El Día Mundial del Medio Ambiente se conmemora el 5 de junio de cada
año. El tema para el 2003 es: Agua: ¡Dos mil millones mueren por ella!
Kofi Annan, Secretario General de la ONU, señala que una de cada seis
personas vive sin tener acceso regular a agua potable y que las
enfermedades relacionadas al agua causan la muerte a un niño cada ocho
segundos.
Los pobres son los que tienen menos acceso a agua potable. En los países
en desarrollo cerca del 90 por ciento de las aguas de desecho se
descarga en ríos sin tratamiento alguno.
El agua insalubre, foco de parásitos, amebas y bacterias, perjudica la
salud de 1.200 millones de personas al año. La mitad de las camas de
hospitales están ocupadas por gente con enfermedades transmitidas por el
agua.
Un hecho “esperanzador” para El Salvador es que el problema del agua
está más
relacionado con una mala gestión que con la escasez del recurso. Ello se
prueba con la precipitación media anual de 1,813 mm. Lo que sucede es
que más del 50 por ciento del suelo es utilizado en forma inapropiada,
los ríos están contaminados y la pérdida de cobertura vegetal reduce la
infiltración del agua.
La Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) es el
mayor abastecedor de agua potable. Su cobertura se concentra en lo
urbano v.g. la Región Metropolitana de San Salvador absorbe dos tercios
del total de agua suministrada por ANDA. La cobertura de población
urbana con servicio de agua potable supera el 93 por ciento. En
contraste, la cobertura rural no llega a la mitad de la urbana. Además,
los sistemas rurales de agua son frágiles (institucional, técnica y
financieramente). Es por ello que han surgido iniciativas tales como la
asociación ANDAR, proyectos auspiciados por CARE, CREA y PCI, y una Red
de Agua y Saneamiento (RASES) para aportar constructivamente a la
reforma del sector hídrico.
La gestión del recurso hídrico en El Salvador es deficitaria y su
mejoramiento es clave para tomar el rumbo hacia el desarrollo
sostenible. Una medida en esa dirección es la gestión integral de
cuencas hidrográficas y la aplicación de instrumentos económicos para
contribuir a lograrlo. Ya que ello facilita la participación y acción
conjunta del gobierno central, sector productivo, municipalidades, ONG y
comunidades. Una forma de iniciar es implementando sistemas locales de
cobro y pago de servicios ambientales, los cuales son un mecanismo de
transferencia de fondos de los que se benefician hacia los que producen
servicios ambientales. La clave está en garantizarles a los
beneficiarios que sus aportes serán invertidos efectivamente en la
conservación del acuífero o microcuenca de la cual ellos se abastecen, y
por otra parte, en compensarles a los propietarios de la tierra por
hacer un mejor uso de la misma y generar servicios ambientales (mejor
calidad y cantidad de agua).
ANDA podría experimentar este mecanismo en el sistema de agua de la zona
norte, dado que periódicamente se ve obligada a limpiar y/o interrumpir
el funcionamiento de dicho sistema por la sedimentación, obstrucción y/o
contaminación generada en las proximidades de su bocatoma como producto
del uso inapropiado del suelo que hacen muchos de sus vecinos (insumos
agrícolas que producen algas y sistemas de producción que erosionan el
suelo y generan azolvamiento). Al compensar a estos productores río
arriba, ANDA reduciría sus costos, operaría con menos interrupciones y
establecería una relación ganar-ganar con los productores agropecuarios
locales. También CEL podría aplicarlo y tener una mejor relación con los
lugareños y la naturaleza.
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