Estos apuntes destacan la importancia de desarrollar el potencial de la
gente y de sus organizaciones, para realizar procesos participativos y
sostenibles de desarrollo, por ser ese uno de los aspectos más
discutidos a nivel mundial, debido a que un alto porcentaje de proyectos
con apoyo bilateral (países) o multilateral (bancos y organismos
internacionales) para enfrentar el empobrecimiento de la gente y el
deterioro ambiental, han fracasado. Al respecto hay más preguntas que
respuestas, y las experiencias exitosas han sido aquellas que se
fundamentan en la creatividad, capacidad y liderazgo local.
Esto significa varias cosas y tiene implicaciones en el futuro de la
asistencia para el desarrollo. Una, los cooperantes se inclinarán cada
vez más a trabajar directamente con las instancias más próximas y
confiables para las comunidades. Dos, trabajar con y para los pobres
conducirá a fortalecer la institucionalidad local para el desarrollo
(pública y privada). Tres, estimular a los pobres para que sean parte de
la solución del problema redundará en la búsqueda de una democracia
participativa, en beneficio de todos.
Estos tres aspectos permiten advertir la tendencia internacional hacia
la elaboración e implementación de políticas, estrategias y programas
nacionales de desarrollo. La clave está en construir una visión común de
desarrollo y en crear mecanismos de coordinación entre el Estado, la
sociedad civil y el sector empresarial para establecer prioridades y
asumir los compromisos necesarios para solucionar los principales
problemas del país.
Este planteamiento es viable en la medida que la sociedad civil
organizada y el sector empresarial local asuman un papel cada vez más
protagonista en las decisiones que les afectan sus vidas. Ello requiere
un cambio de actitudes y aptitudes.
En las actitudes lo determinante es la voluntad y disposición de los
actores locales para cambiar las cosas que están a su alcance. La
mayoría de los problemas locales son solucionables con los recursos
disponibles a nivel municipal y departamental. Es decir, los lugareños
no deben esperar que el nivel central le solucione los problemas ni
depender de éste para actuar. En este sentido, los municipios deberían
valorar sus recursos y las contribuciones que ellos hacen al desarrollo
nacional, para que en base a dicho aporte actual y futuro se establezca
una relación más positiva y menos injusta. La siguiente interrogante
ilustra lo anterior. ¿Cuánto le pagamos quienes vivimos en el gran San
Salvador a los campesinos y pequeños productores que habitan en las
subcuencas del río Lempa por contribuir a conservar los sistemas de
abastecimiento de agua potable y de energía hidroeléctrica?. La
respuesta es clara. Los municipios con el mayor nivel de necesidades
básicas insatisfechas se encuentran al norte de los departamentos de
Chalatenango, Cabañas, Morazán, San Miguel y La Unión.
En lo que respecta a las aptitudes, el fomento de talentos, iniciativas
y potenciales de las localidades es lo primordial para solucionar los
problemas de las comunidades. Ello significa que lo prioritario es la
inversión en el recurso humano y en la institucionalidad local para el
desarrollo. Mejorar la capacidad técnica y de gestión de las escuelas e
institutos, asociaciones comunitarias, mujeres cabezas de hogar,
empresas y concejos municipales, es determinante para crecer
económicamente y distribuir mejor los beneficios.
Pero no basta con mejorar las actitudes y aptitudes de los lugareños
para alcanzar el desarrollo sostenible. Es preciso articular -en una
forma sistémica- el nivel local, nacional y regional. Veamos el
siguiente planteamiento. El suministro de energía, agua potable y
alimentos al gran San Salvador proviene principalmente del interior del
país; sin embargo, tanto la biodiversidad, flora y fauna como el
potencial pesquero y turístico están en las áreas rural y costera, las
cuales paradójicamente tienen elevados índices de pobreza.
Adicionalmente, recursos naturales estratégicos (río Paz, Montecristo,
cuenca del Lempa y golfo de Fonseca) son compartidos con países vecinos.
En síntesis, todas las localidades tienen su especificidad y relevancia.
Visualizar el país desde una perspectiva territorial-poblacional podría
contribuir a destacar la importancia de la participación de diferentes
sectores y niveles en el proceso de desarrollo.
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