Aparte de los nuevos pantanos en parecen hundirse otra vez las
negociaciones de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio
(OMC), la segunda quincena de julio también ha traído la noticia de la
revaluación del yuan, la moneda china. La medida tendría efectos en las
exportaciones chinas, el crecimiento económico de esa nación, y la gran
demanda de materias primas que ha originado a nivel mundial.
Sin embargo, los alcances de las repercusiones serán limitados. Incluso
México no puede albergar mucho sus esperanzas de recuperar las ventas a
Estados Unidos. La medida tiene más calado político que profundidad
económica. Se trata más bien de un maquillaje de política cambiaria.
Sabemos que durante una década, el yuan tuvo una tasa de cambio fija,
controlada, en 8.3 yuanes por dólar. Este sistema de “anclaje” se
traducía en que automáticamente la moneda del gigante oriental estuviese
“depreciada”. Con ello las exportaciones eran baratas, y las
importaciones tendían a encarecerse para la población china. El
resultado fue generar una importante fuerza de crecimiento económico vía
la colocación de productos en el exterior. De esta manera se fomentaba
el empleo, la competitividad, y de paso los resultados de la balanza
comercial eran positivos.
El impacto de ésta y otras medidas de la economía china ha sido
impresionante. Esta nación completa ya casi dos décadas con
crecimientos económicos que rondan el 8% anual. China es el segundo
socio comercial de Estados Unidos, desplazando a México, y tan sólo
superado por Canadá. China es el principal socio comercial de Japón.
Tiene aproximadamente 450,000 millones de dólares de reservas
internacionales, de las cuales unos 220,000 millones estarían invertidos
en bonos de Estados Unidos.
Es decir China está financiando mucho del déficit norteamericano. De
allí que Washington no pueda levantar demasiado la voz a la hora de las
negociaciones con Beijing. En asuntos de estrategia mundial este punto
es vital. Véase como China ha estado transformando sus relaciones
internacionales con Estados Unidos y Europa, de una condición de
dependencia, a una de interdependencia. En interdependencia, los actores
se influyen mutuamente, por lo que se aumenta la capacidad de negociar
efectivamente en el plano mundial.
En todo ese escenario, la medida de revaluación es más una disposición
política. La misma fue de tan sólo un 2.1%. El yuan pasó de 8.3 por
dólar a 8.11. Sabiendo que esto convencería a muy pocos observadores,
China adoptó otra disposición complementaria: el yuan se podrá mover
“libremente” en una banda de tan sólo 0.3%, y no frente al dólar, sino
respecto al valor de una cesta de monedas que no se dio a conocer.
Total, no se alcanzó la medida de revaluación de 5% que se esperaba, ni
un régimen de flotación más amplio.
De allí lo cosmético en cuanto al impacto económico. Desde luego que
habrá sectores en específicos nichos funcionales de la economía china
que pueden verse alterados. Entre ellos muy probablemente, la
incipiente, aunque prometedora, producción china centrada en
semiconductores.
La medida trata de apaciguar las tormentas que se han estado
vislumbrando en el horizonte político entre China y Estados Unidos. Se
trata de varios frentes, entre los que destacan tres: (i) influencia de
China en la demanda mundial de materias primas, incluido petróleo, y
posición en las negociaciones de la OMC; (ii) el problema de los
textiles chinos y la liberación de cuotas, algo que ha sido presentado
como el riesgo de que esos productos “inunden” el mercado mundial; y (iii)
la generación de empleo en China, lo que es visto como un “robo” de
oportunidades laborales para Estados Unidos.
También es cierto que la medida puede frenar un poco el crecimiento
económico chino, pero esto sería la compensación para controlar
presiones inflacionarias. Es de recordar que la incorporación de Hong
Kong aún está en proceso de asimilación, y que los flujos financieros de
ese importante centro mundial de servicios pueden presionar a elevar más
el precio de productos en ciertos sectores.
Es evidente que China juega ajedrez mundial en la dimensión política y
económica. Mientras desarrolla un planteamiento de posiciones
internacionales, continua controlando las condiciones internas. En ello
cobra relevancia el fortalecimiento de la estabilidad y la “acumulación”
de fuerza en inversiones y competitividad.
Todo un conjunto de estratégicas medidas que bien deben ser estudiadas
en otras regiones del mundo. En Latinoamérica se requiere de una
adaptación creativa, de un estilo de políticas de crecimiento productivo
a largo plazo.
Giovanni E. Reyes - giovrarrobayahoo.com
University of PittsburghAcerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |