Creatividad e innovación. El camino de las empresas de alta competitividad

Autor: Dr. Mauricio Lefcovich. 

Innovación y creatividad

08-2005

Introducción

Año 1776; la Independencia de los Estados Unidos, año 1969; llegada del hombre a la luna. Alguien hubiese pensado por aquel último cuarto del siglo XVIII que el hombre pisaría la luna, y menos en relativamente tan escasa cantidad de años para tan magna hazaña.

Hasta hace muy pocos años ubicar y comunicarse con una persona era complejo, difícil, hoy la telefonía celular ha conformado una red de tal magnitud que es posible comunicarse al instante con cualquiera en cualquier lugar del mundo.

El mundo cambia, y cada vez con mayor rapidez. Cómo bien hizo mención el investigador Ricardo Ferrero haciendo alusión a “Alicia en el país de las maravillas”: “Hay que correr muchísimo para quedarse en el mismo lugar. Si quieres llegar a algún lado, deberás correr el doble”.

Sólo basta como una última mención, recordar donde estaba la República Popular China hace treinta años atrás, y donde lo está hoy en materia tecnológica, económica y productiva.

Otro tanto podemos decir de los cambios acaecidos en igual lapso en lo que fuera la URSS. Alguien hubiere pensado en empresarios chinos comprando la unidad de negocios de IBM para la fabricación de computadoras personales (PC), o en la disolución del bloque soviético y la conformación de una Bolsa de Valores nada menos que en Moscú.

 
El mundo avanza y cambia muy rápidamente, y cada vez con mayor aceleración. De tal forma que los países, empresas y personas que no puedan acomodarse a los cambios quedarán irremediablemente fuera de carrera y de contexto. Muchas profesiones, industrias, trabajos, productos y servicios que existían hace veinte años atrás hoy ya no existen. Cada cinco años los conocimientos se anticuan y son reemplazados por nuevos conceptos. Dormirse, significa llegar a despertar en un mundo al cual no se va a reconocer.
 
La mente tiene la capacidad y el deber de actualizarse y adaptarse a los nuevos tiempos de manera constante. Es la regla de la evolución transferida al campo psicológico y social. Una sociedad que no evoluciona y se adapta con la suficiente flexibilidad y velocidad está sino destinada a perecer, como mínimo a sufrir las graves consecuencias de reducir su calidad de vida.
 
Ante una población en constante incremento, y con la presión de nuevas y más sofisticadas necesidades, las sociedades que no evolucionan tienden a incrementar cada día sus mayorías de pobres. En el campo individual no cambiar a tiempo implica lisa y llanamente quedar marginado de la contienda por el progreso y la supervivencia.
 
Qué ocurre en las empresas ante los sucesos relatados, es lo que ahora nos cabe preguntarnos? Sólo, basta ver que empresas de primer nivel han reducido recientemente y en poco tiempo sus plazos de diseño y desarrollo de productos de 60 ó 48 meses a tan sólo 10, para darnos cuenta de la magnitud de los cambios acaecidos. Ello da lugar a ciclos de vida de productos cada vez más breves, razón por la cual las empresas carentes de flexibilidad y capacidad de respuesta están y estarán siendo marginadas de los nuevos procesos productivos. Nunca como ahora es tan cierto que el tiempo vale oro.
 
Vivimos una era de nuevas especulaciones, de ventanas abiertas aunque las puertas todavía permanezcan cerradas. No debemos volver la espalda al futuro, queriendo que las cosas continúen como han sido hasta ahora, necesitamos enfrentarnos a una realidad cambiante.

La velocidad del cambio
 
Sí se contempla una gráfica que compara la velocidad para viajar en distintas épocas de la humanidad veremos al inicio cual era esa velocidad 500 años antes de Cristo y luego la correspondiente a los sucesivos períodos, en ella se observará un muy leve aumento, casi insignificante, pero en los últimos cinco centímetros la línea empieza a crecer súbitamente.

Cuando los transportes por caballos fueron superados por el tren a vapor, éste fue superado por los automóviles, éstos fueron a su vez superados por los aviones y éstos últimos por los cohetes. A su vez cada sistema de transporte mecánico fue superándose así mismo. El cambio rápido se acomoda muy bien al esquema de “más, sólo que mejor”. Algo mucho más potente está tomando lugar en materia de comunicaciones e informática, donde la información es transmitida cada vez más rápidamente y los datos son procesados en fracciones de tiempo cada vez menores.
 
Al compás de los cambios tecnológicos la vida se ha hecho más veloz para los individuos, quienes esperan también respuestas más rápidas. Viajes más rápidos, atención más rápida, servicios más rápidos, información más rápida, comunicación más rápida, todo más rápido. Ya nadie está dispuesto a esperar más tiempo de lo que considera aceptable.
 
Las empresas ultracompetitivas se han hecho eco de estas nuevas demandas adaptándose a las altas velocidades del cambio y de las demandas, generando procesos productivos más veloces, diseñando productos más rápidamente, entregando más rápidamente los pedidos efectuados por sus clientes. Ya el principal patrimonio no consiste en la cantidad de insumos y mercancías almacenadas, sino en la velocidad de respuesta a las necesidades y demandas de los clientes.
 
Es en este nuevo contexto donde la creatividad y la innovación toman una nueva forma y se convierten en bases fundamentales del cambio y de la competitividad de las empresas. En un mundo donde todo tiende a imitarse rápidamente, los creativos, generadores de innovación en materia de procesos, productos y servicios, serán los que saquen ventajas. Así, la suma de ventajas acumulativas es la nueva consigna en materia estratégica.
 
De éstas dos primeras secciones llegamos a la conclusión de que el tiempo vale cada día más, y por lo tanto debe ser aprovechado al máximo. De que forma? Generando la mayor cantidad de innovaciones en la menor cantidad de tiempo, de manera tal de alejarse de la competencia.
 
Un ejercicio interesante es pensar cuáles son, o pueden ser, nuestros productos diferentes. En definitiva ¿qué puedo vender que sea mejor que lo que ofrecen los demás? Por supuesto, esta pregunta es válida tanto a nivel individual como colectivo. Es decir, ¿qué producto puedo ofrecer yo?, ¿y mi empresa?, ¿y nuestro país?.
 
Estos productos diferentes son “de alto valor agregado y lo que agrega valor es el ingenio y el conocimiento”. Es decir, son innovaciones.

Creatividad
 
En la actual economía del conocimiento la creatividad es más importante que nunca. Pero muchas empresas inconscientemente utilizan prácticas de gestión que la matan, aplastando la motivación intrínseca de sus empleados, es decir el fuerte deseo interno de hacer algo basado en intereses y pasiones.
 
Los directores no matan la creatividad a propósito. Pero en su búsqueda de la productividad, eficiencia y control acaban minando la creatividad, la cual es el sustento de aquellas en el mediano y largo plazo. Los imperativos empresarios pueden, tienen y deben coexistir con la creatividad, para lo cual los directores tendrán que cambiar radicalmente su manera de pensar.
 
Ahora bien, ha llegado el momento de preguntarse acerca de ¿qué es la creatividad empresarial?. Generalmente se asocia la creatividad con las artes y a pensar en ella como la expresión de ideas originales en grado sumo. Pero, en las empresas, la originalidad no es suficiente. Para ser creativa, una idea también debe ser apropiada, útil y viable. De alguna forma debe influir en la forma de hacer negocios, por ejemplo, mejorando un producto o abriendo una nueva vía para abordar un proceso, e inclusive generando nuevas maneras de pensar estratégicamente.
 
Las asociaciones hechas entre la creatividad y la originalidad artística frecuentemente dan lugar a confusión sobre el lugar apropiado para la creatividad en las organizaciones empresariales. Así pues muchos creen que la creatividad es algo vinculado sólo con el marketing, la publicidad, o el diseño de productos o procesos. Pero la creatividad puede beneficiar a todos los departamentos de una empresa. Piénsese para ello en el ABC (sistema de costos basado en actividades), el cuál fue un invento en área contable cuyo impacto en las organizaciones ha sido positivo y profundo.
 
Para muchos la creatividad se refiere a la manera de pensar que tiene la gente, o sea a la mayor o menor inventiva con que enfocan los problemas. Pero pensar imaginativamente es sólo una parte de la creatividad, pues para que ella tenga lugar se necesita además pericia y motivación. Así pues, la creatividad es el resultado de combinar tres elementos, la capacidad de pensar creativamente sumado a la pericia y la motivación.
 
La pericia comprende todo lo que una persona sabe y puede hacer en el campo más amplio de su trabajo. La pericia constituye lo que el economista y psicólogo Herbert Simon denomina la “red de posibles desplazamientos”, el espacio intelectual que utiliza para explorar y solucionar problemas. Cuanto mayor sea este espacio, mejor.
 
El pensamiento creativo se refiere a cómo las personas enfocan los problemas y sus soluciones, su capacidad para reunir las ideas existentes formando nuevas y especiales combinaciones. La capacidad en sí depende en gran medida de la personalidad así como de la manera de pensar y de trabajar de la persona. Su creatividad se verá incrementada si combina en su razonamiento conocimientos de campos aparentemente dispares.
 
La pericia y el pensamiento creativo son materias primas de cada individuo; sus propios recursos naturales, pero hay un tercer factor que determina lo que hace realmente la gente, y ese factor es la motivación.
 
Los directivos pueden influir en los tres componentes de la creatividad: pericia, capacidad de pensamiento creativo y motivación. Pero el hecho es que influir en los dos primeros resulta bastante más difícil y consume bastante más tiempo que influir en la motivación.
 
Es pues necesario responder a la pregunta ¿qué prácticas de dirección afectan a la creatividad? Fruto de más de dos décadas de investigaciones centradas en cuáles son las conexiones entre el entorno laboral y la creatividad, han surgido seis categorías que son: reto, libertad, recursos, características de trabajo en grupo, estímulo del supervisor y apoyo decidido de la organización.
 
Ø Reto: De todas las cosas que los directores pueden hacer para estimular la creatividad, una de las más eficaces consiste en asignar a cada persona el cometido idóneo para ella. Los directores pueden asignar a cada persona trabajos que encajen con su pericia y su capacidad de pensamiento creativo y que fomenten la motivación intrínseca. Las compaginaciones perfectas amplían las capacidades de los empleados, pero la magnitud de esa ampliación es crucial: no tan pequeña que se sientan aburridos pero tampoco tan grandes que se sientan abrumados y amenazados por una pérdida de control.
 
Ø Libertad: Cuando se trata de conceder libertad, la clave para la creatividad es dar a la gente autonomía respecto a los medios pero no necesariamente con los fines. La gente será bastante más creativa si le da libertad para decidir la manera de escalar una montaña concreta, lo cual no implica dejarles elegir qué montaña van a escalar. Así, unas metas estratégicas claramente definidas mejoran la creatividad de las personas. Es pues muy importante que quien defina estas metas las deje bien claras en la organización y que esas metas permanezcan estables durante un período de tiempo significativo. Resulta difícil trabajar creativamente hacia la consecución de un objetivo si éste se mueve constantemente. La autonomía respecto al proceso estimula la creatividad, porque dar a las personas libertad en cuanto a la manera de enfocar su trabajo fortalece su motivación intrínseca y su sentido de titularidad, de que aquel trabajo y sus resultados les pertenecen. La libertad en cuanto al proceso también permite que las personas enfoquen los problemas de maneras que sacan el mayor provecho de su pericia y su capacidad de pensamiento creativo.
 
Ø Recursos: Los dos recursos principales que afectan a la creatividad son el tiempo, el espacio físico apropiado y el dinero. Los directivos han de asignar estos recursos cuidadosamente. De la misma manera que tienen que compaginar a la persona idónea con la tarea adecuada, decidir cuánto tiempo, cuanto y qué espacio físico conceder y, cuanto dinero van a asignar a un equipo o un proyecto requiere un juicio muy ponderado. Explorar nuevos conceptos, alcanzar soluciones únicas y deambular por el laberinto puede resultar un proceso lento. Los directivos que no dan tiempo para explorar o no planifican períodos de incubación están obstaculizando inconscientemente el proceso creativo.
 
Ø Características de trabajo en grupo. Si se quieren crear equipos que generen ideas creativas, es un deber prestar la debida atención a la conformación de dichos equipos. Para ello debe crear grupos que se respalden mutuamente con diversidad de puntos de vista y antecedentes.

¿Por qué? Porque cuando los equipos se componen de personas con diferentes bases intelectuales y diferentes enfoques del trabajo –es decir diferentes conocimientos prácticos y diferentes estilos de pensamiento creativo- las ideas suelen combinarse y actuar de maneras muy útiles y estimulantes. Pero ésta diversidad es sólo un punto de partida, los directores también deben asegurarse de que los equipos que forman tienen otras tres características.

Una es que sus integrantes deben compartir el mismo entusiasmo por las metas del equipo, la segunda es que los integrantes del equipo deben mostrar una clara disposición a ayudar a sus compañeros durante los períodos de dificultades y en los contratiempos. Y la tercera consiste en que cada miembro del equipo debe reconocer los conocimientos y los puntos de vista singulares que cada uno de los otros componentes del equipo pone sobre la mesa. Estos factores no sólo mejoran la motivación intrínseca sino también la pericia y la capacidad de pensamiento creativo.
 
Ø El estímulo del supervisor: Los empleados pueden considerar que su trabajo es interesante o estimulante sin necesidad de que nadie se lo recuerde, pero sólo durante un período de tiempo limitado. Sin embargo, para mantener esa pasión, la mayoría de los empleados necesitan sentir que su trabajo importa a la empresa.
 
Ø Apoyo de la organización: El ánimo que se recibe de los supervisores realmente fomenta la creatividad, pera ésta se incrementa en gran forma cuando la organización como un todo la respalda. Tal apoyo es tarea de los líderes de una organización, que deben poner en práctica los sistemas o procedimientos apropiados y enfatizar valores que dejen claro que los esfuerzos creativos son una prioridad absoluta.
 
Las lecciones que dejan los resultados obtenidos por las empresas de alta competitividad es que fomentar la creatividad es algo que está en manos de los directivos. La creatividad requiere que los directivos cambien radicalmente su forma de conformar los grupos de trabajo e interactuar con ellos. Ello implica un cambio de la cultura organizacional, lo cual genera importantes recompensas.
 
Los riesgos de no hacerlo puede ser todavía mayores. Cuando se mata la creatividad, una organización pierde una poderosa arma competitiva: la nuevas ideas. Perdiendo al mismo tiempo la energía y el compromiso de su gente.
 
Las cualidades requeridas para la gestión de la creatividad son en primer lugar la observación, consistente en la capacidad de observar con exactitud las cosas tal como son en sí misma, para saber si las cosas descritas están realmente presentes. Luego, la reflexión, que enseña el valor de las acciones, las imágenes, los pensamientos y los sentimientos; y ayuda a la sensibilidad a percibir su conexión mutua. Luego la imaginación, necesaria para modificar, crear y asociar; luego la invención, y finalmente el juicio, para decidir cómo, dónde y en qué grado cada una de estas facultades debe ser ejercida.

Innovación
 
La innovación suele definirse como una idea o grupo de ideas, transformadas en algún producto o proceso, vendido o usado. Otra definición más rigurosa dice que la innovación es el proceso que va desde un conocimiento hasta un producto en el mercado.
 
Una innovación sólo se concreta cuando llega al mercado un producto o servicio. Si nadie paga algo, no hay innovación. La innovación puede manifestarse en el diseño de un nuevo producto, en un nuevo proceso productivo, en un nuevo enfoque de marketing, en un nuevo modo de llevar a cabo la formación y capacitación de personal.
 
El gran objetivo es generar innovaciones que logren crear ventajas competitivas, para lo cual es menester percibir aquellas oportunidades de mercado totalmente nuevas, o bien servir a un sector de mercado del que otras organizaciones han hecho caso omiso. Cuando los competidores responden con lentitud, tal innovación proporciona una ventaja competitiva.

Una innovación debe aspirar al liderazgo desde el principio, de lo contrario es poco probable que sea suficientemente innovadora. “Quien no utiliza nuevos remedios debe esperar nuevos males; pues el tiempo es el mayor innovador”.
 
La investigación y desarrollo implican el uso de recursos para generar conocimientos. La innovación es el uso de conocimientos para generar riquezas. Cabe consignar que algunas innovaciones nacen de un destello de genialidad, pero la mayoría son resultado de una búsqueda de oportunidades consciente y deliberada. Por encima de todo, la innovación es trabajo antes que genio. Requiere conocimiento; ingenio y mucha concentración.
 
Existen, por supuesto, innovaciones que surgen de una inspiración genial. Sin embargo, la mayoría de las innovaciones y, en especial, las que tienen éxito, resultan de una búsqueda consciente e intencionada de oportunidades de innovar, que tan sólo se hallan en una cuantas situaciones.
 
En la innovación, como en cualquier otro empeño, hay presente talento, ingenio y conocimiento. Pero cuando todo está decidido, lo que requiere la innovación es trabajo denodado, orientado y con sentido. Si falta la diligencia, la perseverancia y la entrega, talento, ingenio y conocimiento no sirven para nada.
 
La innovación intencionada y sistemática empieza por el análisis de las fuentes de nuevas oportunidades. Las fuentes tendrán una importancia variable en el tiempo, según el contexto.

Dado que la innovación es al mismo tiempo concepto y percepción, los aspirantes a innovadores deberán salir a la calle y mirar, preguntar y escuchar. Los innovadores exitosos hacen uso de sus dos hemisferios cerebrales; estudian las cifras, pero no se olvidan de estudiar también a la gente. Desarrollan analíticamente cómo ha de ser la innovación para aprovechar la oportunidad. Luego salen y estudian a los usuarios potenciales para conocer sus expectativas, valores y necesidades.

Pensamiento al revés
 
El cambio acelerado y discontinuo requiere de pensamiento discontinuo. Si el nuevo curso de los acontecimientos va a ser diferente del anterior, no sólo una versión mejorada de él, entonces deberemos ver todas las situaciones de manera distinta, o sea bajo una nueva perspectiva.
 
A la larga, en la perspectiva de la historia, como bien acota Charles Handy, parece ser que la gente realmente influyente en los últimos 100 años no han sido Hitler, Churchill, Stalin o Gorbachev, sino Freud, Keynes y Einstein, hombres que no modificaron nada excepto nuestra forma de pensar, pero que con ello han cambiado todo. El pensamiento creativo al revés de tales personas es la premisa fundamental de éste trabajo. Nuevas formas de pensar acerca de cosas familiares pueden liberar nuevas energías y hacer posible todo género de cosas. El pensamiento al revés no cambia nada salvo la manera en que pensamos, lo cual puede constituir una diferencia gigantesca.
 
El pensador Donald Schon, dedicado al campo de las organizaciones y del aprendizaje, argumentaba que la creatividad, particularmente la creatividad científica, proviene del “desplazamiento de conceptos” o sea de tomar conceptos de un campo de la vida y aplicarlos a otro para producir nuevas intuiciones. El pensamiento al revés es una invitación a considerar lo improbable, incluso lo absurdo. Debemos acostumbrarnos a preguntar “¿Por qué?” acerca de lo que ya es, y “¿Por qué no?” acerca de cualquier posible reordenamiento.

La resistencia al cambio
 
En el arte y la ciencia, el innovador sólo tiene que persuadir a una persona: a sí mismo. Cambiar de opinión tiene su parte de tensiones. En cuestiones de creencias, como decía William James, todos somos sumamente conservadores y sólo bajo presión abandonamos viejas opiniones. Pero la innovación en una empresa se enfrenta con una ardua tarea: el innovador debe persuadir a otros de que cambien sus opiniones y/o sus manera de ver las cosas.
 
El cambio es amenazador. La innovación, sea de ideas, productos, servicios, procesos o estrategias puede parecer un ataque a los cimientos del Universo. Como decía Maquiavelo: “El reformador tiene enemigos en todos aquellos que se benefician con el viejo orden (con la vieja forma de hacer las cosas u operar); y sólo defensores tibios en todos aquellos que se beneficiarían con el nuevo orden; esta tibieza surge en parte del temor a sus adversarios....y en parte de la incredulidad del género humano, que no cree en nada nuevo hasta que hayan experimentado”.
 
El beneficiarse del viejo orden adopta formas mucho más serias que hacer dinero con él. Los intereses creados son variables. Pueden ser personales: dedicar una mente y una carrera en un sistema particular de creencias. Pueden ser institucionales: las ideas encarnadas en instituciones se vuelven especialmente difíciles de abandonar. Pueden ser sociales: la entrega a un sistema de creencias que protege el poder de un grupo o clase. Cualesquiera que sean sus formas, los intereses creados rechazan las líneas de pensamiento que son inquietantes para la persona, la disciplina, la institución o los arreglos de poder existentes.
 
El famoso economista austriaco Joseph Schumpeter nos dice que toda medida contra la rutina despierta dudas. El individuo que deja de lado los canales establecidos carece de datos persuasivos para justificar el desafío a las reglas. Mientras antes el precedente había proporcionado la guía autorizada, ahora el éxito de todo depende de la intuición, la capacidad de ver cosas de un modo que luego resulta verdadero, aunque no pueda demostrarse en el momento, y de captar el hecho esencial descartando el que no lo es, aunque uno no pueda dar ninguna explicación de los principios con arreglo a los cuales se hace. Pocos están dispuestos a abandonar suposiciones a las que se adhiere por adoptar riesgos admitidos.
 
Schumpeter también subraya la venganza que se toma el entorno social contra aquellos que quieren hacer algo nuevo. Todo grupo se resiente ante la herejía por parte de sus miembros. En cuestiones económicas y empresariales, esta resistencia se manifiesta ante todo en los grupos amenazados por la innovación, luego en la dificultad para ganar consumidores.
 
Considerando el poder de la gravedad, la costumbre y el temor, el peso muerto de la inercia, de la ortodoxia y de la autosuficiencia, la tarea de persuadir a las mayorías a que acepten las innovaciones sigue siendo enorme.
 
Justamente en esa fuerte resistencia al cambio está el gran secreto. Aquellas organizaciones que adquieran la suficiente flexibilidad mental, la convicción de la necesidad imperiosa del cambio, y vean en la creatividad individual y colectiva, la posibilidad de acumular innovaciones, serán las empresas que logren ventajas competitivas de enorme alcance.
 
En la gestión del cambio lo que más pesa no son las limitaciones materiales, sino mentales. Como bien se ha dicho “no hay nada más difícil de abrir que una mente cerrada”.

Conclusiones
 
No podemos mirar hacia el futuro como una continuación del pasado. Las cosas que nos llevaron a donde hoy estamos no nos van a ayudar a mantenernos allí. Pero, por otra parte, si no sabemos de dónde venimos nos será difícil poder avanzar.
 
La manera de entender el futuro, en las organizaciones, en la sociedad y en la propia vida, es encargarse del futuro, no responder a él. En la economía global uno no puede competir, no puede ser viable, si no tiene alta calidad a bajo costo. Y uno no puede conseguir alta calidad y bajos costos sin una cultura de excelencia. Lograr la excelencia tiene entre sus requisitos la creatividad y la innovación constantes, basado ello en poner continuamente en duda los paradigmas existentes.
 
C. K. Prahalad nos expone que lo que hace que una compañía sobreviva durante mucho tiempo es su habilidad para cambiar. Siendo el cambio algo inevitable para mantener la continuidad. Si la continuidad es necesaria en la sociedad, entonces el cambio es un prerrequisito; si no cambiamos, morimos.
 
En esencia, competir por el futuro significa mantener una continuidad asegurando que la compañía esté constantemente creando nuevas fuentes de utilidades. Ello requiere el compromiso de crear nuevos negocios y nuevos productos.
 
Las empresas van a tener que empezar a desaprender mucho de su pasado. No es fácil desaprender u olvidar el pasado, pero deberán hacerlo. Si las empresas quieren escapar de la atracción gravitacional del pasado, tienen que estar dispuestas a cuestionar sus propias ortodoxias, regenerar sus estrategias básicas y volver a replantear sus supuestos más fundamentales sobre cómo van a competir. 
 
Las empresas competitivas están siempre mirando hacia delante y no hacia atrás. Continuamente cambian las reglas de competición en vez de seguir las reglas ya establecidas. Definen nuevas maneras de hacer negocios, son pioneras en concepto de nuevos productos, construyen nuevas habilidades básicas, crean nuevos mercados, establecen nuevos estándares y cuestionan sus propios supuestos.
 
Llegar donde otros han llegado es necesario para continuar en el juego, pero para triunfar será menester poseer la habilidad de crear fundamentalmente nuevos juegos. Así pues los que tengan éxito tendrán ventajas únicas en el siglo XXI porque dominarán la imaginación, el espíritu y la inteligencia de las personas de una forma que ninguna organización tradicional nunca antes pudo lograr.

Bibliografía
 
Educar para competir – Ricardo A. Ferraro – Editorial Sudamericana – 1995
 
En busca de la excelencia – Thomas Peters y Robert Waterman – Editorial Atlántida – 1982
 
La edad de la sinrazón – Charles Handy – Limusa – 1993
 
Imaginización – Mauricio Lefcovich – www.degerencia.com - 2004
 
Reconceptualización de los negocios – Mauricio Lefcovich – www.gestiopolis.com - 2004
 
La filosofía de la estrategia – Mauricio Lefcovich – www.ilustrados.com - 2004
 

Dr. Mauricio Lefcovich.- mlefcovicharrobahotmail.com

Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor.

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