Desarrollo sostenible: iniciativas locales
27-01-2006
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su
documento “Erradicar la pobreza: marco general para la elaboración de
estrategias nacionales”, plantea que la promoción del desarrollo
sostenible exige la adopción de un programa integrado y multisectorial
encaminado a la superación de la pobreza. Los programas exitosos
apoyados por el PNUD a nivel mundial indican que entre las prioridades
están las siguientes: (1) inversión en recursos humanos con el fin de
mejorar las aptitudes y la productividad de la población; (2) creación
de empleos y apoyo a la microempresa; (3) promoción de la equidad de
género y la participación plena de la mujer en la sociedad; (4)
conservación y regeneración de recursos naturales y medio ambiente; (5)
fomento de la participación ciudadana, descentralización y
fortalecimiento de las capacidades locales.
El desarrollo sostenible se destaca por priorizar y responder a las
necesidades humanas básicas, respetando las leyes de la naturaleza. La
clave está en que la población limite tanto su consumo de recursos
naturales como la generación de desechos a niveles que le permitan a la
naturaleza reponer y asimilar dichos recursos. Para ello es preciso
tomar en cuenta de manera equilibrada y complementaria las variables
sociales, económicas y ambientales a nivel local. En este sentido, se
necesita que el sector privado modernice sus modalidades de producción y
gerencia, y que los gobiernos locales modifiquen sus formas
tradicionales de organización y funcionamiento. Por lo que, el uso de
instrumentos tales como el ordenamiento territorial, manejo de
conflictos, gestión ambiental y gerencia participativa adquieren
actualidad, particularmente los que utilizan metodologías aplicadas al
desarrollo y prestación de servicios descentralizados.
De acuerdo a datos disponibles, el sector de la microempresa representa
el 25% del PIB y le da ocupación al 30% de la población económicamente
activa en El Salvador. Se estima que funcionan 397,500 microempresas, de
las cuales el 72% está en áreas urbanas. Alrededor del 22% de los
microempresarios son analfabetas y más del 70% sólo tiene educación
primaria. El 33% de los microempresarios considera que su principal
problema es la falta de clientes.
Estas cifras reflejan que un amplio segmento de la sociedad salvadoreña
no ha podido ser absorbida por el mercado de trabajo. Así también lo
demuestra el hecho de que el 63% de las microempresas son de
subsistencia, las cuales tienen tan baja productividad que sólo buscan
generar ingresos para consumo inmediato del trabajador (venta de comida
y comercio al por menor).
Este fenómeno de informalidad económica urbana también sucede por que
las condiciones socio-económicas que ofrecen las grandes ciudades son
“mejores”que las del área rural. Prueba de ello es que sólo La Libertad
y San Salvador son receptores de población, los 12 restantes
departamentos son expulsores de población; 4 de los 12 restantes tienen
tasas netas de migración superiores al 12%.
El modelo actual de crecimiento ha sido de naturaleza
urbano-financiero-industrial y lidereado por las grandes empresas,
asignándole una suficiente y automática ampliación de las oportunidades
de empleo e ingreso hacia el interior del país. Sin embargo, los datos
disponibles no permiten comprobar tales suposiciones. Lo que hace dudar
de los efectos del “rebalse” de dicho modelo en el conjunto del
territorio y de la sociedad salvadoreña.
Lo anterior adquiere relevancia dado que el 20% de salvadoreños ha
optado por vivir en otros países, que arriba del 50% de los municipios
no tendrá próximamente disponibilidad de agua y que más de 4 millones de
pobres urbanos podrían vivir en El Salvador al inicio del siglo XXI.
Estas cifras dan una idea de las perspectivas que tienen muchos adultos
acerca del futuro de sus hijos y nietos en El Salvador, y explican las
razones que lleva a un creciente número de compatriotas a buscar mejor
suerte en las ciudades de EUA.
Las políticas y programas de desarrollo sostenible buscan mejorar los
servicios sociales básicos, el saneamiento ambiental, las oportunidades
de empleo y las capacidades de gestión local, conduciendo necesariamente
al fomento de la organización y participación social en la toma de las
decisiones que les afectan sus vidas. Es por eso que la medición y
determinación geográfica de la pobreza, del desempleo y del deterioro
ambiental ocupan un lugar destacado en el desarrollo sostenible. La
atención integral de los problemas exigen estrategias de desarrollo que
van más allá de la simple estabilización macroeconómica. Además del
balance de las cuentas nacionales y de las políticas sectoriales, se
requiere de la potenciación de las capacidades social, empresarial,
institucional y política del nivel local.
Por otra parte, la realidad muestra que los efectos esperados del
“rebalse” macroeconómico, son claramente desiguales e insuficientes para
eliminar la situación de pobreza en que vive más de la mitad de
salvadoreños. La lógica del planteamiento económico-financiero se
orienta esencialmente hacia el mercado mundial y desde luego, no asume
compromisos con las tareas de superación socio-económica y ambiental en
los diferentes departamentos y municipios del país. Lo dicho
anteriormente no niega la importancia que posee el logro de un clima de
estabilidad macroeconómica, sino el rechazo del enfoque estrictamente
económico. Lo que se propone es complementar el esfuerzo de las
políticas macroeconómicas, asignándole similar atención a las políticas
dirigidas a los niveles microeconómicos y a la concertación de las
políticas sectoriales del gobierno central con los actores e
instituciones locales, dada la dificultad de los planteamientos
centralistas y sectoriales de adaptarse a las realidades municipales.
El desarrollo sostenible busca potenciar las capacidades e iniciativas
locales de desarrollo. La cercanía a los problemas, necesidades y
recursos permite un diseño de políticas más realistas y sobre todo,
concertadas con los diferentes actores y sectores, estimulando de esta
manera una cultura local de desarrollo. El desafío del siglo XXI es que
además de las entidades estatales centrales y la gran empresa, los
actores públicos y privados del nivel local se organicen y conviertan en
protagonistas del desarrollo nacional. Es evidente, por tanto, que los
mecanismos de participación ciudadana y de coordinación entre el Estado
y la sociedad civil resultan decisivos para avanzar hacia el desarrollo
sostenible.
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Rafael Ernesto Góchez

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