Introducción
Distintas definiciones giran en torno a la calidad. Para Deming calidad
significa ofrecer a los clientes productos y servicios confiables y
satisfactorios a bajo costo. En tanto que para Juran, lo importante es
que el producto o servicio sea adecuado para su uso, para Crosby, la
calidad es el cumplimiento de los requerimientos de calidad de cada
compañía, o dicho de otra forma, dar cumplimiento a las
especificaciones.
Partiendo de una perspectiva diferente podemos definir la calidad como
el compromiso ético con la excelencia, porque sólo una empresa que ha
definido en sus valores supremos el generar productos y servicios de
calidad, estará realmente comprometida en su consecución.
La excelencia debe perseguirse como un objetivo estratégico a los
efectos de mantener la competitividad, pero también constituye una
filosofía de vida y una ética de trabajo. Llevar a la empresa a la cima
mediante la generación de productos y servicios de alto nivel con un uso
eficiente de los recursos debe ser el objetivo supremo de directivos y
personal de la empresa.
Cada directivo y empleado debe sentirse orgulloso de los productos y
servicios que genera, de tal forma la calidad se convierte en un fuerte
elemento motivador, con lo cual da lugar a una espiral de crecimiento en
los niveles de calidad y satisfacción.
La calidad debe comprender todos los rincones de la empresa. Si no se
genera calidad interna, mal puede ofrecerse una calidad apropiada a los
agentes externos. Por ello la calidad se construye y genera en cada
actividad, tarea y proceso de la compañía.
Entre la técnica más importante para tales fines tenemos el
Despliegue de la Función de Calidad (QFD), el cual sirve para realizar
todo este proceso de traducción, ayudando a que la voz del cliente se
despliegue a través de toda la organización.
La función de despliegue de la calidad tiene como objetivo asegurar que
se cumplan las expectativas del cliente desde el diseño del producto,
durante su proceso de manufactura, y hasta que es utilizado por el
consumidor. En japonés se le llama ten kai lo cuál significa
“despliegue”, refiriéndose a la idea de llevar las necesidades y
expectativas del cliente expresados en su lenguaje (voz del cliente) a
todos los involucrados en la organización, e ir en cada etapa
“traduciéndolas” al lenguaje apropiado.
Determinar las especificaciones de los insumos, partes y procesos
El procedimiento completo del QFD abarca cuatro fases. En la primera,
que se enfoca en el diseño general del producto o servicio, se
relacionan y evalúan los atributos requeridos por el cliente con las
características técnicas del producto, lo cual da como resultado las
especificaciones de diseño.
n las siguientes fases la correlación y evaluación se realiza entre
las especificaciones de diseño y las características de los principales
componentes o partes del producto (fase de diseño a detalle), resultando
las especificaciones convenientes para éstas; después las
especificaciones de los componentes y partes se correlacionan y evalúan
con las características del proceso de producción (fase de proceso),
obteniendo como resultado las especificaciones de éste; finalmente, las
especificaciones del proceso con las características de producción (fase
de producción), para tener las especificaciones de producción más
apropiadas.
Esta filosofía se basa en que resulta mucho más sencillo incorporar la
calidad en esta etapa que forzar a que la tengan productos con diseños
complicados y procesos excesivamente complejos. Difícil resulta que los
productos alcancen un alto nivel de calidad a bajo costo si desde un
principio no se han analizado y evaluado convenientemente las
características del producto, y por lo tanto el efecto que ello tiene en
el diseño de los procesos.
La planificación de productos y procesos se llevará a cabo por medio del
Despliegue de Función de Calidad (QFD) con el cual se planifica el
diseño en base a los requerimientos de los consumidores y se seleccionan
las alternativas de diseño más adecuadas; el Análisis Modal de Fallas y
Defectos (AMFE) con el cual se validan los diseños en base a los fallos
potenciales que pueden presentar y su corrección; y el Diseño
Estadístico de Experimentos (DEE) que permite optimizar los diseños en
base a las variables que los configuran para obtener la calidad más
elevada al mínimo costo.
Planificación
Planificar para la calidad, o tomar con la debida consideración la
calidad en la planificación es el tema fundamental de este cuarto punto.
Si la calidad debe invadir todas las áreas, actividades y procesos de la
organización, es fundamental que ésta tome en cuenta la calidad en cada
una de las funciones fundamentales del proceso administrativo, siendo la
primera de las funciones la planificación. En la planificación
estratégica es fundamental fijar los valores de la organización. Los
valores son la convicción básica de que una forma de conducta o
comportamiento específicos son preferibles a otros. Por tanto en una
organización que pretenda la excelencia deberá fijarse como uno de sus
valores trascendentes la calidad total y su mejora continua.
La planificación concebida como la selección de misiones y objetivos, y
estrategias, políticas, programas y procedimientos para lograrlos debe
tener en la calidad un punto de referencia. Cuando de objetivos de
calidad se trata, la norma ISO 9004 define los objetivos de calidad como
elementos fundamentales de calidad, tales como la aptitud para el uso,
función, seguridad y confiabilidad.
Además, menciona el cálculo y la evaluación de los costes asociados
con todos los objetivos de calidad. Continúa sugiriendo que los
objetivos específicos de calidad se documenten y sean consistentes con
la política de calidad, así como con los otros objetivos de la
organización.
“El requerimiento de definición de los objetivos es uno de los más
importantes requerimientos. Sin objetivos de calidad no existe ninguna
meta que alcanzar, el sistema se paraliza, no existe ninguna mejora y no
se tienen indicaciones de si se están haciendo bien las cosas. Hay dos
tipos de objetivos de calidad, los que sirven para el control de calidad
y los que sirven para el mejoramiento de la calidad”.
Si bien la Dirección es la responsable por la planificación y fijación
de objetivos, debe lograrse la participación plena de todo el personal
de la empresa a los efectos de comprometerlos con la consecución de
tales objetivos. Siempre debe recordarse que no hay compromiso sin
participación.
Hay cinco tipos de objetivos de calidad:
Objetivos para el funcionamiento del negocio, dirigidos a los mercados,
al entorno y a la sociedad.
Objetivos para el funcionamiento del producto o servicio, dirigidos a
las necesidades del cliente y a la competencia.
Objetivos para el funcionamiento del proceso, dirigidos a la capacidad,
eficiencia, y efectividad del proceso, su utilización de recursos y su
control.
Objetivos para el funcionamiento de la organización, dirigidos a la
capacidad, eficiencia y efectividad de la organización, su sensibilidad
al cambio, el entorno en que las personas trabajan, etc.
Objetivos para el funcionamiento del trabajador, dirigidos a las
habilidades, conocimientos, capacidad, motivación y desarrollo de los
trabajadores.
La realización de los objetivos de calidad implican la necesidad de
elaborar una Programa de calidad anual. El programa debe ser establecido
e implementado en cada departamento o, en pequeñas empresas, un único
programa que cubra a la organización en su totalidad.
Fijados los objetivos resulta crucial determinar las estrategias y
tácticas para su consecución. Para ello es de importancia trascendente
la inclusión de la calidad en los presupuestos con el fin de destinar
las partidas necesarias para las actividades de prevención y evaluación.
De nada servirá fijar objetivos si luego no se asignan recursos a los
efectos de poder hacerlos realidad.
Organización
Consistente en establecer una estructura intencional de roles para que
sean ocupados por miembros de la organización. Así toda organización
crea una estructura para facilitar la coordinación de actividades y para
controlar los actos de sus miembros. La estructura misma está compuesta
de tres elementos.
El primero se refiere al grado en que las actividades de la
organización se descomponen o diferencian. Esto se llama complejidad. En
segundo lugar tenemos el grado en que se usan reglas o procedimientos,
llamándose al mismo formalismo. Y por último tenemos la centralización,
la cual se refiere al punto donde radica la autoridad para la toma de
decisiones.
Entre los tipos de complejidad tenemos que diferenciar la horizontal, de
la vertical y la espacial. Las diferencias horizontales consideran el
grado de separación horizontal entre las unidades. Cuanto mayor es la
cantidad de ocupaciones diferentes en una organización que requieren
conocimientos y habilidades especiales, tanto más compleja es la
organización en el plano horizontal, porque las diferentes orientaciones
dificultan que los miembros de la organización se comuniquen y que la
administración coordine sus actividades.
Cuando las organizaciones tienen problemas de coordinación porque los
contadores de costos no pueden comprender las prioridades de los
ingenieros industriales o porque el personal de mercadotecnia tiene
metas que se oponen a las del personal de créditos, la fuente de los
problemas son las diferencia horizontales. Superar este inconveniente
implica derribar los muros, superar la estructura de “silo”, y
concentrarse en el producto o servicio en lugar de las funciones.
En muchas oportunidades está complejidad horizontal se ve incrementada
por la competencia intergrupal. Este problema existe porque a medida que
los grupos se comprometen más con sus propias normas y metas, empiezan
también a competir más entre ellos y a subestimar lo que los demás
hacen, convirtiéndose así en una carga para la organización. El gran
problema es entonces cómo establecer relaciones intergrupales que
aseguren la colaboración en aquellas situaciones en donde la
interdependencia de la tarea o la necesidad de lograr unidad hace que la
colaboración sea un requisito necesario de la efectividad
organizacional.
Las diferencias verticales se refieren a la profundidad de la jerarquía
de la organización. Cuanto más niveles existan entre los altos mandos y
los operativos, tanto más compleja es la organización. Esto se debe a
que hay más posibilidades de que se distorsione la comunicación, es más
difícil coordinar las decisiones del personal administrativo y la alta
dirección tiene más dificultad para supervisar estrechamente los actos
del personal operativo cuando existen más niveles verticales.
Es mucho más probable que la información se distorsione o
malinterprete si tiene que pasar por ocho o diez niveles de la jerarquía
administrativa que si sólo tiene que pasar por dos o tres niveles. De
ello se concluye que las organizaciones que persiguen la competitividad
deben disminuir el nivel de jerarquías al mínimo.
En cuanto a las diferencias espaciales, éstas se refieren al grado de
dispersión geográfica de la ubicación de las instalaciones física y el
personal de la organización. Conforme las diferencias espaciales
aumentan, también lo hace la complejidad, porque se dificulta la
comunicación, la coordinación y el control. Una organización que
persigue el máximo de calidad está obligado a la descentralización y el
empowerment como forma de superar este tipo de complejidad.
El segundo componente de la estructura es el formalismo. Este término se
refiere al grado de estandarización de los trabajos de la organización.
Es obvio que una organización que persigue la calidad deberá
estandarizar su producción tanto de bienes cómo de servicios.
El término centralismo se refiere al grado en que la toma de decisiones
se concentra en un sólo punto de la organización. Si la alta dirección
toma las decisiones clave de la organización con poca o ninguna
aportación del personal de niveles bajos, la organización es
centralizada. Una organización moderna que persigue la calidad y
satisfacción de los consumidores debe perseguir el mayor nivel de
descentralización posible, siendo ello conducente con las prácticas de
las actividades de grupos pequeños, como el caso de los Círculos de
Control de Calidad. Ello es así pues en una organización descentralizada
se pueden tomar medidas más rápidas para resolver problemas, siendo
mayor el número de personas que realizan aportaciones a la hora de tomar
decisiones, siendo al mismo tiempo menos probable que los empleados se
sientan ajenos a quienes toman las decisiones que afectan a los niveles
de calidad.
El análisis de cada tipo de organización en función a los productos o
servicios que genera, determinará los niveles y tipos de: complejidad,
formalismo y centralización que se requieran para el logro del más alto
nivel de calidad y satisfacción de los clientes, haciendo un uso óptimo
de los recursos.
En una empresa industrial promedio que pretende la excelencia, deberá
disminuirse los niveles de complejidad tanto vertical como horizontal,
incrementar el formalismo a los efectos de una estandarización de su
producción y, disminuir la centralización en las decisiones a los
efectos de favorecer el empowerment y autocontrol.
Dirección
Al hablar de dirección, nos estamos refiriendo al proceso de influir
sobre las personas para que contribuyan a las metas de la empresa en
materia de calidad y productividad.
Cuando de dirección de calidad se trata, debemos concentrar nuestro
análisis en los altos niveles directivos, pues como Juran comprobó, la
parte más importante de los problemas, aproximadamente en alrededor de
un 80%, está fuera del control de los trabajadores. Por tal motivo si
los empleados realizaran siempre de la mejor forma su actividad, sólo
desaparecería una quinta parte del total de los problemas.
El porcentaje más alto de las dificultades reside en los procesos,
métodos, sistemas, políticas, equipo, materiales, hechos que sólo los
directivos pueden cambiar.
Mientras se continúe personalizando las dificultades, es decir, mientras
sólo se atine a averiguar quién o quienes son los culpables, las mismas
seguirán existiendo, pues lo más probable es que las causas se
encuentren no en la personas sino en el sistema. Culpar a los empleados
es una estrategia poco eficaz para conseguir el mejoramiento; las
grandes oportunidades, la mayor ventaja, consiste en mejorar los
procesos de trabajo.
Control
El control de calidad es un proceso para mantener estándares, los cuales
se mantienen mediante un proceso de selección, medida y corrección del
trabajo, de modo que todos los productos o servicios que surjan del
proceso cumplan los estándares.
El control de calidad debe efectuarse siguiendo los siguientes pasos:
· Determinar qué parámetros deben controlarse o hacerse objeto de
medición.
· Establecer su grado de criticidad y, si es necesario, el control
antes, durante o después de producir los resultados.
· Establecer una especificación para el parámetro que se desea controlar
que proporcione límites de aceptabilidad y unidades de medida.
· Instalar, cuando corresponda y sea factible, un sensor en un punto
apropiado del proceso que detecte la variación respecto de la
especificación.
· Recoger y transmitir los datos al lugar de análisis.
· Verificar los resultados y diagnosticar la causa de la variación.
· Proponer remedios y decidir la acción necesaria para restablecer el
status quo.
· Tomar las medidas convenidas y comprobar que se ha corregido la
variación.
Es menester distinguir entre los controles de resultados y los controles
de procesos. Los primeros verifican el resultado (variable o atributo)
final de un proceso, sea éste un producto o servicio. En tanto que el
control de procesos verifica tanto el funcionamiento de los procesos,
cómo la calidad de los insumos.
De tal forma, asegurando la calidad de los procesos y componentes, se
asegura el resultado final.
Cuando de control se trata hay tres etapas a distinguir, la primera
consiste en la recolección de los datos o mediciones, la segunda en el
procesamiento, análisis e interpretación, y la tercera, en las medidas a
adoptar para corregir las causas raíz de los problemas o desviaciones
observados.
El Tablero de Comando
Mediante la implementación de un software de Tablero de Comando puede
integrarse la gestión de la Calidad Total, pues definidos los puntos de
control, las mediciones a efectuar y las especificaciones a cumplir, se
determina la responsabilidad de los participantes en el proceso,
monitoreándose de manera regular el buen funcionamiento del sistema y
los resultados que el mismo genera.
De tal forma, por medio de terminales ubicadas en los puntos de control
predeterminados, los directivos sabrán al instante de la calidad de los
procesos, como así también dispondrán de una alarma ante desvíos a los
límites de control.
De igual forma cualquier desvío a los límites de control debe determinar
una señal (andón) para las demás etapas anteriores del proceso a los
efectos de verificar y/o comprobar los problemas que originan las
desviaciones.
Al tratar acerca de los controles, no sólo debemos tomar en
consideración las mediciones o durabilidad de los productos, sino
también los niveles de satisfacción de los clientes y los niveles de
costos asociados a la existencia o falta de calidad.
Conclusiones
Se ha visto en el presente trabajo la Calidad Total desde una
perspectiva diferente. Perspectiva que hace hincapié en la
responsabilidad ética de la empresa, de sus directivos y empleados en
cuanto a la obligación de generar productos de calidad.
Calidad que sólo es concebible en un proceso de mejora continua. Mejora
continua no sólo considerado en el sentido de generar el producto “a la
primera”, de cumplir con las especificaciones y de hacerlo apto para el
uso, sino también en el cumplimiento a valores relativos a los
principios de seguridad en su producción y uso, evitando la
contaminación ambiental tanto en su proceso productivo, como en su
consumo y posterior eliminación, y además generando productos o
servicios que por su costo y diseño otorguen un real valor agregado para
los clientes y consumidores.
Luego tenemos los puntos clave en la obtención de la Calidad Total,
haciéndose en ellos en primer lugar un fuerte hincapié en la debida
concientización de directivos y propietarios, como así también en la
necesidad de establecer cuales son las reales y autenticas necesidades
de los consumidores. Para pasar luego a resaltar como las diferentes
funciones administrativas cobran una especial trascendencia en la
búsqueda de la calidad. Cómo planificar?, cómo organizar?, cómo dirigir?
y cómo controlar?, son las preguntas a las cuales se ha tratado de dar
respuesta, pues muchos hablan de calidad, pero muy pocos meditan acerca
de las necesidades de cambios en la forma de administrar que ello trae
aparejado.
Por último se desarrolla la utilización del Tablero de Comando como un
instrumento destinado a servir a los efectos de un más rápido control e
información acerca de los niveles de calidad existente en los procesos y
productos o servicios generados por aquellos.
Bibliografía
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Seis Sigma. Hacia un nuevo paradigma en gestión – Mauricio Lefcovich –
www.sht.com.ar - 2003
Gestión de Calidad para la Excelencia – Mauricio Lefcovich –
www.gestiopolis.com - 2004
Desarrollo de una Cultura de Calidad – Humberto Cantú Delgado – McGraw
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Control de Calidad – Jerry Banks – Editorial Limusa – 1998
Construir Cultura de Calidad Total – Batten – Iberoamérica – 1993
Autoestima y gestión de la calidad – Cruz – Iberoamérica – 1996
Control Total de la Calidad – Feigenbaum – CECSA – 1995
Teoría y Diseño Organizacional – Richard Daft – Editorial Thomson – 1999
Comportamiento Organizacional – Judith Gordon – Prentice Hall – 1997
Modelos de Excelencia en la Gestión – Bentran / Hirsch / Kalbermaten /
Munk – Editorial EUDEBA – 2003
En busca de la excelencia – Thomas Peters y Robert Waterman Jr. –
Editorial Atlántida – 1982
Creación del Valor. La clave de la gestión competitiva – William A. Band
– Editorial Díaz de Santos – 1991
Gerencia Moderna – Robert Séller – Editorial Macchi – 1994
Dr. Mauricio Lefcovich. Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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