Las aptitudes que el STRATEGOS debe poseer se diferencian de las
habilidades esencialmente por su particularidad de origen, dado que es
necesario entender que las aptitudes son rasgos que caracterizan
individualmente a las personas. En tanto que las habilidades pueden ser
desarrolladas con la práctica continua y en función de la experiencia,
las aptitudes tienen un mayor o menor grado de calidad de acuerdo a las
disposiciones de cada persona.
Aunque existen controversias continuas sobre el tema, no existe
justificativo de importancia para entender que las aptitudes no puedan,
en buena parte, cultivarse y desarrollarse, al menos hasta el punto que
alcancen coherencia con la naturaleza de las funciones que se deben
practicar. De hecho también habrá que entender que las aptitudes pueden
constituir factores de diferenciación más importantes que las
habilidades entre los STRATEGOS, porque se encuentran algo más lejos de
éstas para desarrollarse únicamente como producto del ejercicio y la
experiencia. Las aptitudes de Picasso para la pintura tienen por fuerza
una distancia que debe reconocerse cuando se las compara con las
habilidades para el arte de cualquier otra persona. Las aptitudes de
Napoleón para la Estrategia no serán fácilmente alcanzables en mérito al
esfuerzo, el ejercicio o la experiencia. De allí para atrás todo sigue
siendo un continuo de esfuerzo y dedicación.
Las aptitudes trabajan en el esfuerzo estratégico como lo hace la lluvia
con los campos que se brindan para la siembra y la cosecha. Las
aptitudes no están involucradas en la ruta crítica del trabajo
estratégico de una manera formal o metodológica. Su presencia no es
solicitada nunca como parte del proceso, ninguna de ellas se le demanda
al STRATEGOS de la manera en que se lo hace con las habilidades y los
otros conocimientos. Las aptitudes simplemente llegan como la lluvia
sobre el campo: en el momento en que deben llegar y para cumplir una
tarea fundamental. Todo el esfuerzo de la siembra es
inconmensurablemente superior al simple hecho de que llueva cuando debe
hacerlo y sin embargo es un esfuerzo que a nada conduce sin el simple
accidente del agua cayendo del cielo.
Las aptitudes son así: se involucran con el proceso el momento en que su
presencia es indispensable, luego definen y determinan los resultados,
sin que nadie se hubiera especialmente percatado de ello. Su ausencia
determina el fracaso de los más brillantes planteamientos, de los
recursos más calificados, de las victorias que se encuentran “al alcance
de la mano”.
El STRATEGOS construye su ventaja competitiva alrededor de sus
aptitudes, las complementa con el conocimiento indispensable y con la
practica de las habilidades necesarias.
La mención específica de las aptitudes no puede eludirse, pero su
propósito radica ante todo en la necesidad de que el STRATEGOS se
percate de su vital importancia y a su vez las cultive seriamente y con
paciencia. El propósito es que el STRATEGOS examine las condiciones que
tiene en término de ellas y que no las entienda y trate con la lógica
inercial que naturalmente tienen. Puede entenderse que si la lluvia no
llega, pues no llega y punto, y así terminan el resto de los esfuerzos,
pero es un verdadero absurdo desconocer la vital importancia que ella
tiene para completar el trabajo.
Entre todas las aptitudes que pueden considerarse importantes e
interesantes, aquí se citan algunas, aquellas que se encuentran
indispensables.
Aptitud de Control sobre sí mismo que garantice el control personal de
las situaciones e inclusive el control de los oponentes (Control de
emociones).-
El “Dominio Propio” es un estado indispensable para el ejercicio
estratégico. El control de las emociones es un mecanismo de equilibrio
vital para el carácter mismo que tiene el Conflicto, pues éste viene
revestido de algunos elementos de la mayor intensidad que el hombre
conoce. No debe olvidarse ésa elocuente frase de Patton: “comparadas con
la guerra todas las demás formas de comportamiento humano son una
insignificancia”[1]. Y el carácter de la “guerra” es únicamente un
asunto de grado, de volumen: diferente sólo en ése sentido en el mundo
militar o en el mundo de los negocios.
Resulta sencillo suponer la naturaleza de los efectos subyacentes cuando
el Conflicto no es tratado con elevadas dosis de Dominio Propio; allí
desaparece el equilibrio, allí se combate el fuego con combustible
inflamable, se avivan las llamas, hasta un punto en que el fuego termina
prevaleciendo.
Si el STRATEGOS no tiene capacidad de controlarse a sí mismo entonces no
tiene la capacidad de controlar el Conflicto y nada más tiene por hacer
en la lógica estratégica.
En el juego estratégico la razón debe imponer sus buenos argumentos
sobre el conjunto de emociones. Sin ello no existe la menor posibilidad
de victoria. En el juego estratégico la convocatoria se establece para
la razón precisamente porque el juego mismo está plagado de emociones.
Desde aquí debe concluirse en algo importante: este juego no persigue
eliminar las emociones, no pretende desconocerlas, ni acaso ignorar su
participación en el proceso. El juego está precisamente lleno de
emociones, ellas están allí porque responden a un llamado de la
naturaleza misma del juego, se encuentran por todas partes, en cada
resquicio y en cada momento del desarrollo de la Estrategia y del
Conflicto. No desaparecerán nunca por absurdo esfuerzo que se imprima en
la tarea, permanecerán impasibles en tanto un ser humano exista. Porque
las emociones son en última instancia el combustible mismo del hombre,
el alimento del alma y su fuerza motriz.
El objetivo es de CONTROL, simplemente, y más nada. Las emociones deben
controlarse; se debe equilibrar su impulso con una fuerza contraria que
modere sus efectos y encauce sus energías. Esta fuerza opuesta es la
razón.
La razón viene acompañada con un vasto instrumental de lógica, sentido
común, principio, urgencia, conveniencia, convicción. Y todo ello lo
antepone a la emoción desbocada en forma de un pensamiento claro, de un
argumento.
Cuando la razón es mencionada con criterio utilitario muchas veces es
difícil “aprehenderla”, su concepto es tan vasto y complejo que el
entendimiento de su sola mención pasa por ser solamente algo
“razonable”. Es necesario puntualizar con vehemencia que la razón debe
transformarse en un Pensamiento claro o en un Argumento para anteponerse
a las emociones. El pensamiento claro es un producto de la razón que
lleva incorporada intencionalidad y tiene como objetivo final la acción.
El Argumento es una estructura de razonamientos, elaborada con
reflexión.
Para el control de sus propias emociones el STRATEGOS debe poseer un
Pensamiento Claro con respecto a sus objetivos, debe estar provisto de
un Argumento sólido que los respalde. Debe estar absolutamente conciente
y convencido que nada puede interponerse entre él y el alcance de ése
objetivo; eso precisamente le repite sin cesar el Pensamiento, eso
exigen sus Argumentos.
El deseo mismo de hacer prevalecer éste Pensamiento se convierte a la
vez en una emoción que sostiene el proceso, construyendo con ello un
cauce útil y beneficioso para el desenvolvimiento de las energías.
Napoleón confesaba que el momento de sus aprontes militares se hundía en
agitación penosa, parecía una joven que da a luz, pero ello no le
privaba de mostrarse sereno ante la gente que lo rodeaba, y cuando
tomaba una decisión todo quedaba en el olvido, menos lo que era
necesario para alcanzar la victoria. Esto es, exactamente, Control de
Emociones: sentirlas ardientemente, allí en lo profundo de lo que uno
es, tener la capacidad de mantenerse impasible ante los demás a pesar
que las emociones quemen desde adentro y el momento de actuar olvidar
todo, menos el pensamiento claro y el argumento que conduce a la
obtención de los resultados. De esta forma el ser humano trabaja como
esas máquinas de vapor que alcanzan ebullición interna y canalizan ésa
enorme energía a un punto preciso, uno que genera un movimiento vital,
gigante, poderoso. En el hombre la ebullición se consigue por medio de
las emociones, pero el control permite que esa fuerza se dirija a un
punto preciso y desde allí mueva la maquinaria que el pensamiento ha
creado para actuar en función de los objetivos.
Si este “vapor interno” no es controlado, entonces sale por cualquier
lado, no mueve nada en particular, puede quemar a todos alrededor y
termina por encontrar víctima en su propio creador.
Anteponer siempre un Pensamiento Claro ante la Emoción cuando se trata
de afanes estratégicos, requiere de mucha fuerza de voluntad y
disciplina. La aptitud natural se refuerza y se alimenta de ellas. De
esta manera se establece una diferencia con el oponente tan importante
como la que viene dictada por el propio grado de Aptitud. Fuerza de
voluntad y disciplina, ambos inquilinos inquietos y errantes de nuestra
personalidad, hermosas joyas que de tan ocultas privan de riquezas
excepcionales.
1) Memoria.-
Probablemente la mejor forma de comprender la importancia que representa
una “Aptitud para la Memoria” por parte del STRATEGOS, sea remitirnos a
la naturaleza de lo que los propios Principios Estratégicos son: ellos
representan la memoria colectiva de miles y miles de conflictos, de
miles y miles de estrategias invertidas en resolverlos, de miles y miles
de STRATEGOS involucrados; todo ello en miles y miles de años de
historia humana.
La memoria colectiva acumula experiencias y la razón las discrimina, las
interpreta y se alista para la próxima acción. La memoria guarda
detalles valiosos de la experiencia, no únicamente el recuerdo de ella
como tal, también el intríngulis de las variables involucradas.
Es curioso comprobar como aquellas personas que no tienen ésta aptitud
de memoria, terminan por acordarse de las experiencias como “eventos
empaquetados”, pueden recordar efectivamente si la experiencia fue buena
o no lo fue, pero no tienen la posibilidad de recordar los detalles que
las condicionaron, los hechos independientes que las explicaron, lo
móviles, las relaciones causa – efecto.
El dicho afirma que “el diablo está en los detalles” y pocas
afirmaciones tienen tanto de verdad. Los detalles pueden terminar con
una Organización, de la misma manera que lo pueden hacer con el amor,
con la lealtad o con las buenas intenciones. Los detalles se encuentran
detrás del éxito y del fracaso de los grandes emprendimientos.
Si bien existen innumerables recursos para tratar la existencia de los
detalles en un proceso formal de gobierno o de administración, mucho
menores son los recursos para identificar los detalles que han formado
parte de una experiencia pasada. Entre ellos no sólo destaca, también
reina, la Memoria.
La sabiduría estratégica que gobierna los actos que emprendemos hoy es
producto de las experiencias pasadas y por ello una Memoria efectiva
constituye un elemento de gran virtud para el STRATEGOS.
La Memoria debe estar enfocada hacia los detalles, del resto se acuerda
todo el mundo o dan cuenta los registros formales. Los detalles, en
cambio, no sólo que no se registran, ¡es imposible hacerlo!, más allá
que la tarea sea emprendida con la ayuda de toda la tecnología
disponible.
Dicen que si alguien tuviera la posibilidad de transcribir en un
documento el detalle de todas las vivencias de una persona, la biografía
no cabría en los volúmenes que alberga la mayor de las bibliotecas
humanas. Solo resta pensar que dimensión alcanza esto cuando se trata de
fenómenos colectivos.
La Memoria ejerce pues propiedad y derecho allí donde nada ni nadie más
puede hacerlo.
Las experiencias estratégicas, positivas y negativas, deben recordarse
en sus detalles, en sus razones, en sus relaciones causa-efecto, en las
acciones tácticas emprendidas por los individuos, en las características
del contexto. Y deben también ser contemporizadas, deben responder a las
particularidades del momento y del lugar de los hechos.
Si todos estos elementos se preservan en la Memoria del STRATEGOS, su
planteamiento estratégico actual está revestido de una riqueza
invisible, de enorme poder; la efectividad cuenta con una garantía
adicional que por otra parte es también significativamente eficiente,
porque todo recuerdo de experiencia permite evitar errores, permite
disminuir costos y gastos.
Por otra parte los recursos de la Memoria son invaluables en el
ejercicio de la Táctica, hasta un punto que pueden permitir anticipar
las acciones del oponente, por el simple hecho de “recordar” sus
reacciones y sus conductas ante determinados estímulos.
Y bien, todas las personas tienen Memoria, pero ésta que particularmente
precisa el STRATEGOS emerge fuera del promedio, debe construirse
precisamente entre los resquicios que deja el promedio, debe levantarse
allí donde todos consideran que es innecesaria, en ésa región que esta
oscura por el olvido de muchos, pero que ilumina el camino de pocos, de
aquellos que se esfuerzan por trabajarla.
2) Empatía.-
La Empatía es ése esfuerzo por identificarse con el sentir de otra o de
otras personas.
En tanto que al STRATEGOS se le demanda que tenga la necesaria capacidad
de Controlar sus Emociones, se le pide simultáneamente que sea un
“receptor” idóneo del sentir de los demás.
El STRATEGOS es un catalizador del sentir de las personas que trabajan
en el desarrollo de la Estrategia, y para cumplir apropiadamente con
esta función vital debe ser capaz de buscar a profundidad,
aplicadamente, las causas y la naturaleza de lo que sienten los demás.
Le es imperativo llegar hasta el origen de estos sentimientos, le es
exigido que trate de comprenderlos hasta el punto exacto en que se
tornen verdaderamente incomprensibles y le es demandado que los tome en
cuenta de forma personal, como uno más de los justificativos que
orientan su acción.
Si el STRATEGOS no puede “sintonizar” apropiadamente con el sentir de
los demás, entonces está incapacitado de aprovechar las energías que
emergen de la Organización, de hecho se convierte en un receptor de ésos
que los ingenieros llaman “tontos”, “muertos”. Un receptor de ésos jamás
puede “emitir” nada.
El camino aquí es evidentemente de doble vía: si no hay Empatía no hay
aprovechamiento de energía. Y esto coloca en riesgo enorme la
efectividad de la Estrategia.
Identificarse con el sentir de los demás es, por otra parte, el punto
fundamental de inicio para cambiar las cosas, si esto fuera necesario;
bajo ninguna circunstancia la Empatía busca la preservación de los
estados si ello no conduce a beneficio. La enorme diferencia radica en
que la identificación con el sentir de los demás le permite al STRATEGOS
abordar el cambio de estado o la solución del problema desde la raíz
misma de los elementos que lo provocan, con el cuidado indispensable de
la sensibilidad ajena, que en buena parte ya es la suya propia dado que
se ha presentado la Empatía. Los cambios o soluciones desde un estado de
Empatía siempre parten de mejor puerto y llegan a mejor destino, porque
son cambios que están apropiadamente “sensibilizados”.
A veces los STRATEGOS y muchas otras personas que ejercen funciones de
dirección en las organizaciones, olvidan por simple costumbre o mecánica
el enorme costo oculto que acompaña los procesos de cambio o de solución
de problemas. Ellos demandan importantes recursos y tiempo, a veces
tienen largos efectos “post operatorios”, causan distanciamientos,
divisiones, etc. Estos costos se asumen fácilmente, casi en medio de la
rutina o al amparo del precepto que señala “la necesidad de romper
huevos para hacer tortillas”.
Todos los costos, el tiempo y los efectos traumáticos del cambio y de la
solución de problemas, se reducen enormemente con un líder que tenga la
capacidad de alcanzar Empatía y con ello adoptar procesos de cambio y
solución debidamente “sensibilizados”.
Por otra parte, la propia jerarquía del liderazgo aumenta a medida que
el STRATEGOS alcanza grados mayores de Empatía. El reconocimiento de la
propia situación, de las dificultades, de los desafíos, etc. aumenta a
medida que también se reconocen las situaciones, las dificultades, los
desafíos de los demás. Este es el enorme poder de la riqueza integral:
dar para recibir.
Cuando el líder reconoce, recibe reconocimiento; cuando se identifica
recibe identificación; cuando se esfuerza por los demás, recibe esfuerzo
de los demás; cuando apoya, recibe apoyo.
Y en este proceso quien más gana es el propio STRATEGOS.
3) Negociación.-
Desde el momento en que el STRATEGOS posee control sobre una función que
permitirá alcanzar objetivos determinados, se encuentra sujeto a fuerzas
medioambientales y circunstanciales que ejercerán presión para
“quitarle” tiempo, recursos, energía, enfoque, etc. En realidad todo
plan y toda acción está sometida a estas fuerzas reactivas que aplican
“freno”, que generan oposición. Este es un tema incluso de naturaleza
física y es, por supuesto, algo absolutamente normal.
El STRATEGOS se verá forzado a recurrir a todo elemento que exista en su
arsenal personal y profesional para evitar que las fuerzas reactivas
impidan el cumplimiento de sus propósitos y limiten sus acciones. Estas
fuerzas reactivas llegarán de todo lado, no exclusivamente desde el
Conflicto.
Como quien es dueño de mucho, el STRATEGOS deberá asumir la necesidad de
“dar y tomar” todo aquello que le sea necesario para cumplir la tarea.
Por un lado no puede simplemente asumir que no se le privará de nada y
por el otro no debe estar dispuesto a ceder más allá de lo que indique
la conveniencia. Se impone, sobre todo, el alcance de los objetivos.
El discernimiento de esta realidad conduce directamente al trato de lo
que significa la Negociación como un acto de gobierno. Cada definición
que existe sobre el tema, contribuye de una manera u otra al
desenvolvimiento del quehacer estratégico, por ello es indispensable
entre las aptitudes que debe tener el STRATEGOS.
Veamos algunas definiciones de Negociación:
“Conceder con el propósito de llegar a un acuerdo mutuo”[2].
El hecho de conceder representa resignar derecho o tuición sobre alguna
posesión en particular, bien sea esta de naturaleza física o ideológica.
Y poca duda debe quedar en el STRATEGOS el momento de entender la
palabra “resignar” porque tiene casi un carácter imperativo entre los
márgenes de la negociación. Si no se resigna, es decir si no se concede,
tampoco se llega a un acuerdo de beneficio común o de utilidad recíproca
entre las partes. Y en tanto que ése acuerdo no exista, tampoco puede
esperarse la mejor disposición o un final feliz en las cosas.
Cuando las fuerzas reactivas naturales requieran por parte del STRATEGOS
tiempo, recursos, modificación de tareas, objetivos, etc, éste tendrá
que conceder hasta el punto de no verse perjudicado y hasta el punto de
no haber perjudicado notablemente el interés de las fuerzas reactivas.
Ahora bien, cuando la referencia alcanza a las fuerzas reactivas no
tiene porque entenderse que ellas representen afanes de perjuicio, daño
o molestia injustificada de las intenciones propias; en realidad las
fuerzas reactivas pueden estar perfectamente sintonizadas con los
esfuerzos generales, pero a su vez representar intereses particulares
que también hacen a la tarea: este puede ser el caso cuando un STRATEGOS
se ve obligado a negociar intereses comunes con responsables de
Logística, por ejemplo. En este caso Logística representa una fuerza
reactiva, en tanto que interpone intereses propios entre las
definiciones previas que el STRATEGOS sostiene. Si por una parte se
entiende que Logística está haciendo uso de un derecho natural y que
ello no se resolverá por el simple mantenimiento a ultranza de los
argumento propios, entonces es necesario Negociar, para hacer prevalecer
hasta donde sea posible la visión y el interés que se sostiene.
Esta bien visto que esta Negociación involucrará concesiones y ello
exige por demás mucho talento, para que entre esas concesiones no surja
el perjuicio.
Llama poderosamente la atención lo dificultoso que es para muchas
personas (y por supuesto para muchos STRATEGOS) el sólo hecho de “ceder
posiciones con ventaja”, o dicho de otra forma, tener la convicción y la
seguridad que la ventaja y el éxito se encuentra detrás de la concesión.
No es usual encontrar esta forma de ver las cosas, al menos no tan usual
como la necesidad de practicarlas.
Aquí yace específicamente la aptitud de Negociación: en ése arte de
conceder para alcanzar un acuerdo de explícito beneficio para nuestros
intereses. Quien asuma que en la vida no tendrá que negociar nada es un
tonto y epíteto peor puede reservarse si esta convicción es sostenida
por el STRATEGOS quien, ni más ni menos, se desenvuelve en el Conflicto.
Si este es un juego en el que necesariamente se habrá de hacer
concesiones, en un momento o en otro, una y otra vez, entonces bien vale
la pena que al menos se domine el arte de hacer las concesiones con
ventaja, esto es el arte de Negociar.
Otra definición de Negociación aporta mucho con esta idea:
“Proceso en el que se gana, cuando ambas partes pierden”[3].
O entendámoslo de esta forma: Proceso en el que nadie pierde, cuando
ambas partes ganan. Por un lado o el otro se infiltra necesariamente la
concesión, el acto de ceder, bien sea que en esta perdida se encuentre
la ganancia o con ella se evite la perdida ajena y se consiga un acuerdo
ganador.
En realidad la única parte que pierde todo es aquella que no Negocia
para nada. De allí para adelante, y mediando mayor o menor aptitud para
el acto, todos pierden menos negociando. Y quien más tiene y menos
negocia, más pierde; éste es el peligroso caso del STRATEGOS quien en
los hechos posee el control de toda la Estrategia y por ello mismo debe
ser un negociador de primera línea.
Probablemente la definición más interesante de Negociación sea la
siguiente:
“Medio por el cual uno llega tan cerca como es posible de una meta
requerida, usando cualesquier estrategias, tácticas, técnicas y
argumentos que estén dentro de los límites de lo correcto, de la ética
corriente y de la ley”[4].
La afirmación de “lo más cerca posible de la meta requerida” es
nuevamente una alusión a la concesión que es necesaria para que la
Negociación se perfeccione y de hecho a la existencia natural de las
fuerzas reactivas. Se asume “ desde ya” la probabilidad de no alcanzar,
por medio de la negociación, todo lo que uno quisiera, pero se exige que
esa brecha sea lo más estrecha posible.
Lo importante y útil es que ésta definición de Negociación hace alusión
directa al cumplimiento de una meta, al cumplimiento de un objetivo, al
cumplimiento de un propósito. La aptitud de Negociación permite
precisamente que el STRATEGOS sea eficaz en la prosecución de sus
objetivos, lo obliga a alcanzarlos, mediando incluso la necesidad de
tener que hacer concesiones inteligentes. Todos los medios para alcanzar
los objetivos se justifican en tanto se ajusten a lo correcto, a la
ética corriente y a la ley. Esta afirmación también es poderosa,
ilustrativa, y quien lo diría: hija directa del concepto de Negociación.
Una definición final y de uso muy corriente puede también resultar muy
ilustrativa:
“Todo en la vida se Negocia” .
Por algo y de alguna manera el término Negociar se acerca tanto al
término de Negocio. Porque si esté último sostiene por concepto que en
la vida todo se vende, el otro afirma convincentemente que todo se
negocia.
El STRATEGOS negocia con el Soberano, negocia con sus pares, negocia con
sus subordinados, negocia con proveedores, negocia con clientes y puede
llegar, incluso, a negociar con sus oponentes. Y todo lo que éstas
relaciones involucren está sujeto a Negociación, tanto si es porque algo
se pide del STRATEGOS como sea por algo que el STRATEGOS pida. Así se
abre realmente un mundo lleno de oportunidades, y tener la aptitud para
aprovecharlas resulta algo muy importante y sensible.
4) Decisión.-
Es indispensable que el STRATEGOS sea una persona resuelta y decidida.
Las vacilaciones en el universo estratégico tienen costo muy alto, son
probablemente de las ventajas competitivas más importantes que se pueden
otorgar o que se pueden obtener del oponente. Las vacilaciones y las
dudas representan tiempo valioso en el esfuerzo propio y un tiempo aún
más precioso en manos del competidor.
Cuando se pide que el STRATEGOS sea una persona decidida se le exige
simultáneamente que extreme recursos en los procesos de análisis y
reflexión que anteceden a la acción y a la dinámica estratégica, de
manera que cuando llegue el momento de ponerse en movimiento las dudas
hayan quedado atrás, las posibilidades de demorar las decisiones hayan
sido consideradas en etapas previas y lo que único que reste sea iniciar
las operaciones propiamente dichas.
Cuando todas las consideraciones previas a la acción han sido llevadas a
efecto de manera apropiada, entonces la resolución y el carácter para
tomar las decisiones constituye solamente una cuestión de aptitud
personal del STRATEGOS.
Y por muy extraño que parezca tampoco ésta es una aptitud que abunda. La
toma de decisiones termina siendo siempre un proceso delicado, más aún
cuando ella involucra actos de trascendencia como en el caso del
STRATEGOS. Cuesta tomar decisiones con seguridad y confianza, eso está
en la propia naturaleza del hombre, quien por esencia propenderá siempre
a reducir riesgos que puedan afectarlo. Y toda decisión, por supuesto,
involucra algún grado de riesgo. Las consideraciones y las reflexiones
previas conducen únicamente a tratar de reducir este riesgo. En ningún
caso pueden anularlo por completo pues toda decisión determina hechos en
el porvenir y el detalle exacto de éste le está privado al hombre.
Cuando se hace referencia o se busca a un hombre decidido muchas veces
se aborda el tema considerando la capacidad de ésa persona para afrontar
el riesgo de una manera sensata. Por un lado que tenga las capacidad de
afrontar los riesgos sin temor pero por otro que no lleve este proceso
hasta un extremo que margine prudencia y sensatez. El equilibrio es
delicado.
El riesgo en esencia está compuesto por probabilidades de contingencias
que puedan emerger más allá de todo lo previsto y lo planificado. Las
contingencias determinan la existencia del riesgo, su probabilidad de
ocurrencia genera inseguridad el momento de tomar las decisiones. Sin
embargo el hombre decidido encuentra en ésta misma virtud la posibilidad
de enfrentarlas. La resolución y la decisión firme constituyen las
aptitudes apropiadas para enfrentar las contingencias, de la misma forma
en la que son requisitos para tomar decisiones previas. Las
contingencias pueden asfixiar a un hombre poco decidido y resuelto en
tanto que a uno que no lo es, solamente lo califican y perfeccionan en
su virtud.
Nunca debe olvidarse un hecho básico: si no hay riesgo, tampoco hay
victoria. Es necesario tomar riesgos en el camino del éxito, y ello está
explicado desde muy cerca por la necesidad de tomar decisiones. Debería
poderse interpretar el riesgo como una oportunidad, dado que él mismo
trae aparejada la victoria.
Por otra parte los riesgos los deben enfrentar todos, nadie está exento
de tener que asumirlos y mucho menos el competidor. Aquí de hecho existe
igualdad de condiciones y por ello la resolución y la capacidad de tomar
decisiones firmes establece la diferencia.
Dado que la capacidad de tomar decisiones y enfrentar riesgos responde
más a una aptitud que a una habilidad, resulta complicado determinar los
factores y las mecánicas que permiten su ocurrencia. En muchos casos el
análisis debe concluir por presentar las circunstancias que facilitan la
toma de decisiones en una Organización: planes que respondan a un
análisis aplicado de todas las variables que los componen y que los
condicionan, procesos de sensibilización de esos planes para determinar
las zonas de tolerancia que puedan tener, evaluación previa de
situaciones críticas y no programadas que se puedan presentar (la famosa
mecánica de los “equipos de manejo de crisis”), respuestas opcionales
ante contingencias, los famosos “planes de emergencia”, etc. Entre todas
estas consideraciones y mecánicas se encuentra una reducción implícita
del riesgo y un análisis de eventuales respuestas y reacción
organizacional ante contingencias e imprevistos.
Otro factor que ayuda mucho para alcanzar niveles cada vez más
importantes de resolución en la toma de decisiones es, sin duda, el
entrenamiento. Por medio de él se anticipa la ocurrencia de los hechos,
se meditan y se practican las respuestas, se asumen problemas y se
asumen soluciones, se perfeccionan las habilidades y se incrementa
progresivamente el sentido se seguridad.
Por último tiene la misma o mayor importancia la necesidad que el
STRATEGOS se encuentre apropiadamente mentalizado y enfocado con la
tarea que le corresponde llevar a la practica. Ese proceso de
“mentalización” también anticipa hechos y circunstancias, inercialmente
medita opciones y respuestas, se crea mentalmente escenarios posibles y
respuestas posibles. Y también alcanza, por último, una “zona de mayor
confort” y seguridad. Aquí radica el sentido profesional de la tarea del
STRATEGOS: en la necesidad de “vivir” las circunstancias, no solamente
cuando estas se están produciendo, también cuando aún no lo han hecho.
Todas estas consideraciones deben ayudar para que el hombre se sienta lo
suficientemente seguro de enfrentar los riesgos que implica toda
decisión y por ello mismo alcance la resolución que demanda la
naturaleza del Conflicto y la esencia de la Estrategia.
_________
[1] Whiting Charles, Patton, Librería Editorial San Martin, Segunda
Edición, Madrid España, 1979.
[2] Chambers 20th Century Dictionary.
[3] Anónimo, citado por Robinson Colin, Como Negociar, Legis Fondo
Editorial, Primera Edición, Colombia, 1992.
[4] Robinson Colin, Op Cit, Pag 45.
Natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Nació el 13 de octubre de 1964 y actualmente tiene 39 años. Tiene una licenciatura en Administración de Empresas de la Universidad Católica de Bolivia y ejerce la profesión desde hace 15 años. El señor Nava ha desempeñado cargos gerenciales de importancia en empresas de su país orientadas especialmente a la comercialización de productos de consumo masivo: bebidas gaseosas (Coca-Cola), cemento (SOBOCE S.A), comida rápida (Burger King). En estas organizaciones su responsabilidad principal ha estado siempre vinculada a la dinámica de los mercados y a la competencia, en cargos de Gerencias Comerciales y de Operaciones. El señor Nava es catedrático de la Universidad Católica Boliviana desde hace 8 años, en la materia de Política y Estrategia Empresarial. Ha dedicado mas de 12 años de investigación profesional a la Estrategia de Negocios y se encuentra en proceso de publicar el libro "El STRATEGOS y la guerra en el mundo de los negocios", del cual éste artículo es un extracto adaptado. www.elstrategos.com
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