La motivación es un fenómeno complejo.
Se puede definir de múltiples maneras. Se puede abordar desde distintas
perspectivas.
Su relación con otros fenómenos organizacionales no siempre es muy
clara.
La intención del artículo es presentar una definición comprehensiva de
motivación en el trabajo, describir las dimensiones y el proceso de la
motivación, revisar algunas clasificaciones importantes (extrínseca e
intrínseca, positiva y negativa, micro y macromotivación), y discutir
las relaciones entre motivación, desempeño y satisfacción laboral.
1. Introducción
El concepto de motivación es utilizado en diversos contextos y con
distintos sentidos. Variados son los énfasis que se ponen a la hora de
intentar definirla. La motivación es, además, un fenómeno altamente
complejo, al cual puede uno acercarse desde diferentes perspectivas. El
presente escrito es una aproximación a la motivación en el trabajo y a
su relación con otros fenómenos esenciales del comportamiento
organizacional, como el desempeño y la satisfacción laboral.
2. Intento de definición
En el estudio del comportamiento humano en el trabajo hay pocos temas
tan atractivos como el de la motivación. Siempre ha existido interés por
conocer las razones por las cuales la gente actúa de una determinada
forma. Las herramientas teóricas para lograr tal conocimiento distan de
ser consensuales. El término motivación ha sido usado en diversos
sentidos. Definirlo implica moverse entre algunas alternativas que hacen
énfasis en uno o en otro aspecto del fenómeno. La motivación ha sido
conceptualizada como un estado interno que provoca una conducta; como la
voluntad o disposición de ejercer un esfuerzo; como pulsiones, impulsos
o motivos que generan comportamientos; como fuerza desencadenante de
acciones; como proceso que conduce a la satisfacción de necesidades...
Con el tiempo han terminado por imponerse estas dos últimas
concepciones: la posición de quienes definen la motivación como una
fuerza o conjunto de fuerzas, y la visión de quienes la conciben como un
proceso o serie de procesos. En el seno de estas dos tendencias se
presentan múltiples definiciones, algunas muy sencillas y generales,
otras más completas y precisas. Tratemos de encontrar un concepto que
sea comprensible y útil.
Como ya se anunció, algunos autores conciben la motivación como una
fuerza o conjunto de fuerzas. De la Torre (2000, p. 35), por ejemplo,
señala que la motivación es la “fuerza que impulsa al sujeto a adoptar
una conducta determinada” . Gibson, Ivancevich y Donelly (2001, p. 145),
dentro de la misma perspectiva, la definen como “fuerzas que actúan
sobre el individuo o que parten de él para iniciar y orientar su
conducta”. En esta última definición quedan incorporados explícitamente
el aspecto externo de la motivación y dos importantes elementos de la
conducta que ella genera: la iniciación y la direccionalidad. Hellriegel
y Slocum (2004, p.117) introducen en su definición la finalidad de la
conducta, cuando conciben la motivación como “fuerzas que actúan sobre
una persona o en su interior y provocan que se comporte de una forma
específica, encaminada hacia una meta”.
Otros autores prefieren definir la motivación como un proceso. Parece
más útil definirla de esa forma. La motivación no es un fenómeno
directamente observable. Se infiere a partir de conductas específicas.
Por lo tanto, su definición debe sugerir una sucesión de eventos que van
desde la necesidad inicial hasta la conducta satisfactoria de esa
necesidad.
Así, Reeve (2003, p. 5) define de manera sencilla la motivación como un
conjunto de “procesos que proporcionan energía y dirección a la
conducta”. Robbins (2004, p.155), con un poco más de precisión, la
concibe como una serie de “procesos que dan cuenta de la intensidad,
dirección y persistencia del esfuerzo de un individuo por conseguir una
meta”. Kinicki y Kreitner (2003, p. 142) introducen la voluntariedad de
la motivación cuando la conceptualizan como “procesos psicológicos que
producen el despertar, dirección y persistencia de acciones voluntarias
y orientadas a objetivos”.
Partiendo de estas últimas consideraciones, intentaremos elaborar una
definición de motivación en el trabajo que sea generalizadora y
comprehensiva, y que además incorpore no sólo la satisfacción de
necesidades personales, sino también el logro de metas organizacionales.
Empecemos por distinguir los elementos fundamentales que subyacen en las
anotaciones anteriores:
La motivación solamente puede inferirse a partir de la conducta
observable que aquella genera.
Estando vinculada a una necesidad y a una conducta satisfactoria, parece
más lógico definir la motivación como un proceso, integrado por un
encadenamiento de eventos que van desde la conciencia de la necesidad
hasta la satisfacción de la misma.
La motivación tiene componentes internos (necesidades propias del
organismo humano) y elementos externos (presiones ejercidas por el
ambiente sociocultural en el cual el individuo está inmerso)
La motivación tiene tres efectos sobre la conducta: la inicia, la dirige
y la mantiene.
Toda conducta está dirigida a satisfacer la necesidad o el conjunto de
necesidades que le dio origen.
En el mundo laboral, esa conducta, además de buscar satisfacer las
necesidades e impulsos del individuo, intenta alcanzar objetivos
organizacionales.
Por lo tanto, definimos la motivación en el trabajo como un proceso
mediante el cual un trabajador, impulsado por fuerzas internas o que
actúan sobre él, inicia, dirige y mantiene una conducta orientada a
alcanzar determinados incentivos que le permiten la satisfacción de sus
necesidades, mientras simultáneamente intenta alcanzar las metas de la
organización.
3. Dimensiones de la motivación
De lo hasta ahora expuesto se deduce que la motivación tiene tres
dimensiones. Robbins (op.cit:, pp. 155-156), Muchinsky (2000, p. 192) y
Gibson et alt. (op. cit., p. 143) identifican esas tres dimensiones:
intensidad (o fuerza), dirección (u orientación) y persistencia (o
perseverancia).
La intensidad es la cantidad de esfuerzo que el individuo invierte en la
realización de una tarea.
La dirección es la orientación del esfuerzo hacia la consecución de una
meta específica. Implica la elección de las actividades en las cuales el
individuo centrará su esfuerzo para alcanzar dicha meta.
La persistencia es la continuidad del esfuerzo a lo largo del tiempo. La
persistencia hace que el individuo supere los obstáculos que encuentre
en su marcha hacia el logro de la meta.
4. La complejidad de la motivación
La motivación, como antes se señaló, no es directamente observable. Sólo
es inferible a través de la conducta que aquella inicia, orienta y
sostiene. Además el juego entre motivación y conducta es bastante
complejo.
Blum y Naylor (1999, pp. 472-475) presentan una interesante síntesis
sobre los hechos que hacen complejos tanto el fenómeno de la motivación
como cualquier intento de estudiarla. Procedamos a resumirlos:
a. En una situación cualquiera, rara vez un individuo se comporta de una
determinada forma como resultado de un solo motivo. Varios motivos, por
lo general, operan simultáneamente para producir una determinada
conducta.
A menudo los individuos ignoran la razón verdadera de su comportamiento.
Las personas suelen hacer cosas sin estar concientes de la motivación
básica de su conducta.
La motivación que produce una conducta puede originarse desde el
interior del individuo o por factores que actúan desde fuera de su
persona. Estos factores internos y externos mantienen permanente
interacción.
En ocasiones, formas diferentes de conducta son provocadas por un mismo
motivo. Un individuo encuentra en el entorno distintas opciones para
satisfacer una misma necesidad.
Diferentes motivos pueden dar como resultado una misma forma de
conducta. Un mismo tipo de comportamiento puede conducir a lograr
incentivos que satisfacen diferentes motivos.
Los motivos varían, tanto en el tipo como en la intensidad, entre un
individuo y otro. Las características individuales y la situación hacen
que los incentivos que motivan a una persona pueden no motivar a otra. O
pueden generar en dos individuos distintos niveles de intensidad.
Los impulsos o motivos varían en un mismo individuo en diferentes
ocasiones. Lo que hoy impulsa a alguien a ejecutar una determinada
conducta, puede que en el futuro no lo motive.
5. El ciclo motivacional
Antes definimos la motivación como un proceso, es decir, como una
secuencia interconectada de eventos que parten de una necesidad y
culminan con la satisfacción de la misma.
Diferentes autores han propuesto distintas formas de ver el ciclo de la
motivación. Chiavenato (2000, p.70), Kast y Rosenzweig (1996, p. 300),
Hellriegel y Slocum (op. cit., p. 118), Davis y Newstrom (2003, p.122) y
Gibson et alt. (op.cit., p.147), presentan sendas propuestas para
ilustrar el proceso motivacional.
En un intento de integrar de manera sencilla los planteamientos básicos
de estos autores, proponemos un modelo de siete etapas:
Conciencia de la necesidad
Transformación de la necesidad en un deseo específico
Identificación del incentivo que satisface el deseo
Selección del curso de acción que conduce al incentivo
Inicio y mantenimiento de la conducta orientada a alcanzar el incentivo
Consecución del incentivo deseado
Satisfacción de la necesidad
La motivación se inicia cuando el individuo toma conciencia de alguna
carencia que debe llenar o de algún desequilibrio que desea corregir.
Sin esta experiencia psicológica, aún cuando la necesidad objetivamente
exista, no hay motivación. Esa necesidad se filtra a través de la
cultura, que ofrece una gama de alternativas para satisfacerla, espectro
que normalmente varía entre una y otra sociedad. Así, la necesidad se
convierte en un deseo específico. Con ese deseo por satisfacer, el
individuo localiza en su entorno organizacional o social el o los
incentivos que lo colmarán. Si no existiera tal incentivo, el simple
deseo no producirá conducta alguna y el proceso motivacional se
interrumpiría. Una vez precisado el incentivo u objetivo a alcanzar, la
persona selecciona un curso de acción que lo conducirá hasta esa meta.
Luego, inicia la conducta dirigida a la conquista del citado incentivo y
persiste en ella hasta alcanzarlo. Si lo logra, el individuo satisfará
la necesidad que originó el ciclo. Si algún obstáculo impide el logro
del objetivo sobreviene la frustración.
Debe señalarse que hay necesidades que producen ciclos más largos que
otras. El hambre, por ejemplo, supone una sucesión rápida de eventos, y
reaparece una cuantas horas después de haber sido satisfecha. La
necesidad de crecimiento personal (culminar una carrera profesional,
verbigracia) implica un proceso más largo: su satisfacción supone una
inversión prolongada de tiempo y esfuerzo.
6. Tipología de la motivación
Son numerosos los criterios que pueden utilizarse para clasificar la
motivación. En este apartado consideraremos algunas clasificaciones
básicas para la discusión general del tema. Se reservan para otro
espacio las clases de motivaciones derivadas de teorías particulares.
6.1. Motivación extrínseca y motivación intrínseca.
La motivación puede tener dos grandes fuentes. Puede emanar de las
necesidades internas del individuo o puede surgir a partir de las
presiones y los incentivos externos. De allí deriva la existencia de dos
clases de motivación: la extrínseca y la intrínseca.
La motivación extrínseca es originada por las expectativas de obtener
sanciones externas a la propia conducta. Se espera la consecución de una
recompensa o la evitación de un castigo o de cualquier consecuencia no
deseada. En otras palabras, la conducta se vuelve instrumental: se
convierte en un medio para alcanzar un fin. Puede tratarse, por ejemplo,
de obtener una recompensa económica, social o psicológica (una
bonificación, la aprobación de sus compañeros o un reconocimiento de su
supervisor). O puede tratarse de evitar consecuencias desagradables (la
negativa de un aumento de salario, el rechazo de los otros, o la pérdida
de confianza por parte de su jefe).
La motivación intrínseca es originada por la gratificación derivada de
la propia ejecución de la conducta. La conducta es expresiva: es
simultáneamente medio y fin. La realización, por ejemplo, de un trabajo
desafiante para el cual se tiene las aptitudes necesarias, hace que la
actividad sea, de por sí, satisfactoria.
Reeve (op. cit., p. 130) resume así la diferencia: ”Con la conducta
motivada intrínsecamente la motivación emana de las necesidades internas
y la satisfacción espontánea que la actividad proporciona; con la
conducta motivada extrínsecamente la motivación surge de incentivos y
consecuencias que se hacen contingentes al comportamiento observado” .
La motivación extrínseca depende de otro, distinto del individuo
actuante. Ese otro puede percibir o no la conducta. O puede evaluarla
según sus propios estándares. Y, además, tiene la facultad de
suministrar o no las recompensas o los castigos. De tal forma que no hay
garantía de que el comportamiento que el individuo cree adecuado
conduzca al logro del objetivo que promovió dicho comportamiento.
La motivación intrínseca, por el contrario, prescinde de toda
externalidad. Se basta a sí misma. Por tal motivo, las teorías
emergentes sobre motivación destacan la importancia y la potencialidad
de la motivación intrínseca. Sin que ello signifique desconocer el papel
reforzador de las sanciones externas.
6.2. Motivación positiva y motivación negativa.
La conducta que la motivación produce puede estar orientada a alcanzar
un resultado que genere alguna recompensa o puede estar dirigida a
evitar alguna consecuencia desagradable. Ello da origen a los conceptos
de motivación positiva y motivación negativa.
La motivación positiva es un proceso mediante el cual el individuo
inicia, sostiene y direciona su conducta hacia la obtención de una
recompensa, sea externa (un premio, verbigracia) o interna (la
gratificación derivada de la ejecución de una tarea). Este resultado
positivo estimula la repetición de la conducta que lo produjo. Sus
consecuencias actúan como reforzadores de tal comportamiento.
La motivación negativa es el proceso de activación, mantenimiento y
orientación de la conducta individual, con la expectativa de evitar una
consecuencia desagradable, ya sea que venga del exterior (una
reprimenda, por ejemplo) o del interior de la persona (un sentimiento de
frustración, digamos) Este resultado negativo tiende a inhibir la
conducta que lo generó..
Las moderna concepciones gerenciales no consideran recomendable la
utilización de la motivación negativa (la amenaza, el miedo), y, por lo
general, proponen el castigo como último recurso para enfrentar
conductas no deseadas. Hellriegel y Slocum (op. cit., p.101) destaca que
el castigo puede surtir efecto en el corto plazo, pero a largo plazo
puede originar recurrencia de la conducta indeseada, reacción emocional
no deseada, conducta agresiva destructiva, desempeño apático y falto de
creatividad, temor al administrador del castigo y rotación y ausentismo
laboral.
6.3 . Micromotivación y macromotivación.
El nivel de motivación para el trabajo que exhibe un individuo a través
de su conducta, no solamente es producto de las políticas, planes y
condiciones de la organización. Ese nivel también resulta afectado por
los valores sostenidos por la cultura de la sociedad en la cual se
desenvuelve. Conviene definir y distinguir, entonces, la micromotivación
de la macromotivación.
La micromotivación es el proceso mediante el cual las organizaciones
crean un conjunto de incentivos materiales, sociales y psicológicos,
para generar en los trabajadores conductas que le permitan satisfacer
sus necesidades y alcanzar las metas organizacionales. Es un intento
particular para incrementar los niveles de esfuerzo esperado en el
trabajo y, con ellos, los niveles de satisfacción y desempeño
individual. El enriquecimiento de los puestos, los planes de incentivos
salariales y las políticas de empoderamiento forman parte de esos
intentos.
La macromotivación es un proceso, por lo general no planeado, mediante
el cual la sociedad transmite ciertos mensajes que el individuo
internaliza y que le permiten formarse una idea sobre sí mismo y sobre
el trabajo, ideas que influencian seriamente los niveles de motivación
individual. Esos mensajes, difundidos tanto por la prédica como por la
práctica social, son parte de los contenidos culturales que la sociedad
transfiere a sus miembros a lo largo de toda su vida, a través del
proceso de socialización.
Cuando la macromotivación está alineada con la micromotivación se
potencian las iniciativas motivadoras de las organizaciones. Cuando el
conjunto de valores de la sociedad tienen una dirección distinta a la de
la micromotivación, los esfuerzos tienden a anularse. Una sociedad, por
ejemplo, que privilegia el ocio y que considera el trabajo como un
castigo, obstaculiza los esfuerzos que cualquier organización realice
para elevar los niveles de motivación de sus integrantes.
7. Motivación, satisfacción y rendimiento.
Con frecuencia suele ocurrir que conceptos como motivación, satisfacción
y desempeño se utilizan de un modo caprichoso. En ocasiones, algunos de
tales conceptos se hacen equivalentes sin serlo. O se entrelazan a veces
en relaciones simplistas. Con frecuencia, por ejemplo, se trata la
motivación y la satisfacción como si fueran sinónimos. O se piensa que
un trabajador motivado es automáticamente un individuo de elevado
desempeño. O se plantea que un empleado satisfecho siempre es un
trabajador de alto rendimiento. Parece que las cosas no funcionan de esa
manera.
Hagamos, de entrada, una diferenciación entre motivación y satisfacción.
En algunas teorías, como la Teoría de la Motivación-Higiene de Herzberg,
ambos términos se usan en un mismo sentido. Sin embargo, la mayoría de
los autores contemporáneos considera que motivación y satisfacción son
conceptos que hacen referencia a fenómenos totalmente distintos. Para
ellos la motivación es un fenómeno previo a la conducta, y que se basa
en las consideraciones futuras sobre las consecuencias del desempeño. La
satisfacción, por otra parte, es una actitud que surge como consecuencia
de la conducta y que refleja los sentimientos de la gente con relación a
las recompensas que recibe. Hersey, Blanchard y Johnson (1998, p. 84)
resumen con precisión la diferencia: ”La satisfacción es una
consecuencia del los acontecimientos pasados, mientras la motivación es
el resultado de las expectativas por venir”
Revisemos ahora las relaciones entre motivación y desempeño. Un
trabajador motivado no es necesariamente un trabajador productivo. Para
que un alto nivel de motivación se traduzca en un alto desempeño son
necesarios algunos ingredientes adicionales: la capacitación del
individuo para el cargo, el conocimiento de lo que la organización
espera de él (percepción del rol), la disponibilidad de recursos para la
ejecución de la tarea y la identificación del trabajador con la
organización. Solo la conjunción de esas circunstancias hace posible que
un elevado nivel de motivación se materialice en un alto desempeño.
Sobre este asunto vale la pena hacer una consideración adicional.
Suponiendo que todas las condiciones señaladas sean óptimas (capacidad,
percepción del rol, recursos e identificación), ¿cómo es la relación
entre motivación y desempeño? ¿Un incremento sostenido de la motivación
produce un incremento igualmente sostenido de la productividad? Las
investigaciones parecen rechazar esta relación lineal. McClelland,
citado por Vroom, en Vroom y Deci (1999, p.214) señala que: “a medida
que la motivación aumenta de intensidad, primero causa un incremento en
le eficiencia de la actividad instrumental, y luego la disminuye”
Vroom (idem) adelanta dos posibles explicaciones para dar cuenta de esta
disminución del desempeño cuando hay niveles muy elevados de motivación.
La primera es el estrechamiento del campo de la comprensión que se
produce cuando el individuo, altamente motivado para alcanzar una meta,
fija su atención en las indicaciones específicas que conducen al
resultado, y pasa por alto información importante. La segunda posible
explicación es que elevados niveles de motivación tienden a asociarse
con fuertes estados emocionales (como la ansiedad) que perjudican el
desempeño.
La relación entre satisfacción y desempeño tampoco parece clara. Gibson
et alt. (op. cit., p. 124) establecen lo que tradicionalmente han sido
las tres posibilidades de relación entre estas dos variables: 1) la
satisfacción produce rendimiento o desempeño; 2) el desempeño genera
satisfacción y 3) no hay relación directa entre desempeño y
satisfacción. Las investigaciones se inclinan a favor de esta última
aseveración. Aunque la situación varía, dando apoyo a la segunda
relación, cuando se toman en consideración las recompensas. Así, un
comportamiento productivo seguido de recompensas valoradas por el
ejecutante aumenta la satisfacción.
Las relaciones entre estos tres conceptos podrían concebirse como un
juego circular de influencias. La motivación produce alto desempeño
cuando la acompañan la capacidad, el conocimiento del papel, la
disponibilidad de recursos y la identificación con la organización. El
buen desempeño puede conducir a recompensas extrínsecas e intrínsecas
que generan satisfacción. La satisfacción alcanzada alimenta las
expectativas para el comportamiento futuro, incrementando la motivación
para el nuevo desempeño.
8. A manera de conclusión
La motivación en el trabajo puede concebirse como un proceso mediante el
cual se activa, se mantiene y se dirige la conducta hacia el logro de
ciertas metas que satisfacen necesidades importantes del individuo y a
la vez permite el logro de las metas organizacionales. La motivación, en
general, es un fenómeno complejo por la variedad de formas como los
motivos se expresan y se combinan para producir una determinada
conducta. El proceso motivacional puede ser visto como un ciclo que va
desde la conciencia de una necesidad hasta el logro de los incentivos
que la satisfacen. La motivación puede ser abordada desde distintas
perspectivas. Puede observarse a partir de las fuerzas que la energizan
(motivación extrínseca y motivación intrínseca), desde las expectativas
que la orientan (motivación positiva y motivación negativa), o desde la
fuente de los mensajes que la influencian (micromotivación y
macromotivación). Entre la motivación y otros fenómenos, como la
satisfacción y el desempeño, hay una red circular de influencias, muy
distintas a las simples conexiones deterministas que a veces se
establecen.
9. Bibliografía básica
Chiavenato, I. (2000). Administración de Recursos Humanos (5ª ed).
Bogotá: McGraw Hill Interamericana.
Davis, K. y Newstrom, J. (2003). Comportamiento humano en el trabajo
(11ª. Edición). México: McGraw Hill Interamericana.
De la Torre, F. (2000). Relaciones humanas en el ámbito laboral. México:
Editorial Trillas.
Gibson, J., Ivancevich, J. y Donelly, J. (2001). Las organizaciones:
comportamiento, estructura, procesos (10ª ed.). Santiago de Chile:
McGraw-Hill Interamericana.
Hellriegel, D. y Slocum, J.(2004). Comportamiento organizacional (10ª ed).
México: Thomson Learning Editores.
Hersey, P., Blanchard, K. y Johnson, D. (1998). Administración del
comportamiento organizacional: liderazgo situacional (7ª ed). México:
Prentice Hall Inc.
Kast, F. y Rosenzweig, J. (1996). Administración en las organizaciones:
enfoque de sistemas y de contingencia (4ª ed.). México: Editorial
Trillas.
Kinicki, A. Y Kreitner, R.(2003). Comportamiento organizacional:
conceptos, problemas y practicas. México: McGraw Hill Interamericana.
Muchinsky, P. (2000). Psicología aplicada al trabajo. Madrid: Thomas
Learning Editores/Paraninfo
Reeve, J. (2003). Motivación y emoción (3ª ed). México: McGraw Hill
Interamericana
Robbins, S. (2004). Comportamiento Organizacional (10ª ed). México:
Pearson Educación.
Vroom, V. y Deci, E. (Compiladores). (1999). Motivación y alta
dirección. México: Editorial Trillas.
Zepeda, F. (1999). Psicología organizacional. México: Addison Wesley
Longman
Daniel
Romero Pernalete
romeropernaletearrobayahoo.es
romeropernaletearrobagmail.com
Licenciado
en Sociología, Master en Administración, Profesor de la Universidad de
Oriente (Venezuela) en el área de comportamiento organizacional.
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