Introducción
Año 1776; la Independencia de los Estados Unidos, año 1969; llegada del
hombre a la luna. Alguien hubiese pensado por aquel último cuarto del
siglo XVIII que el hombre pisaría la luna, y menos en relativamente tan
escasa cantidad de años para tan magna hazaña.
Hasta hace muy pocos años ubicar y comunicarse con una persona era
complejo, difícil, hoy la telefonía celular ha conformado una red de tal
magnitud que es posible comunicarse al instante con cualquiera en
cualquier lugar del mundo.
El mundo cambia, y cada vez con mayor rapidez. Cómo bien hizo mención el
investigador Ricardo Ferrero haciendo alusión a “Alicia en el país de
las maravillas”: “Hay que correr muchísimo para quedarse en el mismo
lugar. Si quieres llegar a algún lado, deberás correr el doble”.
Sólo basta como una última mención, recordar donde estaba la República
Popular China hace treinta años atrás, y donde lo está hoy en materia
tecnológica, económica y productiva.
Otro tanto podemos decir de los cambios acaecidos en igual lapso en lo
que fuera la URSS. Alguien hubiere pensado en empresarios chinos
comprando la unidad de negocios de IBM para la fabricación de
computadoras personales (PC), o en la disolución del bloque soviético y
la conformación de una Bolsa de Valores nada menos que en Moscú.
El mundo avanza y cambia muy rápidamente, y cada vez con mayor
aceleración. De tal forma que los países, empresas y personas que no
puedan acomodarse a los cambios quedarán irremediablemente fuera de
carrera y de contexto. Muchas profesiones, industrias, trabajos,
productos y servicios que existían hace veinte años atrás hoy ya no
existen. Cada cinco años los conocimientos se anticuan y son
reemplazados por nuevos conceptos. Dormirse, significa llegar a
despertar en un mundo al cual no se va a reconocer.
La mente tiene la capacidad y el deber de actualizarse y adaptarse a los
nuevos tiempos de manera constante. Es la regla de la evolución
transferida al campo psicológico y social. Una sociedad que no
evoluciona y se adapta con la suficiente flexibilidad y velocidad está
sino destinada a perecer, como mínimo a sufrir las graves consecuencias
de reducir su calidad de vida.
Ante una población en constante incremento, y con la presión de nuevas y
más sofisticadas necesidades, las sociedades que no evolucionan tienden
a incrementar cada día sus mayorías de pobres. En el campo individual no
cambiar a tiempo implica lisa y llanamente quedar marginado de la
contienda por el progreso y la supervivencia.
Qué ocurre en las empresas ante los sucesos relatados, es lo que ahora
nos cabe preguntarnos? Sólo, basta ver que empresas de primer nivel han
reducido recientemente y en poco tiempo sus plazos de diseño y
desarrollo de productos de 60 ó 48 meses a tan sólo 10, para darnos
cuenta de la magnitud de los cambios acaecidos. Ello da lugar a ciclos
de vida de productos cada vez más breves, razón por la cual las empresas
carentes de flexibilidad y capacidad de respuesta están y estarán siendo
marginadas de los nuevos procesos productivos. Nunca como ahora es tan
cierto que el tiempo vale oro.
Vivimos una era de nuevas especulaciones, de ventanas abiertas aunque
las puertas todavía permanezcan cerradas. No debemos volver la espalda
al futuro, queriendo que las cosas continúen como han sido hasta ahora,
necesitamos enfrentarnos a una realidad cambiante.
La velocidad del cambio
Sí se contempla una gráfica que compara la velocidad para viajar en
distintas épocas de la humanidad veremos al inicio cual era esa
velocidad 500 años antes de Cristo y luego la correspondiente a los
sucesivos períodos, en ella se observará un muy leve aumento, casi
insignificante, pero en los últimos cinco centímetros la línea empieza a
crecer súbitamente.
Cuando los transportes por caballos fueron superados por el tren a
vapor, éste fue superado por los automóviles, éstos fueron a su vez
superados por los aviones y éstos últimos por los cohetes. A su vez cada
sistema de transporte mecánico fue superándose así mismo. El cambio
rápido se acomoda muy bien al esquema de “más, sólo que mejor”. Algo
mucho más potente está tomando lugar en materia de comunicaciones e
informática, donde la información es transmitida cada vez más
rápidamente y los datos son procesados en fracciones de tiempo cada vez
menores.
Al compás de los cambios tecnológicos la vida se ha hecho más veloz para
los individuos, quienes esperan también respuestas más rápidas. Viajes
más rápidos, atención más rápida, servicios más rápidos, información más
rápida, comunicación más rápida, todo más rápido. Ya nadie está
dispuesto a esperar más tiempo de lo que considera aceptable.
Las empresas ultracompetitivas se han hecho eco de estas nuevas demandas
adaptándose a las altas velocidades del cambio y de las demandas,
generando procesos productivos más veloces, diseñando productos más
rápidamente, entregando más rápidamente los pedidos efectuados por sus
clientes. Ya el principal patrimonio no consiste en la cantidad de
insumos y mercancías almacenadas, sino en la velocidad de respuesta a
las necesidades y demandas de los clientes.
Es en este nuevo contexto donde la creatividad y la innovación toman una
nueva forma y se convierten en bases fundamentales del cambio y de la
competitividad de las empresas. En un mundo donde todo tiende a imitarse
rápidamente, los creativos, generadores de innovación en materia de
procesos, productos y servicios, serán los que saquen ventajas. Así, la
suma de ventajas acumulativas es la nueva consigna en materia
estratégica.
De éstas dos primeras secciones llegamos a la conclusión de que el
tiempo vale cada día más, y por lo tanto debe ser aprovechado al máximo.
De que forma? Generando la mayor cantidad de innovaciones en la menor
cantidad de tiempo, de manera tal de alejarse de la competencia.
Un ejercicio interesante es pensar cuáles son, o pueden ser, nuestros
productos diferentes. En definitiva ¿qué puedo vender que sea mejor que
lo que ofrecen los demás? Por supuesto, esta pregunta es válida tanto a
nivel individual como colectivo. Es decir, ¿qué producto puedo ofrecer
yo?, ¿y mi empresa?, ¿y nuestro país?.
Estos productos diferentes son “de alto valor agregado y lo que agrega
valor es el ingenio y el conocimiento”. Es decir, son innovaciones.
Creatividad
En la actual economía del conocimiento la creatividad es más importante
que nunca. Pero muchas empresas inconscientemente utilizan prácticas de
gestión que la matan, aplastando la motivación intrínseca de sus
empleados, es decir el fuerte deseo interno de hacer algo basado en
intereses y pasiones.
Los directores no matan la creatividad a propósito. Pero en su búsqueda
de la productividad, eficiencia y control acaban minando la creatividad,
la cual es el sustento de aquellas en el mediano y largo plazo. Los
imperativos empresarios pueden, tienen y deben coexistir con la
creatividad, para lo cual los directores tendrán que cambiar
radicalmente su manera de pensar.
Ahora bien, ha llegado el momento de preguntarse acerca de ¿qué es la
creatividad empresarial?. Generalmente se asocia la creatividad con las
artes y a pensar en ella como la expresión de ideas originales en grado
sumo. Pero, en las empresas, la originalidad no es suficiente. Para ser
creativa, una idea también debe ser apropiada, útil y viable. De alguna
forma debe influir en la forma de hacer negocios, por ejemplo, mejorando
un producto o abriendo una nueva vía para abordar un proceso, e
inclusive generando nuevas maneras de pensar estratégicamente.
Las asociaciones hechas entre la creatividad y la originalidad artística
frecuentemente dan lugar a confusión sobre el lugar apropiado para la
creatividad en las organizaciones empresariales. Así pues muchos creen
que la creatividad es algo vinculado sólo con el marketing, la
publicidad, o el diseño de productos o procesos. Pero la creatividad
puede beneficiar a todos los departamentos de una empresa. Piénsese para
ello en el ABC (sistema de costos basado en actividades), el cuál fue un
invento en área contable cuyo impacto en las organizaciones ha sido
positivo y profundo.
Para muchos la creatividad se refiere a la manera de pensar que tiene la
gente, o sea a la mayor o menor inventiva con que enfocan los problemas.
Pero pensar imaginativamente es sólo una parte de la creatividad, pues
para que ella tenga lugar se necesita además pericia y motivación. Así
pues, la creatividad es el resultado de combinar tres elementos, la
capacidad de pensar creativamente sumado a la pericia y la motivación.
La pericia comprende todo lo que una persona sabe y puede hacer en el
campo más amplio de su trabajo. La pericia constituye lo que el
economista y psicólogo Herbert Simon denomina la “red de posibles
desplazamientos”, el espacio intelectual que utiliza para explorar y
solucionar problemas. Cuanto mayor sea este espacio, mejor.
El pensamiento creativo se refiere a cómo las personas enfocan los
problemas y sus soluciones, su capacidad para reunir las ideas
existentes formando nuevas y especiales combinaciones. La capacidad en
sí depende en gran medida de la personalidad así como de la manera de
pensar y de trabajar de la persona. Su creatividad se verá incrementada
si combina en su razonamiento conocimientos de campos aparentemente
dispares.
La pericia y el pensamiento creativo son materias primas de cada
individuo; sus propios recursos naturales, pero hay un tercer factor que
determina lo que hace realmente la gente, y ese factor es la motivación.
Los directivos pueden influir en los tres componentes de la creatividad:
pericia, capacidad de pensamiento creativo y motivación. Pero el hecho
es que influir en los dos primeros resulta bastante más difícil y
consume bastante más tiempo que influir en la motivación.
Es pues necesario responder a la pregunta ¿qué prácticas de dirección
afectan a la creatividad? Fruto de más de dos décadas de investigaciones
centradas en cuáles son las conexiones entre el entorno laboral y la
creatividad, han surgido seis categorías que son: reto, libertad,
recursos, características de trabajo en grupo, estímulo del supervisor y
apoyo decidido de la organización.
Ø Reto: De todas las cosas que los directores pueden hacer para
estimular la creatividad, una de las más eficaces consiste en asignar a
cada persona el cometido idóneo para ella. Los directores pueden asignar
a cada persona trabajos que encajen con su pericia y su capacidad de
pensamiento creativo y que fomenten la motivación intrínseca. Las
compaginaciones perfectas amplían las capacidades de los empleados, pero
la magnitud de esa ampliación es crucial: no tan pequeña que se sientan
aburridos pero tampoco tan grandes que se sientan abrumados y amenazados
por una pérdida de control.
Ø Libertad: Cuando se trata de conceder libertad, la clave para la
creatividad es dar a la gente autonomía respecto a los medios pero no
necesariamente con los fines. La gente será bastante más creativa si le
da libertad para decidir la manera de escalar una montaña concreta, lo
cual no implica dejarles elegir qué montaña van a escalar. Así, unas
metas estratégicas claramente definidas mejoran la creatividad de las
personas. Es pues muy importante que quien defina estas metas las deje
bien claras en la organización y que esas metas permanezcan estables
durante un período de tiempo significativo. Resulta difícil trabajar
creativamente hacia la consecución de un objetivo si éste se mueve
constantemente. La autonomía respecto al proceso estimula la
creatividad, porque dar a las personas libertad en cuanto a la manera de
enfocar su trabajo fortalece su motivación intrínseca y su sentido de
titularidad, de que aquel trabajo y sus resultados les pertenecen. La
libertad en cuanto al proceso también permite que las personas enfoquen
los problemas de maneras que sacan el mayor provecho de su pericia y su
capacidad de pensamiento creativo.
Ø Recursos: Los dos recursos principales que afectan a la creatividad
son el tiempo, el espacio físico apropiado y el dinero. Los directivos
han de asignar estos recursos cuidadosamente. De la misma manera que
tienen que compaginar a la persona idónea con la tarea adecuada, decidir
cuánto tiempo, cuanto y qué espacio físico conceder y, cuanto dinero van
a asignar a un equipo o un proyecto requiere un juicio muy ponderado.
Explorar nuevos conceptos, alcanzar soluciones únicas y deambular por el
laberinto puede resultar un proceso lento. Los directivos que no dan
tiempo para explorar o no planifican períodos de incubación están
obstaculizando inconscientemente el proceso creativo.
Ø Características de trabajo en grupo. Si se quieren crear equipos que
generen ideas creativas, es un deber prestar la debida atención a la
conformación de dichos equipos. Para ello debe crear grupos que se
respalden mutuamente con diversidad de puntos de vista y antecedentes.
¿Por qué? Porque cuando los equipos se componen de personas con diferentes bases intelectuales y diferentes enfoques del trabajo –es decir diferentes conocimientos prácticos y diferentes estilos de pensamiento creativo- las ideas suelen combinarse y actuar de maneras muy útiles y estimulantes. Pero ésta diversidad es sólo un punto de partida, los directores también deben asegurarse de que los equipos que forman tienen otras tres características.
Una es que sus integrantes deben compartir el mismo entusiasmo por las
metas del equipo, la segunda es que los integrantes del equipo deben
mostrar una clara disposición a ayudar a sus compañeros durante los
períodos de dificultades y en los contratiempos. Y la tercera consiste
en que cada miembro del equipo debe reconocer los conocimientos y los
puntos de vista singulares que cada uno de los otros componentes del
equipo pone sobre la mesa. Estos factores no sólo mejoran la motivación
intrínseca sino también la pericia y la capacidad de pensamiento
creativo.
Ø El estímulo del supervisor: Los empleados pueden considerar que su
trabajo es interesante o estimulante sin necesidad de que nadie se lo
recuerde, pero sólo durante un período de tiempo limitado. Sin embargo,
para mantener esa pasión, la mayoría de los empleados necesitan sentir
que su trabajo importa a la empresa.
Ø Apoyo de la organización: El ánimo que se recibe de los supervisores
realmente fomenta la creatividad, pera ésta se incrementa en gran forma
cuando la organización como un todo la respalda. Tal apoyo es tarea de
los líderes de una organización, que deben poner en práctica los
sistemas o procedimientos apropiados y enfatizar valores que dejen claro
que los esfuerzos creativos son una prioridad absoluta.
Las lecciones que dejan los resultados obtenidos por las empresas de
alta competitividad es que fomentar la creatividad es algo que está en
manos de los directivos. La creatividad requiere que los directivos
cambien radicalmente su forma de conformar los grupos de trabajo e
interactuar con ellos. Ello implica un cambio de la cultura
organizacional, lo cual genera importantes recompensas.
Los riesgos de no hacerlo puede ser todavía mayores. Cuando se mata la
creatividad, una organización pierde una poderosa arma competitiva: la
nuevas ideas. Perdiendo al mismo tiempo la energía y el compromiso de su
gente.
Las cualidades requeridas para la gestión de la creatividad son en
primer lugar la observación, consistente en la capacidad de observar con
exactitud las cosas tal como son en sí misma, para saber si las cosas
descritas están realmente presentes. Luego, la reflexión, que enseña el
valor de las acciones, las imágenes, los pensamientos y los
sentimientos; y ayuda a la sensibilidad a percibir su conexión mutua.
Luego la imaginación, necesaria para modificar, crear y asociar; luego
la invención, y finalmente el juicio, para decidir cómo, dónde y en qué
grado cada una de estas facultades debe ser ejercida.
Innovación
La innovación suele definirse como una idea o grupo de ideas,
transformadas en algún producto o proceso, vendido o usado. Otra
definición más rigurosa dice que la innovación es el proceso que va
desde un conocimiento hasta un producto en el mercado.
Una innovación sólo se concreta cuando llega al mercado un producto o
servicio. Si nadie paga algo, no hay innovación. La innovación puede
manifestarse en el diseño de un nuevo producto, en un nuevo proceso
productivo, en un nuevo enfoque de marketing, en un nuevo modo de llevar
a cabo la formación y capacitación de personal.
El gran objetivo es generar innovaciones que logren crear ventajas
competitivas, para lo cual es menester percibir aquellas oportunidades
de mercado totalmente nuevas, o bien servir a un sector de mercado del
que otras organizaciones han hecho caso omiso. Cuando los competidores
responden con lentitud, tal innovación proporciona una ventaja
competitiva.
Una innovación debe aspirar al liderazgo desde el principio, de lo
contrario es poco probable que sea suficientemente innovadora. “Quien no
utiliza nuevos remedios debe esperar nuevos males; pues el tiempo es el
mayor innovador”.
La investigación y desarrollo implican el uso de recursos para generar
conocimientos. La innovación es el uso de conocimientos para generar
riquezas. Cabe consignar que algunas innovaciones nacen de un destello
de genialidad, pero la mayoría son resultado de una búsqueda de
oportunidades consciente y deliberada. Por encima de todo, la innovación
es trabajo antes que genio. Requiere conocimiento; ingenio y mucha
concentración.
Existen, por supuesto, innovaciones que surgen de una inspiración
genial. Sin embargo, la mayoría de las innovaciones y, en especial, las
que tienen éxito, resultan de una búsqueda consciente e intencionada de
oportunidades de innovar, que tan sólo se hallan en una cuantas
situaciones.
En la innovación, como en cualquier otro empeño, hay presente talento,
ingenio y conocimiento. Pero cuando todo está decidido, lo que requiere
la innovación es trabajo denodado, orientado y con sentido. Si falta la
diligencia, la perseverancia y la entrega, talento, ingenio y
conocimiento no sirven para nada.
La innovación intencionada y sistemática empieza por el análisis de las
fuentes de nuevas oportunidades. Las fuentes tendrán una importancia
variable en el tiempo, según el contexto.
Dado que la innovación es al mismo tiempo concepto y percepción, los
aspirantes a innovadores deberán salir a la calle y mirar, preguntar y
escuchar. Los innovadores exitosos hacen uso de sus dos hemisferios
cerebrales; estudian las cifras, pero no se olvidan de estudiar también
a la gente. Desarrollan analíticamente cómo ha de ser la innovación para
aprovechar la oportunidad. Luego salen y estudian a los usuarios
potenciales para conocer sus expectativas, valores y necesidades.
Pensamiento al revés
El cambio acelerado y discontinuo requiere de pensamiento discontinuo.
Si el nuevo curso de los acontecimientos va a ser diferente del
anterior, no sólo una versión mejorada de él, entonces deberemos ver
todas las situaciones de manera distinta, o sea bajo una nueva
perspectiva.
A la larga, en la perspectiva de la historia, como bien acota Charles
Handy, parece ser que la gente realmente influyente en los últimos 100
años no han sido Hitler, Churchill, Stalin o Gorbachev, sino Freud,
Keynes y Einstein, hombres que no modificaron nada excepto nuestra forma
de pensar, pero que con ello han cambiado todo. El pensamiento creativo
al revés de tales personas es la premisa fundamental de éste trabajo.
Nuevas formas de pensar acerca de cosas familiares pueden liberar nuevas
energías y hacer posible todo género de cosas. El pensamiento al revés
no cambia nada salvo la manera en que pensamos, lo cual puede constituir
una diferencia gigantesca.
El pensador Donald Schon, dedicado al campo de las organizaciones y del
aprendizaje, argumentaba que la creatividad, particularmente la
creatividad científica, proviene del “desplazamiento de conceptos” o sea
de tomar conceptos de un campo de la vida y aplicarlos a otro para
producir nuevas intuiciones. El pensamiento al revés es una invitación a
considerar lo improbable, incluso lo absurdo. Debemos acostumbrarnos a
preguntar “¿Por qué?” acerca de lo que ya es, y “¿Por qué no?” acerca de
cualquier posible reordenamiento.
La resistencia al cambio
En el arte y la ciencia, el innovador sólo tiene que persuadir a una
persona: a sí mismo. Cambiar de opinión tiene su parte de tensiones. En
cuestiones de creencias, como decía William James, todos somos sumamente
conservadores y sólo bajo presión abandonamos viejas opiniones. Pero la
innovación en una empresa se enfrenta con una ardua tarea: el innovador
debe persuadir a otros de que cambien sus opiniones y/o sus manera de
ver las cosas.
El cambio es amenazador. La innovación, sea de ideas, productos,
servicios, procesos o estrategias puede parecer un ataque a los
cimientos del Universo. Como decía Maquiavelo: “El reformador tiene
enemigos en todos aquellos que se benefician con el viejo orden (con la
vieja forma de hacer las cosas u operar); y sólo defensores tibios en
todos aquellos que se beneficiarían con el nuevo orden; esta tibieza
surge en parte del temor a sus adversarios....y en parte de la
incredulidad del género humano, que no cree en nada nuevo hasta que
hayan experimentado”.
El beneficiarse del viejo orden adopta formas mucho más serias que hacer
dinero con él. Los intereses creados son variables. Pueden ser
personales: dedicar una mente y una carrera en un sistema particular de
creencias. Pueden ser institucionales: las ideas encarnadas en
instituciones se vuelven especialmente difíciles de abandonar. Pueden
ser sociales: la entrega a un sistema de creencias que protege el poder
de un grupo o clase. Cualesquiera que sean sus formas, los intereses
creados rechazan las líneas de pensamiento que son inquietantes para la
persona, la disciplina, la institución o los arreglos de poder
existentes.
El famoso economista austriaco Joseph Schumpeter nos dice que toda
medida contra la rutina despierta dudas. El individuo que deja de lado
los canales establecidos carece de datos persuasivos para justificar el
desafío a las reglas. Mientras antes el precedente había proporcionado
la guía autorizada, ahora el éxito de todo depende de la intuición, la
capacidad de ver cosas de un modo que luego resulta verdadero, aunque no
pueda demostrarse en el momento, y de captar el hecho esencial
descartando el que no lo es, aunque uno no pueda dar ninguna explicación
de los principios con arreglo a los cuales se hace. Pocos están
dispuestos a abandonar suposiciones a las que se adhiere por adoptar
riesgos admitidos.
Schumpeter también subraya la venganza que se toma el entorno social
contra aquellos que quieren hacer algo nuevo. Todo grupo se resiente
ante la herejía por parte de sus miembros. En cuestiones económicas y
empresariales, esta resistencia se manifiesta ante todo en los grupos
amenazados por la innovación, luego en la dificultad para ganar
consumidores.
Considerando el poder de la gravedad, la costumbre y el temor, el peso
muerto de la inercia, de la ortodoxia y de la autosuficiencia, la tarea
de persuadir a las mayorías a que acepten las innovaciones sigue siendo
enorme.
Justamente en esa fuerte resistencia al cambio está el gran secreto.
Aquellas organizaciones que adquieran la suficiente flexibilidad mental,
la convicción de la necesidad imperiosa del cambio, y vean en la
creatividad individual y colectiva, la posibilidad de acumular
innovaciones, serán las empresas que logren ventajas competitivas de
enorme alcance.
En la gestión del cambio lo que más pesa no son las limitaciones
materiales, sino mentales. Como bien se ha dicho “no hay nada más
difícil de abrir que una mente cerrada”.
Conclusiones
No podemos mirar hacia el futuro como una continuación del pasado. Las
cosas que nos llevaron a donde hoy estamos no nos van a ayudar a
mantenernos allí. Pero, por otra parte, si no sabemos de dónde venimos
nos será difícil poder avanzar.
La manera de entender el futuro, en las organizaciones, en la sociedad y
en la propia vida, es encargarse del futuro, no responder a él. En la
economía global uno no puede competir, no puede ser viable, si no tiene
alta calidad a bajo costo. Y uno no puede conseguir alta calidad y bajos
costos sin una cultura de excelencia. Lograr la excelencia tiene entre
sus requisitos la creatividad y la innovación constantes, basado ello en
poner continuamente en duda los paradigmas existentes.
C. K. Prahalad nos expone que lo que hace que una compañía sobreviva
durante mucho tiempo es su habilidad para cambiar. Siendo el cambio algo
inevitable para mantener la continuidad. Si la continuidad es necesaria
en la sociedad, entonces el cambio es un prerrequisito; si no cambiamos,
morimos.
En esencia, competir por el futuro significa mantener una continuidad
asegurando que la compañía esté constantemente creando nuevas fuentes de
utilidades. Ello requiere el compromiso de crear nuevos negocios y
nuevos productos.
Las empresas van a tener que empezar a desaprender mucho de su pasado.
No es fácil desaprender u olvidar el pasado, pero deberán hacerlo. Si
las empresas quieren escapar de la atracción gravitacional del pasado,
tienen que estar dispuestas a cuestionar sus propias ortodoxias,
regenerar sus estrategias básicas y volver a replantear sus supuestos
más fundamentales sobre cómo van a competir.
Las empresas competitivas están siempre mirando hacia delante y no hacia
atrás. Continuamente cambian las reglas de competición en vez de seguir
las reglas ya establecidas. Definen nuevas maneras de hacer negocios,
son pioneras en concepto de nuevos productos, construyen nuevas
habilidades básicas, crean nuevos mercados, establecen nuevos estándares
y cuestionan sus propios supuestos.
Llegar donde otros han llegado es necesario para continuar en el juego,
pero para triunfar será menester poseer la habilidad de crear
fundamentalmente nuevos juegos. Así pues los que tengan éxito tendrán
ventajas únicas en el siglo XXI porque dominarán la imaginación, el
espíritu y la inteligencia de las personas de una forma que ninguna
organización tradicional nunca antes pudo lograr.
Bibliografía
Educar para competir – Ricardo A. Ferraro – Editorial Sudamericana –
1995
En busca de la excelencia – Thomas Peters y Robert Waterman – Editorial
Atlántida – 1982
La edad de la sinrazón – Charles Handy – Limusa – 1993
Imaginización – Mauricio Lefcovich – www.degerencia.com - 2004
Reconceptualización de los negocios – Mauricio Lefcovich –
www.gestiopolis.com - 2004
La filosofía de la estrategia – Mauricio Lefcovich – www.ilustrados.com
- 2004
Dr. Mauricio Lefcovich.- mlefcovicharrobahotmail.com
Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor.Compartir ideas impulsa el desarrollo
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