Las propuestas del Libro Verde patrocinado por FUSADES y CEDES en 1997,
las generadas en el Plan de Nación en 1998 y las presentadas en Madrid
después de los terremotos de 2001, entre otras, coincidieron en la
necesidad de unir esfuerzos y de poner en marcha al país en la senda de
un futuro más seguro, sostenible y justo. La pregunta es: ¿por qué
habiendo tantas propuestas, se ha avanzado tan poco en esa dirección?
Ello se debe a que la apuesta de los tomadores de decisión se ha
limitado a la apertura externa (globalización). Los promotores del libre
comercio piensan que los TLC son suficientes para salir adelante,
olvidándose de la apertura interna (localización). Esta desintegración
explica el rumbo que lleva el país y la creciente brecha social.
Al predominar un enfoque macroeconómico y hacia fuera, es lógico que la
política pública relegue a un segundo plano a lo social, ambiental y
local. Por ello y dada la concentración económica y de formación de
recursos humanos en el gran San Salvador, se vuelve difícil ampliar las
oportunidades de inversión y empleo productivo a nivel local.
El Banco Mundial plantea que la disparidad del ingreso entre el Norte y
Sur se debe principalmente a la concentración de los factores relativos
al conocimiento.
Las nuevas tecnologías explican al menos la mitad del crecimiento económico mundial, pero Latinoamérica tiene dificultades para aprovecharlas. En El Salvador basta con visitar los laboratorios, bibliotecas y equipos de investigación de las universidades, para comprender nuestro atraso. Este déficit aumenta a medida que nos alejamos del gran San Salvador. La clara división de El Salvador en dos realidades, la capital y el resto del país, ha venido aumentando. Esta brecha crece debido a los obstáculos que enfrentan los municipios para que su población económicamente activa tenga acceso al trabajo, información y tecnología v.g. las municipalidades que poseen un sitio Web se cuentan con los dedos de una mano.
Cualquier alternativa económica que se adopte requiere de planeación. Prueba de ello es que los países que han tenido éxito con productos derivados de recursos naturales (pescados, frutas, flores y otros), se tomaron más de diez años en alcanzar grandes volúmenes de exportación. También realizaron investigaciones de los potenciales productivos y su entorno; ya que la factibilidad del negocio incide en las decisiones de los inversionistas. Además, los emprendedores locales necesitan, entre otras cosas, fortalecer su pensamiento estratégico y sus capacidades de gestión empresarial para entrar al mercado internacional. Es decir, para que los emprendedores salvadoreños tengan éxito con los productos étnicos de exportación y el turismo nostálgico (ambos relacionados con los patrimonios natural y cultural), requieren de una institucionalidad adecuada para que la asistencia técnica y capacitación respondan a las demandas específicas y territoriales de la producción y comercialización de dichos bienes.
El reto es llegar a lo micro. Por ejemplo, lograr que los emprendedores tengan mayor acceso a conocimientos e información. Una iniciativa en esa dirección es la propuesta de un programa de capacitación virtual y una red de servicios de apoyo al desarrollo económico local. De esa manera los lugareños ya no tendrían que abandonar sus trabajos para ir a San Salvador. Al contrario, la capacitación e información llegarían a ellos y en respuesta a su demanda. Además, las municipalidades tendrían un medio electrónico para hacer gestiones en pro de sus economías locales, ahorrándose lo que hoy gastan en viajar frecuentemente a la capital. Se agilizarían trámites burocráticos relacionados con la actividad empresarial y facilitarían los negocios con los salvadoreños en el exterior.