La naturaleza básica
de la Estrategia como un elemento de gestión está asociada de manera
íntima e inseparable al Conflicto.
El Conflicto es la causa que justifica la razón de ser de la Estrategia
como un modelo de pensamiento y acción. Sin la existencia del Conflicto
la Estrategia no hubiera nacido nunca entre los moldes del razonamiento
humano, y si el propio Conflicto no evolucionara y se transformara de
manera dramática como lo hace cada instante, entonces la Estrategia
hubiera sido sólo un pensamiento acucioso para resolver problemas.
El Valor que la Estrategia tiene como elemento de gobierno
organizacional se lo debe al propio Valor que el Conflicto tiene entre
los hombres y las organizaciones que estos han creado. Conflicto y
Estrategia se nutren mutuamente, uno evoluciona por efecto de la
evolución del otro.
La única diferencia vital que existe entre la dinámica del Conflicto y
la dinámica de la Estrategia radica en el hecho que el Conflicto puede
tener muchos padres, pero la Estrategia en esencia solo tiene uno. Los
elementos motrices del Conflicto son innumerables, tanto impersonales
como personales, sin distinción alguna de tiempo (porque el Conflicto
trasciende las fronteras físicas del tiempo) o de espacio.
El Conflicto es omnipresente e independiente de elementos motrices
individuales. Nadie puede asumir paternidad sobre el Conflicto porque es
un hijo de mil padres.
En cambio la Estrategia sí tiene un padre, el STRATEGOS, un individuo,
una persona.
La esencia de la dificultad (y por supuesto del propio Valor) que tiene
la Estrategia, nace de esta relación poco equilibrada entre un hombre y
un fenómeno absolutamente impersonal, atemporal y, por supuesto, amoral.
Quien desconoce la naturaleza y el carácter del Conflicto sucumbe ante
él. Por eso el STRATEGOS debe fundamentar su conocimiento de Estrategia
en el conocimiento específico del Conflicto. En ello radica la garantía
de la eficacia de los resultados, más allá del plan y más allá del
programa.
Definición de Conflicto.
Un diccionario común dice de Conflicto lo siguiente: “Lo más recio de un
combate. Punto en que aparece incierto el resultado de la pelea. Fig.
Combate y angustia de ánimo. Fig. Apuro, situación desgraciada y de
difícil salida. Psicol. situación emotiva desagradable, provocada por la
tensión entre deseos opuestos...”
Conflicto es pues un “estado determinado de las cosas”, uno que se
caracteriza, además, por presentar dificultades y que explica con
nitidez la existencia de un combate, de una “pelea”. Un estado que
provoca angustia de ánimo y apuro, que representa una situación
desgraciada y de difícil salida.
La definición da a entender, además, que esta “situación de las cosas”
surge como un efecto de “tensión entre deseos opuestos”. Esto quiere
decir, claramente, que el Conflicto no tiene un carácter emergente
desvinculado de una relación causal.
Existe un motivo concreto para el surgimiento del Conflicto, y éste se
relaciona con la existencia de “deseos opuestos”. En un combate, en una
pelea, se enfrentan deseos opuestos y el efecto de ello provoca el
carácter de los elementos que califican un Conflicto.
Los “deseos”, por otra parte, son un producto del interés. Nadie desea
nada de aquello que no esté involucrado entre sus intereses o entre
percepciones de utilidad y beneficio. Cuando el afán de cumplir estos
intereses se enfrenta con intereses opuestos, surge el Conflicto.
Por otra parte, para que exista el Conflicto, los intereses habrán de
“movilizarse”, es decir tendrán que emerger de un estado pasivo a uno
activo que busque su realización concreta.
Cuando dos o más intereses se encuentran en estado activo, buscando su
realización y perfeccionamiento, se presenta el grado más recio del
Conflicto. Los intereses propios se enfrenta a los intereses opuestos y
cada uno busca prevalecer sobre el otro. El efecto previsible de esta
acción (porque en su estado activo los intereses conducen precisamente a
la acción), solo puede conducir a un resultado: un interés se impone
sobre el otro, un interés prevalece y el otro no. En esta lógica resulta
muy difícil entender estados intermedios o resultados parciales. Para
establecer que un Conflicto en particular ha concluido se necesita
también establecer qué interés ha prevalecido y qué interés ha
desaparecido.
Así es la naturaleza de los componentes de un Conflicto y con ella debe
interactuar el STRATEGOS desde su humilde condición de ser humano.
Conceptualmente el Conflicto no desaparece nunca. Entre el conjunto
algunos desaparecen, otros cambian y otros nuevos aparecen, pero
constituye una irracionalidad el suponer que la dinámica social vive
exenta de Conflicto en un momento dado. La propia naturaleza del ser
humano lo prepara para enfrentar el Conflicto, la especie humana ha
demostrado ser la más evolucionada para vencer las contrariedades.
No se trata pues, de aprender a vivir con el Conflicto ni asumir una
perpetua interacción con él, estos dos elementos quedan descontados
porque no representan nada nuevo. Se trata que el hombre sepa actuar con
VENTAJA sobre el Conflicto, que pueda anticiparse a su desarrollo y a
sus consecuencias negativas, que pueda manejar el Conflicto mejor que
otros, para que de ésta forma alcance a su vez una segunda ventaja, una
de carácter estrictamente competitiva.
Existen dos puntos de partida muy importantes para conocer, más a fondo,
la naturaleza del Conflicto:
En primer lugar el Conflicto no es ajeno a nadie. Todos los seres
humanos y todas las Organizaciones que ha formado, viven perpetuamente
entre conflictos de la más diversa naturaleza. No existe una sola
persona en el mundo que pueda afirmar lo contrario.
Y por muy curioso que esto parezca, aquí radica precisamente, la forma
más apropiada de tratar el Conflicto. Cuando las personas y las
organizaciones se encuentran ante conflictos pierden el enfoque, la
dinámica del Conflicto prevalece de inmediato sobre todo lo demás, hasta
un punto en que la mayor parte de los esfuerzos se destinan a trabajar
sobre el Conflicto.
Existe una respuesta muy emocional al Conflicto, muy personal, muchas
veces excesivamente subjetiva, casi siempre condicionada por el apremio,
incluso por la angustia.
Aunque no siempre se lo reconozca, el Conflicto provoca Desesperación y
éste es el peor estado en que se pueden tomar decisiones y establecer
respuestas.
La percepción del Conflicto puede ser muy diferente a partir de que se
entienda que no es ajeno absolutamente a nadie. En tanto una persona o
una Organización se encuentra enfrentando un Conflicto, todo el resto lo
está haciendo simultáneamente, tan solo cambian las formas y los grados
de dificultad.
Es probable que este argumento carezca de la necesaria contundencia para
el caso de las personas en particular, dado que no ayuda mucho en el
tratamiento del Conflicto propio el entender que todas las demás
personas se encuentran también enfrentando el suyo, pero en el caso de
las organizaciones sujetas a dinámicas importantes de competencia, el
hecho tiene relevancia trascendental.
El STRATEGOS debe entender perfectamente que el Competidor también está
enfrentando conflictos en forma permanente. Por lo tanto el propio
Conflicto no representa un elemento diferenciador, no constituye en sí
mismo, ni una ventaja ni una desventaja, es una variable que adquiere,
en última instancia, un valor completamente neutro.
Si el Conflicto como tal es un factor neutro a efectos de la dinámica
competitiva, dado que tiene presencia similar y simultánea entre todos
los agentes que compiten, la diferencia sólo puede estar definida por la
forma en que los conflictos son enfrentados y tratados por parte de cada
uno de los agentes. Acá radica la única y exclusiva diferencia y de acá
emerge la posibilidad de obtener una ventaja. La inexistencia del
Conflicto no es una ventaja, porque es un estado que a su vez no existe.
La forma de abordar el Conflicto constituye la ventaja.
Y la ventaja, por supuesto, se encuentra asociada de manera íntima a la
oportunidad. Allí donde existe la posibilidad de encontrar una ventaja,
allí existe una oportunidad.
Por otra parte, las oportunidades se buscan, no se esperan, luego es
importante buscar la ventaja y en este proceso encontrar el propio
Conflicto.
La afirmación que establece que tras todo Conflicto existe una
Oportunidad es mucho más que una frase que reconforta, es un resumen
poderosamente lógico de la realidad.
Ahora bien, es una lógica que se encuentra reservada para quién ha
podido desarrollar las habilidades necesarias para enfrentar con ventaja
el Conflicto. Cuando el STRATEGOS se encuentra en el punto preciso de
quienes tienen el conocimiento y la habilidad para extraer ventajas del
Conflicto, entonces se convertirá fácilmente en alguien que BUSCA los
conflictos porque entiende que entre ellos, precisamente, se hallan las
más importantes oportunidades.
Y resulta muy difícil competir contra alguien que encuentra
específicamente en el Conflicto sus principales oportunidades y
ventajas, porque esto en esencia va contra la propia naturaleza humana,
aquella que condiciona al hombre de forma negativa con respecto al
Conflicto.
En segundo lugar, todo Conflicto tiene una estructura y una mecánica.
Esto por supuesto lo aleja de cualquier “dimensión desconocida”.
La estructura y la mecánica de un Conflicto son asombrosamente simples:
Estructura del Conflicto.-
a) Los conflictos no tienen Orden, se presentan de maneras muy diversas
y en formas múltiples.
b) Los conflictos no se presentan con ninguna consideración de Tiempo o
de Momento, son absolutamente atemporales.
c) Existen Elementos Generadores del Conflicto, los cuales pueden
identificarse y precisarse. En una Organización los elementos
generadores del conflicto pueden encontrarse al interior o al exterior
de la misma. Ambos se diferencian exclusivamente por la capacidad y el
grado de control que puede existir sobre ellos, los elementos internos
tienen una naturaleza más controlable, los elementos externos son
siempre más incontrolables.
Cada elemento generador de conflicto tiene un determinado nivel de
energía, dependiendo de su carácter. Dado que esta energía proviene de
un Conflicto es necesariamente energía de carácter negativo.
Paradójicamente, los conflictos que se producen al interior de las
organizaciones son los que usualmente tienen la mayor energía y son los
factores más peligrosos de todos. En la mayoría de los casos se
presentan con menor frecuencia pero merecen el mayor cuidado.
Los Conflictos internos son muy diferentes a los que emergen de la
dinámica competitiva y en muchos casos el STRATEGOS les resta valor o se
encuentra técnicamente disminuido para entenderlos y tratarlos. No puede
olvidarse en todo caso que los conflictos internos le restan enorme
capacidad competitiva a la Organización y la hacen, por supuesto, mucho
más vulnerable ante los conflictos externos.
Por otra parte, la suma de energías que se produce por la existencia
simultánea de conflictos internos y externos puede terminar con la
Organización con mucha más facilidad que en el caso de existencia
exclusiva de conflictos externos.
La historia presenta casos por demás ilustrativos de grandes
organizaciones que terminaron destruidas esencialmente por el efecto de
sus conflictos internos: el imperio romano, por ejemplo.
Las organizaciones deben actuar con el mayor apremio sobre los elementos
generadores de Conflicto interno. Ellos se encuentran bajo mayor nivel
de control y debieran ser, por otra parte, los que menos se presenten.
El más importante elemento generador de Conflicto externo para las
organizaciones lo constituye la Competencia. Ella no solo está
particularmente interesada en generar el Conflicto, sino que además éste
es inevitable por la confrontación de intereses opuestos.
d) Los conflictos no se diferencian unos de otros solamente por el
carácter de su propia naturaleza, se diferencian esencialmente por el
efecto que pueden causar entre los intereses propios. Este efecto puede
medirse en función del Riesgo o el Peligro que la existencia de este
Conflicto represente.
Cuando los conflictos son observados en su conjunto, sin ningún tipo de
discriminación entre ellos, pueden parecer verdaderamente atemorizantes.
En los hechos la sinergia que puede producirse entre ellos llega a
presentar un cuadro de ésta naturaleza. Sin embargo, el sólo hecho de
discriminar los conflictos entre más o menos riesgosos, más o menos
peligrosos para los intereses propios, define la situación de una manera
más práctica, porque permite priorizar y enfocar la acción.
En ningún caso puede pretenderse trabajar sobre los conflictos en su
conjunto. Se los debe atacar uno a uno, con enfoque y recursos
concentrados (éste es un principio estratégico básico). Y la forma más
efectiva de hacerlo radica en trabajar primero sobre los conflictos que
representan el mayor grado de riesgo o de peligro. Muchos de los otros
conflictos pueden tener su elemento de soporte en éstos otros y pueden,
por ende, desaparecer simultáneamente.
La milenaria filosofía oriental, que le rinde un culto sabio a la
paciencia, ha expresado desde siempre que la mejor forma de resolver los
problemas es actuando sobre ellos “uno por uno”, con método, con
enfoque, con concentración. De allí para adelante resulta más fácil
entender que todo en la vida pueda tener solución, o lo que es lo mismo,
entender que al final de todo: “¡si no hay solución...no hay problema!”.
e) Los conflictos tienen una Estructura de Soporte, la misma que está
obviamente formada por un conjunto de los propios conflictos y los
efectos que han causado. Cuando un Conflicto echa raíces en la
Organización y se “incrusta” con firmeza en ella, constituye una
estructura de soporte para muchos conflictos adicionales y posteriores.
A partir de ésta estructura el Conflicto va tomando “cuerpo” en la
Organización.
Llega un momento que el observador es incapaz de apreciar el Conflicto
más allá del “cuerpo” que éste ha tomado; sus elementos estructurales se
han mimetizado con el carácter de la propia Organización. En esta
situación pueden hacerse todos los esfuerzos posibles para atacar el
Conflicto, pero mientras no se afecte su estructura de soporte, ningún
resultado llegará a ser satisfactorio. Por otra parte, cuando se trabaja
sobre la estructura de soporte del Conflicto, el “cuerpo” entero se
desmorona con facilidad.
No solo el STRATEGOS para el caso de la Organización, también todas las
personas deben hacer una revisión minuciosa del carácter de los
conflictos que enfrentan, para dirigir los esfuerzos hacia sus
estructuras de soporte. Esto se consigue con el análisis metódico de las
relaciones causales, hasta el punto de encontrar el origen, la causa
esencial de la existencia del Conflicto principal. Hacer esto es mucho
más difícil de lo que parece, porque en los hechos puede ser muy
costoso, incómodo y probablemente doloroso. Las personas y las
organizaciones se enfrentan a este proceso con el mismo temor que un
paciente enfrenta la necesidad de “extirpar el tumor” para atacar la
enfermedad. El paciente prefiere evitar éste extremo y confía en el
tratamiento que ataque los “efectos”, hasta remediar “la causa”.
En muchos casos esto no es posible, y en todos ellos el método carece de
efectividad.
Para el caso de la dinámica competitiva toda acción que carezca de
efectividad debilita la Estrategia y complica el cuadro general.
f) Los conflictos tienen un importante efecto Multiplicador. El
Conflicto genera más conflictos en una relación progresiva que puede ser
interminable. La existencia de un Conflicto provoca debilidad entre las
estructuras básicas de desenvolvimiento de las personas y las
organizaciones, y ésta debilidad constituye un elemento que facilita la
multiplicación del Conflicto.
Esta situación se torna mucho más compleja y peligrosa cuando además se
“construye” sobre la debilidad que ha ocasionado el Conflicto. Sin
percatarse necesariamente de ello, las personas y las organizaciones
continúan edificando sus plataformas de vida y de trabajo sobre
estructuras que se encuentran debilitadas por la presencia de un
Conflicto. Esto no solo completa un estado general de debilidad, sino
que le otorga mayor fuerza al propio Conflicto.
Por esto mismo es muy difícil calcular los alcances de un Conflicto.
Este se nutre de sus propios efectos con una facilidad y una velocidad
incomparable con la capacidad de las personas y de las organizaciones
para generar respuestas.
Además el propio hecho de querer calcular los efectos de un Conflicto
puede resultar un procedimiento ocioso que solo contribuya a acrecentar
el problema, porque sus efectos multiplicadores no solo son violentos,
son también, completamente impredecibles.
Mientras más rápido se actúe sobre un Conflicto existe menor
probabilidad que se presente su dinámica multiplicadora.
g) Por último, uno de los factores estructurales más importantes del
Conflicto es que tanto las personas como las organizaciones aprenden con
relativa facilidad a “convivir” con él. Estas situaciones llegan a tales
grados de normalidad que su sólo carácter conmueve. Y este último
término no se escoge aquí por azar, porque la realidad de esta
característica final de la estructura del Conflicto, es a la vez la más
triste de todas.
Probablemente como una demostración inconsciente de impotencia (que en
muchos casos se disfraza de pragmatismo), las personas y las
organizaciones demuestran una habilidad pasmosa para convivir con el
Conflicto. Pero no en el sentido de reconocer que el Conflicto es
omnipresente y perpetuo, sino en el sentido de no necesariamente actuar
sobre él y más bien elaborar complejas estructuras de “convivencia” con
él. Las personas y las organizaciones aprenden a vivir con el Conflicto
con mucha más facilidad de lo que puede representarles el aprendizaje de
la propia naturaleza del Conflicto y de las formas de atacarlo.
Cuando esta situación se presenta, el Conflicto ha triunfado, y el
carácter competitivo de la Organización (y de las propias personas)
tiene una debilidad intrínseca que reduce el tiempo hasta que se
presente un desenlace negativo final y concluyente.
El enorme problema de esta última característica del Conflicto es que su
origen se vincula con algunos de los rasgos más oscuros de la naturaleza
del ser humano.
Por algún motivo (que por otra parte es muy difícil de evaluar con
tranquilidad), el hombre es un ser increíblemente atraído por la
tragedia. El ser humano se desarrolla con la idea que la vida es difícil
y que debe tenerse el carácter necesario para soportar y aceptar las
dificultades, los contratiempos y el fracaso. El entorno cultural más
próximo prepara al hombre para que tenga la suficiente fortaleza de
soportar la contrariedad que necesariamente encontrará en su camino por
la vida. Y lo prepara muy eficazmente para esto, al punto que olvida
desarrollar las habilidades básicas que le permitan enfrentar y superar
los problemas, más allá de la capacidad que tenga de soportarlos.
La cultura tradicional enseña que el “hombre fuerte” soporta el
sufrimiento con hidalguía y no se queja. A los niños varones se les
enseña en la casa materna que “no deben llorar” por cualquier motivo
(como si el niño fuese capaz de discriminar fácilmente). Muchos
preceptos pseudo religiosos advierten al hombre que cada uno tiene, por
fuerza, “una cruz que cargar en la vida”, etc.
Esta escuela de vida termina formando hombres con admirable capacidad de
resistencia, con disposición natural para “aguantar” el carácter de la
contrariedad y, en última instancia, con disposición emocional para
“convivir” con esta contrariedad. Incluso con la idea que éste proceso
fortalece y califica la hombría, diferenciando al valiente del cobarde,
al fuerte del débil.
El enfoque está, por supuesto, completamente errado. No hay motivo
alguno para pensar que el hombre no pueda ser formado precisamente para
evitar y superar el Conflicto, la contrariedad, el sufrimiento. Antes
que nada (y después de todo), la vida es un conjunto de sucesos
prácticos, de experiencias cortas e irrepetibles, con márgenes estrechos
para el error y para el desperdicio de oportunidades. Los procesos en la
vida están planteados para la agilidad, para la combinación precisa de
fuerza y de movimiento. Esto necesita de personas con mente abierta y
positiva, personas que tengan la convicción casi cultural de que el
desafío radica en encontrar la solución y no necesariamente en tener la
capacidad de soportar el problema. Todos los grandes hombres que han
vivido entre nosotros lo han demostrado, cada uno de ellos es un ejemplo
notable de victorias sobre el contratiempo, de solución a problemas, de
eliminación de conflictos. Ninguno convivió con el problema, porque de
haber sido así no hubiéramos salido de las cavernas.
Mecánica del Conflicto.
a) Los conflictos tienen elementos Motrices que les imprimen dinámica,
al menos es así en su etapa inicial, antes que adquieran dinámica de
naturaleza inercial como efecto de su propia magnitud y fuerza.
Los elementos motrices pueden ser individuos, situaciones concretas o
fenómenos particulares y todos ellos pueden identificarse fácilmente por
la función específica que cumplen como “agentes impulsadores” del
desarrollo y evolución del Conflicto. Estos elementos motrices son, en
muchos casos, parte de los intereses opuestos llamados por fuerza a
generar conflicto. En otros casos se presentan de manera aleatoria, como
parte ineludible de la dinámica general en la que se hallan inscritos
todos los individuos y las organizaciones.
Sin la existencia del elemento motriz el surgimiento del Conflicto es
mera cuestión de azar y su desarrollo no se produce más allá de lo que
le permite la energía de inercia.
Por otra parte, y dado que los elementos motrices pueden ser
perfectamente identificados, el propio Conflicto puede controlarse con
propiedad actuando sobre los elementos que le proporcionan movilidad,
fuerza y vitalidad.
Uno de los elementos motrices del Conflicto en las organizaciones lo
constituye la Competencia. Ella está naturalmente interesada en crear
conflictos para hacer prevalecer sus propios intereses.
Esta realidad presenta el espacio necesario para hacer una consideración
de fondo sobre algunas teorías que plantean orientaciones diversas sobre
la forma de entender y de trabajar sobre los aspectos competitivos.
La lógica estratégica plantea que la prioridad del trabajo
organizacional debe estar dirigido a combatir al competidor, de forma de
afectar su fortaleza, neutralizar sus movimientos y dejarlo rezagado en
los resultados de la lid competitiva. La lógica estratégica se orienta
al competidor antes que al propio cliente, quien constituye el
destinatario final de estos esfuerzos.
Otros pensadores sostienen que el foco principal de atención
organizacional debe estar representado, en todo caso, por el cliente,
dado que los efectos de ésta atención proporcionan directamente la
ventaja competitiva que se necesita. La preocupación principal de
quienes sostienen esta orientación es de carácter eminentemente
teleológico, porque argumentan (con mucha razón), que la razón de ser o
el objetivo final de los esfuerzos organizacionales es la satisfacción
del cliente. En tanto que ésta situación se presente el Negocio se
perfecciona y con ello el bienestar organizacional.
En éste espectro del análisis las diferencias son muy sutiles pero a la
vez muy importantes. Nadie puede, en ningún caso, negar la importancia
definitiva del cliente para la razón de ser y del quehacer cotidiano de
la Organización. El problema surge cuando los esfuerzos de la
Organización para cumplir con las expectativas del cliente se ven
afectados, alterados y comprometidos por la acción de un competidor que
se encuentra trabajando exactamente con la misma orientación y para
alcanzar los mismo objetivos. Esto necesariamente perturba la acción
propia, la desvirtúa y le quita vitalidad.
Cuando la Organización comienza a sentir los efectos de la
“interferencia” se percata que existen objetivos incumplidos, recursos
afectados, atrasos y postergaciones. Todo esto se convierte de inmediato
en un Conflicto directo para el Negocio y para el bienestar
organizacional.
Es importante diferenciar un par de cosas: el cliente no es siempre un
elemento generador de Conflicto para la Organización, en cambio la
competencia siempre lo es. Por ende y esencialmente para evitar los
efectos del Conflicto, la Organización está obligada a sostener su
orientación basada en el competidor incluso antes que en el cliente,
asumiendo más bien, que el efecto final de este proceso presentará
necesariamente la mejor opción para el cliente.
En un mundo perfecto (sin competencia) el cliente es elemento orientador
de todo el quehacer organizacional. En el mundo imperfecto en el que nos
desenvolvemos, el cliente es un Juez que establece determinaciones sobre
los argumentos que le han planteado las diferentes organizaciones que
tratan de conseguir su favor.
Por otra parte esto es lo mejor que puede sucederle al cliente
(¡bastaría con preguntárselo!), porque aquí se perfecciona de manera
evidente el genuino Poder que él tiene: el Poder de elegir lo que más le
conviene. La capacidad de elección se presenta solamente en los
escenarios competitivos.
A los americanos les gustaría clasificar el Juego de los Negocios, entre
las “grandes ligas”, porque evidentemente esa es la magnitud y el
carácter que tiene. En las “grandes ligas” de los Negocios las buenas
intenciones solo forman parte del “deseo de hacer algo”, de allí para
adelante una Organización solo podrá hacer lo que la competencia le
permita hacer, o visto de otra forma sólo podrá hacer lo que quiere una
vez que se haya preocupado de neutralizar al competidor que lo impide.
La teoría del Conflicto es pues un factor de importancia para determinar
que la orientación de una Organización pasa principalmente por el
respeto de la naturaleza de la Estrategia y de su acción sobre el
competidor, el mismo que siendo el principal elemento motriz de los
conflictos propios merece, al menos, esta simple consideración.
b) La segunda consideración importante en la mecánica de los conflictos
es que éstos son, por lo general, pequeños, débiles y vulnerables el
momento que surgen o el momento que se presentan afectando los intereses
de las personas o de las organizaciones. Los conflictos nunca son más
grandes el momento que aparecen, de lo que pueden llegar a serlo más
tarde, una vez que se ha dado el margen necesario para que puedan
desarrollarse.
La oportunidad de atacar un Conflicto con mayor ventaja, se presenta
exclusivamente el momento de su aparición inicial.
c) Por otra parte los conflictos crecen porque las personas y las
organizaciones los dejan crecer, los conflictos se alimentan de la falta
de voluntad para acabar con ellos. Y cuando esto sucede en magnitud
importante, la propia voluntad puede resultar insuficiente para terminar
favorablemente un Conflicto.
En este punto es bueno volver a tomar esa definición de Estrategia que
tan acertadamente plantea Beaufre: “... dialéctica de voluntades,
empleando la fuerza para dirimir los conflictos”. La voluntad es
absolutamente necesaria, no solo para alcanzar una solución favorable
para el Conflicto, sino también para que el propio Conflicto no nos
alcance.
Ahora bien, una precisión importante se encuentra específicamente en el
plural que Beaufre le asigna al término: “voluntades”. Con ello da a
entender que la voluntad no corresponde únicamente a uno de los agentes
de la ecuación del Conflicto, más bien a más de uno, probablemente a
muchos. A partir de esto sólo resta imaginarse la proporción que puede
alcanzar un Conflicto cuando uno de los agentes carece de voluntad para
abordarlo y los otros, además, tienen esta voluntad.
El proceso dialéctico exige interacción repetida, Planteamiento y
replanteamiento de posiciones en función de los efectos establecidos por
la interacción, cada planteamiento debe tener mayor calidad a partir de
los resultados que ha obtenido el anterior y de ésta forma se produce la
evolución de un estado y otro. Por supuesto que nada de esto existe si
no se ha manifestado la voluntad concreta de las partes por ponerse en
acción con respecto al Conflicto.
Pocas cosas tienen más valor para dirimir favorablemente los conflictos
y para desarrollar estrategias exitosas que una poderosa Fuerza de
Voluntad. Estas luchas no están reservadas para la genialidad. Un adagio
de gran sabiduría establece que el éxito es una fórmula en la que debe
mezclarse una gota de genialidad y muchos litros de sudor. ¡No puede ser
de otra manera!
d) Los conflictos siempre presentan síntomas que anticipan su llegada.
Este es un factor de la mecánica del Conflicto que no puede desconocerse
porque probablemente es el que representa mayor beneficio para los
esfuerzos dirigidos a trabajar sobre él.
En tanto que las personas y las organizaciones adquieran habilidad
necesaria para identificar los síntomas que preceden al Conflicto,
habrán encontrado el camino más corto para alcanzar y poseer Ventaja
sobre él.
Un Conflicto latente no es lo mismo que un Conflicto manifiesto. Entre
ambos existe un trecho largo de costo y oportunidad. La posibilidad de
trabajar activamente sobre el primero optimiza notablemente todo el
esfuerzo, porque le permite a la persona, o a la Organización, enfocar
sus esfuerzos en las tareas de naturaleza pro-activa. No debe olvidarse
en ningún momento que por mucho que se conozca la naturaleza del
Conflicto y que en esencia se considere tener las aptitudes necesarias
para actuar sobre él con ventaja, la tarea demanda siempre una inversión
importante de recursos y de tiempo. Cuando se trabaja sobre un Conflicto
las energías personales y organizacionales propenden a enfocarse de
manera significativa en él, restando en consecuencia energía para el
resto de las tareas. Por mucho que el Conflicto pueda representar un
conjunto de oportunidades (al menos eso pretende la lógica estratégica),
su tratamiento coloca los recursos y el tiempo de la Organización en un
estado “reactivo”. Y en el mundo competitivo esto debe interpretarse
siempre como un costo de oportunidad.
La manera más práctica y hábil de evitar el costo de oportunidad
consiste en trabajar sobre el Conflicto cuando éste presenta sus
primeros síntomas. En esta etapa resulta evidente el ahorro de tiempo y
esfuerzo que se puede alcanzar, adicionalmente al hecho de obtenerse
mayor control sobre las consecuencias imprevisibles que un Conflicto
manifiesto puede llegar a tener.
Lic. Carlos Nava Condarco - www.elstrategos.com - carlosnavaarrobaentelnet.bo
Natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Nació el 13 de octubre de 1964 y actualmente tiene 39 años. Tiene una licenciatura en Administración de Empresas de la Universidad Católica de Bolivia y ejerce la profesión desde hace 15 años. El señor Nava ha desempeñado cargos gerenciales de importancia en empresas de su país orientadas especialmente a la comercialización de productos de consumo masivo: bebidas gaseosas (Coca-Cola), cemento (SOBOCE S.A), comida rápida (Burger King). En estas organizaciones su responsabilidad principal ha estado siempre vinculada a la dinámica de los mercados y a la competencia, en cargos de Gerencias Comerciales y de Operaciones. El señor Nava es catedrático de la Universidad Católica Boliviana desde hace 8 años, en la materia de Política y Estrategia Empresarial. Ha dedicado mas de 12 años de investigación profesional a la Estrategia de Negocios y se encuentra en proceso de publicar el libro "El STRATEGOS y la guerra en el mundo de los negocios", del cual éste artículo es un extracto adaptado.
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