El extinto Sam Walton, fundador de la enormemente exitosa cadena de
bazares Wal-Mart, a menudo visitaba sus negocios para tener una charla
con los empleados. Recorría los pasillos, hablaba sobre los productos y
servicios con los clientes, y conversaba largamente con los gerentes de
negocio y departamento sobre el modo de hacer las cosas en Wal-Mart.
A menudo tomaba el micrófono y estimulaba a todos los empleados con una
charla en su propio estilo doméstico. La mayoría de ellos experimentaban
una especie de exaltación, de afirmación del valor de lo que estaban
haciendo, cuando él viejo’ aparecía en los lugares de trabajo.
Su mensaje no era muy complicado; no era ciencia espacial ni estadística
sobre la participación en el mercado ni reglas y regulaciones. Siempre
se trataba de la misma idea simple: ‘estamos aquí para crear valor para
nuestros clientes’; ‘ustedes pueden enorgullecerse de lo que hacen y de
lo que aportan, y si hay algo que sus gerentes o yo tengamos que hacer
para que ustedes puedan realizar mejor sus tareas, queremos que nos lo
digan’.
Sam Walton era un evangelista ejecutivo. Era un ‘logotipo humano’. Entre
el personal de Wal-Mart, su sola presencia se había convertido en un
mensaje simbólico que desencadenaba una constelación de ideas y
sentimientos. Asociaban el logotipo con el mensaje superior de la
creación de valor.
Aunque tenía miles de millones de dólares, prefería desplazarse en una
vieja camioneta, y a menudo se lo veía salir de una oficina muy modesta
con ropa poco vistosa. No daba la impresión de ser un capitalista
distante, rico, de mucho poder; para los empleados de Wal-Mart era
sencillamente Sam. Y su mensaje era simple e indiscutible: todos estamos
aquí para crear valor.
Bill Marriott, presidente de la multimillonaria Marriott Corporation,
pasa hasta la cuarta parte de su tiempo viajando por EEUU, Europa y
otros lugares, para visitar a los empleados de los hoteles y los
servicios de comida de la compañía. Lo he visto entrar en un hotel y
demostrarle al personal que él tiene todo el tiempo del mundo para
hablar con ellos y escuchar sus ideas sobre lo que están haciendo. Se
introduce en prácticamente todos los departamentos de un hotel, estrecha
las manos de los cocineros, las asistentas, los empleados de recepción,
los botones, los operarios de mantenimiento y los encargados de la
limpieza. El efecto es eléctrico. ‘Aquí estoy yo’, piensa una ama de
casa, ‘una persona común y trabajadora, dándole la mano al presidente
del directorio de la Marriot Corporation’.
Quizá les parezca cursi a muchos ejecutivos y personas de mentalidad
administrativa, pero, para quien estrecha la mano de Marriott, ésa es
una experiencia muy potente.
Todas las veces que puede, Marriott les dice a sus gerentes: ‘Cuiden a
los empleados, y ellos cuidarán a los clientes’. Reconoce que una
dimensión crítica de su papel es servir como símbolo para el mensaje del
valor de cliente. Cuando él aparece, su presencia misma es el mensaje.
Lo que diga sólo puede añadir algunos detalles al mensaje básico que es:
‘Todos estamos aquí para crear valor’.
Diana Fontanez - www.comerciohispano.com
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