El desafío ambiental en el salvador

Autor: Rafael Ernesto Góchez

Sostenibilidad y gestión ambiental

12/09/2007

El Salvador tiene 21,040 km 2 y está conformado por 14 departamentos y 262 municipios. Se estima que 6.5 millones de compatriotas viven adentro y 2.5 millones viven afuera del país. Los recursos agua, aire, suelo y diversidad biológica se encuentran seriamente deteriorados. A continuación se presentan algunos datos del Informe Nacional del Medio Ambiente 2002. El cual sugiere que El Salvador está próximo a llegar al punto de irreversibilidad. Es decir, urge tomar acciones conjuntas en pro de las presentes y futuras generaciones.

Los ríos reportados como más contaminados son el Acelhuate, Suquiapa, Sucio, Grande de San Miguel y Acahuapa, los cuales drenan las aguas residuales de San Salvador, Santa Ana, Santa Tecla, San Miguel y San Vicente, respectivamente. La cobertura para el saneamiento ambiental en el área urbana está próxima al 86% y la letrinización en el área rural se estimó en 53%. La cobertura del servicio de agua potable en el área rural está próxima al 48%.

La contaminación atmosférica representa un problema predominantemente metropolitano, determinado por los altos índices de concentración de vehículos e industrias en San Salvador y La Libertad. El 70% de las emisiones de aire provienen de la flota vehicular. Con respecto a la calidad del suelo, se sostiene que más de la mitad del territorio nacional está siendo utilizado en forma inapropiada. En El Salvador se han reportado tasas anuales de erosión de 59 millones de toneladas de suelo, pérdida equivalente a un terreno de 4,545 hectáreas (45.45 km 2 ) de superficie con metro de profundidad.
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Actualmente existen 118 áreas propuestas con potencial para integrar el Sistema de Áreas Naturales Protegidas (SANP) con un total de 39,975 hectáreas, equivalentes al 1.86% del territorio nacional. Sólo tres han sido declaradas oficialmente como áreas naturales protegidas: Parque Nacional Montecristo, Parque Nacional El Imposible y la Laguna El Jocotal. Datos recientes estiman que el país cuenta con 38,038 hectáreas de manglares, lo que equivale al 1.8 % del territorio nacional. Estas zonas son habitadas por muchas especies de alto valor comercial, encontrando entre los invertebrados conchas, cangrejos, mejillones, almejas y camarones; entre los peces, los bagres, pargos, meros y corvinas.

La generación promedio de desechos sólidos a nivel nacional es aproximadamente 2,347 toneladas diarias. En el país sólo el 69% de los municipios y el 63% de la población cuentan con el servicio de recolección. 143 de los 182 municipios que cuentan con servicios de recolección, son botaderos a cielo abierto. Para la disposición final de los desechos, solamente 19 de los 182 municipios cuentan con sitios adecuados (rellenos sanitarios) que reúnen las condiciones técnico-ambientales. Por otra parte, algunos cálculos indican que alrededor del 9% del territorio está expuesto a impactos severos y moderados por inundaciones y el 19% está expuesto a diversos tipos de deslizamientos.

Todos estos datos sugieren que se hizo bien en crear el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales ( www.marn.gob.sv ) y el Servicio Nacional de Estudios Territoriales ( www.snet.gob.sv ), así como también en aprobar la Ley de Medio Ambiente y sus reglamentos. Estos han sido pasos en la dirección correcta, pero insuficientes para que el desarrollo de El Salvador sea sostenible.

En primer lugar, el problema ambiental sólo puede solucionado con el concurso de todos los sectores: empresarial, académico, social y político. Es decir, un esfuerzo de país. Una señal positiva ha sido la reciente creación del Consejo Nacional de Medio Ambiente. La gran interrogante es acerca del método o estrategia a seguir para integrar la dimensión ambiental en los planes y programas de acción gubernamentales, empresariales y comunitarios.

Hay tres vías: legislando y haciendo cumplir la normativa ambiental (comando y control); innovando y aplicando sistemas eficientes de producción (tecnología); y diseñando; y desarrollando instrumentos económicos en pro de la gestión ambiental (incentivos y contraincentivos). Lo óptimo sería combinar las tres formas simultáneamente. No obstante, El Salvador enfrenta obstáculos para hacerlo: poca educación ambiental (costumbre de lanzar papeles y basura al suelo), escasa inversión en investigación (nulo desarrollo científico de las universidades) y débil institucionalidad (lo ambiental es marginal en los programas de gobierno y préstamos internacionales). Por dónde comenzar? Poniendo en marcha el plan de ordenamiento territorial; destinando una comisión del uno por ciento para un fondo ambiental específico de todos los préstamos y donaciones internacionales que se suscriben; concertando con quince municipalidades la puesta en marcha de un programa de desechos sólidos; delimitando y registrando legalmente las áreas de conservación de Jaltepeque-Jiquilismo, Conchagua e Ilamatepec-Apaneca; y creando un mecanismo de financiamiento para el cobro y pago de servicios ambientales.
 

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Rafael Ernesto Góchez

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