Al iniciar el 2005, se dan dos eventos que llaman la atención: (1)
lanzamiento del “Plan de Nación”, y (2) encuentro de la Comisión
Nacional de Desarrollo Local (CONADEL) con un grupo de cooperantes
externos. En el primero, se anunció una plataforma para promover el
desarrollo regional, vía megaproyectos.
En el segundo, se abrió la oportunidad de lograr el apoyo de la
comunidad internacional a la Agenda de Desarrollo Local que se logre
concertar en El Salvador. Entre las coincidencias y aportes de estas dos
instancias, están: (a) facilitar la incorporación del sector productivo
en los procesos de desarrollo local, y (b) acercar el gobierno a los
ciudadanos.
Ambas contribuciones son muy positivas porque el desarrollo local
debería ser incorporado inteligentemente en las propuestas electorales
de diputados y alcaldes del 2006.
Diferentes estudios y expertos destacan que a nivel micro, el reto está
en mejorar la capacidad de gestión empresarial y municipal, y en adecuar
la oferta de servicios de apoyo (técnicos y financieros) a los
requerimientos de la base productiva territorial. Como se puede deducir,
este enfoque está ausente en las instituciones públicas salvadoreñas.
Las organizaciones gubernamentales encargadas de fortalecer a las
municipalidades no se relacionan con las instituciones promotoras de las
micro y pequeñas empresas, y los que apoyan a los productores locales no
se relacionan con los gobiernos locales. En general, el gobierno
nacional y la mayoría de municipalidades parecieran estar aferrados a
esquemas de trabajo del siglo XX.
Por ello, es importante que los tomadores de decisión comprendan que
globalización y localización son dos caras de la misma moneda. Con la
diferencia que el desarrollo local es la parte social y más efectiva
para combatir la pobreza.
Lo cierto es que, no obstante la tendencia de la determinación económica
por parte de actividades y sectores internacionales, el mayor porcentaje
de la producción mundial se sigue generando en los ámbitos locales,
subnacionales y nacionales.
Es decir, la mayor generación de riqueza de los países desarrollados se
realiza dentro de sus fronteras.
Según datos del World Development Indicators del Banco Mundial, al
finalizar el siglo XX, el intercambio mundial, medido por la suma de
exportaciones e importaciones y dividido por el PIB, es sólo el 29 por
ciento de la producción mundial. Ello significa que a pesar del
importante crecimiento de los intercambios externos en los últimos años,
más del 70 por ciento de la producción mundial no se comercializa
internacionalmente. Se hace en el ámbito local, regional o nacional. Si
además se aclara que este cálculo de la producción mundial no incluye
las actividades de autoconsumo y la economía informal, las cuales son
muy importantes en los países en desarrollo (entre un 25 y 30 por ciento
de la producción), se puede afirmar que más del 75 por ciento de la
producción mundial sigue siendo del ámbito local, regional o nacional.
Estas estadísticas demuestran que los sistemas productivos locales
siguen siendo estratégicos.
Un estudio del BID sobre Centroamérica, plantea que la reforma
tributaria se vuelve urgente con la liberalización e inserción en los
mercados internacionales.
Ya que la región dependía fuertemente de la recaudación aduanera en los
años 90, y ahora lo hace de los impuestos internos asociados al consumo.
Esta tendencia será aún mayor con la aprobación del TLC con E.U.A., al
disminuir la recaudación por derechos de importación. Habrá que
recuperar estos ingresos con otras fuentes de tributación. Otra razón de
la reforma tributaria es la necesidad de cumplir con las normas de la
OMC , dado que los centroamericanos tendrán que eliminar la exención del
impuesto a la renta en sus zonas francas antes del 2009. Ello requerirá
homogeneizar el tratamiento tributario de las empresas nacionales con el
de las firmas instaladas en las zonas francas. Todo ello hace que se
favorezca la descentralización fiscal y el impuesto predial (sólo en El
Salvador no existe el impuesto a la propiedad de inmuebles).
En resumen, la realidad nacional indica que: (a) el desarrollo local
debe ser parte integrante de un esfuerzo de país, y (b) El Salvador
necesita aumentar la productividad y competitividad en su ámbito
territorial, para ampliar sus oportunidades de participar en el mercado
mundial. Bajo este enfoque, El Salvador requiere de una nueva
institucionalidad para enfrentar los retos del siglo XXI . Para ello es
preciso contar con una Agenda Nacional para el Desarrollo Local, una
institución pública encargada de promover su implementación y una
importante generación de recursos propios a nivel territorial para hacer
sostenible el desarrollo local.
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