Lo que distingue al desarrollo económico local es su dimensión
territorial, la cual incluye la heterogeneidad y complejidad de la
realidad municipal, departamental y/o regional, sus particularidades
biofísicas y socio-demográficas, los patrimonios cultural y ecológico, y
el acceso a instrumentos claves para la actividad empresarial tales como
tecnología, crédito e información. El enfoque territorial incorpora
tanto a los agentes públicos como a los agentes privados y al conjunto
de la sociedad civil.
La animación económica no es sólo una cuestión del Estado, ni tampoco es
resultado exclusivo de las actividades empresariales privadas. El
progreso económico depende de cómo el conjunto de la sociedad organiza
su producción material. De hecho el logro de la eficiencia productiva y
la competitividad de las empresas privadas es función “sistémica” de
todo el conjunto de actividades que costea la sociedad, como la
educación, salud, saneamiento, vivienda y la resolución de conflictos en
el sistema judicial, y sobre todo, las actividades encargadas en
garantizar la existencia de información, capacitación y acceso al
financiamiento (Francisco Alburquerque, Universidad Complutense, 1997).
El enfoque macroeconómico predominante se centra en grandes agregados
promedio (inflación, déficit fiscal, balanza comercial y otros) ,
olvidándose de que la realidad no es igual en todos los territorios. Hay
una diferencia marcada entre la infraestructura socio-económica a que
tiene acceso un empresario de San Salvador a la de un productor de
Sensuntepeque y Ciudad Barrios. Hay diferencia entre las oportunidades
educativas que tiene un joven que vive en Antiguo Cuscatlán a la de uno
que reside en Apopa.
En este sentido, conviene incorporar a la discusión nacional, lo
específico, que es el ámbito territorial. El desafío está en fortalecer
las capacidades de los territorios en estimular la inversión productiva,
crear empleos, salvaguardar el medio ambiente y mejorar la calidad de
vida de las familias que allí habitan. Hoy nadie pone en duda la
importancia de la participación ciudadana en la solución de los
problemas y de las relaciones entre las actividades económicas y el
medio ambiente. La dimensión terrritorial es lo que permite articular y
armonizar los aspectos económicos, sociales y ambientales.
Mario Ossandón, de la Asociación Chilena de Municipalidades, plantea que
la provisión de mejores servicios públicos, la disponibilidad de suelos
para actividades productivas, las condiciones de las viviendas, la
recreación, la seguridad y la movilidad pueden crear un ambiente
positivo en la realidad económica de cada zona. Arturo Núñez del Prado,
de ILPES/CEPAL, afirma que si la forma más correcta de consolidar la
democracia es construyendo sociedades más justas, y la pobreza y la
exclusión social se contrarrestran mejor con la generación de empleos,
no cabe duda que este es un tema central. Por ello, el tema de la
expansión productiva, del desarrollo económico local es de gran
importancia.
De ahí la relevancia de la voluntad de los agentes públicos nacionales y
locales de promover la construcción de un entorno positivo de servicios
territoriales que, de forma sistémica, haga posible el desarrollo
económico local. Esto quiere decir que el Estado debe descentralizarse y
fortalecerse la formación e inversión en recursos humanos e
institucionales a nivel local. También conviene crear mecanismos de
coordinación entre los agentes públicos y privados locales en pro de un
objetivo común. Esto es posible debido al avance tecnológico y a los
esquemas actuales de producción (economías de variedad y de calidad),
caracterizados por la demanda segmentada y el constante cambio. Por
ello, la existencia y el acceso a instrumentos de progreso económico a
nivel territorial es lo que hará posible que El Salvador se inserte
inteligentemente al mercado mundial del siglo XXI.
La globalización de la información y la economía están enviando mensajes
claros
v.g. los tratados comerciales son efectivos para competir e integrarse
al mercado mundial. Lo que no se dice con claridad es que para que esos
acuerdos sean efectivos y duraderos, se requiere de un entorno
territorial favorable. Un producto que lleve “desnutrición,
analfabetismo y contaminación” correrá el riesgo de ser rechazado por
las normas de calidad que regularán el mecado mundial del siglo XXI. En
este sentido, uno de los grandes desafíos es que la nación salvadoreña
invierta más en ciencia y tecnología, y que la empresa privada mejore su
relación con las universidades, las organizaciones de la sociedad civil
y los gobiernos municipales, a fin de incrementar la productividad y la
inversión a nivel territorial y de esta manera promover el desarrollo
económico local.
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com © 2008 Carlos López / Webprofit Ltda.
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |