El siglo XX fue escenario del inicio y comienzo de múltiples guerras, ya fuesen armadas, frías, por la conquista del espacio o tecnológicas; todas ellas diferenciadas con profundos matices culturales basados en los paradigmas reinantes del momento.
Así mismo cambió el pensamiento gerencial.
Primero fue importante producir y el mundo giraba en torno a la industria, luego alguien mostró que el camino era la calidad de lo que se producía y las empresas se inclinaron a mejorar procesos e involucrar a la gente, posteriormente empezaron a aparecer variables como el capital intelectual, el valor agregado, los valores, la coestima… todo ello para ir mejorando constantemente la manera de alcanzar el éxito como empresa.
Sin embargo hay algo que pareciera no haber evolucionado con los
tiempos, o por lo menos no en la mayoría de los casos, y se trata de esa
visión sindical que iguala a la empresa con el enemigo.
Como ya se comentó, en el pasado era totalmente justificable la
existencia de los sindicatos porque las empresas poseían una conducta
contraria a la naturaleza humana, explotaban y maltrataban a sus
empleados hasta el punto de no mostrar la más mínima consideración a sus
necesidades y expectativas, era un escenario de amos y esclavos donde el
salario era el único diferenciador.
Pero una vez superado tal escenario no solo surge el cuestionamiento de
la necesidad o no de la presencia de los sindicatos en las empresas del
siglo XXI, sino que se hace necesario establecer si esa visión de
combate y enfrentamiento que aún hoy está presente en ciertos gremios
sindicales debe considerarse como un elemento natural o se ha convertido
también en una característica anacrónica.
Es prudente destacar que en la actualidad resulta completamente
inadmisible explotar a las personas en beneficio exclusivo del dueño
financiero del negocio, no se justifica que, a la luz de los avances que
en materia de la gerencia del capital humano se han alcanzado, todavía
existan practicas tan poco profesionales como esas que se dieron en el
pasado y que culminaron como bases irrefutables para el nacimiento de
los sindicatos, por lo que el análisis que sigue a continuación se basa
en la firme creencia de la inexistencia de tan abominables condiciones.
En primer lugar, se hace exigible recurrir a un ejemplo simple de
correspondencia: así como se entiende que la gente es la empresa y que
sin ella esta no existiría, debe entenderse también que sin empresa no
hay sindicato, por lo que existe una interdependencia que no solo debe
ser considerada como ineludible sino que debe estar presente en toda
situación de conflicto.
Cuando el sindicato ejerce las presiones que por años han servido para
el logro de sus objetivos está obviando tres elementos gerenciales que
han venido funcionando con mucho éxito en el pensamiento gerencial:
Los éxitos del pasado no garantizan los éxitos futuros
No se puede aplicar la misma formula a diferentes problemas
Los escenarios han cambiado y lo seguirán haciendo
Si bien es cierto que en el pasado funcionaba perfectamente la
paralización de una línea de producción o la planta entera, no es menos
cierto que acciones tan radicales podría hacer quebrar a una empresa en
el presente y dejar sin empleo a las mismas personas que el sindicato
representa y por las cuales está ejerciendo presiones.
La posibilidad de lograr mejoras o de llevar a la banca rota a una
organización equiparan a las empresas y a los sindicatos con el yin y el
yan oriental, esos dioses creadores y destructores a la vez y cuyo
binomio ha existido desde el principio los tiempos.
Así como la empresa es responsable de la aparición de los sindicatos
como consecuencia a la poca sensibilidad por el bienestar de su gente,
surgiendo éste como el equilibro entre las fuerzas, ese mismo equilibro
se ve amenazado cuando las exigencias del sindicato superan la realidad
económica, productiva y operativa de una empresa y la somete a presiones
desproporcionadas.
Lo anterior solo puede ocurrir bajo la premisa que reza "el fin de la
lucha es vencer" y solo se lucha contra el enemigo.
Al trasladar este concepto bélico a la organización se ponen en riesgo
elementos como la identificación de los empleados y la actuación de los
valores morales de los mismos para con la empresa. ¿Cómo puede estar
identificado un empleado con una empresa que para él es el enemigo a
vencer? ¿Cómo puede confiar la empresa en la ética de sus empleados si
sus acciones están orientadas a vencerla?
Tal vez en ese pasado cercano era necesaria una gestión sindical basada
en la estrategia del enfrentamiento, ello le permitía medir fuerzas con
el patrono y demostrarle que sin la gente poco o nada valía su empresa.
Pero ese pensamiento debió haber evolucionado con el paso del tiempo
así como lo ha hecho la gerencia del capital humano, hoy es un hecho
innegable la importancia que posee el personal y se le considera incluso
como el capital más valioso de la organización, entonces ¿cómo podría
ser el enemigo?
Los sindicatos debieron haber evolucionado lo suficiente como para
conocer la realidad de las empresas desde todos los puntos de vista
gerenciales que hoy se manejan, pues para saber qué exigir se debe estar
conscientes de lo que se da, e incluso de lo que se recibe.
En ocasiones las organizaciones sindicales exigen más de lo que la
empresa puede dar sin percatarse de una realidad ineludible: la
presunción de la tenencia de dinero no es garantía de riqueza.
Si bien es cierto que la gente es la empresa, no es menos cierto que una
empresa posee muchas más obligaciones que el pago de la nómina y los
beneficios relacionados: la inversión, los costos, la producción, los
impuestos y otras transacciones deben ser cuidadas y atendidas con el
mismo rigor con que se atienden las necesidades de los empleados, por lo
que resulta un pensamiento simplísta recurrir a los ingresos brutos como
la base de las mejoras que se esperan alcanzar.
Todo lo anterior conlleva a una realidad cotidiana: en sus esfuerzos por
alcanzar los objetivos planteados, algunas empresas se enfrentan a
sindicatos cuya visión ubica a la organización en un plano opuesto y por
lo tanto la amenaza de huelgas, paros, interrupción de las operaciones
ya sea parcial o totalmente, denuncias ante entes del estado y
organizaciones de trabajo, entre otras cosas son anunciadas e incluso
ejecutadas como mecanismos de presión a veces sin medir las
consecuencias económicas que ello puede acarrear.
Si en realidad fuese un hecho innegable la premisa que reza: "la gente
es la empresa", sería evidente que nadie pudiera observarla como el
enemigo a vencer, pues en ella no se generarían los motivos que originan
tal pensamiento y por ende los empleados no podrían experimentarlos,
hasta el punto de no existir siquiera un sindicato.
Mas, lamentablemente, aún no es así, todavía se observa en el mundo
laboral la practica anacrónica de separar a la empresa de sus
trabajadores y, aún más, de restarle importancia a sus necesidades y
expectativas, pero ¿eso justifica observar a la empresa como el enemigo?
La respuesta es no. Nada podría ubicar a la empresa como el enemigo, de
hecho jamás lo ha sido ni lo será, ya que ésta no es más que un conjunto
de personas que trabajan para alcanzar una visión común y cuyas
expectativas se han nivelado para ello, o por lo menos es así en la
teoría.
Todo lo anterior conlleva a una profunda reflexión: los sindicatos
actuales presentan casi las mismas características de aquellos que le
precedieron, se han mantenido casi inmutables a lo largo del tiempo, lo
que los ha llevado a seguir enarbolando la bandera de la igualdad de
condiciones, la equidad y la unión contra la lucha del patrono
explotador que arremete día a día en contra de los trabajadores,
obviando completamente las nuevas tendencias en materia de contratación,
compensación y valoración que la gerencia contemporánea posee.
No puede decirse que para la empresa fue sencillo comprender que la
gente era lo más importante y que de su bienestar dependía su éxito,
pero resulta perturbador imaginar cuán difícil será para algunas
agrupaciones sindicales asimilar que ahora no se justifica esa lucha
incesante y cotidiana, donde obtener un beneficio era restar terreno al
contrincante, donde era necesario contar con la unión de los empleados
para vencer al enemigo.
Por lo tanto no sólo los avances en materia de gestión del talento
humano están cuestionando su presencia en el siglo XX, también lo está
propiciando esa visión errada de contienda y lucha, si lo que pretendían
en el pasado era equilibrar poderes, en el presente los sindicatos
deberían estar orientados a fortalecer los escenarios para dar cabida a
un mundo laboral donde no exista un contrincante.
Especialista
en Gerencia, mención Gestión de Negocios, Licenciado en Administración
mención Recursos Humanos Diplomado en Desarrollo Gerencial y Tecnico
Superior Universitario en Administración mención Gerencia
Administrativa, en tres de los cuatro casos graduado con honores.
Ha trabajado en el área de Investigación y Desarrollo, conjuntamente con
Recursos Humanos desde 1989. Ha sido Jefe y Gerente de Administración de
Recursos Humanos desde 1995, en empresas Consultoras, de
Telecomunicaciones y de Consumo Masivo. Actualmente se desempeña como
Director General de Recursos Humanos en una importante universidad
privada de Venezuela. Ha escrito y publicado varios artículos y
trabajos, entre ellos: El Zeitgeist Gerencial, La Filosofía TEA, Las
Organizaciones Horizontales (1º premio como ensayo), La delgada linea
mortal del profesional (en sus cuatro versiones), Gerencia por Herencia,
Gerencia Emocional, El Síndrome de Cronos, entre otros, en revistas como
Conocimiento & Dirección (Argentina) Pauta (Panamá), Recursos Humanos
(Venezuela) y ARPrensa (Colombia). Se ha desempeñado como
conferencista de los temas antes mencionado y otros de interés a nivel
nacional e internacional. Ha obtenido como reconocimiento a su trabajo
distinciones de 1º, 2º y 3er lugar en ensayos y Premios a la Excelencia
Temas: Recursos Humanos, Gerencia, Administración y Nuevos Modelos
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