Sabemos que la precipitación pluvial no queda distribuida
uniformemente en el planeta a través de las estaciones y los años.
Alrededor del 75% de las lluvias anuales globales ocurren en áreas donde
habita sólo 33% de la población mundial. Es decir, el 67% de la
población habita en zonas del planeta que sólo reciben el 25% del agua
disponible anualmente. Por ejemplo, cada año 20% del agua que recibe el
planeta Tierra, queda en la cuenca del Amazonas, una vasta región donde
habitan únicamente 10 millones de personas. Algo similar sucede en
África, donde el río Congo y sus tributarios captan 30% del agua que
recibe ese continente, pero en esa cuenca habita sólo un 10% de la
población africana.
Se afirma que las cuestiones relativas al agua habrán de cambiar en los
próximos 25 años mucho más que en los últimos 2000 años. La mayor parte
de las predicciones a mediano y largo plazo muestran que la escasez de
agua será un problema cada vez más frecuente, sobre todo en los países
en desarrollo. Por otra parte, los más optimistas esperan que estas
predicciones no resulten del todo exactas, ya que profundos cambios
tecnológicos relacionados con la disponibilidad y la calidad del agua,
podrían producirse en las próximas décadas. Lo cierto es que aún cuando
las predicciones sobre la creciente escasez del recurso pudieran
resultar pesimistas, el riesgo de que se produzca una grave crisis del
agua continúa existiendo, ya que además de la mayor o menor escasez
física del recurso, surgen problemas a los que en ocasiones no se presta
la atención que merecen, como por ejemplo la imposibilidad de hacer
frente a las enormes inversiones necesarias para mejorar la calidad e
incrementar la disponibilidad del recurso. Existen dos tipos de escasez
de agua: escasez física, cuando el consumo excede la disponibilidad, y
escasez económica cuando se tiene agua suficiente pero se carece de
inversión para almacenarla, extraerla y transportarla.
En regiones húmedas la gestión del agua se centra en el control de las
inundaciones, mientras que en zonas áridas se enfoca en problemas
derivados de la escasez del recurso y su utilización eficiente. El
sector del agua forma parte integral muy importante del sistema global,
y está condicionado por factores que configuran el orden internacional,
por lo que se verá sometido a profundos cambios para responder a los
impactos mundiales, como el incremento poblacional, innovación
tecnológica, ampliación del proceso de globalización, cambios climáticos
y transformación de las políticas nacionales e internacionales. La
competencia por el uso del agua entre agricultura, industria y
población, limita el desarrollo económico en algunos países, y conforme
población y economía crezcan, la competencia por el agua se
intensificará, al igual que los conflictos entre distintos usuarios del
agua. A nivel global 70% del agua se utiliza en agricultura, 20% en
industria, y 10% para abastecer a la población. Se estima que utilizamos
alrededor del 50% del agua disponible en el planeta, pero la estadística
oculta desequilibrios mundiales, continentales, nacionales y regionales,
en algunos casos sumamente graves. Hay naciones que por ahora no padecen
fuerte escasez generalizada de agua, pero tienen grave déficit en varias
regiones. La diversidad climática en México, propicia variaciones en los
regímenes hidrológicos, y distribución de la precipitación pluvial muy
desigual. Fenómenos meteorológicos como El Niño, las tormentas
tropicales y huracanes, alternan con períodos de sequías prolongadas, no
sólo en las zonas áridas o semiáridas, sino también en las zonas más
húmedas.
Además de la disponibilidad, también el deterioro en la calidad del agua
constituye un serio problema, mucho más crítico de lo que con frecuencia
se supone. Recientes estimaciones del Third World Center for Water
Management indican que en América Latina solo 6% de las aguas residuales
son tratadas y depuradas. El informe Aquastat (FAO 2000) concluye que en
países en desarrollo, el porcentaje de aguas residuales tratadas es
sumamente bajo. La mayor parte del agua residual urbana e industrial, se
descarga directamente en canales de drenaje, y en ocasiones se usa
directamente para riego con graves consecuencias en la salud. Las
enfermedades trasmitidas por el agua afectan a más de 2 mil millones de
personas en el mundo. Más de 100 millones de personas están afectadas
por malaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de
2 millones de niños mueren cada año por enfermedades relacionadas con la
ingesta de agua que no reúne condiciones adecuadas de higiene. Este
panorama tiende a empeorar, debido a que el crecimiento urbano alcanza
proporciones imprevistas. En la actualidad son más de 1500 millones las
personas en el mundo que no cuentan con abastecimiento constante de agua
ni servicios sanitarios. Estas cifras podrían duplicarse si no se
ejercen acciones urgentes para remediar la situación.
Algunos países en vías de desarrollo disponen de información acerca de
las inversiones hidráulicas que se requieren para aumentar la
disponibilidad y calidad del agua, pero las fuertes inversiones
requeridas resultan inabordables. Esta situación se agrava cuando las
transferencias de los sistemas al sector privado se realizan sin apoyo y
supervisión eficiente del Estado. Los proyectos hidráulicos a
desarrollar pueden tener fuerte impacto social, económico y
medioambiental. Según algunas estimaciones, el costo real por metro
cúbico de agua en países menos desarrollados, podría aumentar 1.75 a 3.0
veces debido a la generación de proyectos hidráulicos para satisfacer la
demanda.
La pregunta ineludible: ¿De dónde provendrán los recursos necesarios
para financiar las enormes inversiones hidráulicas que se requieren?
Algunos gobiernos de los países en desarrollo mantienen altos niveles de
deuda pública y tratan de reducir el gasto público. La capacidad para
generar recursos públicos en éstos países es muy limitada, lo cual
dificulta no sólo la inversión pública, sino también la inversión
privada. El agua es factor fundamental en la producción de alimentos,
especialmente en regiones donde las precipitaciones son escasas, o están
mal repartidas en espacio y tiempo. Datos de FAO indican que la
superficie bajo riego en Latinoamérica y el Caribe ha crecido
significativamente (Aquastat 2000), de 8 millones de hectáreas en 1960,
a 18 millones de hectáreas en 1990. La expansión de las superficies de
regadío ejercen fuerte presión sobre los recursos hídricos, provocando
situaciones de escasez y degradación del recurso. Cuando la demanda de
agua crece, la escasez se convierte en obstáculo para el desarrollo.
Estimaciones de la FAO indican que para mantener niveles mínimos de
seguridad alimentaria sería necesario desarrollar 40 millones de
hectáreas de riego adicionales en los países en vías de desarrollo.
Desarrollar 40 millones de hectáreas de riego significaría efectuar
inversiones por más de 250 mil millones de dólares. Algunos de éstos
países se encuentran en situación de fuerte endeudamiento, y su acceso a
préstamos internacionales es muy limitado. De modo que parece poco
probable realizar inversión suficiente, sin embargo habrá que encontrar
recursos para invertir, de lo contrario en el mediano y largo plazo
podría presentarse un deterioro en la seguridad alimentaria, con todas
las consecuencias sociales, políticas y económicas que una situación de
ésta índole puede llevar consigo.
El modelo de privatización del agua para uso industrial en Inglaterra y
Gales ha sido objeto de atención por parte del resto del mundo. El
proceso se inicia en los años setenta, a partir de la regionalización en
los servicios de agua, para posteriormente en 1980 privatizar la gestión
del agua para uso industrial. El modelo se basa en la regionalización
del suministro de agua, de forma que en cada región existe un monopolio
de la compañía encargada del suministro. Así las 10 empresas regionales
y 29 estatutarias se encargan del suministro al consumidor y de los
procesos de depuración y saneamiento. El desempeño es supervisado por
tres organismos estatales: 1. Ministerio de Sanidad para cuestiones
sobre contaminación del agua. 2. Dirección General de Servicios del
Agua, regula suministro, tarifas y calidad. 3. Cuatro entidades
gubernamentales y la autoridad de cuenca, supervisan la gestión
basándose en la ley medioambiental. Fuente: OCDE (1999) y OFWAT (2000).
La compleja naturaleza económica del agua justifica la necesidad de una
intervención del sector público, porque el recurso es absolutamente
necesario para la vida. La política del agua debe contemplar el
desarrollo sostenible y equilibrado de las sociedades, la planificación
económica, la ordenación territorial, la conservación y protección del
medio de ambiente. La política del agua en México no deberá ser de
carácter finalista, sino un medio para alcanzar fines territoriales,
sociales y económicos de rango superior.
Los problemas del agua en México, no se resuelven mediante lecturas de
un paisaje económico falsamente llamado “economía”, y mucho menos
mediante una cadena de beneficencias. Hay que invertir y legislar al
respecto. La clase política en México se encuentra muy ocupada
disputándose el poder a zarpazos sin la menor preocupación ética, y sin
haber ganado antes el presente. La dinámica de sus pugnas personales,
vulgares y violentas, muestra a los ciudadanos una forma decepcionante
de competitividad política sin verdaderos competidores. Vemos cómo la
forma perversa del poder se transforma en apariencia y ausencia de
poder. Escándalos y brujerías para la inquisición buscan la
descalificación o la ratificación agresiva, no el encuentro con formas
racionales, sin huir de la política.
La población en México busca equidad en el desarrollo, pero la inercia
política fundada en la astucia y no en la inteligencia; en la
sobrevivencia de algunos y no en la libre solidaridad, paraliza las
posibilidades de desarrollo. De éste modo el desarrollo se convierte en
utopía. En efecto, la clase política busca la querella, no la concordia,
la polémica (guerra), no el diálogo que presupone oír al otro para
cumplir con la premisa fundamental de la democracia.
De ninguna manera los mexicanos merecemos la pobreza moral, ni el
cinismo de algunos funcionarios, legisladores y líderes de partidos
políticos que conjuntamente influyen el en futuro de la nación. Es
evidente que el comportamiento de muchos políticos saldría mal librado
al compararse con las proezas que enfrentan millones de mexicanos para
sobrevivir con dignidad y honor. De modo que la clase política en
México, no es reflejo de la población a la que representa.
Jorge Alejandro De la Vega Lozano. - jdelavegalarrobahotmail.com
Ciudad de México.
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |