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¿QUÉ CLIMA NOS HACE FALTA EN EL SALVADOR?

Autor: Rafael Ernesto Góchez

Competitividad

27-01-2006

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El Informe sobre el Desarrollo Mundial 2005 trata de la creación de oportunidades que permitan a la gente escapar de la pobreza y mejorar su nivel de vida. Se centra en la creación de un clima en el que empresas y empresarios tengan posibilidades e incentivos para invertir en forma productiva, crear puestos de trabajo y crecer, y, de este modo reducir la pobreza. Con este enfoque, el Banco Mundial pareciera no haber aprendido las lecciones del siglo XX, ya que deja por fuera los aspectos socioculturales y las funciones de los ecosistemas.

Este vacío se pudo constatar en el discurso de apertura del BM en una reciente Conferencia realizada en el país. En vista de que los hechos constatan la vulnerabilidad socioambiental de El Salvador. Miles de millones de dólares se tienen que gastar para atender los efectos de los recurrentes sismos, sequías y tormentas tropicales. Estos fenómenos afectan principalmente a los más pobres y tienen expresiones territoriales: zonas marginales ubicadas a la orilla de los ríos y poblaciones viviendo en áreas deforestadas y próximas a deslizamientos.

El planteamiento del BM fue simple: a mayor productividad, menor pobreza.

Conclusión: hay que mejorar el clima de los negocios. Esto quiere decir que los esfuerzos nacionales deben orientarse a favor de las empresas y empresarios ¿Se imagina usted a un funcionario público haciendo este planteamiento ante organizaciones de la sociedad civil? ¿Se imagina usted trasmitiendo ese mensaje a los próximos candidatos a alcaldes ante jóvenes y mujeres cabeza de hogar?

Lo paradójico de las recetas de las instituciones financieras internacionales (IFI) es que promovieron varias reformas en la década de los noventa que, entre otras cosas, debilitaron la capacidad de los gobiernos nacionales. Hoy que El Salvador necesita institucionalidad para innovar, descentralizar y combatir la pobreza, resulta que su déficit fiscal y endeudamiento externo limitan su margen de maniobra. ¿Qué puede hacer el gobierno salvadoreño para favorecer el clima de negocios y atender la demanda social local al mismo tiempo?

La respuesta a esa pregunta es difícil, sobre todo porque al país le falta capacidad de propuesta ante las IFI. Aún está lejos el día que se le den recursos suficientes a la inversión en capital humano (conocimientos), natural (cuencas hidrográficas) y social (jóvenes y mujeres). La política de desarrollo y la cartera de préstamos de las IFI se inclinan hacia el comercio externo, los megaproyectos y la macroeconomía. El enfoque que aplica nuestro gobierno pareciera coincidir con ese enfoque. Sólo que ahora lo llaman diferente (clima de negocios) y lo acompañan de programas de compensación social.

¿Qué clima nos hace falta en El Salvador? ¿Un clima de negocios para las empresas o un clima de desarrollo local para la gente? Ambos son necesarios y complementarios. La diferencia es que el primero se centra en las empresas y empresarios, y el segundo en la relación gobernantes y gobernados. ¿Qué cree usted que más nos hace falta? ¿Empresarios o estadistas? ¿Consumidores o ciudadanos? ¿Centros comerciales o espacios públicos?

Hay un anuncio esperanzador. El plan social “Oportunidades”. La reacción inicial es positiva, pero también hay inquietudes. En “Oportunidades” no es claro el rol de las municipalidades, ni la relevancia de los sistema productivos territoriales. Eso no es casualidad. Se debe a que están aplicando un enfoque de compensación social (transferencias del gobierno central a familias pobres). Este abordaje no facilita la articulación entre las instituciones gubernamentales y las municipalidades, para lograr el desarrollo humano a nivel local. Una de las razones para no asignarles un claro rol a las municipalidades, es probable que sean sus limitadas capacidades de gestión. Si así fuese, convendría revisar el análisis. Ya que esa debilidad es un efecto (no causa) del centralismo, presidencialismo y asistencialismo promovido por décadas en El Salvador.

La Secretaría Técnica de la Presidencia de la República (STPR) está llamada a procurar un uso racional de los escasos recursos públicos a través de una efectiva coordinación entre los programas de gobierno. Para muestra un botón. “Oportunidades” tendrá la tarea de integrar sus cinco componentes (Red Solidaria, Microcréditos, FOSALUD, Jóvenes y Conéctate). Pero el verdadero desafío está en armonizar “Oportunidades” y la Agenda Nacional de Desarrollo Local. De hacer esto último, la STPR estaría dando un enorme paso a favor de: (1) la suma de esfuerzos entre gobierno central, municipalidades y comunidades, y (2) la aplicación del principio de subsidiaridad, que es el fundamento para trazar los límites de la intervención del Estado y alcanzar el bien común.
 

Rafael Ernesto Góchez

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