La crisis del agua

Autor: Jorge Alejandro De la Vega Lozano.

Categoría GESTIÓN AMBIENTAL Y SOSTENIBILIDAD

11-2004

Se afirma que las cuestiones relativas al agua habrán de cambiar en los próximos 25 años mucho más que en los últimos 2000 años. La mayor parte de las predicciones a mediano y largo plazo muestran que la escasez de agua será un problema cada vez más frecuente, sobre todo en los países en desarrollo. Por otra parte, los más optimistas esperan que estas predicciones no resulten del todo exactas, ya que profundos cambios tecnológicos relacionados con la disponibilidad y la calidad del agua, podrían producirse en las próximas décadas.

Sabemos que la precipitación pluvial no queda distribuida uniformemente en el planeta a través de las estaciones y los años. Alrededor del 75% de las lluvias anuales globales ocurren en áreas donde habita sólo 33% de la población mundial. Es decir, el 67% de la población habita en zonas del planeta que sólo reciben el 25% del agua disponible anualmente. Por ejemplo, cada año 20% del agua que recibe el planeta Tierra, queda en la cuenca del Amazonas, una vasta región donde habitan únicamente 10 millones de personas. Algo similar sucede en África, donde el río Congo y sus tributarios captan 30% del agua que recibe ese continente, pero en esa cuenca habita sólo un 10% de la población africana.
 
Se afirma que las cuestiones relativas al agua habrán de cambiar en los próximos 25 años mucho más que en los últimos 2000 años. La mayor parte de las predicciones a mediano y largo plazo muestran que la escasez de agua será un problema cada vez más frecuente, sobre todo en los países en desarrollo. Por otra parte, los más optimistas esperan que estas predicciones no resulten del todo exactas, ya que profundos cambios tecnológicos relacionados con la disponibilidad y la calidad del agua, podrían producirse en las próximas décadas. Lo cierto es que aún cuando las predicciones sobre la creciente escasez del recurso pudieran resultar pesimistas, el riesgo de que se produzca una grave crisis del agua continúa existiendo, ya que además de la mayor o menor escasez física del recurso, surgen problemas a los que en ocasiones no se presta la atención que merecen, como por ejemplo la imposibilidad de hacer frente a las enormes inversiones necesarias para mejorar la calidad e incrementar la disponibilidad del recurso. Existen dos tipos de escasez de agua: escasez física, cuando el consumo excede la disponibilidad, y escasez económica cuando se tiene agua suficiente pero se carece de inversión para almacenarla, extraerla y transportarla.


En regiones húmedas la gestión del agua se centra en el control de las inundaciones, mientras que  en zonas áridas se enfoca en problemas derivados de la escasez del recurso y su utilización eficiente. El sector del agua forma parte integral muy importante del sistema global, y está condicionado por factores que configuran el orden internacional, por lo que se verá sometido a profundos cambios para responder a los impactos mundiales, como el incremento poblacional, innovación tecnológica, ampliación del proceso de globalización, cambios climáticos y transformación de las políticas nacionales e internacionales. La competencia por el uso del agua entre agricultura, industria y población, limita el desarrollo económico en algunos países, y conforme población y economía crezcan, la competencia por el agua se intensificará, al igual que los conflictos entre distintos usuarios del agua. A nivel global 70% del agua se utiliza en agricultura, 20% en industria, y 10% para abastecer a la población. Se estima que utilizamos alrededor del 50% del agua disponible en el planeta, pero la estadística oculta desequilibrios mundiales, continentales, nacionales y regionales, en algunos casos sumamente graves. Hay naciones que por ahora no padecen fuerte escasez generalizada de agua, pero tienen grave déficit en varias regiones. La diversidad climática en México, propicia variaciones en los regímenes hidrológicos, y distribución de la precipitación pluvial muy desigual. Fenómenos meteorológicos como El Niño, las tormentas tropicales y huracanes, alternan con períodos de sequías prolongadas, no sólo en las zonas áridas o semiáridas, sino también en las zonas más húmedas.
 
Además de la disponibilidad, también el deterioro en la calidad del agua constituye un serio problema, mucho más crítico de lo que con frecuencia se supone. Recientes estimaciones del Third World Center for Water Management indican que en América Latina solo 6% de las aguas residuales son tratadas y depuradas. El informe Aquastat (FAO 2000) concluye que en países en desarrollo, el porcentaje de aguas residuales tratadas es sumamente bajo. La mayor parte del agua residual urbana e industrial, se descarga directamente en canales de drenaje, y en ocasiones se usa directamente para riego con graves consecuencias en la salud. Las enfermedades trasmitidas por el agua afectan a más de 2 mil millones de personas en el mundo. Más de 100 millones de personas están afectadas por malaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 2 millones de niños mueren cada año por enfermedades relacionadas con la ingesta de agua que no reúne condiciones adecuadas de higiene. Este panorama tiende a empeorar, debido a que el crecimiento urbano alcanza proporciones imprevistas. En la actualidad son más de 1500 millones las personas en el mundo que no cuentan con abastecimiento constante de agua ni servicios sanitarios. Estas cifras podrían duplicarse si no se ejercen acciones urgentes para remediar la situación.
 
Algunos países en vías de desarrollo disponen de información acerca de las inversiones hidráulicas que se requieren para aumentar la disponibilidad y calidad del agua, pero las fuertes inversiones requeridas resultan inabordables. Esta situación se agrava cuando las transferencias de los sistemas al sector privado se realizan sin apoyo y supervisión eficiente del Estado. Los proyectos hidráulicos a desarrollar pueden tener fuerte impacto social, económico y medioambiental. Según algunas estimaciones, el costo real por metro cúbico de agua en países menos desarrollados, podría aumentar 1.75 a 3.0 veces debido a la generación de proyectos hidráulicos para satisfacer la demanda.
 
La pregunta ineludible: ¿De dónde provendrán los recursos necesarios para financiar las enormes inversiones hidráulicas que se requieren? Algunos gobiernos de los países en desarrollo mantienen altos niveles de deuda pública y tratan de reducir el gasto público. La capacidad para generar recursos públicos en éstos países es muy limitada, lo cual dificulta no sólo la inversión pública, sino también la inversión privada. El agua es factor fundamental en la producción de alimentos, especialmente en regiones donde las precipitaciones son escasas, o están mal repartidas en espacio y tiempo. Datos de FAO indican que la superficie bajo riego en Latinoamérica y el Caribe ha crecido significativamente (Aquastat 2000), de 8 millones de hectáreas en 1960, a 18 millones de hectáreas en 1990. La expansión de las superficies de regadío ejercen fuerte presión sobre los recursos hídricos, provocando situaciones de escasez y degradación del recurso. Cuando la demanda de agua crece, la escasez se convierte en obstáculo para el desarrollo.
 
Estimaciones de la FAO indican que para mantener niveles mínimos de seguridad alimentaria sería necesario desarrollar 40 millones de hectáreas de riego adicionales en los países en vías de desarrollo. Desarrollar 40 millones de hectáreas de riego significaría efectuar inversiones por más de 250 mil millones de dólares. Algunos de éstos países se encuentran en situación de fuerte endeudamiento, y su acceso a préstamos internacionales es muy limitado. De modo que parece poco probable realizar inversión suficiente, sin embargo habrá que encontrar recursos para invertir, de lo contrario en el mediano y largo plazo podría presentarse un deterioro en la seguridad alimentaria, con todas las consecuencias sociales, políticas y económicas que una situación de ésta índole puede llevar consigo.
 
El modelo de privatización del agua para uso industrial en Inglaterra y Gales ha sido objeto de atención por parte del resto del mundo. El proceso se inicia en los años setenta, a partir de la regionalización en los servicios de agua, para posteriormente en 1980 privatizar la gestión del agua para uso industrial. El modelo se basa en la regionalización del suministro de agua, de forma que en cada región existe un monopolio de la compañía encargada del suministro. Así las 10 empresas regionales y 29 estatutarias se encargan del suministro al consumidor y de los procesos de depuración y saneamiento. El desempeño es supervisado por tres organismos estatales: 1. Ministerio de Sanidad para cuestiones sobre contaminación del agua. 2. Dirección General de Servicios del Agua, regula suministro, tarifas y calidad. 3. Cuatro entidades gubernamentales y la autoridad de cuenca, supervisan la gestión basándose en la ley medioambiental. Fuente: OCDE (1999) y OFWAT (2000).
 
La compleja naturaleza económica del agua justifica la necesidad de una intervención del sector público, porque el recurso es absolutamente necesario para la vida. La política del agua debe contemplar el desarrollo sostenible y equilibrado de las sociedades, la planificación económica, la ordenación territorial, la conservación y protección del medio de ambiente. La política del agua en México no deberá ser de carácter finalista, sino un medio para alcanzar fines territoriales, sociales y económicos de rango superior.
 
Los problemas del agua en México, no se resuelven mediante lecturas de un paisaje económico falsamente llamado “economía”, y mucho menos mediante una cadena de beneficencias. Hay que invertir y legislar al respecto. La clase política en México se encuentra muy ocupada disputándose el poder a zarpazos sin la menor preocupación ética, y sin haber ganado antes el presente. La dinámica de sus pugnas personales, vulgares y violentas, muestra a los ciudadanos una forma decepcionante de competitividad política sin verdaderos competidores. Vemos cómo la forma perversa del poder se transforma en apariencia y ausencia de poder. Escándalos y brujerías para la inquisición buscan la descalificación o la ratificación agresiva, no el encuentro con formas racionales, sin huir de la política.
 
La población en México busca equidad en el desarrollo, pero la inercia política fundada en la astucia y no en la inteligencia; en la sobrevivencia de algunos y no en la libre solidaridad, paraliza las posibilidades de desarrollo. De éste modo el desarrollo se convierte en utopía. En efecto, la clase política busca la querella, no la concordia, la polémica (guerra), no el diálogo que presupone oír al otro para cumplir con la premisa fundamental de la democracia.
 
De ninguna manera los mexicanos merecemos la pobreza moral, ni el cinismo de algunos funcionarios, legisladores y líderes de partidos políticos que conjuntamente influyen el en futuro de la nación.  Es evidente que el comportamiento de muchos políticos saldría mal librado al compararse con las proezas que enfrentan millones de mexicanos para sobrevivir con dignidad y honor. De modo que la clase política en México, no es reflejo de la población a la que representa.
 

Jorge Alejandro De la Vega Lozano.  - jdelavegalarrobahotmail.com

Ciudad de México.

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