El balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe
1998, elaborado por la CEPAL, destaca que la caída de los precios de las
exportaciones se tradujo en una disminución del valor de las ventas
externas por primera vez en la presente década. 1998 también experimentó
condiciones climatológicas adversas: el fenómeno de El Niño afectó toda
la región y los huracanes golpearon a varios países de Centroamérica y
el Caribe.
El INCAE y la Universidad de Harvard proporcionaron un marco teórico a
los gobiernos de la región para poner en marcha la estrategia de
competitividad y desarrollo sostenible. La competitividad internacional
es importante y urgente en vista del compromiso hemisférico de alcanzar
el libre comercio continental en el año 2005. La propuesta de FUSADES
para 1999-2004 “Crecimiento con participación”, subraya que una tasa de
crecimiento elevada es un requisito para lograr un desarrollo sostenible
y por ende, uno de los desafíos es crear las condiciones necesarias para
que la economía pueda crecer a un 6% anual, lo que permitirá crear los
empleos necesarios para absorber el crecimiento poblacional. La clave
está en la expansión de la productividad, la cual está asociada a un
crecimiento hacia afuera.
Las metas son: un crecimiento promedio de exportaciones del 11%, de las
exportaciones de maquila del 14%, de las exportaciones no-café y
no-maquila del 15% y una recuperación gradual de las exportaciones del
café de un 5% por año.
Desde el punto de vista social, este se vincula con la pobreza rural y
el acelerado y desordenado crecimiento urbano. Desde la perspectiva
institucional, este se potencia por la falta de educación ambiental, el
poco desarrollo tecnológico y científico y la limitada normativa
ambiental. Desde el punto de vista político, este se profundiza con la
centralización y concentración del poder.
Lo anterior sugiere que los aspectos ambientales deben ser abordados en
las políticas sociales y económicas. Los fenómenos climatológicos como
El Niño y el huracán Mitch evidencian la vulnerabilidad socio-ambiental
de los países centroamericanos, así como la urgencia de enfrentarla para
contener el flujo migratorio hacia el norte de América. La experiencia
demuestra que los temas ambiental y migratorio están presentes en la
suscripción de tratados comerciales internacionales. También es cierto
que el área ecológica puede abrir oportunidades de cooperación entre
socios comerciales.
En síntesis, El Salvador debe darle prioridad al fortalecimiento de la
capacidad e institucionalidad ambiental, teniendo en mente que la
incorporación de los aspectos ecológicos en las negociaciones
comerciales podría traducirse en barreras proteccionistas a sus
exportaciones. Lo importante es que los tratados no detengan el
crecimiento de las exportaciones, base de la expansión de la
productividad y del progreso.
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