El Informe sobre el Desarrollo Mundial 2005 trata de la creación de
oportunidades que permitan a la gente escapar de la pobreza y mejorar su
nivel de vida. Se centra en la creación de un clima en el que empresas y
empresarios tengan posibilidades e incentivos para invertir en forma
productiva, crear puestos de trabajo y crecer, y, de este modo reducir
la pobreza. Con este enfoque, el Banco Mundial pareciera no haber
aprendido las lecciones del siglo XX, ya que deja por fuera los aspectos
socioculturales y las funciones de los ecosistemas.
Este vacío se pudo constatar en el discurso de apertura del BM en una
reciente Conferencia realizada en el país. En vista de que los hechos
constatan la vulnerabilidad socioambiental de El Salvador. Miles de
millones de dólares se tienen que gastar para atender los efectos de los
recurrentes sismos, sequías y tormentas tropicales. Estos fenómenos
afectan principalmente a los más pobres y tienen expresiones
territoriales: zonas marginales ubicadas a la orilla de los ríos y
poblaciones viviendo en áreas deforestadas y próximas a deslizamientos.
El planteamiento del BM fue simple: a mayor productividad, menor
pobreza.
Conclusión: hay que mejorar el clima de los negocios. Esto quiere decir
que los esfuerzos nacionales deben orientarse a favor de las empresas y
empresarios ¿Se imagina usted a un funcionario público haciendo este
planteamiento ante organizaciones de la sociedad civil? ¿Se imagina
usted trasmitiendo ese mensaje a los próximos candidatos a alcaldes ante
jóvenes y mujeres cabeza de hogar?
La política de desarrollo y la cartera de préstamos de las IFI se
inclinan hacia el comercio externo, los megaproyectos y la
macroeconomía. El enfoque que aplica nuestro gobierno pareciera
coincidir con ese enfoque. Sólo que ahora lo llaman diferente (clima de
negocios) y lo acompañan de programas de compensación social.
¿Qué clima nos hace falta en El Salvador? ¿Un clima de negocios para las
empresas o un clima de desarrollo local para la gente? Ambos son
necesarios y complementarios. La diferencia es que el primero se centra
en las empresas y empresarios, y el segundo en la relación gobernantes y
gobernados. ¿Qué cree usted que más nos hace falta? ¿Empresarios o
estadistas? ¿Consumidores o ciudadanos? ¿Centros comerciales o espacios
públicos?
Hay un anuncio esperanzador. El plan social “Oportunidades”. La reacción
inicial es positiva, pero también hay inquietudes. En “Oportunidades” no
es claro el rol de las municipalidades, ni la relevancia de los sistema
productivos territoriales. Eso no es casualidad. Se debe a que están
aplicando un enfoque de compensación social (transferencias del gobierno
central a familias pobres). Este abordaje no facilita la articulación
entre las instituciones gubernamentales y las municipalidades, para
lograr el desarrollo humano a nivel local. Una de las razones para no
asignarles un claro rol a las municipalidades, es probable que sean sus
limitadas capacidades de gestión. Si así fuese, convendría revisar el
análisis. Ya que esa debilidad es un efecto (no causa) del centralismo,
presidencialismo y asistencialismo promovido por décadas en El Salvador.
La Secretaría Técnica de la Presidencia de la República (STPR) está
llamada a procurar un uso racional de los escasos recursos públicos a
través de una efectiva coordinación entre los programas de gobierno.
Para muestra un botón. “Oportunidades” tendrá la tarea de integrar sus
cinco componentes (Red Solidaria, Microcréditos, FOSALUD, Jóvenes y
Conéctate). Pero el verdadero desafío está en armonizar “Oportunidades”
y la Agenda Nacional de Desarrollo Local. De hacer esto último, la STPR
estaría dando un enorme paso a favor de: (1) la suma de esfuerzos entre
gobierno central, municipalidades y comunidades, y (2) la aplicación del
principio de subsidiaridad, que es el fundamento para trazar los límites
de la intervención del Estado y alcanzar el bien común.
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