El Coaching, entendido como un servicio de ayuda, de facilitación al cambio, de orientación, de soporte para la consecución de metas, realmente es un buen complemento, muy bueno.
Un Coach puede ayudarnos a despertar de ese “letargo victimil” en que
nos encontramos muchos, especialmente los que vivimos en o cerca de
grandes ciudades y seguimos un ritmo tenso e impuesto.
En las empresas, especialmente en las grandes, es más habitual aun
hablar de coaching: coaching ejecutivo, coaching para el desempeño,
coaching para las ventas,.... Y las grandes empresas compran grandes
“paquetes” de coaching, diagnóstico incluido, porque “está de moda”, “se
lleva” y, además “tenemos presupuesto para ello”.
Si además, por el mismo precio, el coach nos da una conferencia
“motivadora” para el personal diciendo las maravillosas ventajas que
tiene la reciente fusión que acaba de realizar nuestra organización,
mejor que mejor (no se sorprenda el lector, esta petición la he recibido
yo personalmente de una empresa seria).
El coaching es interesante, ciertamente, y algunos hasta nos creemos en
serio que es un servicio útil y rentable, a los hechos me remito, pero
no es imprescindible.
El Coach ayuda a desarrollar habilidades, competencias, conseguir
resultados, y todo ello desde la conciencia y responsabilidad que cada
persona, cada directivo, cada equipo, debe tener en cada momento. Si ya
tenemos claro ¿qué? ¿cómo? ¿cuándo? y ¿para qué?
¿por qué habríamos de necesitar un coach?
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