En Colombia, particularmente de nuestras organizaciones, se exige que
sean más eficiente con relación a la competencia y a los constantes
cambios a nivel empresarial y en general dentro del marco de la
globalización; la gerencia del siglo XXI debe agregar valor[1] a sus
procesos y que mejor para esto que valerse del uso de herramientas, como
el modelo costo – volumen – utilidad que permiten, a la alta gerencia,
guiar a las organizaciones hacia diversos objetivos y a diferentes
plazos (incremento de la demanda, la aceleración en la rotación de la
cartera por recuperar, el retorno de la inversión y otros a beneficio de
los “stakeholders” de nivel interno), a fin de que la unidad
organizacional sea cual sea sirva como instrumento generador y
distribuidor de riqueza, prestando el respectivo servicio que
corresponde a la sociedad que le cobija.
Esto justifica la importancia del modelo “costo-volumen-utilidad” en el
proceso de planeación financiera corporativa que separa a la gerencia
del paradigma generalizado, pero no de todo cierto, de que las empresas
con mayor volumen de utilidades son sinónimo de eficiencia al generar
mayor riqueza, cuando la realidad indica que el valor que se agrega esta
representado en la rentabilidad por encima del costo de capital promedio
que generan las inversiones en la empresa. El modelo citado cobra
relevancia especial toda vez que se utiliza como herramienta que permite
la simulación de escenarios que sirven de apoyo para elegir un
determinado curso de acción.
Para ello es necesario tener claridad sobre la variación en los costos
ante cambios en el nivel de actividad, la determinación de la mezcla de
producción y ventas, unas políticas claras sobre planes de inversión y
eficiencia en la utilización de recursos variables para poder definir
las relaciones entre los costos, los volúmenes y los precios de venta; a
la organización no sólo debe interesarle conocer los ingresos necesarios
para lograr el equilibrio, sino también determinar los ingresos que se
requieren para cubrir además de los costos las utilidades, el costo del
capital, el retorno de las inversiones y otros rubros.
Empero, para tener información más confiable para utilizar el modelo
costo – volumen – utilidad en el diseño de estrategias y la toma de
decisiones, se debe modificar la manera de utilizarlo para que
proporcione información útil a los diferentes usuarios del mismo; así,
el modelo se enriquece aprovechando el costeo basado en actividades
relacionando los costos que se basan en unidades producidas y los que
no. Vale la pena agregar que el éxito en la implementación del modelo
estudiado, y en general cualquiera que se relacione con los sistemas de
información en una organización, se ve influenciado por la creatividad e
inteligencia con que se manejen dichas variables dejando a discreción de
la gerencia la toma de decisiones con base en los resultados e
indicadores del sistema de información administrativa.
[1] El valor económico agregado se mide por la diferencia entre los
resultados de la operación y el costo de los recursos utilizados en la
operación.
José Orlando Morera Cruz - moreraarrobauniversia.net.co
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