Desarrollo sostenible: nuevos retos

Autor: Rafael Ernesto Góchez

Política económica

27-01-2006

La caída del muro de Berlín y la construcción del muro de Tijuana simbolizan la evolución del mundo e ilustran los nuevos retos y relaciones internacionales. Hoy en día, el bienestar de las presentes y futuras generaciones es la tarea principal de la humanidad.

Las Naciones Unidas afirman que el siglo próximo habrá de ser el siglo del desarrollo, concluyendo que la batalla por un desarrollo centrado en el ser humano y sostenible no se ganará o perderá en los pasillos de los gobiernos sino en cada pueblo y hogar, en cada aldea y ciudad, en el quehacer cotidiano de cada miembro de la comunidad mundial y de cada institución de la sociedad civil. La ONU también plantea que el problema de la integración social tiene un carácter cada vez más internacional. Los grandes movimientos de la población a través de fronteras internacionales, en busca de una vida nueva y mejor, influyen crucialmente en los planes de acción nacionales e internacionales.

Mientras no mejore el desarrollo a escala mundial, habrá grandes grupos de población que seguirán cruzando las fronteras, a pesar de lo que hagan por controlar o impedir su movimiento.

Con la finalización de la guerra fría y de los conflictos bélicos en Centroamérica, los salvadoreños deberíamos poner atención y abordar el empobrecimiento de la gente, el desempleo, el deterioro ambiental y la inseguridad ciudadana. Tanto en El Salvador como en Centroamérica, la pobreza representa la principal amenaza contra el medio ambiente y la estabilidad socio-política. En este sentido y partiendo de que el desarrollo sostenible trata de hacer compatibles las necesidades materiales de la sociedad con la capacidad del ecosistema para satisfacerlas -sin comprometer las oportunidades de las generaciones futuras-, es que la adopción de dicho enfoque de desarrollo puede viabilizar la puesta en práctica de mecanismos de participación y concertación entre el Estado y la sociedad civil para la adopción de políticas nacionales de desarrollo que, por una parte, transciendan las posiciones partidarias e ideológicas, y por otra, brinden más ventajas comparativas en las negociaciones, acuerdos y relaciones internacionales.


En un contexto de creciente interdependencia entre países y problemas en el campo social, ambiental y económico, las respuestas que se destacan son las que integran las esferas internacional, nacional y local. Por ejemplo, las mayoría de “hermanos lejanos” que se fueron para EUA provienen de las localidades rurales y sub-urbanas más pobres y más deterioradas ecológicamente del país, quienes en busca de seguridad física durante los 12 años de conflicto decidieron refugiarse en el país que más cooperación económica y militar proporcionó durante dicho período, pero que ahora su motivo principal de pasar el muro de Tijuana es encontrar mejores oportunidades socio-económicas.

El resultado de este fenómeno es que cerca del 20% de los salvadoreños reside en otros países y que gracias a sus remesas familiares (divisas) se logran equilibrar las cuentas macroeconómicas. Por su parte y a raíz del renovado fenómeno de la inmigración, algunas entidades públicas y privadas norteamericanas empiezan a reflexionar sobre la relación entre su seguridad y bienestar social, y la pobreza y el deterioro ambiental de sus países vecinos del Sur.

Ante los nuevos retos y relaciones internacionales, conviene precisar que el país no se opone al criterio de que las nuevas inversiones sean ambientalmente sanas. Lo que hace falta es contar con una legislación ambiental que respalde dicha concepción, así como con la voluntad y conciencia ciudadana para cumplirla y exigirla. Asimismo, conviene tener presente el riesgo de que los reglamentos ambientales y normas de salud se conviertan en instrumentos de restricción comercial. Un ejemplo que ilustra la incorporación de los temas migratorio y ecológico es el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, EUA y México. Este es un claro mensaje para las empresas nacionales que aspiran a participar en el mercado del siglo XXI.

Afortunadamente, lo antes indicado puede contribuir a que los empresarios salvadoreños participen más decididamente en la lucha contra la pobreza y la degradación ambiental a nivel nacional y local.

Las empresas, sus productos y sus trabajadores se encuentran en un territorio específico, donde el entorno y los sectores que lo conforman (salud, educación, transporte, comunicaciones, etc) determinan la calidad del bien o servicio que va al mercado. Por lo tanto, una empresa cuyo entorno se caracterice por analfabetismo funcional, desnutrición, deforestación y contaminación no puede elaborar productos competitivos que cumplan con las normas de calidad del mercado mundial. En este sentido, la aplicación del enfoque local o territorial de desarrollo es coincidente con las actuales tendencias mundiales.

El desarrollo sostenible es más fácil de visualizar y practicar a nivel micro, debido a que los recursos naturales se encuentran en un espacio específico y a que la concertación es más probable entre comunidades, autoridades y empresas locales. En este sentido y en vista de la conveniencia de que lo local y rural se articulen con lo nacional y urbano, la globalización requiere de un entorno armónico entre las grandes empresas-centros urbanos y las economías-ecosistemas del área rural. De este equilibrio depende que El Salvador logre la productividad necesaria para integrarse de forma positiva y duradera al mercado mundial. Por ejemplo, San Salvador concentra más del 75% de la actividad industrial, más del 45% del PIB y más del 30% de la población nacional; sin embargo, la pérdida del suelo, la baja capacidad productiva, la sedimentación y la contaminación de las cuencas que le proveen agua, energía y alimentos registran valores tan altos que la oportunidad de competir en el mercado mundial puede verse restringida por no aplicar un criterio de desarrollo fundamentado en la equidad, sostenibilidad y productividad.

Un nuevo reto para el Estado y la sociedad salvadoreños es ponerle la atención debida a las localidades con los índices más bajos de desarrollo humano y un acelerado deterioro ecológico; ya que la integración del país al mercado mundial también depende del saneamiento ambiental y de las condiciones socio-económicas de su población. Por ello, la descentralización y el desarrollo local son medios necesarios para avanzar hacia el desarrollo sostenible.
 

Rafael Ernesto Góchez

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