Al iniciar la gestión gubernamental 2004-09, la contracción económica y
la confrontación política seguramente acapararán la atención pública y
harán que el tema ambiental siga siendo secundario.
De ser así, el deterioro de los recursos naturales se aproximará al
punto de irreversibilidad. Ello tendría implicaciones en la economía
familiar, empresarial y nacional, ya que se elevarían: (1) los costos
para proveer agua potable y energía, (2) los recursos para atender las
enfermedades respiratorias e intestinales, y (3) los fondos para mitigar
la vulnerabilidad socioambiental y los efectos de los desastres
naturales.
Los costos de mantener los actuales niveles de crecimiento económico y
desarrollo humano, serán cada vez mayores. Ya que las presentes
generaciones están utilizando irracionalmente los recursos naturales que
requerirán las futuras generaciones (nuestros hijos y nietos) para
satisfacer sus necesidades. Es evidente, entonces, que el medio ambiente
es un punto estratégico. Sin embargo, al próximo gobierno le será
difícil abordar seriamente los temas de interés intergeneracional. Lo
más seguro es que su agenda gire alrededor de lo inmediato
(administración de crisis).
De seguir descuidando el medio ambiente, el país tendrá que comprar
tecnologías y construir obras cada vez más costosas para proveerse
energía y agua potable. Ello hará que aumenten los presupuestos
familiares y los costos de producción de las empresas, lo cual les
restará competitividad para participar en el mercado mundial.
Adicionalmente y de no prestarle la atención debida al saneamiento
básico, una parte importante de los gastos públicos se destinará para
enfrentar las enfermedades provenientes de la contaminación del aire,
agua y suelo. Todo ello hará que un creciente porcentaje de los fondos
públicos sean reprogramados para atender emergencias relacionadas con el
medio ambiente (dengue, cólera, neumonía, conjuntivitis, inundaciones,
derrumbes y otras).
Durante el tiempo que dure la campaña electoral, miles de lugareños
estarán acarreando agua y tratando de llevar alimentos a sus hogares. La
contaminación de ríos y la pérdida de suelo seguirán afectando los
sistemas de producción agrícola, energía hidroeléctrica y agua potable.
Las epidemias y la basura continuarán limitando el desarrollo turístico.
El reto es grande y poco se hará en los próximos meses. Ya que lo que
habrá es propaganda electoral. Urge, por lo tanto, que los candidatos
presidenciales se comprometan y expliquen qué y cómo van hacer para que
el desarrollo de El Salvador sea sostenible. Una forma de hacerlo es
expresando públicamente su posición sobre la política de ordenamiento
territorial; aplicación de instrumentos económicos para la gestión
ambiental; recuperación de cuencas hidrográficas; manejo de desechos
sólidos; y conservación de áreas naturales protegidas.
El próximo gobierno no partirá de cero. Tendrá la oportunidad de
potenciar varias iniciativas existentes. Muchos proyectos estarán
comenzando y serán ejecutados por ONG, empresas y municipalidades. Lo
que la nación requerirá, entre otras cosas, es lo siguiente: (1) un
programa informativo-participativo para incorporar la dimensión
ambiental y la gestión de riesgos en las actividades cotidianas de la
familia, escuela, empresa, comunidad y gobierno; (2) un mecanismo
transparente y efectivo de financiamiento para la gestión integral de
ecosistemas (fideicomiso), asignándole el dos por ciento del presupuesto
de todo programa y proyecto que requiera de aprobación gubernamental
(sea de fuente externa o interna); y (3) un Ministerio de Medio Ambiente
y Recursos Naturales con el respaldo político y presupuestario
requeridos para asumir el liderazgo y la rectoría en los temas sugeridos
anteriormente.
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