Discursos y prácticas (DES) centralistas en la periferia rural de Ayacucho

Autor: Javier Ávila

Economía pública

03-2006

Perú es uno de los países  cultural  y ecológicamente más diversos  del mundo,  también  es uno de los más centralistas. Para dar fe de ello, solo basta revisar algunas cifras: en Lima, la capital, vive cerca del 30% de la población  del país; se genera  el 55% del ingreso  nacional;  se coloca  más del 75% de los recursos  de la banca comercial;  se produce el 45% del PBI nacional y el 70% del PBI industrial; y se recauda el 85% de los ingresos tributarios.  Además, se ofrece el 52% de los servicios  gubernamentales  y se realiza el 45% de los gastos públicos.

En ese contexto,  el presente  trabajo tiene como objetivo estudiar las percepciones  (y prácticas) desarrolladas sobre el centralismo  y la descentralización desde el “otro” lado del “centro”: la periferia. Específicamente, desde la periferia  rural del departamento de Ayacucho, en el distrito de Luricocha.  ¿Cómo se percibe desde este espacio, ubicado en los márgenes  de nuestros procesos de modernidad y modernización, el problema del centralismo  y la descentralización del país? ¿Cuál ha sido la dinámica “descentralista” de la mesa de concertación de Luricocha, como nueva expresión del espacio público distrital?

Intentos locales por (re)construir la sociedad civil local en la periferia: las mesas de concertación

En el ámbito nacional, durante la década pasada, cualquier intento desarrollado  a favor de la descentralización  enfrentaba  un escenario  nacional  fragmentado, con movimientos políticos distritales y provinciales que no lograban  tejer eslabonamientos con instancias  de coordinación departamentales, regionales  y nacionales. Producto de la crisis de gobernabilidad que afectó al Estado  y la sociedad  peruana  de fines de 1980, el fujimorismo  encontró un contexto propicio para desarrollar en torno al Estado un proceso  que Bruno Revesz ha denominado  “(re)centralización política”2 .

«...la “(re)centralización” no haya sido únicamente producto  de la coerción.  Por el contrario, esta contó con el amplio apoyo de la mayoría de la población,  la misma que le dio legitimidad al proceso»

Sin embargo, uno de los aspectos importantes  a resaltar es el hecho de que la “(re)centralización” no haya sido únicamente producto  de la coerción.  Por el contrario, esta contó con el amplio apoyo de la mayoría de la población, la misma que le dio legitimidad al proceso. Ahora bien, tampoco  se trató de un contexto  de “dominación total”, ya que durante  la pasada  década también se pudo advertir importantes  esfuerzos, desarrollados desde la orilla de la sociedad civil local provinciana, por ampliar cuotas de participación y ciudadanía.  Se trataba,  fundamentalmente, de esfuerzos desarrollados  en torno a los gobiernos locales. A pesar de que los años 1990 se caracterizaron por un fuerte proceso de (re)centralización política “desde arriba” y de legitimidad brindada al proceso “desde abajo”, también  durante  esa  década  surgieron, “en  el medio”, nuevas estrategias de lucha por la democracia y la descentralización: las mesas de concertación.

Estas constituyen actividades promovidas por las ONG y los gobiernos locales, que buscan involucrar a organizaciones  sociales, entidades públicas e instituciones privadas,  en la elaboración,  negociación  y ejecución de planes  sectoriales  e integrales  de desarrollo  en la localidad  (los denominados  planes estratégicos),  apoyados en actividades de capacitación y entrenamiento a autoridades y líderes  locales  en temas de democracia, participación  y gestión local. En la temática de las mesas de concertación, se ubica el debate referido al capital social y el potencial del “asociativismo”  para promover  la democracia  en el ámbito local.

El desarrollo de la mesa  de concertación de Luricocha

El distrito  de Luricocha  tiene un territorio  de 5.800 hectáreas. Con sus 4.786 habitantes reunidos en aproximadamente  950 familias,  es uno de los distritos  más poblados  de la provincia.  Tiene un índice de 1,2 hectáreas por habitante y 6,1 hectáreas por familia o unidad agropecuaria.  La población del distrito es mayoritariamente  rural. El 80,6% reside en el campo, mientras que solo el 19,4% vive en el centro poblado capital del distrito, el cual también tiene patrones de vida dependientes de la actividad agropecuaria. Los pobladores  se reúnen  en un total  de 20 localidades, con categoría  de centros  poblados  mayores  y menores. Cada uno de ellos ostenta la condición de comunidad campesina  como forma de organización básica.

La mesa  de concertación  de Luricocha  se instaló  el año 2000. En sus inicios fue producto de las actividades desarrolladas por la mesa de concertación provincial de Huanta.  Su primera  actividad  fue la elaboración del “Plan Estratégico Distrital” de Luricocha. Sin embargo,  como ha sucedido en otros procesos de concertación,  luego de la elaboración  del Plan Estratégico, las reuniones comenzaron a perder  capacidad de convocatoria.  En general, se observa el mismo problema compartido de pasar de la elaboración  del Plan Estratégico a la implementación de proyectos concretos. De esta manera, las comisiones de trabajo fueron perdiendo continuidad en el desarrollo  de sus reuniones y sus miembros  empezaban  a mostrar  desinterés  por participar en ellas.

Para contrarrestar esa situación, la directiva de la Mesa decidió  hacer  una reunión  de balance  sobre  su funcionamiento, dos años después de su implementación.

«...la Mesa no era percibida como una instancia  de apertura  del Gobierno local hacia el conjunto de la sociedad civil local o viceversa, sino más bien como una herramienta  de (posible) manipulación del alcalde para ganar réditos propios»

El objetivo  de esta convocatoria era hacer un nuevo ejercicio  participativo de detección  y evaluación  de las fortalezas y debilidades de la Mesa. Los resultados mostraron, con claridad,  la pérdida  de capacidad de convocatoria.  ¿Qué había pasado con la Mesa? El testimonio de uno de los promotores, que participó en su conformación, señala que:

...Los participantes veían que sus demandas de corto plazo no podían ser resueltas  por un proceso pensado  para desarrollar acciones en el mediano y largo plazo. (...) Ese fue uno de nuestros puntos más débiles. Las personas no entienden lo que es concertación. Creen que se trata de venir a pedir, que los vamos a ayudar con arroz, azúcar, ropa, etc. (…) No sé, hay mucha desinformación, mucha falta de cultura entre la gente... (Promotor  ONG).

La percepción del promotor  de la ONG es que entre los participantes de la Mesa  había  “desinformación, mucha  falta de cultura”.  Ciertamente, el comentario presenta  un tono de desazón  con su trabajo de “fortalecimiento  institucional” en la zona, cargada  además de fuertes dosis de etnocentrismo. Ante esta primera aproximación al problema,  se optó por preguntarles  a los mismos participantes  sobre cuáles eran las razones del mismo.  Al respecto,  sus testimonios  afirman  que uno de los principales problemas  de la Mesa fue que “no tenía identidad  propia”. Es decir, el problema era que al ser el Alcalde distrital el Presidente de la mesa, esta aparecía confundida  con la figura del alcalde. De esta manera,  la Mesa no era percibida  como una instancia de apertura del Gobierno  local hacia el conjunto de la sociedad civil local o viceversa, sino más bien como una herramienta de (posible)  manipulación del alcalde para ganar réditos propios.

Los testimonios  recogidos  evidenciaron  una fuerte percepción  sobre la figura del alcalde, como principal “causa” del problema  de la mesa de concertación. Las explicaciones van desde lo que alcalde deja de hacer o hace.  En cuanto  a lo que deja de hacer, se percibe “falta de dinamismo”,  “falta de coordinación”  o “falta de voluntad”. Respecto  de lo que  hace,  se percibe que el alcalde “solo convoca a sus amigos” o utiliza la mesa  de concertación como  mecanismo de manipulación “para tomar fotografías y filmarlo”. Sin embargo, el tema que aparece  como central,  en la mayoría de los testimonios,  es que “el alcalde no ha cumplido con sus promesas”, tanto aquellas  que hizo antes de llegar a la alcaldía, como aquellas percibidas como hechas durante el proceso de elaboración  del Plan Estratégico  desde  la mesa  de concertación y que  se encuentran  plasmadas en dicho documento.

En el caso de Luricocha resulta evidente que la dificultad para separar,  en la percepción de la población, la imagen del alcalde de la imagen del municipio  o de la mesa, es expresión  de una cultura cívica que no logra discernir con claridad lo público de lo privado. Ello limita seriamente  la posibilidad  de desarrollar  con éxito, experiencias de participación basadas en procesos de concertación. Aun más, cuando  en la práctica  de los participantes se puede  derivar  que  la noción  de “concertación”, tal y como fue entendida  por los promotores  de las ONG,  sí ha sido interiorizada por la población.  Sin embargo, esta no encontraría  los espacios necesarios  para poder desarrollarse.

La crisis de la mesa de concertación  en Luricocha no es solo producto  de “desinformación, falta de cultura”,  como  inicialmente señalaba  un  promotor  de ONG. Por el contrario,  como se aprecia en el cuadro 1, el porcentaje de personas  que  conoce  sobre  la existencia  del proceso de concertación en el distrito es bastante  elevado.

Se puede  apreciar  una  respuesta  mayoritariamente afirmativa, que evidencia  que la experiencia de concertación  es conocida  por  buena  parte  de la población de Luricocha.  Sin embargo, el porcentaje de personas  que  ha participado en alguna  actividad  de la mesa disminuye, casi en proporción inversa a los porcentajes  ofrecidos  por las personas  que han escuchado hablar acerca de esta. Aun más, al preguntar  a las personas  si conocen  el “Plan  Estratégico”  elaborado por la mesa de concertación, el porcentaje de respuestas afirmativas disminuye significativamente.

Cultura política del centralismo y la descentralización en Luricocha

Los participantes que se quejaban  sobre  el modo  de funcionamiento de la mesa  de concertación, señalaban como causa la figura del alcalde. Dentro de esas explicaciones, con frecuencia  aparecía  el aspecto  referido a que el alcalde  “no ha cumplido  con sus promesas”. ¿Cuáles eran estas promesas? Muchas de ellas estaban relacionadas con lo que la población  considera como el principal problema del distrito, tal como se puede  apreciar  en el cuadro  2.

Los dos problemas principales del distrito aparecen estrechamente  vinculados  al tema  económico.  En primer lugar, está el problema de la pobreza (18,4%) y en segundo,  el problema  del desempleo  (17,5%).  Que estos  dos  temas  aparezcan encabezando el ranking, no resulta para nada extraño en un distrito que cuenta con elevados  porcentajes de pobreza  y exclusión.

Por otro lado, se constata  que el tema del “centralismo” no aparece  como  un problema importante para la población del distrito. Solo un 4,3% de los encuestados se animó  a señalar  que este es un problema  importante. No obstante, esto no significa la inexistencia de una conciencia  sobre el problema  del centralismo en la zona. Ciertamente, existe una percepción sobre el significado de la exclusión en la zona con relación al desarrollo de Lima frente a “provincias”. Sin embargo, esta percepción se elabora bajo parámetros diferentes a los usualmente manejados por los conocimientos técnicos vinculados al tema.

Para la gran mayoría de la población, los problemas de la pobreza y el desempleo  sí pueden solucionarse. Al ser preguntados  acerca  de cómo  solucionarlos, los participantes mencionaron que  el “cambio”  necesario tendría  que ser, al mismo tiempo, interno y externo. En el fuero interno, se trata de la educación (27%). En el aspecto externo, “más recursos al municipio”, lo cual  se puede  entender como  un reclamo  de mayor presencia  del “señor  Gobierno”  en la zona.

La descentralización aparece  como  una cuarta  alternativa de solución a los problemas  señalados.  El centralismo no es percibido  como el principal  problema. Del mismo  modo,  la descentralización tampoco  es percibida  como una solución  importante. ¿Por qué el centralismo y la descentralización no desempeñan un papel  importante en los principales problemas  de la población?  En resumidas  cuentas,  la respuesta  a esta pregunta es muy sencilla: falta de información,  lo cual
se revela en el cuadro 3.

Una primera  explicación  a estas cifras sería la obvia constatación que  con  relación  al concepto  “descentralización”, hay un gran desconocimiento. El concepto no se ubica, en el sentido común de los luricochanos, en un nivel de discurso explícito y manifiesto. Los porcentajes relativamente bajos  de contacto  con  los medios de comunicación, en buena medida,  explican el desconocimiento sobre  el tema.  Si a esto agregamos el hecho de que la descentralización no ha movilizado con fuerza ni a la comunidad académica  ni a la sociedad  civil,  tampoco  sorprende  que este tema  se maneje  con amplios  márgenes  de desinformación, lo cual se acentúa mientras vamos pasando desde el “centro” (Lima) hacia la “periferia” (provincias) y, aun más, mientras  pasamos  hacia la “periferia  de la periferia”. Este contexto  explica,  un poco  mejor,  las respuestas presentadas en el cuadro  4.

«El centralismo no es percibido como el principal problema. Del mismo  modo, la descentralización tampoco es percibida como una solución importante. ¿Por qué el centralismo y la descentralización no desempeñan un papel importante...?»

¿Los pobladores de Luricocha no quieren descentralización? Eso es lo que podría legítimamente  inferirse, si se toman en cuenta las respuestas  dadas en las encuestas (70,2% señala poco o nada). Al respecto, vale la pena hacer una pregunta adicional:  ¿Cuáles son las motivaciones que están  detrás  de cada  opción?  Las respuestas ofrecidas  sobre el porqué  de la opción  escogida  en relación  con el tema,  señalan  que los que han  estado “nada”  de acuerdo  con la descentralización, optaron  por ella, fundamentalmente, por desconocimiento.  Por el lado de los que dicen estar “poco” de acuerdo con la descentralización, los motivos están más vinculados  a la fuerte desconfianza que hay con el conjunto  total de las autoridades  políticas.  Se está muy influenciado por una perspectiva que considera que la corrupción es un tema común entre la administración pública. Por el lado de los que dicen estar “mucho” de acuerdo con la descentralización, se considera que la descentralización dará mayores márgenes  de libertad y oportunidades de progreso al distrito. En este último caso, se trata del sector más urbano e informado del distrito, los que tienen mayores niveles de educación y tienen como ocupación  principal  la vinculada con actividades  comerciales.

Las respuestas que los encuestados ofrecieron a la pregunta anterior, terminaron por desbaratar nuestras hipótesis iniciales. Al comienzo del estudio imaginábamos, inocente  y optimistamente, que había un “sentido común”  más explícito  sobre el tema del centralismo y la descentralización en la zona. Sin embargo, las respuestas  nos indican que esto va en otra dirección. No obstante,  queríamos  saber cómo los pobladores  de Luricocha  imaginarían  que sería  la forma adecuada de implementar un buen  proceso  de descentralización en el país. La pregunta,  ciertamente, los obligaba  a forzar  una respuesta  sobre  algo  que inicialmente  no aparece como discurso explícito  entre ellos. Esto puede ofrecer luces respecto de lo que, implícitamente, se maneja  como  discurso  sobre  la descentralización (ver el cuadro 5).

Se observa una fuerte opción por relacionar  “descentralización”  con brindar  “más  recursos  al municipio distrital” (35,1%). Una primera lectura podría señalar que existe una opción “localista” referida al tema de la descentralización, estrechamente relacionada con  el refuerzo de la instancia de Gobierno  local más cercana -y familiarpara los luricochanos. Sin embargo, también hay otras opciones. Si sumamos las respuestas que incluyen al “Estado”, evidentemente  vinculado al “señor Gobierno”  ejercido desde Lima, se encuentra  una respuesta en la cual el perfil inicialmente  “local” de la opción por la descentralización presenta mayores matices. Las opciones “Más obras construidas por el Estado en el distrito” (21,1%), “Mayor presencia del Estado en el distrito” (10,5%) y “Más programas de ayuda social” (7%) suman, en conjunto, un total de 38,6% de respuestas  que consideran que se debe reforzar la presencia  del Estado  en el distrito  para  que exista  una buena descentralización. Se trataría, entonces,  de una forma de percibir la descentralización con un componente local muy fuerte. Entre la primera opción referida a “Más recursos para el municipio distrital” (35,1%) y la segunda, “Mayor presencia del Estado en el distrito” (38,6%), lo que encontramos es una demanda  por descentralización en la que la reforma del Estado tenga un perfil muy concreto en el ámbito local.

«Para los luricochanos, un adecuado proceso  de descentralización implica una mayor presencia del Estado en el distrito. No significa un proceso de desconcentración de funciones y recursos en nuevas instancias intermedias, como podrían ser los gobiernos regionales»

Para los luricochanos, un adecuado  proceso  de descentralización  implica una mayor presencia del Estado en el distrito.  No significa  un proceso  de desconcentración  de funciones  y recursos  en nuevas  instancias intermedias,  como podrían ser los gobiernos  regionales. Nótese  las coincidencias entre  esta demanda  de descentralización y lo que  fue el desempeño de la maquinaria  fujimorista  en la zona,  durante  los años 1990. No resulta ninguna exageración señalar que para los luricochanos, la descentralización es un proceso que se percibe muy semejante a lo que la maquinaria hizo durante dichos años.

Pregunta: ¿Ud. cree que el Perú es un país centralista? Respuesta: Es cierto que el Perú ha estado centralizado hasta antes de Fujimori.  Aparentemente se habla del pacto de Fujimori que es totalmente  centralizado, pero si hacemos una evaluación fue al revés (Dirigente local Luricocha).

De los testimonios  anteriormente presentados  se desprenden  dos  cosas  respecto  de la percepción sobre centralismo  y descentralización en Luricocha:  la primera, se percibe que la descentralización es la mayor presencia del Estado en la localidad, fundamentalmente para asegurar los derechos sociales mínimos. La segunda, que esta percepción de la descentralización no es necesariamente sinónimo  de democracia. Aun  más, el único referente  que hay en la memoria  de los luricochanos  es “la descentralización” realizada  durante el gobierno  de Fujimori;  es decir, la presencia de la maquinaria en la localidad.  De esta manera,  se percibe, por un perverso  gambito  conceptual, que la presencia del Estado bajo la administración  fujimorista es una expresión “concreta”  de la descentralización.

Como se puede apreciar en los cuadros 6, 7 y 8, para el 66,7%  de la población  del distrito  de Luricocha “actualmente no existe  democracia en el Perú”. Esa cifra podría  ser tomada  como expresión  de una alta conciencia  crítica frente a los problemas  de nuestra transición  democrática,  si no fuera porque  los mismos encuestados señalan que “Alberto Fujimo  ha sido el mejor presidente de la historia del Perú” (49,1%) y “la situación  del país era mejor en su gobierno  que ahora” (56,1%).

Llegados  a este punto, una primera hipótesis  en relación con el tipo de “cultura  política”  de la (des)centralización  en el distrito  de Luricocha  tiene  que ver con el hecho de que en el transcurso  de la violencia, pero sobre todo en el de la pacificación, la población del distrito habría sellado una suerte de “pacto” implícito con el Estado  peruano,  encarnado  en la imagen de Fujimori.  Mi segunda  hipótesis  es que “el pacto” sería una suerte de hábitus dentro de la cultura política de la zona, con raíces en el anterior sistema de dominación colonial y el posterior gamonal republicano. Mi tercera  hipótesis  es que, aun dentro  de este contexto, la población  de Luricocha  habría interiorizado también  “el derecho  a tener  derechos” ciudadanos. Mi cuarta hipótesis es que la forma que tienen los luricochanos de percibir a la democracia está relacionada no solo con la cultura del “pacto” y la lógica de la ciudadanía  social,  sino  también  con el desempeño que tuvieron en la zona los regímenes democráticos de Belaunde  y García  durante  1980,  período  en el cual la represión  del Ejército  sobre  la población  fue brutal. De esta manera,  hablar  de la experiencia de la “democracia”  de los años 1980 en la zona, es recordar  la muerte  de aproximadamente 7.481  ayacuchanos durante  esa década3. Mi quinta  hipótesis  es que la noción de democracia tendría también otra connotación: esta se relaciona más con los fines que con los procedimientos,  específicamente, con fines  de naturaleza objetiva  más  que subjetiva,  como  es el caso  de las “obras”,  sinónimo  de “buen  gobierno”.

«...hablar de la experiencia de la “democracia” de los años 1980 en la zona, es recordar  la muerte de aproximadamente 7.481 ayacuchanos durante esa década»

«...en el transcurso de la violencia, pero sobre todo en el de la pacificación, la población del distrito habría sellado una suerte de “pacto” implícito con el Estado peruano, encarnado en la imagen de Fujimori»

Conclusiones

En países como el Perú,  hablar  de sociedad  civil no resulta  siempre  sinónimo  de democracia  y participación.  En un ámbito  de naturaleza heterogénea, con fuertes tensiones y brechas económicas  y culturales a su interior, existen dificultades para el establecimiento rápido de pactos y consensos  en torno a una idea mínima sobre lo que debería  ser el “bien  común”.  Aun más, en contextos  de alta exclusión  social y pobreza económica,  de desarrollo  muy desigual  de la condición  de ciudadanía en su interior,  el desempeño de muchas organizaciones de la sociedad civil puede debilitar la democracia,  en lugar de fortalecerla.

«El estudio ha demostrado  que la faceta estatal de los años 1990, ha sido percibida  como un proceso  de “descentralización” y de pobladores de Luricocha»

En ese contexto,  no resulta  exagerado  señalar  que a pesar  de que  en el Perú  se venga  discutiendo  sobre democracia desde hace mucho  tiempo,  como discurso y -sobre todocomo práctica, se trata de un descubrimiento relativamente reciente para la gran mayoría de los peruanos.

El estudio ha demostrado que la faceta estatal de los años 1990,  ha sido percibida  como  un proceso  de “descentralización”  y de democratización entre los pobladores de Luricocha.  En el fondo  aparecen  pendientes reclamos silenciosos  sobre una mayor condición de ciudadanía, de una mayor pertenencia a la comunidad imaginada llamada Perú. Son reclamos hechos desde la “periferia de la periferia”,  los mismos  que se enuncian  desde una cultura política con fuertes componentes locales.

...Nosotros cuando estamos lejos no podemos conversar con el gobierno.  También hay veces que personalmente no podemos  reclamar  nuestros  problemas  que tenemos con los alcaldes, sino con las autoridades,  pero nosotros así a las oficinas que hay superiores no más vamos y entonces,  hay  veces  no nos hace  caso,  no hay  reclamo, entonces  ¿Qué podemos  hacer? Yo también quisiera hablar con el presidente  mismo,  de repente  nuestras  opiniones, nuestros problemas  cuando contaría a él mismo, pero nunca nosotros  con ningún  presidente  nos hemos entrevistado.  (...) Nosotros  estamos  muy cansados,  así participar  con las autoridades  muchas  veces no somos escuchados y que podemos  hacer ya también  no ver a superiores mas no ir ya, así solo cuando vamos a Palacio de Justicia que vamos a ingresar a hablar con el presidente” (Presidenta Club de madres del distrito).

 

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Javier Ávila - IEP 

CONSORCIO DE INVESTIGACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL (CIES) - El propósito del CIES es fortalecer la comunidad académica peruana, para producir y diseminar conocimiento útil para los analistas y agentes de decisión en el sector público, la sociedad civil y la academia. En última instancia, su misión es contribuir al desarrollo del Perú, elevando el nivel del debate nacional sobre las opciones clave de política económica y social.

 

 

 

 

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El propósito del Consorcio de Investigación Económica y Social (CIES) es fortalecer la comunidad académica peruana, para producir y diseminar conocimiento útil para los analistas y agentes de decisión en el sector público, la sociedad civil y la academia. En última instancia, su misión es contribuir al desarrollo del Perú, elevando el nivel del debate nacional sobre las opciones clave de política económica y social. postmasterarrobaconsorcio.org 

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