El Salvador y el consenso de Monterrey
27-01-2006
La Conferencia sobre la Financiación al Desarrollo, Monterrey, le dio
prioridad a la lucha contra la pobreza. En esa dirección, la Unión
Europea acordó aumentar su ayuda al desarrollo a 0.39 por ciento del PIB
para el año 2006. La UE otorgó ayudas por 25 mil 400 millones de dólares
en 2000, equivalentes al 0.33.
Por su parte, el presidente de E.U.A. anunció, inicialmente y en
compañía de los presidentes del BID y del Banco Mundial, un aumento de 5
mil millones de dólares para los próximos tres años, pero ante las
críticas prometió aumentarla a 10 mil millones. Su política es potenciar
la capacidad de los pobres, a la par de condicionar la ayuda a los
países -entre otras cosas- al combate de la corrupción y a la apertura
de sus mercados. La interrogante es ¿cómo hacerlo?. Una posible
respuesta es vía la apertura interna o localización, como parte
integrante y complementaria de la apertura externa o mundialización.
La comunidad internacional está a favor del crecimiento económico, el
comercio, los derechos humanos y la inversión en el capital humano,
natural y social. Es decir, para combatir la pobreza y la exclusión
social es necesario formular e implementar una política integral de
desarrollo sostenible que armonice -al menos- dos áreas: (1) estimulo a
la productividad y el trabajo, a través de la apertura de los mercados
(integración económica), y (2) estimulo a las actitudes y aptitudes de
los jóvenes, mujeres y lugareños, a través de la regeneración del tejido
social, la conservación del patrimonio ecológico y el desarrollo local
(integración humana y territorial).
El Grupo de Alto Nivel creado por la ONU para dar insumos para
Monterrey, reconoció el progreso mundial alcanzado en los últimos 50
años. El ingreso mundial per cápita pasó de 2,144 dólares en 1959 a
5,709 en 1999. El promedio mundial de vida ascendió de 49 a 66 años.
Pero aún quedan desafíos. Más de la mitad de la población mundial vive
con menos de dos dólares diarios. Revertir esa realidad es el desafío
moral y humanitario de nuestra era. En la aldea planetaria, la pobreza
de los demás se convierte en nuestro propio problema: falta de mercados
para nuestros productos, inmigración, contaminación, enfermedades,
inseguridad y terrorismo.
En El Salvador, hay tomadores de decisión que sólo le ponen atención a
la apertura externa (globalización). Prueba de ello es que los medios
nos están ahogando de tanto TLC. Sólo un pequeño porcentaje piensa que
también hay que prestarle atención a la apertura interna (localización).
Para muestra unos botones.
El Plan de Nación intentó promover las acciones territoriales y la
participación ciudadana. La Estrategia Nacional de Desarrollo Local
(ENDL) ha perdido impulso. ENADE 2001 planteó que la competitividad y la
integración a la economía global tienen que ser basadas en la creciente
integración interna del país, y en el desarrollo de la economía local.
Sin embargo, estas tres iniciativas nunca se han conectado.
El Consenso de Monterrey subrayó que la principal responsabilidad en lo
relacionado a asegurar el crecimiento y el desarrollo equitativo recae
sobre los propios países en desarrollo, generando para ello compromisos
y ayudas que fortalezcan el capital humano, natural y social. El
Salvador (por su historia y proceso democrático), dispone de mecanismos
para articular la apertura externa y la apertura interna. Lo que sucede
es que no valoramos lo que tenemos en nuestras manos. Si se generaran
sinergias entre Plan de Nación, ENDL y ENADE, El Salvador podría
convertirse en un caso exitoso de la nueva política internacional de
desarrollo.
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Rafael Ernesto Góchez

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