La caída del muro de Berlín y la construcción del muro de Tijuana
simbolizan la evolución del mundo e ilustran los nuevos retos y
relaciones internacionales. Hoy en día, el bienestar de las presentes y
futuras generaciones es la tarea principal de la humanidad.
Las Naciones Unidas afirman que el siglo próximo habrá de ser el siglo
del desarrollo, concluyendo que la batalla por un desarrollo centrado en
el ser humano y sostenible no se ganará o perderá en los pasillos de los
gobiernos sino en cada pueblo y hogar, en cada aldea y ciudad, en el
quehacer cotidiano de cada miembro de la comunidad mundial y de cada
institución de la sociedad civil. La ONU también plantea que el problema
de la integración social tiene un carácter cada vez más internacional.
Los grandes movimientos de la población a través de fronteras
internacionales, en busca de una vida nueva y mejor, influyen
crucialmente en los planes de acción nacionales e internacionales.
Mientras no mejore el desarrollo a escala mundial, habrá grandes grupos
de población que seguirán cruzando las fronteras, a pesar de lo que
hagan por controlar o impedir su movimiento.
Con la finalización de la guerra fría y de los conflictos bélicos en
Centroamérica, los salvadoreños deberíamos poner atención y abordar el
empobrecimiento de la gente, el desempleo, el deterioro ambiental y la
inseguridad ciudadana. Tanto en El Salvador como en Centroamérica, la
pobreza representa la principal amenaza contra el medio ambiente y la
estabilidad socio-política. En este sentido y partiendo de que el
desarrollo sostenible trata de hacer compatibles las necesidades
materiales de la sociedad con la capacidad del ecosistema para
satisfacerlas -sin comprometer las oportunidades de las generaciones
futuras-, es que la adopción de dicho enfoque de desarrollo puede
viabilizar la puesta en práctica de mecanismos de participación y
concertación entre el Estado y la sociedad civil para la adopción de
políticas nacionales de desarrollo que, por una parte, transciendan las
posiciones partidarias e ideológicas, y por otra, brinden más ventajas
comparativas en las negociaciones, acuerdos y relaciones
internacionales.
En un contexto de creciente interdependencia entre países y problemas en
el campo social, ambiental y económico, las respuestas que se destacan
son las que integran las esferas internacional, nacional y local. Por
ejemplo, las mayoría de “hermanos lejanos” que se fueron para EUA
provienen de las localidades rurales y sub-urbanas más pobres y más
deterioradas ecológicamente del país, quienes en busca de seguridad
física durante los 12 años de conflicto decidieron refugiarse en el país
que más cooperación económica y militar proporcionó durante dicho
período, pero que ahora su motivo principal de pasar el muro de Tijuana
es encontrar mejores oportunidades socio-económicas.
El resultado de este fenómeno es que cerca del 20% de los salvadoreños
reside en otros países y que gracias a sus remesas familiares (divisas)
se logran equilibrar las cuentas macroeconómicas. Por su parte y a raíz
del renovado fenómeno de la inmigración, algunas entidades públicas y
privadas norteamericanas empiezan a reflexionar sobre la relación entre
su seguridad y bienestar social, y la pobreza y el deterioro ambiental
de sus países vecinos del Sur.
Ante los nuevos retos y relaciones internacionales, conviene precisar
que el país no se opone al criterio de que las nuevas inversiones sean
ambientalmente sanas. Lo que hace falta es contar con una legislación
ambiental que respalde dicha concepción, así como con la voluntad y
conciencia ciudadana para cumplirla y exigirla. Asimismo, conviene tener
presente el riesgo de que los reglamentos ambientales y normas de salud
se conviertan en instrumentos de restricción comercial. Un ejemplo que
ilustra la incorporación de los temas migratorio y ecológico es el
Tratado de Libre Comercio entre Canadá, EUA y México. Este es un claro
mensaje para las empresas nacionales que aspiran a participar en el
mercado del siglo XXI. Afortunadamente, lo antes indicado puede
contribuir a que los empresarios salvadoreños participen más
decididamente en la lucha contra la pobreza y la degradación ambiental a
nivel nacional y local.
Las empresas, sus productos y sus trabajadores se encuentran en un
territorio específico, donde el entorno y los sectores que lo conforman
(salud, educación, transporte, comunicaciones, etc) determinan la
calidad del bien o servicio que va al mercado. Por lo tanto, una empresa
cuyo entorno se caracterice por analfabetismo funcional, desnutrición,
deforestación y contaminación no puede elaborar productos competitivos
que cumplan con las normas de calidad del mercado mundial. En este
sentido, la aplicación del enfoque local o territorial de desarrollo es
coincidente con las actuales tendencias mundiales.
El desarrollo sostenible es más fácil de visualizar y practicar a nivel
micro, debido a que los recursos naturales se encuentran en un espacio
específico y a que la concertación es más probable entre comunidades,
autoridades y empresas locales. En este sentido y en vista de la
conveniencia de que lo local y rural se articulen con lo nacional y
urbano, la globalización requiere de un entorno armónico entre las
grandes empresas-centros urbanos y las economías-ecosistemas del área
rural. De este equilibrio depende que El Salvador logre la productividad
necesaria para integrarse de forma positiva y duradera al mercado
mundial. Por ejemplo, San Salvador concentra más del 75% de la actividad
industrial, más del 45% del PIB y más del 30% de la población nacional;
sin embargo, la pérdida del suelo, la baja capacidad productiva, la
sedimentación y la contaminación de las cuencas que le proveen agua,
energía y alimentos registran valores tan altos que la oportunidad de
competir en el mercado mundial puede verse restringida por no aplicar un
criterio de desarrollo fundamentado en la equidad, sostenibilidad y
productividad.
Un nuevo reto para el Estado y la sociedad salvadoreños es ponerle la
atención debida a las localidades con los índices más bajos de
desarrollo humano y un acelerado deterioro ecológico; ya que la
integración del país al mercado mundial también depende del saneamiento
ambiental y de las condiciones socio-económicas de su población. Por
ello, la descentralización y el desarrollo local son medios necesarios
para avanzar hacia el desarrollo sostenible.
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