AVANZAR Y REDOBLAR ESFUERZOS

Autor: Rafael Ernesto Góchez

Politica económica

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27-01-2006

Texto

Estas líneas invitan a los tomadores de decisión a cambiar el rumbo del país hacia un desarrollo que sea sostenible. Es preciso incluir a los amplios sectores marginados de la población e integrar los objetivos ambientales, socio-económicos y políticos.

FUSADES/CEDES concluyeron en 1997 que El Salvador está degradando su medio ambiente con demasiada rapidez y está ahorrando e invirtiendo muy poco, y creciendo demasiado lentamente para satisfacer el desafío que enfrenta de manera efectiva y sostenible. Una estimación del daño ambiental se aproxima al 5 por ciento del PIB.
Ingvar Anderson, asesor en aguas dulces del PNUD, destaca que en el 95 por ciento de los países en desarrrollo, los desechos se vierten a los ríos, lagos y océanos sin previo tratamiento. Se requiere con urgencia una solución al problema. El medio ambiente sólo puede absorber una cantidad finita de desechos, y un inadecuado sistema de saneamiento puede propagar enfermedades diarreicas, hepatitis y otras enfermedades. Cada año, debido al deficiente saneamiento y a la contaminación del agua se registran casi 2.000 millones de casos de diarrea y 900 millones de casos de parásitos intestinales.

En El Salvador, se calcula que doce mil niños mueren cada año debido a enfermedades diarreicas.

El Informe del Estado de la Nación 1999, refleja desigualdades de acceso a servicios básicos en la zona rural de El Salvador. Sólo el 56 por ciento tiene acceso a la electricidad, casi el 40 por ciento de los hogares pobres rurales recurren al uso de kerosene para alumbrarse. Unicamente el uno por ciento accesan a inodoros privados con alcantarrilla. Más de la mitad de viviendas rurales tienen piso de tierra. Estas condiciones de vida tienen serias consecuencias para la salud y la productividad, y potencian el impacto de los desastres naturales.

Veamos un ejemplo. Fenómenos similares en países desarrollados, ocasionan serios daños en viviendas e infraestructura, pero el número de muertes es más reducido. El huracán Andrés destruyó parte de la Florida, EUA, en 1992, murieron 62 personas. En Centroamérica, Mitch cobró cerca de diez mil vidas.

Algunos pueblos sirios aún no conectados a la red nacional de energía obtienen electricidad de la energía solar, mientras que algunos mauritanios están reemplazando las velas, la leña y el petróleo por la energía eólica. Tecnologías nuevas y limpias -que van desde los pequeños sistemas hidroeléctricos hasta la energía producida por viento, el sol, la biomasa y las celdas de combustible de hidrógeno- están ayudando a los países en desarrollo a proveer energía a más gente sin generar gases de efecto invernadero, que contribuyen al cambio climático mundial (Opciones, PNUD, abril de 1999).

Los cambios climáticos que afectan la producción de alimentos probablemente repercutan primero y con más intesidad en los países en desarrollo. El año pasado, dos terceras partes de Bangladesh se inundaron y dejaron 21 millones de personas sin hogar. En China, la peor inundación en 44 años afectó a 223 millones de personas. Mitch destruyó localidades y obras de infraestructura vitales en C.A., cuyos costos se estiman en 5.300 millones de dólares, lo cual puso de manifiesto la necesidad de reducir la vulnerabilidad ecológica y social. Ello implica trabajar en la parte preventiva y reforzar las estructuras de gobierno a nivel nacional y local para hacerle frente a los desastres y a la lucha contra la pobeza, causa básica de la vulnerabilidad (Trygve Olfarnes, 1999).

Lo anterior nos invita a leer la realidad nacional y a superar los obstáculos del progreso de una manera más integral y responsable. Después de varios años de ajuste estructural, sería difícil pedirle a los pobres que sigan esperando turno. Existiendo una creciente brecha entre gobernantes y gobernados, sería ilógico suponer que el sistema político vigente pueda soportar cualquier crisis económica.

Dentro de un proceso de transición, sería poco probable que las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial, FMI y BID) optaran por continuar aplicando un enfoque economicista, sin arriesgar el avance democrático.

Conviene, entonces, avanzar y redoblar esfuerzos para impulsar un proceso participativo de descentralización, gestión territorial y animación económica local.
 

Rafael Ernesto Góchez

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