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Muchas somos las personas que “hablamos” respecto del cambio en las
organizaciones y también en las personas, especialmente en los
participantes organizacionales; pero somos realmente muy pocos aquellos
que realizamos acciones diarias para cambiar, que tenemos visiones
nuevas para las organizaciones a las que pertenecemos y que deseamos
poner en práctica, y somos aún menor el grupo de personas que está
comprometido a desplegar esfuerzos, emplear energías y recursos propios
para asistir en los procesos de cambio individual (propio y de otros)
como así también en las organizaciones y empresas.
Muchas veces pareciera que los directivos en la cúspide y su equipo
gerencial, estuvieran orientados a – una vez que se sienten “seguros” de
sus ventajas competitivas – impedir y bloquear todo tipo de
interferencia nueva con el contexto en donde la organización opera. Esta
sensación se seguridad “deseada” de parte de los directivos que es
muchas veces acompañada por “estar ahora en una zona de comodidad”, es
percibida por aquellos ejecutivos a nivel táctico, que son usualmente
los gerentes.
Estos últimos – convencidos que la estrategia “es la correcta” – tienen
también una preferencia hacia que “las cosas no cambien”. Es muy común
que en las principales re-ingenierías la mayor parte de los cambios
comiencen a nivel de gerencia como que se asume que es este el nivel el
que se resiste en mayor medida al cambio.
Ya ustedes están familiarizados con una definición de quienes son los
gerentes que yo he formulado desde hace mucho tiempo y he encontrado que
a recibido mucha acogida: “Los gerentes son personas que miran hacia
arriba esperando instrucciones que nunca llegan … y que deben ser
implementadas por ellos (los gerentes) a través de subordinados que NO
tienen mucho interés en cumplirlas”.
Al encontrarse los gerentes (nivel táctico) con que no reciben nuevas y
necesarias directivas de la cúspide (directivos y nivel estratégico)
orientadas hacia nuevos retos y desafíos, y bajo la actual situación de
no-cambio encuentran dificultades para alcanzar resultados a través de
otros que son sus subordinados, prefieren no tener en sus cabezas la
idea de introducir mejoras y cambios. Como nos lo manifestara un Gerente
de Administración y Finanzas: “Ya tengo demasiados problemas con las
cosas que tengo a mi cargo de modo que no quiero escuchar de más cambios
ya que ello tornaría imposible mi trabajo
Por ahora es difícil y no quiero que se convierta en
imposible”. O un Gerente Comercial de una empresa de servicios: “Si no
cambian los de arriba yo no pienso hacer olas de ninguna manera. Ya
tengo demasiados problemas donde estoy. Al final de cuentas es la
cúspide la que recibe los mejores “bonus” por los resultados de la
firma”.
De modo que los gerentes conforman un grupo muy especial dentro de todas
las organizaciones donde pueden percibirse como “el jamón del sándwich”.
La dirección de la organización espera que introduzcan mejoras y
funcionen de esa manera en forma efectiva y eficiente pero no siempre
les proveen ni siquiera los recursos necesarios para llevar adelante el
cambio y mejora. Por supuesto que los subordinados tienen muchas veces
poco interés en acompañar los cambios. La historia de muchas
organizaciones y empresas en las culturas latinoamericanas muestra que
“no siempre los que corren riesgo son recompensados sino que más bien
muchas veces pueden llegar a ser castigados”.
Hay algo que es indiscutible hoy en día. En primer término los
directivos tienen como una de sus funciones principales desarrollar las
habilidades que le permita percibir el contexto desde otra perspectiva
distinta de la habitual y además, idealmente, percibir el nuevo contexto
que está en formación bajo tanto la perspectiva actual como bajo una
nueva visión. Los gerentes son el eslabón de la cadena que permite unir
lo que los directivos tienen en su cabeza (metafóricamente ya que en
realidad es en sus mentes) con lo que sus subordinados deben “hacer”.
En muchos cursos, talleres, seminarios y congresos los gerentes nos
manifiestan que están bajo muchísima presión – lo que es absolutamente
cierto -, que no tienen asignados todos los recursos que necesitan – lo
que también es cierto, y que les recortan tanto el tiempo en que deben
alcanzar los objetivos como los (pocos) recursos que les han asignado en
la realidad (lo que también es cierto). Y que todo esto les causa
infinidad de problemas que deben resolver y por lo tanto no tienen mucho
tiempo disponible para “incluso introducir más cambios para mejorar más
las cosas”.
Ante esta catarata de inquietudes que viven los gerentes en el día a día
dentro de las organizaciones – y donde una gran cantidad de ellas es
cierta – el gerente percibe y ve al cambio como un problema adicional y
por supuesto entonces su respuesta natural es : ¡Basta!
Pero a fuerza de ser sinceros le debemos decir y compartir que:
en realidad se espera de ellos que manejen el cambio dando por implícito
que si nada cambia no los necesitarían; es decir, si hoy permaneciera
todo estable como estaba hasta el día de ayer y todos los subordinados
actuaban en consecuencia, la pregunta que naturalmente se formula la
dirección es: ¿Para que están los gerentes, o mejor dicho, para que les
pagamos a nuestros gerentes? Y esta es muy frecuentemente la percepción
de la cúspide con la cual los gerentes han de tener que vivir en su
trabajo dentro de las organizaciones.
A los gerentes les puede o no gustar y por lo tanto no desean compartir
el pensamiento arriba expuesto, pero hasta que lleguen a directivos
posiblemente no les queda mas remedio que vivir con ello. De modo con
que hay que poner manos a la obra “para cambiar las cosas”.
si los gerentes no realizan cambios pueden estar seguros que se ha de
poner en marcha en algún momento un mecanismo especial (desde la
dirección de la empresa con o sin ayuda de consultores internos o
externos) para que las cosas cambien. Algunas organizaciones crean
funciones y unidades dedicadas a lidiar con el cambio (Calidad Total,
Organización y Métodos, Capacitación, Atención al Cliente, entre otros)
e incluso tienen algunos “Consultores Internos”.
Cuando los estímulos del contexto golpean y ejercen presión sobre las
organizaciones de una manera en que alteran su supervivencia y está es
percibida por la dirección, ellos se movilizan hacia realizar las
modificaciones y cambios necesarios teniendo en cuenta la nueva
“realidad del contexto”. Y los cambios deben ser realizados a través del
equipo de gerenciamiento quien a su vez puede recibir la colaboración de
consultores internos. Las señales que se dan en el accionar diario
dentro de las organizaciones deberían ser los suficientemente notables a
los ojos de todos, como para involucrarse en equipo hacia modificar las
cosas; pero esto no es lo que habitualmente sucede. Y entonces, una
solución que parecer estar en las manos de los directivos es la de
contratar consultores externos.
Veamos a continuación algunas variables y componentes relacionados con
el cambio en las empresas y en las organizaciones.
Cuando los cambios se producen en forma muy baja o imperceptible tanto
el hombre como las organizaciones tienen a su disposición una mayor
facilidad de acomodarse y adaptarse al contexto dentro del cual se
desenvuelven. Pero en la medida en que la tasa de cambio se ve alterada
los mecanismos tradicionales de acomodación, adaptación y asimilación
pueden resultar insuficientes (Charles R. Darwin, Origen de las
Especies, 1859).
Podemos decir que el cambio en forma simplificada es un alejamiento del
statu quo e implica un desplazamiento desde una situación actual hacia
una situación deseada donde es muy probable que exista la necesidad de
modificar – entre otros aspectos – los objetivos, la visión, y los
procesos. R. Golembiewski (“Ironies in organization Development”; New
Brunswick, N.J.: Transaction Publishers, 1990) sugiere que las distintas
tasas de cambio pueden dar origen a tres tipos de cambio.
El cambio “Alfa” donde tanto las variables como las mediciones se mantienen constante; el cambio “Beta” donde tanto las variables como las mediciones se ven alteradas; y el cambio “Gamma” donde además del cambio a que se ha hecho mención en “Beta” se presenta un cambio de paradigma que implica un salto dimensional mayor.
Alvin Toffler (“La creación de una nueva civilización”, Plaza &
Janes , 1995) hace referencia a las tres “T”: tradición, transición y
transformación destacando la necesidad de que las organizaciones de
“esta nueva ola” requieran la habilidad de desarrollar ciertas
habilidades transformacionales para hacer frente a un contexto altamente
cambiante. Peter Senge (“La Quinta Disciplina”; Doubleday, 1990) sugiere
que las organizaciones “exitosas” son aquellas que se caracterizan por
contar con participantes organizacionales que tienen las habilidades no
solo de aprender sino de desaprender prácticas y conceptos
“tradicionales”.
El Desarrollo Organizacional es la disciplina / ciencia / arte que mas
energías ha dedicado para explicar – y eventualmente predecir
eficazmente - el comportamiento de las organizaciones, encontrando su
sustento y apoyo dentro de las Ciencias del Comportamiento.
Hace unos años Eric Gaynor ha desarrollado un trabajo para el “Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas” que ha sido publicado en las revistas de “Ejecutivos de Finanzas” (Mayo de 1996 y Noviembre de 1997). Allí ha hecho mención a la dificultad de integrar los distintos marcos conceptuales (“Best Theories”) con las diferentes prácticas (“Best Practices”).
Los investigadores y académicos se han esforzado en desarrollar marcos conceptuales orientados a predecir como algunas variables en particular pueden impactar sobre los resultados de la organización, y por otro lado los consultores y practitioners han aplicado “Best Practices” que se han ido modificando en el tiempo.
De la diversidad de “Best Theories” entre sí, la variabilidad entre las “Best Practices”, y la falta de integración entre ambas, surge la necesidad de conocer la dimensión del dilema que viven los empresarios, directores y ejecutivos de empresas que necesitan imperiosamente soluciones a los problemas que confrontan en su accionar diario dentro de sus organizaciones.
En su carácter de entidad líder en el mundo en Desarrollo
Organizacional, “Organization Development Institute”, destaca que
incluso dentro de la propia comunidad de expertos en Desarrollo
Organizacional se trata de una comunidad dividida (“Organizations and
Change”, Published by the International Registry of Organization
Development Professionals, The O. D. Institute : Chesterland, Ohio).
En el trabajo desarrollado por Eric Gaynor para el “Instituto Argentino
de Ejecutivos de Finanzas” que ha sido publicado en la revista
“Ejecutivos de Finanzas” se hace mención a una serie de distintas
metodologías y prácticas desarrolladas por los consultores y
practitioners durante los últimos 30 años durante la realización de sus
intervenciones de asesoría, siendo algunas de ellas :
- Gerenciamiento de calidad total (Total Quality Management)
- Aseguramiento de la calidad (Quality Assurance Review)
- Control self-assessment (auto-evaluación de control)
- Customer Relationship Management
- Empowerment
- Supply Chain Management
- Círculos de calidad
- Participative decision making
- Coaching Organizacional
- Time Management
- Benchmarking
- Inteligencia Emocional
- Corporate governance
- Balanced Score Card
- Telemarketing
- Servicios de atención al Cliente
- Risk management
- Re-ingeniería de procesos (Business process re-engineering)
- ISO 9000
- Logística organizacional
- Desarrollo organizacional
- Concurrent engineering
- Quality function deployment
- Mejora continua
- Just-in-time manufacturing
- Time-based management
- Participación en las ganancias (gain sharing)
- Pago por habilidades (pay for skills)
- Broadbanding
- Empowerment
- Warketing
- Neuro-marketing
- Strategic management
- Future search conference
- Equipos de trabajo auto-direccionados
- Teoría Z
- One-minute manager
- Cultura organizacional
- Out-placement
- Downsizing
- Organizational Transformation
- Implementando a Covey
- Desarrollo de Líderes
- Resizing
- Gerenciar caminando (Management by walking around)
- Aprendizaje organizacional
- Out-sourcing
- Presupuesto base Cero
- Scanlon Plan
- Value-based management
- Tablero de Comando
- Activity Based Costing
- Sistema de información gerencial
- Mentoring
- Management by Objectives
- Assessment centers
- Focus groups
- Programación neuro-linguística
- Dirección por competencias
- Six-Sigma
- Lean Management
En su trabajo Eric Gaynor Butterfield señala que la vida “útil”
promedio de estas “Best Practices” es variable y está en el orden de los
10 años, con una duración más extendida como es en el caso de Dirección
por Objetivos y más corta como en la práctica de Administración del
Tiempo.
Esta lista “no-completa”, por decir lo menos, se encuentra en el orden
de los 60. Y ahora resulta fácil comprender a qué se debe la resistencia
de algunos empresarios y directores de empresas a adoptar nuevas y más
eficientes prácticas proclamadas por los consultores y practitioners (el
lector avezado habrá notado que no se han incluido otras prácticas /
metodologías que no han tenido tanta repercusión o que su vida útil ha
sido más corta).
Resulta obvio que si la duración promedio de éstas prácticas ha estado en el orden de los 10 años, y que las mismas tienen vigencia desde hace unos 40 años, entonces han subsistido al mismo tiempo – es decir en forma simultánea – más de siete de ellas ! Es decir, las propuestas de los consultores a los empresarios y directivos de empresa han superado el número de siete para un mismo instante de la vida organizacional, y por lo general ello ha sucedido cuando aún la organización NO se ha beneficiado totalmente con una práctica que resulta anticuada, tal cual lo suelen manifestar los propios asesores y consultores de empresa.
Por lo tanto, y como mínimo, los consultores han estado
proponiendo más de 7 métodos simultáneos a empresarios y directivos de
empresas “como soluciones únicas y siempre más eficientes que las
anteriores que ellas mismas reemplazaban”. Si yo fuera empresario y
escuchara esto de un consultor, debo aceptar que yo también estaría
confundido!
Las técnicas y metodologías arriba mencionadas han sido consideradas
como “Best Practices” por sus promotores, y han estado orientadas a
prescribir qué es lo que caracteriza a una empresa eficiente, eligiendo
principalmente una variable como independiente la cual tendría un
impacto significativo sobre los resultados empresariales.
Pasemos ahora a explorar las contribuciones de los académicos e
investigadores, que están más vinculadas con una “descripción” en lugar
de prescripción. Sus aportes se sustentan por lo general, en el
desarrollo de marcos conceptuales y evidencia empírica como resultado de
investigaciones sistemáticas. Ellos también han hecho contribuciones
relevantes a las organizaciones y empresas. Veamos algunas de estas
“Best Theories”, detalladas por autor (es), tal cual han sido
incorporadas al “estado del arte” de las ciencias del comportamiento y
aplicadas consecuentemente para mejorar la administración y eficiencia
de corporaciones.
Alfred D. Chandler: “Strategy and structure”, MIT Press, 1962.
Alfred P. Sloan: “My years with GN”, Sidgwick & Jackson, 1965.
Alvin W. Gouldner: “Patterns of industrial bureaucracy”, Routledge &
Kegan, 1955.
Amitai Etzioni: “Modern Organizations”, Prentice Hall, 1964.
Arnold S. Tannenbaum : “Control in organizations”, Mc Graw-Hill, 1968.
B. F. Skinner: “The behavior of organisms”; Appleton-Century-Crofts,
1938.
C. Northcote Parkinson: “Big business”, Weidenfeld & Nicholson, 1977.
Carl Frost & R. Ruh, J. Wakely: “The Scanlon plan for O. D.”; MSU, 2001
Charles E. Lindblom: “The policy-making process”, Prentice may 1968.
Charles Perrow: “Organizational Analysis: a sociological view”,
Brooks/Cole, 1970
Chester I. Barnard : “The functions of the executive”, Harvard
University Press, 1938.
Chris Argyris : “Personality and Organization” – Harper & Row, 1957; &
Schon, D. : “Organizational Learning: A theory of action perspective”,
Addison-Wesley, 1978.
D. Katz & R. Kahn: “The social psychology of organizations”, N.Y., John
Wiley, 1978.
D. A. Mc Clelland: “Toward a theory of motive acquisition”, American
Psychologist, 1965.
Daniel Goleman: “La inteligencia emocional”, Bantam Books, 1995.
David Silverman: “The theory of organizations”, Heinemann, 1970.
Derek Pugh and D. J. Hickson: “Organizational structure in its context:
The Aston programme”, Gower Publishing, 1976.
Douglas McGregor: “Leadership and motivation”, MIT press, 1966.
E. Fritz Schumacher : “Small is beautiful: a study of economics as if
people mattered”, Blond & Briggs, 1973.
E. Wight Bakke : “Bonds of Organization”, Archon Books, 1966.
Edgar H. Schein: “Organizational psychology”, Prentice-Hall, 1980.
Edward E. Lawler III: “Pay and organization development”, Addison-Wesley,
1981.
Elliot Jaques: “A general theory of bureaucracy”, Heinemann, 1976.
Elton Mayo: “The social problems of an industrial civilization”,
Routledge & Kegan, 1949.
Eric Trist & others: “Organizational choice”, Tavistock, 1963.
Fred E. Fiedler: “A theory of leadership effectiveness”, McGraw Hill,
1967.
Frederick Herzberg: “Managerial choice: to be efficient and to be
human”, Dow Jones – Irwin,1976.
Frederick W. Taylor: “Scientific Management”, Harper & Row, 1947.
Geert Hofstede: “Cultures and organizations: software of the mind” Mc
Graw-Hill,1991.
Geoffrey Vickers: “Value systems and social process”, Tavistock
publications, 1968.
Harry Braverman: “Labor and monopoly capitalism”, Monthly review press.,
1974.
Henri Fayol: “General and industrial management”, Pitman, 1949.
Henry Mintzberg: “Structures in fives: designing effective organizations”,
Prentice-Hall,1983.
Herbert A. Simon: “The new science of management decision”, Harper &
Row, 1960.
James Burnham: “The managerial revolution”, Penguin, 1962.
James D. Thompson: “Organizations in Action”, Mc Graw- Hill, 1967.
James G. March: “Decisions & organizations”, Blackwell, 1988.
Jeffrey Pfeffer & Gerald, R. Salancik: “The external control of
organizations: a resource dependence perspective”, Harper & Row, 1978.
Joan Woodward: “Industrial organization: theory and practice”, Oxford
U.Press,1965.
John Kenneth Galbraith: “The new industrial state”, Penguin, 1969.
Karl E. Weick: “The social psychology of organizing”. Addison-Wesley:
1969.
Kenneth E. Boulding : “The organizational revolution”, Harper, 1953.
L. Festinger: “”A theory of cognitive dissonance”; Row – Peterson, 1957.
Lawrence P. & Hull; R. : “The Peter principle”, William Morrow, 1969.
Lyndall Urwick & Edward Brech: “The making of scientific management”,Pitman,
1950.
Mary Parker Follett: “Creative experience”, Longmans, 1924.
Max Weber: The theory of social and economic organization”, Free
Press, 1947
Michael T. Hannan & John H. Freeman: “Organizational Ecology” Harvard
University Press, 1988.
Michel Crozier: “The bureaucratic phenomenon”, Tavistock publications,
1964.
Oliver E. Williamson: “Economic organization”, Wheatsheaf books, 1986.
Paul R. Lawrence & Jay W. Lorsch: “Organizations & Environment”, Harvard,
1967.
Peter F. Drucker: “The practice of management”, Harper & Row, 1954.
Philip Selznick: “TVA and the grass roots”; Berkeley, 1949.
Raymond E.Miles & Charles C. Snow: “Organizational strategy, structure
and process”, Mc Graw-Hill, 1978.
Rensis Likert: “New patterns of management”, Mc Graw-Hill, 1961.
Robert Michels: “Political parties”, Dover, 1959.
Robert R. Blake y Jane S. Mouton : “The managerial grid III”, Gulf
Publishing, 1985.
Rosabeth Moss Kanter: “The change masters: corporate entrepeneurs at
work”, Allen and Unwin, 1984.
Thomas J. Peters & Robert H. Waterman: “In search of excellence:
lessons from America´s best-run companies”, Harper & Row, 1982.
Tom Burns: “Industry in a new age”, New society, 1963.
Victor H. Vroom : “Organization Theory”, Penguin Books, 1990.
Victor Thompson: “Modern Organization”. New York: Knopf, 1967
Wilfred Brown: “Exploration in management”, Heinemann educational books,
1960.
William H. Whyte: “The organization man” Penguin, 1960.
William Ouchi: “Theory Z: How American business can meet the Japanese
challenge”, Addison-Wesley, 1981.
Durante el Congreso de Desarrollo Organizacional realizado en Buenos
Aires, Argentina en el año 1999 con el auspicio de “Organization
Development Institute” bajo la presidencia del Dr. Donald Cole, Eric
Gaynor hacía referencia al gran número de “mejores prácticas” arriba
mencionadas como así también a las excelentes y trascendentales
contribuciones de los académicos e investigadores incluidos en el
párrafo anterior bajo el nombre de “Best Theories”. Cada uno de éstos
autores ha realizado contribuciones significativas a las ciencias del
comportamiento, al comportamiento organizacional y también al desarrollo
organizacional.
Todos ellos “hubieran procedido como consultores y practitioners” en
mapas de ruta distintos en sus esfuerzos por aumentar la eficiencia y
efectividad organizacional. La elección que ellos hacen en cuanto a sus
respectivas principales variables “independientes” es distinta, y en la
mayoría de los casos también lo son sus variables moderadoras o
intervinientes.
Eric Gaynor sugiere que si cada uno de estos autores tuviera que
realizar una intervención de consultoría su elección de “punto de
entrada” para dicha intervención es distintiva como así también su
perspectiva y orientación hacia el cambio – desarrollo organizacional.
Hemos hecho mención a más de 60 notables autores, habiendo algunos de
ellos hecho contribuciones de enorme calibre como es el caso de Herbert
Simon (1958) quien ha sido premiado como Nobel de economía por un
trabajo de “microeconomía”.
Día a día nos familiarizamos con prácticas de consultores de empresas
que consideran los aportes de Frederick Taylor como superficiales sin
tener en cuenta que posiblemente nadie llegó a igualar el trabajo de
Taylor en cuanto “a recompensar diferente a personas diferentes”. La
teoría sobre burocracia es erróneamente aplicada por la mayor parte de
los consultores quienes incluso ignoran cuales son las principales dos
dimensiones sobre la cual Max Weber ha desarrollado su trabajo.
En dicho Congreso Eric Gaynor ha mostrado evidencia que la inmensa
mayoría de los directores y ejecutivos de empresas en latinoamérica,
conocen no más del 5 % de los marcos conceptuales correspondientes a los
distintos autores mencionados bajo “Best Theories”. Incluso en el caso
de conocer el nombre del autor no más de la cuarta parte conoce en forma
integral el importante aporte que ellos hacen.
Nos queda un camino bastante largo por recorrer. En este breve artículo
queremos compartir con el lector la importancia de ir a las fuentes
tanto de las “Best Practices” como de las “Best Theories”, y exhibir la
complejidad del “fenómeno observable”, lo que hace necesario tratar a
una situación compleja y variada – como lo es la organización - de una
forma compleja y variada a su vez. A estas alturas un lector avezado que
tiene en cuenta el número de prácticas de intervención y las combina con
los distintos académicos e investigadores seguramente ha llegado a la
conclusión que existe un gran número de opciones a seguir en el proceso
de seleccionar la mejor intervención de Desarrollo Organizacional.
Si hemos conseguido alertar al lector respecto de la importancia de
aprender “desde las fuentes” las distintas opciones posibles a su
disposición cuando realiza su intervención de consultoría, nos hemos de
sentir halagados. Es un buen principio. El enorme número de
intervenciones y trabajos de asesoría en empresas donde no se ha tenido
éxito – por encima del 50 % en los casos de reingeniería – muestra la
necesidad de que el propio consultor debe aprender del stock disponible
de conocimientos a los cuales puede tener acceso. Si los consultores de
empresas continúan desconociendo las “Best theories” se encaminan hacia
resultados magros que le han de resultar sumamente visibles a sus
Clientes. Aún están a tiempo para ser reconocidos por el ejercicio de su
profesión de cambio y desarrollo organizacional, aunque paradójicamente
el cambio y desarrollo del Cliente posiblemente tiene más que ver con
“su propio cambio y desarrollo” que con el del Cliente.
· Un esfuerzo por Integrar lo “conceptual” con las “Best Practices”
En los Estados Unidos de Norteamérica ha tenido su origen lo que se
conoce bajo el nombre de “Organizaciones con alto nivel de
Involucramiento y Compromiso” que pertenece al movimiento de “Calidad de
Vida en el Trabajo” que surgió en la década de los 70 del siglo pasado.
Dentro de las “Organizaciones con alto nivel de Involucramiento y
Compromiso” (AIC) se incluyen una serie de prácticas gerenciales
orientadas a eliminar o por lo menos reducir el enfoque tradicional que
confronta las necesidades del personas con las de la organización.
Una de las principales prácticas gerenciales que se adoptó recibió el
nombre de “Job Enrichment” (Enriquecimiento en el Trabajo). Vamos ahora
a ir a la historia de Job Enrichment que tiene entre sus antepasados a
“Job Specialization”, “Job Rotation” y “Job Enlargement”.
Frederick Taylor (“The principles of scientific management”; Harper &
Row – 1911) hizo un trabajo monumental orientado muy fuertemente hacia
la mejora de la productividad y de la performance dentro de las
empresas, principalmente industriales, que eran logrados como
consecuencia de una fuerte especialización en el trabajo.
Sin embargo los deterioros y muchas de las consecuencias negativas de la
extremadamente alta especialización empezaron a mostrar que existía un
“límite” más allá del cual, una especialización y división del trabajo
afectaba negativamente tanto la productividad como la salud de los
individuos. C. R. Walter y R. Guest (“The man in the assembly line”;
Harvard University Press – 1952) realizaron en la década de los 50 del
siglo pasado un estudio relacionado con la satisfacción de los
trabajadores dentro de la industria automotriz y encontraron que la
mayor parte de ellos estaba razonablemente satisfecho con la paga que
recibían, como así también con las condiciones generales en el trabajo y
la calidad del trato que recibían de sus superiores. Pero sin embargo
una gran mayoría de estos mismos trabajadores expresaron un muy alto
grado de insatisfacción “con el trabajo que ellos mismos estaban
realizando”.
Una conclusión natural de este y otros trabajos hizo que muchos
directivos y gerentes en las organizaciones comenzaran a reconocer que
la especialización en el trabajo puede estar fuertemente relacionado en
forma positiva con la productividad y efectividad, pero que en la medida
que la especialización fuera llevada más allá de cierto límite podría
además conducir a muchas consecuencias de tipo negativas y
disfuncionales.
Como una manera de reducir estos efectos negativos surge casi
inmediatamente después de estos trabajos la práctica de “Rotación en el
trabajo” que consiste básicamente en hacer rotar a los trabajadores en
distintos puestos teniendo en cuenta el supuesto básico de que las
personas tenemos cierto tiempo razonable en que podemos realizar
trabajos muy rutinarios, repetitivos y de alta especialización. Es de
hacer notar que la rotación en el trabajo significa que se siguen
haciendo tareas altamente especializadas incluso dentro de una función
principal – como por ejemplo colocar una arandela “después” de colocar
el tornillo – o colocar la tuerca después de que se colocaba la
arandela.
Hasta ese momento lo único que hacía el obrero era colocar
arandelas después de que “alguien” había colocado un tornillo, y otro
obrero colocaba la tuerca luego de que alguien colocaba la arandela. La
rotación en el trabajo consistía en que la persona que colocaba las
arandelas dejaba de hacerlo y pasaba a colocar las tuercas, lo que
significaba un cambio pero de ninguna manera radical. A pesar de que
muchas organizaciones en los Estados Unidos de Norteamérica adoptaron
esta mejor práctica, no siempre alcanzaron los resultados previstos como
es en el caso de Ford Motor Company y de Prudencial Insurance (Rick W.
Griffin: “Task design: an integrative approach”; Scott – Foresman –
1982).
Podemos concluir en que la rotación en el trabajo puede ser útil en
cuanto a que las personas “conozcan” lo que otros hacen y lo relacionado
con “otras tareas” en la organización pero no debemos asumir que por sí
misma hemos de alcanzar mejoras en la productividad, especialmente a
mediano y largo plazo.
Naturalmente aparece una nueva manera de visualizar la relación entre
las personas y el trabajo que consiste en “Alargar el Trabajo” que
significa un paso algo más allá de la especialización en el trabajo y la
rotación en el trabajo. Bajo la práctica de “Alargar el Trabajo” se
integran un par de tareas en una sola persona; siguiendo el caso
anterior la misma persona bajo esta nueva práctica ahora colocaría la
arandela y “además” colocaría la tuerca. En la práctica significa que
los trabajadores tienen ahora más tareas para realizar que lo que tenían
antes y los esfuerzos por implementarse – como ha sido en el caso de AT
& T, entre otras grandes corporaciones – no siempre llegaron a
satisfacer las expectativas previstas. Ver: H. Conant and M. Kilbridge
“An interdisciplinary analysis of job enlargement: technology, cost, and
behavioral implications”; Industrial and Labor Relations Review – 1965.
Sin lugar a dudas tanto la rotación en el trabajo como el alargamiento
del trabajo tuvieron algún tipo de efecto beneficioso respecto de la
alta especialización en el trabajo, pero los resultados a la vista no
entusiasmaron demasiado a los gerentes y superiores; los obreros no
sentían que realmente su trabajo se había enriquecido. Era como “algo
más de lo mismo”.
Es así que surge el excelente trabajo de Frederick Herzberg & otros (“The
motivation to work”; Wiley and Sons – 1959) que se conoce bajo el nombre
de “Job Enrichment” o enriquecimiento en el trabajo. Ver también:
Frederick Herzberg: “Work and the nature of man”; World Publishing Co. –
1966 y “One more time: How do You motivate employees?”; Harvard Business
Review – 1968). Bajo este enfoque de Herzberg la idea no consiste en
agregar más tareas a su trabajo lo que representa una carga horizontal
sino en enriquecer su trabajo que se orienta más hacia una carga
vertical.
No debemos olvidar que Frederick Herzberg se nutre de la monumental
contribución de James March y Herbert Simon (“Organizations”; Wiley &
Sons – 1958) quienes identificaron algunos aspectos sobre los cuales
Herzberg construyó su modelo de enriquecimiento en el trabajo. Para
March & Simon las personas que están vinculadas con la organización
toman usualmente dos distintos tipos de decisiones:
a. la de concurrir que está ligada con los niveles de satisfacción del
participante organizacional, su relativa (baja) rotación del personal y
su tendencia a permanecer en la empresa; que contrasta con
b. la decisión de producir que puede estar ligada a ciertos niveles de
insatisfacción.
A lo cual se debe agregar el cuestionamiento que hacen estos dos
excelentes autores respecto de la relación entre la variable
“satisfacción del empleado” y nivel “de performance”. Hasta ese momento
muchos estaban interesados en aumentar el nivel de satisfacción del
performance bajo la hipótesis básica de que un empleado satisfecho era
un empleado productivo mientras que para March y Simon esta relación no
es tan clara ni unívoca. Ciertos grados de insatisfacción están a veces
vinculados con altos grados de productividad y además es posible que
sean más bien los empleados más productivos quienes sean los empleados
satisfechos.
Volviendo ahora a Frederick Herzberg identificamos que esta carga de
trabajo vertical que el autor concibe en lugar de la carga horizontal a
que estaban sujetos bajo “rotación en el trabajo y alargamiento del
trabajo” incluye los siguientes aspectos (Moorhead & Griffin:
“Organizational behavior: Managing people and organizations”; Houghton
Mifflin – 1995):
1. El personal debe responder por lo que ellos hacen. Fíjense que
estamos hablando de una palabra – anglicismo – que es Responsabilidad y
que NO es un error de imprenta. No queremos decir responsabilidad sino
más bien responsabilidad que se relaciona con tener que responder por lo
que no hacemos correctamente. (Es muy probable que dentro de las
culturas latinoamericanas muchas personas no respondan por las cosas
equivocadas que hacen en sus empresas ante los Clientes, por el hecho
que no contamos con una palabra apropiada. Dentro del idioma inglés
existe una distinción clara entre responsabilidad (responsibility) y
respondabilidad (accountability).
2. Los trabajadores deben estar convencidos de que están haciendo algo
importante lo que está relacionado con la orientación hacia el Logro de
David A. Mc Clelland (“Toward a theory of motive acquisition”); American
Psychologist – 1965).
3. Todo participante organizacional debe recibir feedback de manera
directa y clara respecto de su performance y en relación con las
expectativas que se tenían de él. (Ver: “Suicidio Profesional o
Asesinato Organizacional” del Dr. Donald W. Cole y Eric Gaynor
Butterfield; Ed. The Organization Development Institute International,
Latinamerica – 2003).
4. Está demostrado que las personas son más productivas en la medida que
ellos mismos puedan disponer en alguna medida respecto de su propio
ritmo de trabajo, nivel de activación, y nivel de estrés “propio y
estimulante”. Por supuesto que esto no es siempre posible pero se puede
mejorar los estándares a que el personal está usualmente acostumbrado.
5. Todo trabajo requiere de una serie de recursos que son indispensables
para la efectiva ejecución de su trabajo. Y una de las tareas que tiene
la gerencia y los superiores es la de proveer los recursos que realmente
son necesarios.
6. Las personas por lo general podemos vivir con un pasado muy doloroso
y también con un presente que no es el ideal, pero de todas maneras
necesitamos “vislumbrar nuestro futuro deseado” (Eric Gaynor
Butterfield: Congreso de Desarrollo Organizacional; Argentina – 1997).
Por lo tanto, y en relación a este punto, los superiores deben tener en
cuenta las necesidades y oportunidades que tiene su personal en cuanto a
aprender nuevas habilidades, nuevos trabajos y capacitarse para
enfrentar los desafíos y oportunidades en el futuro.
Con el propósito de ilustrar puntualmente la concepción y apropiada
práctica a que hace referencia Frederick Herzberg se incluye a
continuación el artículo del autor en Harvard Business Review – 1987 que
fue incluido en Moorhead & Griffin (ya citado), donde se hace referencia
a la “carga vertical en el trabajo” el cual es reproducido literalmente
y en inglés (son 7 principios y cada uno ellos es acompañado por algunos
factores motivacionales o fuerzas motivadoras:
“Principle A: Removing some controls while retaining accountability.
Motivators involved: Responsibility and personal achievement
Principle B: Increasing the accountability of individuals for their own
work. Motivators involved: Responsibility and recognition.
Principle C: Giving a person a complete natural unit of work (module,
division, area and so on). Motivators involved: Responsibility,
achievement, and recognition.
Principle D: Granting additional authority to an employee in his
activity; job freedom. Motivators involved: Responsibility, achievement
and recognition.
Principle E: Making periodic reports directly available to the worker
itself rather than to the supervisor. Motivators involved: Internal
recognition.
Principle F: Introducing new and more difficult tasks not previously
handed. Motivators involved: Growth and learning.
Principle G: Assigning individuals specific or specialized tasks,
enabling them to become experts. Motivators involved: Responsibility,
growth and advancement.
Diferentes investigadores han encontrado resultados dispares como
consecuencia de sus evaluaciones respecto de programas de
Enriquecimiento en el trabajo. Un trabajo desarrollado en Texas
Instruments (E. Weed: “Job enrichment cleans up at Texas Instruments”;
New perspectives in job enrichment – 1971) muestra mejoras en reducción
de costos, mejora de performance en algunos indicadores y una menor
rotación en el trabajo de parte de los trabajadores. Pero por otro lado
en otras empresas no se alcanzaron resultados positivos (Griffin &
McMahan: “Motivation through job design”).
En el libro de Moorhead & Griffin (ya citado) se hace mención a algunas
críticas respecto de esta práctica gerencial de enriquecimiento del
trabajo las que son reproducidas más abajo, también literalmente y en
inglés:
“Other specific criticisms of job enrichment include the following:
1. Many reports of the success of job enrichment programs have been
evangelical in nature; that is, the authors of these studies overstate
the potential benefits of job enrichment and minimize its pitfalls.
2. Evaluations of job enrichment programs often have been
methodologically flawed. Many studies have been poorly designed, making
the results subject to alternative explanations.
3. Few failures have been reported in the literature, although some job
enrichment programs have probably not achieved their goals. Without
information about these failures, developing a full understanding of job
enrichment is difficult.
4. Situational factors seldom have been assessed. Some situations
probably are more favorable to job enrichment efforts than others.
Unfortunately, we have not developed an understanding of the factors
that lead to success or failure.
5. Economic data pertaining to the effectiveness of job enrichment are
rare. Because job enrichment often is an expensive proposition, managers
need a carefully developed procedure for evaluating the technique´s
costs and benefits. Such procedures have not been developed” (J. Richard
Hackman: “On the coming demise of job enrichment”; in Man and work in
society – 1975).
Tenemos otras practices gerenciales vinculadas con el enfoque de
“Organizaciones altamente involucradas y comprometidas”, como es el caso
de participación en la toma de decisiones, equipos auto-dirigidos, total
quality management, planes de compensación innovadores, eliminación de
niveles jerárquicos, y eliminación o reducción de prácticas
burocráticas, entre otras.
Vamos a tomarnos unos minutos – un break de no más de 15 minutos – y a
nuestro regreso hemos de realizar algunas dinámicas para tratar de
vincular estos conocimientos compartidos durante esta jornada con
vivencias y experiencias de ustedes, los participantes.
Y posiblemente tengamos que dejar para el día de mañana la aplicación de
las demás prácticas gerenciales a las que hacemos mención más arriba.
Muchas gracias por compartir. Y tengan un buen descanso, aunque corto.
Eric Gaynor Butterfield informesarrobatheodinstitute.org Ph. D. (abd) - Presidente The Organization Development Institute International, Latinamerica (Board member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org
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