización política y sindical tiene que ver con aspectos
que Amitai Etzioni denomina como “normativos” o principios y el tipo de
control que se ha de ejercer sobre sus miembros se vincula con los
valores normativos. El compromiso a su vez es de tipo moral. Según
Amitai Etzioni si este tipo de organización política o sindical
ejerciera el control a través de la coerción o por medios económicos la
eficiencia organizacional se vería reducida.
Por otro lado las organizaciones donde las personas ingresan sin
evaluación y lo hacen de inmediato como es el caso de las cárceles y
campos de concentración el tipo de control que se ejerce sobre el
miembro organizacional está basado en la fuerza y en la coerción y a
través de dicha coerción es que se obtiene cumplimiento. Por supuesto
aquí el participante organizacional no ha de mostrar un grado de
compromiso “moral” como se describe más arriba sino que más bien su
compromiso e involucramiento es de tipo “alienante”. La eficiencia
organizacional en este tipo de instituciones es alcanzada – según Amitai
Etzioni – solamente y cuando se ejerce un tipo de control basado en la
fuerza.
Existe también un tercer tipo de organizaciones según Etzioni que el
denomina utilitaristas dentro de las cuales se ubicarían todas las
empresas privadas que tienen fines de lucro. La eficiencia
organizacional en este tipo de organización privada o empresa como
usualmente es denominada,, es obtenida a través de incentivos de tipo
económico hacia los miembros organizacionales con lo cual se consigue un
tipo de involucramiento y compromiso que es denominado “calculador”.
Ejercer presión y coacción sobre los participantes organizacionales o
sino prestar atención a los valores, no ha de ser suficiente para
alcanzar la eficiencia organizacional en organizaciones que se incluyen
en la categoría de utilitaristas.
Es de hacer notar que ningún tipo de organización hace uso de un único
tipo de compromiso y de un único tipo de control para conseguir
cumplimiento de parte de sus componentes. Por lo general los tipos de
compromiso y de control que las distintas organizaciones ponen en
práctica tienen que ver con una “orientación principal” pero conviven
así mismo otras orientaciones que son secundarias. Por ejemplo en las
organizaciones utilitaristas se pone especial énfasis en las recompensas
económicas pero aunque estas son vitales muchos de sus miembros, como
por ejemplo los profesionales, prefieren que también se tenga en cuenta
aspectos de tipo moral donde se privilegian ciertos valores que se
vinculan con el aprendizaje y el posterior desarrollo y crecimiento en
la profesión.
Las implicancias son variadas y sutiles y es desafortunada que muchas
veces se ha super-simplificado el marco conceptual de Amitai Etzioni.
Por ejemplo hemos señalado que en las organizaciones de tipo coactivo
donde los participantes no sufren ningún proceso especial para ingresar
sino que son insertados incluso en contra de sus deseos como es el caso
de las cárceles y los campos de concentración, el comportamiento que se
espera de los componentes es de tipo alienante como se ha mencionado.
Muchos padres y maestros se preguntan a que se debe que muchos de sus
hijos y alumnos no tienen ni muestran interés alguno en los estudios y
les llama la atención como que este es un fenómeno de tipo anormal; sin
embargo, bajo la interesante perspectiva de Etzioni parece razonable que
actúen en forma alienante ya que muchas veces “esos hijos y alumnos se
ven empujados hacia dentro de instituciones educativas sin haber tenido
la más mínima opción de elegir”.
Zaleznick en “Power and politics in organizational life” (Harvard
University Press – 1971) destaca algo que es sumamente importante por
sus implicancias prácticas y que usualmente algunos gerentes y
directivos no tienen en cuenta: un gerente no debe confundir el concepto
de cumplimiento del de compromiso. Son dos conceptos distintos. El
cumplimiento puede conseguirse por distintos motivos, y no simplemente
por el grado de compromiso.
Tom Burns (“Industry in a new age”; New society – 1963) ha puesto bien
en claro que no existe una única y mejor forma de organizarse. El
arreglo organizacional más eficiente tiene que ver con el tipo
organizacional en que está inserta la empresa y para ello hace
referencia a dos modelos distintos:
el mecanicista,
el orgánico.
Henry Tosi (“The environment / organization / person contingency model:
a meso approach to the study of organizations”; JAI Press – 1992)
destaca que en organizaciones mecanicistas la autoridad y también el
poder como la toma de decisiones ha de estar sumamente centralizada.
Hace notar que además la autoridad legítima ha de ser muy posiblemente
relativamente estable durante largos períodos de tiempo ya que existen
menores fuerzas del exterior que impulsen hacia un cambio. Pero por otro
lado las organizaciones de tipo orgánico, han de tener una estructura
legítima de autoridad que es menos estable y que ha de cambiar más
frecuentemente como resultado de los múltiples cambios en el contexto a
los cuales la organización ha de tener que adaptarse para sobrevivir. En
las organizaciones orgánicas la autoridad no ha de estar tan concentrada
y lo más común es que esté dispersa muy posiblemente esa dispersión ha
de estar “cerca” de los proyectos que la firma ha de estar encarando.
Hoy en día, y como resultado de la globalización tecnológica, financiera
y de comunicaciones las empresas tienen más bien formas “mixtas” donde
se combinan unidades mecanicistas con unidades de tipo orgánico, todos
dentro de la misma organización. Esto significa que las organizaciones
adoptan una forma matricial con las consiguientes ventajas y desventajas
de trabajar en ellas.
Las consecuencias de la puesta en práctica de la organización matricial
han sido bastante serias para los participantes organizacionales quienes
“comienzan a vivir dentro de una organización donde ya no tienen que
reportar a una sola persona”. En gran medida han sido las dificultades
en implementación del modelo de organización matricial los que han
creado y fortalecido en gran medida la disciplina y la profesión de
Desarrollo Organizacional (Dr. Donald W. Cole: Congreso de Desarrollo
Organizacional – 1997).
Las personas estamos acostumbrados a reportar a uno por mucho tiempo y –
con la puesta en práctica de la organización matricial los participantes
organizacionales se encuentran con una situación donde deben satisfacer
demandas que provienen de distintas fuentes y que a veces incluso están
en conflicto entre ellas. Si a esto le sumamos la frase bíblica adoptada
por el ex presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (Abraham
Lincoln), en el sentido de que: “Toda casa dividida por dentro no se
sostiene”, nos encontramos con que las organizaciones empiezan a tener
dificultades que se relacionan con los conceptos y prácticas de
“autoridad”, “quién manda”, “quién decide”; en cuanto tiempo tengo que
terminar este trabajo y dar cumplimiento a una instrucción (que puede
contradecirse con otra que recibo de otra persona); “poder”;
“cumplimiento” y “compromiso”, entre otras.
Esta difícil tarea que comenzaron a confrontar las organizaciones a
partir de la segunda mitad del siglo pasado ha sido afrontada por la
profesión de desarrollo organizacional con el sustento de las ciencias
del comportamiento.
En el libro del Dr. Donald W. Cole y Eric Gaynor Butterfield
(“Professional Suicide or Organizational Murder”; The Organization
Development Institute International, Latinamerica – 2005) se muestra que
el cumplimiento dentro de una organización no es algo que los superiores
deben asumir que sucede naturalmente. Los participantes organizacionales
pueden hacer algunas cosas que no están directamente relacionados con
los intereses de la organización y pueden ir más lejos aún, haciendo
cosas que también están en contra de sus propios intereses. En este
tratado se muestra como después de una “luna de miel” que sucede cuando
la persona ingresa a la empresa se desencadenan sucesos muchas veces a
partir de la diferencia entre lo que el participante tiene “en su
cabeza” (metafóricamente, puesto que es en su mente) respecto de lo que
es la organización y lo que el mismo participante “vive” durante su
permanencia. Estas diferencias al no ser resueltas por él mismo, tienden
a tratar de resolverse con su superior que – probablemente – no tenga
mucho interés ni en resolverlas ni quizás tampoco en escucharlas. De
allí el participante puede ir a sus pares quienes por lo general pueden
“competir” con el mismo quedando como una última opción la de acudir a
los subordinados. Un gerente que sufrió esta situación manifestó que
esta última opción se parece a la que vivían los cristianos en Roma
antes de ser arrojados en la arena a los leones cuando en las últimas
horas podían hablar con otros.
Gregory Moorhead & Ricky Griffin (“Organizational Behavior: Managing
people and organizations”; Houghton Mifflin Co – 1995) intentan una
definición de poder de las muchas que existen haciendo notar que no
existe una única definición que es aceptada por todos. Ellos definen al
“poder” como “una potencial habilidad que tiene una persona o un grupo
para ejercer control sobre otra persona u otro grupo” y sugieren que en
cuanto a revisiones relacionadas con el significado de poder puedan
acudir a los siguientes tratados:
- Henry Mintzberg: “Power in and around organizations”; Prentice-Hall –
1983;
- Jeffrey Pfeffer: “Power in organizations”; Pitman Publishing – 1981;
- John Kenneth Galbraith; “The anatomy of power”; Houghton-Mifflin –
1983;
- Gary A. Yukl: “Leadership in organizations”; Prentice Hall – 1994.
Posiblemente los distintos tipos de poder más comunes que se encuentran
en la literatura tienen que ver con el trabajo de John French y Bertram
Raven (“The bases of social power”; en Studies of social power –
University of MIchigan Press – 1959).
Estos autores distinguen 5 distintas bases de poder:
- el poder legítimo, que es básicamente autoridad, ya que está basado
fundamentalmente en la posición y rol que uno ocupa dentro de la
organización, donde todo gerente tiene poder sobre sus subordinados y
que se basa en algún mecanismo que la organización emite haciéndolo
saber. Como hemos mencionado anteriormente el advenimiento de la
organización matricial, la organización por proyectos, las
re-ingenierías e implementación de normas ISO que muchas veces operan
transversal y horizontalmente, presentan situaciones de conflicto y
hacen un tanto difusa este tipo de poder legítimo como así también la
autoridad.
- el poder “de las recompensas” que existe cuando una persona está en
posiciones de controlar a otra u otras como consecuencia de recompensas
que están a su disposición y que son valorizadas por el tercero. Debe
tenerse en cuenta que las recompensas no tienen que ser necesariamente
materiales, puesto que el reconocimiento de un trabajo bien realizado,
propuestas de capacitación y un interés en la carrera de los
subordinados pueden también pertenecer a esta categoría. Sin embargo
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional; 1999 –
Argentina) hace mención a que dentro de las culturas latinoamericanas
una gran mayoría de los gerentes se sienten que no tienen poder sobre
sus subordinados y que eso debilita su autoridad, pues se basan en la
concepción casi exclusiva de “que no manejan los recursos que sus
subordinados necesitan”.
- El poder coactivo que se presenta en aquellas situaciones donde una
persona tiene la capacidad y posibilidad de castigar tanto física como
psicológicamente a otra persona con el propósito de tener control sobre
ella. Es común que muchos gerentes consideren que no hacen uso de ésta
opción y se sorprenden sobremanera cuando uno le manifiesta ciertas
conductas gerenciales que corresponden a esta categoría como es el caso
de un gerente que llama la atención de mala manera a uno de sus
subordinados en la presencia de sus pares. Las opciones dentro de esta
categoría son muchas y variadas y no solamente los propios gerentes
departamentales hacen uso de esta opción sino que también lo utilizan
muchos Gerentes de “Recursos Humanos”. Una práctica común de éstos
últimos tiene que ver con “la amenaza sutil y subyacente de transferir a
un participante organizacional a una región o sucursal lejos de donde
está su familia”. Es sorprendente como los superiores por un lado
consideran que no hacen uso de esta opción y por otro lado en el
accionar diario es una de las prácticas más comunes en las empresas. Por
eso cuando los gerentes manifiestan la hostilidad y resentimiento de
algunos de sus subordinados deben apreciar si ellos mismos no están
haciendo uso de medios de poder coactivo; y si efectivamente es así no
deberían sorprenderse de las reacciones de sus propios subordinados.
- El poder basado en el expertise es el cuarto tipo de poder y tiene que
ver con la información que posee el incumbente. Por ejemplo los
vendedores poseen poder basado en el expertise cuando se reservan
información que se relaciona con la venta de productos y servicios a los
Clientes en su empresa. Cuanto más importante es la información que se
posee, y son menores las fuentes alternativas que puedan obtenerlo, el
poder es mayor. El poder basado en el expertise está muy disperso en
toda la organización y no siempre guarda una relación directa con la
jerarquía que ocupan los miembros organizacionales. Podemos decir que en
general el poder legítimo, el poder basado en las recompensas y el poder
coactivo no siempre están directamente relacionados con el poder formal,
pero por otro lado es frecuente que así sea. En cambio, el poder basado
en el expertise guarda muy poca relación con la autoridad formal. El
poder basado en el expertise es lo que en gran medida aumenta el poder
de aquellas personas que trabajan en el departamento de Investigación y
Desarrollo. Muchos gerentes se dan cuenta que su posición de poder se ve
parcialmente reducida cuando tienen asistentes que desempeñan muchos de
sus trabajos, participan en muchos de sus proyectos importantes y por lo
tanto monopolizan mucha de la información del superior. En resumen,
podemos decir que el poder basado en el expertise se presenta cuando una
persona controla información que es valiosa para otra (s) personas.
- El poder “referente” se presenta cuando una persona quiere imitar o
asemejarse a otra y se manifiesta a través del fenómeno de
identificación. Cuando una persona es muy respetada por otra que la
desea tomar como modelo, se convierte en una persona con poder
“referente”. Este tipo de poder se asemeja en gran medida al poder de
expertise en el sentido que guarda muy poca relación con la autoridad
formal dentro de la organización. Algunos autores tienden a vincular el
poder “referente” al carisma ya que involucra a conceptos tales como
compromiso emocional y efectivo aceptación, deseo de seguir al referente
o líder y la confianza que deposita en él.
Otra forma de considerar el poder dentro de las organizaciones puede ser
a través de la distinción entre:
el poder derivado de la posición, tiene que ver con la posición que
ocupa el participante como consecuencia del rol o la posición que ocupa
dentro de la empresa. Gregory Moorhead & Ricky Griffin (“Organizational
Behavior: Managing people and organizations”; Houghton Mifflin Co –
1995) destacan que el poder legítimo, el que está basado en las
recompensas y en alguna medida el poder coactivo y el poder de expertise
contribuyen en gran medida al poder “de la posición”.
por otro lado el poder personal reside básicamente en la persona
independientemente de la posición que ocupa dentro de la organización,
yu por consiguiente podemos decir que se relaciona fuertemente con el
poder referente y con algunos aspectos del poder de expertise, poder
coactivo, y poder de recompensas. El poder personal es llevado a cabo
por el incumbente haciendo uso de la persuasión (Chester Barnard: “The
Functions of the executive” – 1938) o a través de lograr que otros se
identifiquen con uno lo que muchas veces influye no solamente sobre una
mayor performance sino también sobre el nivel de compromiso, lealtad e
involucramiento.
Si nosotros combinamos los dos tipos de poder (personal y de la
posición) basados en dos dimensiones distintas nos encontramos con
cuatro posibles situaciones donde la persona que si tiene poder personal
y también tiene poder de posición es la persona con mayor poder posible
y, por el contrario, aquella que no tiene poder de posición ni poder
personal tiene el menor grado de poder. En posiciones intermedias se
ubican aquellas personas que tienen uno de los otros dos poderes,
quienes han de tener entonces un grado de poder de tipo “moderado”.
Gary Jukl: “Leadership in organizations”, ha realizado una distinción
muy interesante, vigorosa y práctica en relación con el poder dentro del
ámbito organizacional donde relaciona las “bases de poder”, los
requerimientos de personas que posee poder, y los posibles resultados a
obtenerse.
Para cada una de los cinco distintos tipos de influencia el autor
discrimina respecto de sus impactos sobre tres variables:
compromiso
cumplimiento
resistencia
El poder referente es probable que alcance un nivel de compromiso en la
medida que el requerimiento efectuado pueda ser importante para el
líder; mientras que el nivel de cumplimiento es posible si el
requerimiento es percibido como no importante para el líder; y la
resistencia es posible si el requerimiento se relaciona con algo que
puede llegar a lastimar al líder.
En el poder de expertise el compromiso es posible si el requerimiento es
realizado en forma persuasiva y además cuando los subordinados comparten
los objetivos de trabajo del líder; a su vez el cumplimiento es posible
si el requerimiento se ha efectuado en forma persuasiva pero los
subordinados responden de manera apática en cuando a conseguir los
objetivos en la tarea del líder; y finalmente la resistencia es posible
si el líder es arrogante e insultante, o cuando los subordinados se
oponen a los objetivos en el trabajo.
El poder legítimo es posible en cuanto al compromiso si el requerimiento
es realizado en una forma cortés y apropiada; el cumplimiento es
probable si el requerimiento es visto como legítimo; y la resistencia es
posible si existen demandas arrogantes o cuando el requerimiento no
aparece como siendo apropiado.
El poder basado en recompensas hace posible el compromiso cuando es
usado de manera subrepticia, y teniendo en cuenta factores personales;
el cumplimiento es probable si es usado de una manera mecánica e
impersonal y la resistencia es posible si es usado de manera
manipuladora y arrogante.
Y finalmente el poder coactivo en cuanto al compromiso es muy
improbable; es posible en cuanto al cumplimiento si es realizado en una
manera no punitoria y por el contrario dando y prestando asistencia; y
la resistencia es probable si es usada de una manera hostil o
manipulativa.
Nos queda todavía para analizar una serie de propuestas adicionales
relacionadas con los procesos que se vinculan a la autoridad,
persuasión, el poder y el compromiso. Pero vamos a dejar esas tareas
para el día de mañana y nos hemos de reunir en grupos de unas 5 personas
para hacer una dinámica relacionada con lo que hemos visto. Durante el
día de mañana, y en las primeras horas, hemos de completar aspectos
conceptuales y otras teorías y abstracciones vinculadas con los temas de
autoridad y poder; no podemos dejar fuera de ninguna manera los trabajos
monumentales de Arnold Tannenbaum (distribución del poder y control en
la organización) y Carl Frost (nivel de participación y su impacto sobre
los resultados organizacionales). Les pido que también me hagan recordar
un interesante experimento donde se muestra como las personas pueden –
basándose en el cumplimiento de las órdenes de “otro” - llegar a
ocasionar mucho dolor en otros participantes. En dicho experimento se
demostró como muchas personas estaban dispuestas a seguir infligiendo
dolor a “subordinados” a través de electro-shocks (por supuesto
simulados) que excedían incluso los límites previstos.
Gracias por compartir.
Eric Gaynor Butterfield informesarrobatheodinstitute.org Ph. D. (abd) - Presidente The Organization Development Institute International, Latinamerica (Board member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org
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