Hay ocasiones en que una importante relación de negocios se encuentra
dañada (una relación con un socio estratégico de negocios, un importante
proveedor, etc). En este punto crítico, una de las opciones que tenemos
es hacer un "relanzamiento" de la relación, en vez de permitir que se
extinga. Resulta interesante ver cómo conceptos de marketing pueden
emplearse en cuestiones de otra índole.
¿Qué hacemos si nuestra relación con un proveedor o socio de negocios
clave no nos rinde? Si ya pasamos por esto, tal vez hayamos optado por
una de estas 3 opciones:
1) Terminar la relación y buscar un nuevo proveedor o socio de negocios
.
2) Dejar que la relación muera por sí sola (esto es, alejarnos poco a
poco hasta que termine el contrato, para evitar un choque directo)
3) Invertir recursos en la relación (tiempo, dinero, gente)
El problema es que estas alternativas siempre nos acarrearán pérdidas de
algún tipo, sobre todo cuando este socio o proveedor ocupa un lugar
clave.
Veamos:
1) Por un lado, terminar la relación nos puede resultar imposible o
demasiado caro (porque hay que buscar otro proveedor, adaptarse, lograr
que se adapte, negociar, etc.). Perdemos tiempo y dinero .
2) Dejar morir la relación, en vez de terminarla directamente (para así
evitar el conflicto) tampoco es efectivo. Esto hará que tanto nosotros
como la otra parte nos alejemos al punto tal de que sólo cumpliremos con
lo mínimo indispensable que exige el contrato. Mantener una relación así
no nos resulta beneficioso. Durante el tiempo que se mantenga esta
relación "agonizante" ninguno de los dos trabajaremos en pos del
beneficio del otro.
3) Por último, a veces el invertir en la relación es como tratar de
"salvar lo insalvable". Cuando el problema es de raíz, intentar remontar
la relación invirtiendo más recursos sólo nos generará los mismos
resultados pero con mayores costos.
Por ello, en estos casos tal vez debemos plantearnos una cuarta
alternativa: "relanzar la relación". Esto consiste en comenzar de nuevo,
olvidando el pasado, haciendo un corte con la historia de la relación,
ubicándonos en la nueva realidad y proyectándonos a nuevos objetivos
comunes.
Para poder lograrlo, ambas partes necesitamos:
· reconocer que algo anda mal
· mantener una postura "humilde" y transparente para admitir los errores
cometidos en ambos lados
· encontrar nuevos objetivos comunes y estar convencidos de que la
relación es profundamente beneficiosa para ambos
· alinear todos nuestros recursos para generar una nueva relación
Si elegimos este camino, el de comenzar una nueva relación con nuestros
proveedores (una suerte de "segundas nupcias"), lo primero que debemos
hacer es analizar profundamente qué fue aquello que dañó nuestra
relación. No queremos caer en los mismos errores.
Si bien esto a veces no resulta tan fácil descubrirlo, sepamos que "todo
conflicto es producto de un acuerdo roto" (acuerdo explícito o
implícito), con lo cual, seguramente el problema es porque ellos se
comportaron de una manera que no esperábamos, o nosotros no cumplimos
con algo que ellos suponían que debíamos hacer, o ambas.
Si una de las partes claramente no cumple con lo estipulado en el
contrato, no es difícil hallar el origen del problema. Pero muchas veces
(tal vez la mayoría) los conflictos se dan por el incumplimiento de
cuestiones tácitas. Quizás nosotros suponemos que a ellos les
corresponden ciertas funciones que ellos, por el contrario, creen que no
son su responsabilidad. O bien nuestros proveedores o socios están
convencidos de brindarnos un buen servicio, cuando nosotros no lo
percibimos así, por tener distintos patrones de medición (algo que para
nosotros está "mal" para ellos puede ser visto como "normal").
Algunas cuestiones que dan lugar a este tipo de relaciones "quebradas"
son:
· Falta de métricas claramente definidas, para evaluar objetivamente el
desempeño de ambas partes. Así, para nosotros el recibir un pedido de
mercadería a los 5 días de realizado puede ser mucho tiempo, cuando para
ellos es el tiempo óptimo
· Definición poco clara de las funciones y responsabilidades de cada
parte. Debemos especificar qué tareas y responsabilidades nos
corresponden a cada uno.
· Desconfianza, como resultado de malos entendidos y frustraciones
acumuladas
· Procedimientos operativos (sistemáticas de trabajo) o contratos que ya
no resultan satisfactorios
· Inhabilidad para resolver el "dilema de la colaboración": para que
ambas partes podamos crear valor, es necesario compartir información,
pero si les damos demasiada información, tal vez puedan aventajarnos.
De una forma u otra, en general los conflictos se dan por una falta de
comunicación y criterio común, donde no queda claro qué se espera de
cada uno.
Concluyendo:
En definitiva, si tenemos problemas con nuestros socios de negocios o
proveedores, procuremos:
1) reconocer el problema rápidamente y tratarlo
2) generar los cambios de base necesarios: no sirve gastar más recursos
para obtener los mismos resultados
3) Definir claramente qué se espera de cada parte, determinando las
funciones y responsabilidades de cada uno y estableciendo métricas de
desempeño, para poder evaluar si lo que se acordó se está cumpliendo.
4) Finalmente, habrá que monitorear el desarrollo de esta relación a lo
largo del tiempo, mientras se va trabajando en equipo.
Patricio Gómez Pawelek pgomezarrobaestudiojoszpa.com Licenciado en Comercialización. Trabaja como consultor de Empresas en una Consultora. También es responsable del Área de Marketing y de los Procesos de Búsqueda y Selección de Recursos Humanos.
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |