Estas líneas destacan los informes sobre el estado de El Salvador y de
Centroamérica en desarrollo humano, elaborados por profesionales
salvadoreños y centroamericanos en 1999, con el coauspicio del PNUD y la
Unión Europea.
Los dos informes dan la oportunidad para que nos veamos en un espejo (de
pies a cabeza), ya que los datos son ilustrativos y comprenden aspectos
sociales, económicos, ambientales y políticos, por lo que, probablemente
se constituirán en una referencia bibliográfica acerca de la situación
en la que el país y la región terminan el siglo XX y sobre los desafíos
que deben enfrentar las presentes y futuras generaciones, los gobiernos
y las sociedades centroamericanas.
El informe nacional plantea que “visto integralmente, el desarrollo
humano de los salvadoreños aparece con grandes carencias. Esta visión
permite precisar que aunque el crecimiento económico y la estabilidad
macroeconómica son sumamente importantes para el desarrollo, sólo
constituyen un medio para el progreso de éste”. Cuando 1 de cada 5
salvadoreños no sabe leer ni escribir y 1 de cada 4 niños están
desnutridos, cuando hay un sesgo desfavorable para la participación de
la mujer en las actividades económicas y cuando los pobres rurales están
desconectados del mercado (falta de caminos, agua potable y energía
eléctrica), y la dotación de equipamiento social de que puede disponer
una persona varía según la zona donde nació, las potencialidades del
mercado sólo se desplegan para unos pocos. Uno de los problemas
nacionales es la violencia, dado que en 1995 ocurrieron 7,877 homicidios
intencionales, cifra que en un período de 10 años sería equivalente al
número de víctimas ocurridas durante el conflicto bélico, 1980-1991.
El informe regional reconoce que las condiciones de vida han mejorado y
que algunos indicadores sociales se han estancado o retrocedido. La
esperanza de vida de los centroamericanos pasó de 45.4 años en el
quinquenio 1950-55, a un estimado de 68.9 años en el período 1995-2000,
para una ganancia total de 23.5 años. Sin embargo, persiste una
extendida pobreza. Tres de cada cinco viven en condición de pobreza y 2
de cada 3 viven en pobreza extrema. Otra fractura son las brechas
subnacionales. Pareciera que los países están divididos entre zonas de
alto y de bajo desarrollo humano. El número de veces que el valor del
índice de desarrollo humano del departamento o provincia mejor
calificado contiene el valor del peor calificado en ese mismo país, es
de 2.3 para Guatemala (Guatemala 82.9 y Alta Verapaz 35.5), 2.1 para
Honduras (Islas de la Bahía 78.7 y Lémpira 36.8), y 1.6 para El Salvador
( San Salvador 72.1 y Morazán 45.8).
El Salvador y Centroamérica están en 1999 en una mejor situación
económica, social y política que en 1990. La paz ha sido alcanzada y
avanza la democracia Hoy, ningún grupo social o político justifica la
desigualdad social en nombre de la estabilidad política y la seguridad
nacional.. La tasa de crecimiento económico fue de 3.8 por ciento para
el conjunto de países centroamericanos (1994-98). Los flujos comerciales
intrarregionales en C.A. han aumentado su nivel, el cual se aproxima al
que había en los años 70.
La degradación del agua y la urgencia de enfrentar la vulnerabilidad
socioambiental evidenciada por el huracán Mitch, son señalados en ambos
informes. Conviene desarrollar una política de cooperación activa entre
los países centroamericanos en lo relativo al manejo integral y
transfronterizo de la cuencas compartidas v.g. los departamentos con
menor desarrollo humano en El Salvador son asimismo los que comparten
recursos naturales estratégicos: río Paz con Guatemala, cuenca del Lempa
con Guatemala y Honduras, y Goascorán y Golfo de Fonseca con Honduras y
Nicaragua.
El informe regional destaca los esfuerzos institucionales por la
integración regional, proponiendo retomar la Alianza para el Desarrollo
Sostenible como una agenda de largo plazo. Llama la atención el aumento
de las declaraciones presidenciales, planes de trabajo y otros acuerdos
que no necesariamente están sometidos a la ratificación de los congresos
nacionales, ni representan obligatoriedad para los gobiernos. Desde la
Cumbre de Esquipulas I, en 1986, hasta la firma de ALIDES en 1994, se
contabilizan cerca de sesenta documentos de este tipo, resultando en un
promedio de tres cumbres presidenciales por año.
Existen más de 2,500 acuerdos, entre resoluciones, decisiones
presidenciales y declaración de intención, de los cuales sólo se ha
ejecutado un porcentaje mínimo. Durante los años 90, 72 de los 707
acuerdos no tienen especificado el organismo responsable de ejecución.
En otras palabras, se dice y escribe demasiado, hay que pasar a la
generación de compromisos y a la acción conjunta en pro del desarrollo
sostenible, a fin de lograr una inserción inteligente en la economía
mundial.
En síntesis, ambos informes coinciden en los siguientes desafíos para el
siglo XXI: desafío del agua como sustento del progreso, desafío de
enfrentar la vulnerabilidad social y ecológica, desafío de ampliar el
acceso de la gente al mercado, desafío de la participación social,
desafío de un desarrollo incluyente para los niños y jóvenes, desafío
para reducir las brechas de equidad y el desafío de reforzar el Estado
de Derecho y la democracia.
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