No existen negocios exitosos
Existen “personas” que hacen negocios exitosos.
A continuación analizaremos las condiciones que hacen que una persona no
pueda alcanzar el éxito que pretende, los aspectos de la personalidad
que pueden impedir o inhabilitar el logro de objetivos altos y
ambiciosos.
Soberbia
La soberbia es el peor enemigo del vendedor en sus diversas
manifestaciones. El engreimiento, el creer que se sabe todo y nada puede
aprender del cliente ni de los compañeros. La actitud de mirar por
encima de los hombros al resto, la altanería de considerarse mejor que
los demás. La incapacidad de plantearse objetivos por miedo a no
cumplirlos. La imposibilidad de esforzarse un poco más porque se cree
que ya se dio todo. El tratar de “caer” bien, de ser simpático para
lograr los objetivos. La manipulación de las personas, normalmente
emparentada con un tono alto de voz, para lograr imponerse. El capricho
de no querer escuchar a los demás.
Una persona con alto grado de soberbia no puede tener éxito, es una
persona inferior. Necesita del reconocimiento de los demás y cuando no
lo recibe (eso es lo normal) se siente mal, se desanima, baja los
brazos, deja de tener buenos resultados, deja de esforzarse, deja de
vender... sepultándose en el peor círculo vicioso que existe en Ventas.
“Lo peor de un miserable es serlo y ni siquiera sospecharlo”
Es imposible para alguien con un alto grado de soberbia poder
desarrollar la empatía, esa capacidad para interpretar las necesidades
de los clientes, para establecer una relación con los demás por ellos
mismos, la capacidad de demostrar al cliente que él realmente le
interesa y la percepción por parte del cliente de esta realidad es lo
que lo hace sentirse seguro en manos del vendedor.
“El soberbio no se interesa más que por sí mismo.”
El soberbio repele a los demás, incomoda, disgusta. La gente tratará de
evitarlo.
Su soberbia hace que la culpa de la falta de éxito (no habla de sus
fracasos) la tengan los clientes o los factores externos que él no
maneja.
No tiene la humildad de encontrar las respuestas a sus fracasos en su
actitud, en “cómo” está haciendo su trabajo.
Pesimismo
Una persona pesimista no puede alcanzar objetivos. Antes de empezar ya
sabe que fracasará. No se va a esforzar porque no vale la pena. Es aquél
que “sabe” que no se vende los días lunes porque recién comienza la
semana, ni los viernes porque está terminando, ni los días de lluvia
porque se mojan los zapatos, ni los de calor porque transpira y el
cliente percibe su mal olor. Abandona a un cliente que está de mal humor
porque “con ese no se puede hacer negocios”. Abandona a su cliente ante
la primer objeción porque “este no me va a comprar”... No, no... y más
no. Nunca encuentra las condiciones propicias para hacer negocios.
Negatividad
Una persona es negativa cuando a lo largo del día sus únicos comentarios
fueron de ese tono. Se queja de la situación del país, de los políticos,
de los competidores, de sus compañeros, de sus clientes, de su producto
y su precio. Nada lo conforma: no está conforme con lo que gana, no está
conforme con su trabajo, no está conforme con el país ni con la época
que le tocó vivir.
Sabe que no va a vender porque no sabe si está haciendo lo que debería
estar haciendo. En su personalidad está viviendo el fracaso. Sus
resultados son el fruto de la suerte y la improvisación.
Egoísmo
Si el vendedor no puede salirse de sus propios intereses para
introducirse en las necesidades de su cliente, en sus preocupaciones, en
su bolsillo, en su cabeza y en sus sentimientos, ... es un egoísta.
Difícilmente logrará establecer una buena relación con su cliente, que
percibirá en el vendedor “su” necesidad de vender. Tratará de escucharlo
por respeto, pero mientras el vendedor esté desarrollando una perfecta
exposición de su propuesta, él estará pensando qué decirle para poder
retirarse cuanto antes.
Ser desagradable
A nadie le interesa estar con alguien con quien no se siente a gusto.
Mucho menos establece una relación con alguien que no sea digno de su
confianza.
El proceso de la venta tiene dos etapas bien marcadas: En la primera, el
cliente toma la decisión sobre el vendedor, determina si es o no la
persona con la cual va a hacer el negocio. En la segunda, decide si
compra o no el producto que se le ofrece.
Para que lo segundo tenga lugar, incluso para que el cliente esté en
condiciones de entenderlo o mínimamente “escuchar” lo que el vendedor
dice, debe ocurrir lo primero.
No importa cuán bien el vendedor conozca el producto, o cuán bueno, o
conveniente sea el negocio que le propone... Si el cliente no compró la
idea de que ese vendedor es la persona adecuada, la venta del producto o
servicio será extremadamente difícil.
Nótese que no hablamos de la Empresa ni de su prestigio en el mercado.
El cliente necesita comprar los servicios profesionales del vendedor y
luego evaluará la compra del producto. La marca, la Empresa, su
prestigio, seriedad y confiabilidad son valores que un mal vendedor
puede arrojar a la basura. En realidad, el vendedor es la Empresa, y si
el cliente tiene una mala percepción a través de una relación mal
establecida por el vendedor, todos esos atributos no tienen valor
favorable. La percepción del cliente de los aspectos negativos de la
personalidad del vendedor hace que tenga la sensación de que su producto
y el servicio que brinda su empresa son de baja calidad (o de mala
personalidad).
La Personalidad de Éxito en Ventas
Los seres humanos somos una mezcla de virtudes y defectos. No existen
los extremos en sus grados puros. Sí existen personas que se esfuerzan
por inclinarse hacia alguno de ellos.
Lo importante es que el cliente se sienta a gusto, que no dude en
depositar su confianza, que perciba en el vendedor un verdadero interés
por sus intereses. Así logrará iniciar una relación que le permitirá
estar en condiciones de empezar a hablar del producto. Si el vendedor no
logra venderse a sí mismo no podrá vender su producto.
En palabras de Dale Carnegie:
“Se puede ganar más amigos en dos meses interesándonos por los demás que
en dos años tratando que los demás se interesen por nosotros”
Trasladando este comentario al ámbito de las ventas:
“Podemos conseguir más clientes en dos meses interesándonos realmente
por ellos, que en dos años esforzándonos por que ellos se interesen por
nuestros productos”
Como el ser humano es la misma persona en las distintas situaciones de
su vida, mejorar su personalidad será una tarea permanente en todos los
ámbitos: con su familia, hijos, amigos, compañeros de trabajo y
clientes.
A lo largo del día existen muchas ocasiones de ser soberbio, egoísta,
pesimista negativo y desagradable. Cuesta lo mismo y rinde mejores
frutos, en la vida del Vendedor Profesional, hacer cada instante el
pequeño esfuerzo en ser más:
Humilde, Generoso, Positivo, Optimista y Agradable
En otras palabras, convertirse en un ser humano con quien a los demás
les dé gusto estar.
La prueba de fuego para un vendedor es evaluar su grado de satisfacción
al estar en contacto con la gente. Si para Ud. es un sacrificio el
contacto con los clientes, el escuchar y hablar con los demás, tiene
serios inconvenientes en su personalidad que le van a impedir alcanzar
sus objetivos de ventas.
No puede tener éxito en ventas quien
no disfruta en su relación con los clientes
Es probable que las causas de su falta de éxito tengan raíces en su
personalidad.
Y no se trata de hacer grandes cambios. Ud. puede (y debe) hacer
pequeños esfuerzos a lo largo del día para obtener profundas mejorías en
su personalidad. Así estará mejorando sus aptitudes para alcanzar el
éxito que pretende.
Director Consultor y Capacitador en Ventas
Contador Público, Universidad Nacional de Tucumán, Argentina
Master en Dirección de Empresas, Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE), Buenos Aires, Argentina
Docente Universitario
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