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Un nuevo término en la ya abundante familia de términos de moda es el de
hipercompetencia.
Fue creado por Richard A. D'Aveni , probablemente el primer autor que
va mas allá de los conceptos de estrategia competitiva generados por
Michael Porter
(Competitive Strategy) en 1980.
¿Cómo es este concepto? Lo que el autor hace es describir un nuevo tipo
de competencia,
bastante extendido, que difiere mucho del tipo de competencia
estructurada que propone
Porter. Un tipo de competencia que no sigue las reglas establecidas y
que podría ser
comparado con la guerra de movimientos de la segunda guerra mundial,
mientras que el sistema de Porter se parece más a la guerra de
posiciones usada en la primera guerra mundial.
También se parece a las doctrinas militares de la segunda guerra mundial
en que la estrategia con frecuencia llega al concepto de guerra de
exterminio.
¿Es esto bueno o malo? La verdad. Yo tiendo a creer que hay mucho de
negativo en el modo como se dan las rivalidades hipercompetitivas. Sin
embargo el punto no es ese. Para mí, el punto es entenderlas y aceptar,
como un hecho de la vida, que se dan en los mercados comportamientos de
este tipo, preparándonos para enfrentarlos.
Tal vez la mejor manera de entender en qué radica la hipercompetencia,
es comparándola con la competencia tradicional:
· La competencia tradicional busca crear ventajas competitivas
sostenibles. La
hipercompetencia trata de destruir todas las posibles ventajas, incluso
atacando las de nuestros propios productos.
· La competencia tradicional busca una estrategia estable, basada en un
ajuste entre los recursos que se tienen y los objetivos estratégicos. La
hipercompetencia cambia muy frecuentemente sus estrategias, basándolas
en la velocidad de respuesta, la rapidez, la sorpresa, la búsqueda de
una constante innovación, cambio constante de reglas y ataques
simultáneos en varios frentes.
· Mientras la estrategia competitiva tradicional (por ejemplo en
Porter), se basa en reconocer y crear estructuras que generen
competitividad, en la hipercompetencia, la capacidad de crear una
disrupción de las estructuras y generar caos son las ventajas
competitivas más buscadas.
· La estrategia tradicional busca crear ventajas competitivas
sostenibles. La
hipercompetencia crea ventajas competitivas temporales, no sostenibles a
largo plazo, pero las crea constantemente.
· La competencia tradicional busca un estado en que las utilidades sean
crecientes o al menos estables. En la hipercompetencia se reducen las
utilidades por unidad vendida en forma constante, con la intención de
destruir al contrincante. Una vez que un mercado ya no genera
utilidades, se brinca a una nueva manera de competir, a una nueva
definición de valor para el producto o negocio.
Los mejores ejemplos de hipercompetencia se encuentran en los mercados
de tecnología moderna, orientados al consumidor final. Algunos buenos
ejemplos son la electrónica de consumo y las computadoras personales.
Hace algunos años, las distintas marcas de computadoras personales
estaban muy claramente posicionadas en cuanto a calidad y precio, con
algunas marcas consideradas como caras, pero de alta calidad y otras
consideradas como baratas, pero de calidad inferior. Algunos años de
hipercompetencia han causado una gran mortandad de las marcas menos
conocidas, una mejora de las marcas de baja calidad y una baja de precio
de las computadoras de mejor calidad. Hoy el resultado es un mercado
donde las calidades y precios son muy similares, donde se compite
ofreciendo "extras" como impresoras o software y donde, según dicen los
fabricantes, ya no se hacen buenas utilidades. Aún el
mercado ha perdido: dado que, para competir y poder ganar, los
fabricantes cada vez le agregan más accesorios a sus equipos; con lo que
seguramente estamos pagando por máquinas con capacidades muy sobradas
para la mayoría de los casos.
La hipercompetencia se da también en mercados maduros. Por ejemplo, al
desregularse la aviación comercial en los EE.UU., se generó una
rivalidad en forma de recortes de precios y de servicios extra, que
destruyó a las empresas más fuertes del ramo, como PANAM, TWA y otras
más.
Hasta en mercados tan maduros como el del concreto premezclado, las
bajas en la construcción y el exceso de capacidad instalada generan una
competencia destructiva, en la que las grandes cementeras y las grandes
constructoras compiten ferozmente entre sí y con los premezcladores
independientes. El resultado, una vez más, es un mercado donde las
utilidades son cada vez menores y, en largas temporadas, inexistentes.
¿Qué hacer ante esta manera de competir? Lo primero es conocerla y
entenderla bien.
Después, decidir si uno debe iniciar un comportamiento así en su
mercado. La tentación es grande, las posibilidades si logro destruir a
mis competidores, muy atractivas. Pero, obviamente, nada impide que mis
competidores me paguen con la misma moneda, y al final de la batalla,
podríamos encontrar que más hubiera valido que no diéramos la lucha de
esa manera. O bien, puedo decidir no iniciar la hipercompetencia, pero
estar preparado para responder de una manera rápida y decisiva, antes de
que el daño sea grande. ¿Cómo? Cada caso es distinto, pero posiblemente
brincarse las etapas y modificar la definición de valor
de mi producto antes que nadie, sea la respuesta más sensata para seguir
teniendo utilidades.
Antonio Maza Pereda - amazaarrobaspin.com.mx
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